Parma, Ducado de HIST.
Categoria:
Historia
P. es ciudad de antiguo origen etrusco. Conquistada por los celtas en el s. IV a. C., fue convertida en colonia romana en el 183 a. C.; gozó de gran esplendor económico y artístico durante la época imperial. Decayó, como otras ciudades de la Emilia (v.), bajo el emperador Máximo (387), para resurgir con Teodorico, recaer bajo Totila y renacer durante la dominación bizarítina (553-568). En el 570 pasó a ser dominio lombardo y, con la llegada a Italia de Carlomagno, fue erigida capital de comitato, gobernado por un comites o conde. Se organizó entonces en la ciudad el poder episcopal que permitía a las clases ciudadanas una mayor participación en el gobierno. La ciudad, durante los S. XI-XIII, estuvo agitada por la confrontación entre güelfos (v.) y gibelinos, y fue partidaria del Imperio en la lucha de las investiduras. Por influencia de Inocencio IV, cuando el Papado se enfrentaba a los suabos, se formó en P. un fuerte partido güelfo que consiguió una gran victoria sobre Federico I I (1248).A comienzos del S. XIV, Gilberto de Correggio intentó enseñorearse de la ciudad, aunque la situación exterior no permitió el cambio del régimen comunal al señorial. Después de una breve restauración del orden comunal, P. cayó bajo protección pontificia (1322). Las violentas luchas internas impidieron la formación de un Estado autónomo y P., junto con Plasencia y los territorios del futuro ducado, acabó sometida a los Visconti (v.), y formó parte del ducado de Milán (1346-1447). De 1449 a 1500, tuvo un periodo de independencia bajo los Sforza (v.), pero después cayó en manos de los franceses. Venecia, en su empuje expansional hacia el centro de Italia, intentó llenar el vacío político creado por la desaparición del ducado de Milán (v. MILANESADO), pero la hábil política del papa julio II arrebató las ciudades de P. y Plasencia a los venecianos. Estas tierras eran de gran importancia para los Estados pontificios (v.), en cuanto les permitían controlar el ducado de Milán y toda la zona emiliana; fue por esto por lo que, frente a la amenaza de su absorción por parte de España, Paulo III (bula de septiembre de 1545) concedió el ducado de P. a su hijo Pedro Luis Farnesio, a despecho de los deseos del emperador Carlos V, que hubiera preferido al sobrino Octavio, yerno suyo. Pedro Luis intuyó inmediatamente que el destino del Estado dependía del debilitamiento de los beneficios feudales de la nobleza y el choque con ésta fue inevitable. Sus imprecisas intenciones expansionistas despertaron además los temores del gobernador imperial de Milán, Ferrante Gonzaga; y, así, en 1547 Pedro Luis fue eliminado por una conjura de nobles, que obraron de acuerdo con Ferrante.Le sucedió en el gobierno Octavio Farnesio (1547-86) que, protegido por Carlos V por ser esposo de la hija predilecta del Emperador, indiferente a las amenazas de Paulo III, se pasó decididamente al campo imperial. Le sucedió su segundo hijo Alejandro (1586-92) y a éste Ranuccio I (1592-1622), el cual tuvo grandes ideas de reformas y proclamó en 1594 la constitución del ducado. Pero el pequeño Estado era intrínsecamente débil y su fin hubiera sido inminente, si no hubiese mediado en su favor la exigencia del mantenimiento del statu quo impuesto por la política hegemónica española primero y por el precario equilibrio entre Francia y España después. Inestable fue, por tanto, la vida del ducado, y a Eduardo (1622-46) poco le faltó para perderlo, cuando por enemistad hacia España se alió con Luis XIII de Francia. Ranuccio II (1646-94), a causa de los excesivos gastos de su espléndido mecenazgo, dejó el Estado en un desastroso desorden financiero, a lo cual buscó poner remedio Francisco (1697-1727), que implantó una buena administración y concebió el proyecto de librar a Italia de la dominación austriaca. Privado de descendencia, le sucedió su hermano Antonio (1727-31), también sin herederos, con lo que se extingue el señorío de los Farnesio (v.) en el ducado.Entre tanto, la hábil política del card. Alberoni había conseguido el matrimonio de la sobrina de Francisco, Isabel Farnesio, con Felipe V de España (v.). Se abría así la posibilidad de instaurar en el ducado el dominio español, como sucedió al extinguirse la línea de sucesión masculina, en virtud del tratado de Viena de 1731, en la persona del infante español Carlos de Borbón (v. CARLOS III DE ESPAÑA). Cuando éste, a continuación de la guerra de Sucesión polaca (v.), se posesionó de Nápoles, renunció a P. en favor de Austria (tratado de Viena de 1738); pero con la guerra de Sucesión austriaca (v.) el ducado de P., al que se añadió Guastalla, fue cedido al hermano de Carlos 111 de Nápoles, Felipe de Borbón (1749-65). Fue éste un gobernante ilustrado que, bajo la guía del ministro G. Du Tillot y de otros ilustres consejeros, hizo del ducado de P. la nueva "Atenas de Italia", favoreciendo el desarrollo económico y cultural. Pero la obra reformadora de Du Tillot encontró la hostilidad de la nobleza y de la plebe tradicionalista, siendo su obra interrumpida por el nuevo duque Fernando (1765-1802).Tras la intervención de Napoleón, en virtud del tratado de Lunéville de 1801, el ducado fue transformado en departamento de la República francesa. Fernando no reconoció el tratado y no se movió de P.; pero, a su muerte, su hijo Luis cedió todos los derechos a Napoleón, que nombró a Moreau de Saint-Méry administrador del ducado. En 1806, el ducado fue convertido en feudo imperial y en 1808 agregado al Imperio francés. Después del Congreso de Viena (v.), el ducado fue cedido a María Luisa de Hagsburgo Lorena que, junto a su marido, el general Neipperg, gobernó prudentemente (1815-47), concediendo una moderada libertad civil que permitió que P. no conociera ningún motín hasta 1848 (V. REVOLUCIÓN DE 1848). Le sucedió Carlos I I de Borbón (1847-49), aborrecido por la población, hasta el punto de que, a continuación de una insurrección popular, fue obligado a nombrar una regencia, que se convirtió en gobierno provisional y proclamó la anexión a Piamonte (v.; 1848). Al ser derrotado el Piamonte, P. fue reocupada por los austriacos, que restauraron a los Borbones en la persona de Carlos III (1849). Tras su despiadada reacción, Carlos III fue asesinado (1854). Le sucedió Roberto I, bajo la regencia de su madre, pero las fuerzas liberales de P. pidieron nuevamente la anexión al Piamonté, y la regente abdicó (1859). El gobierno convocó un plebiscito, del que resultó la anexión de P. al reino de Italia (1860).GIOVANNI STIFFONI.
BIBL.: R. MASSIGNAN, II primo duca di Parma e la congiura del 1547, Parma 1907; U. BENASSI, G. Du Tillot, Parma 1923; H. BEDARIDA, Parme et la France de 1748 á 1789, París 1927.
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