Panonia II. Historia Antigua. HIST.
Categoria:
Historia
Territorio romano perteneciente al Imperio Romano de Occidente. P. corresponde en líneas generales a la actual Hungría más zonas colindantes de Austria, Yugoslavia y Rumania. Ocasionalmente fueron incorporados a P. (s. II) territorios subcarpáticos correspondientes a la actual Checoslovaquia. Asimismo, en el s. II, algunas ciudades de la P. occidental, como Emona (hoy Laibach), fueron incorporadas a Italia y englobadas en la región X (Venetia).Administración. La organización romana del P. contempla la siguiente división: provincia de P., provincia de P. Superior y de P. Inferior. En el Bajo Imperio se constituye la diócesis de P., y después la prefectura del Ilírico, que comprende P. prima, P. secunda, Tracia (v.),Dalmacia (v.), Moesia (v.) y las dos provincias del Nórico. Tenía carácter militar el sector de la P. secunda denominada ripariensis, riberas del Danubio, gobernado por un dux jefe de la guarnición. P. fue en el Alto Imperio provincia imperial, gobernada por un legati Augusti propraetori; a fines del s. III el gobierno fue confiado a un praesides de rango ecuestre y, a partir de Constantino, a consulares, para lo civil, y a duces, para lo militar.Origen y conquista romana. La población de P. era iliria, aunque en el momento de la conquista romana se hallara fuertemente celtizada (v. ILIRIA). La política militar romana introdujo en P. elementos representantes de todas las etnias del Imperio, gracias al asentamiento de veteranos y, más tarde, incluso de bárbaros. La historia de P., singularmente en el momento de la conquista, se halla estrechamente relacionada con la de las otras provincias Ilíricas. Los primeros contactos con los mercaderes romanos se realizaron a través de Aquileya y, en consecuencia, de la ruta comercial, llamada también "del ámbar", que unía esta ciudad adriática con las tierras danubianas y posteriormente con el importante eje comercial Rin-Danubio. La ocupación se debió principalmente a Augusto. Durante los a. 35-31 a. C. Augusto, entonces Octaviano, aprovechando la polarización de Marco Antonio en sus intereses orientales, amplió considerablemente el originario dominio en Dalmacia hasta alcanzar el Save y la orilla del mismo correspondiente a P. En años sucesivos la ocupación se extendió paralelamente a la de Retia, Vindelicia y el Nórico, a toda la orilla sur del Danubio hasta su confluencia con el Drave y el Save. El centro de esta actividad militar, relacionada con la que se llevó a cabo en el bajo curso del Danubio en Tracia y Moesia, fue el establecimiento de Siscia, junto a la actual Belgrado. En realidad no puede hablarse, propiamente, en estos momentos de ocupación, sino de extensión de la influencia romana mediante un sistema de protectorados y alianzas tutelado por unas guarniciones y fortines. Esta política se vinculaba estrechamente a los ambiciosos planes de Augusto en la frontera del Rin y la proyectada ocupación del reino bohemio de Maroboduno. Durante esta campaña (a. 6 d. C.) estalló la rebelión de Bato, al frente de la tribu dálmata de los desiciatos que afectó la totalidad de P. Esta rebelión, que requirió para ser dominada buena parte de las tropas que se querían utilizar contra Maroboduno, es prueba de lo endeble del dominio romano en P. en aquellos momentos y de la inseguridad de un sistema de protectorados y alianzas, que permitía la continuidad de Estados de lealtad dudosa, cuando no iba acompañado de unas guarniciones suficientes. La rebelión de P. se prolongó hasta el a. 9 d. C. y significó el fin de los intentos romanos de una amplia expansión al N del Danubio y al E del Rin.Romanización. Los campamentos. La romanización de P. fue obra, principalmente, de los centros militares y del establecimiento de veteranos. A la muerte de Augusto, 14 d. C., el dominio romano en P. era aún un tanto endeble. La fuerza principal del ejército romano estaba constituida por tres legiones, cuyos campamentos se hallaban en las proximidades de la frontera italiana. Junto al Danubio se hallaban algunas unidades auxiliares en Aquincum (actual Pest) y Arrabona. Sólo en el a. 15 se construyó un campamento legionario en Carnuntum (junto a Gratz, Austria). En tiempos de Vespasiano, y singularmente durante las guerras de Domiciano, los campamentos legionarios fueron construidos en las orillas del Danubio. En general, campamentos y fortines surgieron en las proximidades de los poblados indígenas. A través de las cannabae de los campamentos se estableció primero una simbiosis entre soldados e indígenas y, más tarde, se desarrolló la romanización de la población de P. La política de Estados vasallos se extendió sólo a los territorios transdanub¡anos, singularmente al antiguo reino de Maroboduno ocupado entonces por los suevos. La paz en el confín panónico se mantuvo gracias a este sistema hasta el reinado de Domiciano.La organización del territorio conquistado se realizó puesto que no cabía intentar por el momento una política de colonización, asignando a las guarniciones sectores del territorio, denominados prata, sistema que se mantuvo hasta el s. III. Estos prata comprendían no sólo campos de maniobras y ejercicios sino amplias zonas de tierra cultivable, bosques e incluso canteras. En teoría, estas propiedades debían asegurar los suministros alimenticios de las guarniciones, pero su extensión era tal que eran arrendadas a los indígenas habitantes en el interior de las mismas. También este sistema debía favorecer la convivencia entre indígenas y soldados pese a los roces y desacuerdos que todo sistema de aparcería lleva consigo. A ello hay que añadir que los indígenas, habitantes en el interior de los prata, quedaban sometidos a la autoridad del jefe de la guarnición correspondiente.Fundación de ciudades. El desarrollo del urbanismo en P. es equivalente al de otras provincias romanas del Danubio. Junto a las diversas guarniciones, Vindobona (Viena), Carnuntum, Brigetio (Bregenz), Lauriacum (Lorch), Poetovio (Pettau), etc., surgieron primero cabañas, más tarde casas y luego verdaderas ciudades, las llamadas cannabae, donde se alojaba la población civil, familias de los soldados, comerciantes, artesanos, etc., aneja a las necesidades de las tropas. Poco a poco se establecieron en las mismas no sólo indígenas sino ciudadanos romanos, que constituían comunidades propias, los llamados conventus, con la consiguiente difusión de usos, costumbres e incluso lengua. En ocasiones cannaba y poblado indígena se unieron hasta constituir ciudades. Estas poblaciones carecían de un estatuto municipal propiamente dicho y eran gobernadas por magistri, que se hallaban bajo la autoridad de los jefes de la guarnición. No obstante, su apariencia arquitectónica correspondía al concepto romano de una ciudad; no faltaban los diversos edificios públicos necesarios para la vida de la colectividad. No extrañará, por tanto, que, a partir de Adriano, se iniciara el proceso, que culmina con la dinastía Severiana, de conceder a estas ciudades el estatuto de colonias o municipios.Una segunda forma de urbanización del territorio se desarrolló en las antiguas comunidades tribales. El gobierno romano no prescindió de las mismas y aplicó para su dirección el mismo sistema de prefectos empleado en las comunidades tribales de Iliria. En las capitales de las tribus se desarrolló la vida urbana y algunas alcanzaron el rango de municipios como Savaria, Solva y Scarbantia. Finalmente, se establecieron colonias en localidades como Poetovio, mediante el asentamiento de veteranos. En tales casos, los colonos recibieron parcelas de tierra, según el uso romano de la centuriación, pero en general no fueron cultivadas directamente por los colonos sino arrendadas a los indígenas. A pesar de ello, el sistema romano de villa aparece muy pronto en P. y son varios los casos, como la villa de Balacza-Puzta en Hungría, en que se comprueba que se remontan al s. t. Muchas de ellas fueron reconstruidas en época severiana, una vez recuperada P. de los desastres causados durante las guerras de Marco Aurelio, y su rica ornamentación demuestra que fueron concebidas no ya para propietarios absentistas sino residentes.Desarrollo de las ciudades. Los resultados de las excavaciones en las ciudades de P. indican una gran prosperidad hasta mediados del s. III, época en que las continuas guerras fronterizas incidieron seriamente en la economía de las mismas, aunque ésta debe ser entendida dentro de las características propias de un ambiente provincial y fronterizo. La diversidad de origen de cuerpos de tropa y soldados dio a estas ciudades un carácter cosmopolita que se manifiesta en la diversidad de cultos -célticos, orientales, romanos- y santuarios reconocidos en las mismas. Lo que no existió fue una completa identificación con los usos y costumbres romanos tal y como éstos eran entendidos en Roma. Se ha insistido especialmente en el mantenimiento del vestuario indígena, aunque esto pueda obedecer a razones climáticas, pero quizá sea más indicativa a este respecto la actuación de los Emperadores romanos originarios de P., en la segunda mitad del s. III.Historia política. La historia política de la provincia incide singularmente en su carácter militar. Tras las largas guerras danubianas de Domiciano y Trajano la situación se estabilizó, aunque el frente danubiano contaba en P. con tres legiones y 23 unidades auxiliares. Este estado de paz se rompió en el reinado de Marco Aurelio, en un momento en que las necesidades militares del frente pórtico habían obligado a debilitar las defensas del Danubio. Lombardos y ubios en los a. 166-167, marcomanos, cuados y yacigos entre el 167 y el 175, y nuevos combates entre el 177 y el 180 hasta que Commodo estableció una paz muy discutida, pero que aseguró la tranquilidad en P. durante dos generaciones. Durante este tiempo, los habitantes de P., beneficiándose de la reorganización del ejército romano impuesta por Septimio Severo, consiguieron mejorar su situación social asegurándose el acceso a los altos mandos militares y, en consecuencia, el acceso al solio imperial en la segunda mitad del s. III. Durante este periodo, se observa un incremento en la asignación de tierras fronterizas a los soldados y sus descendientes con el propósito de crear la figura del "soldado-campesino", que se consolida durante el reinado de Probo.La vida de P. en el s. III es, en buena parte, la historia militar del Imperio durante aquel periodo, puesto que incluso las operaciones en Dacia o en el Nórico requerían el apoyo de las bases militares de P., utilizadas generalmente, caso de Maximino el Tracio, como campamentos de invierno. La caÍDa del frente de P. se produjo en el reinado de Valeriano (v.) y pese a los esfuerzos de Galieno, sólo bajo Aureliano y singularmente con Probo puede hablarse de una consolación del frente danubiano. Tal estado de inseguridad no debe considerarse como un periodo de guerra continua, sino de oleadas de invasión seguidas de periodos de paz relativa, p. ej., entre el 260 y el 270. La defensa de P. cobró una especial importancia en cuanto camino de invasión de Italia, así en los a. 256 y 268, y en cuanto centro de reclutamiento del ejército romano. Al mismo tiempo, P. significaba un lugar de encuentro entre la parte occidental y la parte oriental del Imperio y la llave del eje comercial Rin-Danubio y el subsidiario Aquileya-Danubio. Tales rutas comerciales eran importantes no sólo para los romanos sino también para los bárbaros. Cuando Aureliano estableció la paz, después del 270, con los vándalos, éstos exigieron el establecimiento de una base comercial o mercado en una localidad danubiana.Esta importancia explica ciertos acontecimientos del s. IV, así la conferencia de Carnuntum, en el 308 (en la cual Diocleciano, Maximiano, Galerio y Licinio intentaron, inútilmente, restaurar el sistema tetrárquico) o que P. fuera campo de batalla en las luchas primero entre los sucesores de Constantino y después entre Emperadores y usurpadores, como Magencio y Constancio II, o Teodosio y Máximo. La creación de un sistema de fortificaciones en los Alpes Cárnicos para la defensa de Italia obedece a iguales razones. Sólo la alianza entre Aecio y los hunos explica la pérdida de P. en el 439. Este dominio se mantuvo hasta el 454 y, aparte la retirada de las tropas romanas a las bases de Dalmacia, no implicó un cambio inmediato en la vida de P. El dominio ostrogodo (v.), tras la desaparición del Imperio huno, significó la incorporación de P. al Imperio de Oriente, aunque de hecho éste se mantuviera desde Justiniano gracias a la alianza con los feudatarios lombardos y sucumbiera cuando éstos cedieron P. a los ávaros.V. t.: HUNGRíA III y IV; ILIRIA; MOESIA.ALBERTO BALIL.
BIBL.: M. A. LEVi, L’Impero Romano, I-III, Milán 1967; M. ROSTOVZEFF, Historia social y económica del Imperio romano, II, Madrid 1937; F. MILLAR, L’Impero romano e i popoli limitrofi, Turín 1968; P. OLIVA, Pannonia, Praga 1962; E. THOMAS, Rómische Villen in Pannonien, Budapest 1965.
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