Parnasianismo II. Literatura Hispanoamericana. LIT.
Categoria:
Literatura
Así como en literatura española no es fácil hallar un buen representante de los parnasianos, sí lo es en la hispanoamericana. El p. americano es más humano que el francés. No ahogó la emoción sino muy raramente. En el fondo, no era reacción contra el romanticismo, sino contra la rutina neoclásica y académica; trajo un estremecimiento de "modernidad" a la poesía. Desde el punto de vista formal, su molde predilecto fue el soneto.La tendencia parnasiana ya asoma en el romántico argentino Carlos Guido Spano (1827-1919), especialmente en Myrtha en el baño y Mármol, de cualidades plásticas. Más tarde mencionaríamos a los ecuatorianos César Borja (1852-1910) y Francisco Fálquez Ampuero (1874-1947); a los mexicanos Salvador Díaz Mirón (1853-1928), en su última época, Manuel José Othón (1858-1906) y Efrén Rebolledo (1877-1929); los bolivianos Franz Tamayo (1880-1956) y Gregorio Reynols (1882-1947); los argentinos Ángel de Estrada (1872-1923) y Arturo Marasso (n. 1890); los cubanos Julián del Casal (1863-93) y Francisco Javier Pichardo (1873-1941); los chilenos julio Vicuña Cifuentes (1865-1939) y Gustavo Vallador Sánchez (1868-1930); los colombianos Ismael Enrique Arciniegas (1865-1937), José Joaquín Casas (1865-1951), Víctor M. Londoño (1876-1936) y Cornelio Hispano (1880-1962); el panameño León A. Soto (1874-1902); el puertorriqueño Ildefonso Pérez Pierret (1885-1937); el uruguayo Emilio Oribe (n. 1893) y el paraguayo Pablo Max Insfrán (n. 1894). Rubén Darío (v.) también tuvo un periodoparnasiano. Pero en el pórtico de Cantos de vida y esperanza protesta: "En mi jardín se vio una estatua bella; /se juzgó mármol, y era carne viva: /un alma joven habitaba en ella, sentimental, sensible, sensitiva".Aparte del cubano J. M. Heredia (1842-1905), que escribió en francés (v. i), los poetas que mejor representan el p. en Hispanoamérica fueron el boliviano Ricardo Jaimes Freyre (v.), al que se deben incursiones por la mitología escandinava en su Castalia bárbara; el argentino Leopoldo Díaz (1862-1947), cincelador de sonetos de plasticidad no reñida con el sentimiento; y el colombiano Guillermo Valencia (1873-1943). Aristócrata, hombre que dominaba ocho idiomas, no se afilió a ningún "ismo", pero tuvo, dice Anderson Imbert, "corazón romántico, ojo de parnasiano y oÍDo de simbolista". En Ritos (1898) se revela ya como un gran poeta. A una prestancia oratoria que le permitió asumir la representación de su patria en ocasiones solemnes, unió una gran maestría versificadora. Cabe citar entre sus poemas: Leyendo a Silva, Palemón el Estilita, Anarkos, Cigüeñas blancas, Judith y Holofernes, A la memoria de Josefina, El Caballero de Emaús, La palada del pozo, Hay un instante.ALFONSO M. ESCUDERO.
BIBL.: E. ANDERSON IMBEkT, Historia de la literatura hispanoamericana, México 1967; P. HENRíQUEZ UREÑA, Las corrientes literarias en la América hispánica, México 1949.
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