Pampeanos
Categoria:
Cultura
Grupos étnicos propios del territorio argentino que ocuparon la actual provincia de Buenos Aires y parte de las de Santa Fe, Córdoba, San Luis y La Pampa. La etnografía de los pueblos p. presenta aun hoy en día un panorama bastante confuso. Las noticias ofrecidas por las fuentes históricas acerca de la existencia de los pampas han sido objeto de sucesivas interpretaciones, todas muy contradictorias, pues son pocas las referencias concretas que poseemos sobre ellos en los S. XVI y XVIi. La mayoría de las noticias sobre etnografía pampeana provienen de fuentes de las centurias posteriores, cuando ya los pobladores primitivos de las extensas llanuras habían sufrido el impacto de la invasión araucana desde el O y de la presión española desde el N. Por otra parte, existe una gran confusión, pues cada grupo era nombrado de diferente manera por los demás y, también, son muy frecuentes los gentilicios locales, sin valor étnico alguno.Pampas fue desde un principio una designación más geográfica que tribal, aplicada por los primeros colonizadores a todos los grupos que habitaban el área pampeana. Así, Sánchez Labrador consideraba vagamente la nación pampa como constituida por parcialidades indígenas de diferentes lenguas y costumbres, residentes en las tierras australes. Sin embargo, los relatos del S. XVIII dejan entrever la presencia de tres familias lingüísticas diferentes: la araucana, de origen chileno; la tehuelche (Chon), de procedencia patagónica, y la puelche-guennaken, familia lingüística aislada del Norte de la Patagonia. No obstante, el término puelche, de origen araucano, fue usado por los misioneros jesuitas del S. XVIII para designar en conjunto a aquellos grupos étnicos establecidos al S y SO de Buenos Aires. A principios de este siglo, Lehmann-Nitsche, sobre la base de las noticias de Falkner, intentó identificar una nueva familia lingüística, que denominó het, la que, en su opinión, correspondía a los auténticos pampas, no araucanos, ni tehuelches ni guennaken. Esta teoría fue sumamente discutida y negada por la mayoría de los investigadores argentinos, aduciéndose la inconsistencia de las pruebas, basadas en muy pocos vocablos de dudosa interpretación.Todo el problema parece esclarecerse en la actualidad en base a los datos aportados por las investigaciones arqueológicas, que tienden a demostrar la exi$tencia, en la región pampeana, de una cultura de recolectores y cazadores primitivos, cuyos primeros representantes se remontan a unos 5.000 años a. C., pero que se continúa hasta la época posterior a la conquista. Todo hace suponer que representa los grupos étnicos que vieron los conquistadores y que, posteriormente, sufrieron el impacto de los araucanos hasta ser asimilados por éstos. Los querandíes del litoral platense ofrecen estrechas afinidades con esta cultura arqueológica de los pampa, si bien han de considerarse como una facies local, libre de toda influencia araucana. De este modo, los misteriosos y discutidos indios pampeanos de las antiguas fuentes van cobrando, finalmente, una auténtica realidad étnica. Sus representantes etnográficos más conocidos son los extinguidos querandíes. Estos indios fueron conocidos en los alrededores de la ciudad de Buenos Aires, pero llegaron seguramente por el N hasta el río Carcaraña, en el Sur de la provincia de Santa Fe; por el E hasta el mar; por el O hasta el pie de las sierras cordobesas; y por el S hasta el río Salado o más allá.Cultura. Como medio de subsistencia, los querandíes practicaron la caza mediante boleadoras. Antes de la introducción del caballo, la realizaban a pie, siendo conocidos como veloces corredores. Las principales especies cazadas eran el avestruz, el guanaco y el ciervo de las pampas. La pesca se efectuaba mediante redes en los ríos y lagunas que abundan en la región. La preparación del pescado era bastante elaborada. Se le extraía la mayor cantidad de grasa posible y luego se le dejaba secar y se mOUA en morteros hasta convertirlo en una harina, la que conservaban por largo tiempo. También recolectaban diversas raíces comestibles, algunas de las cuales les servían para calmar la sed. Es muy dudoso que hayan practicado la agricultura; el hallazgo de morteros en paraderos querandíes puede explicarse en función de la molienda.Con respecto a la vestimenta, según algunas fuentes, iban completamente desnudos, pero otras mencionan un manto de pieles y un delantal de algodón para las mujeres. Puesto que los querandíes no tuvieron agricultura, el algodón tuvo que ser obtenido por trueque con otras tribus del Norte. La vivienda consistía en un paravientos construido con los cueros de las animales que cazaban, sostenidos por estacas clavadas en el suelo. También parecen haber usado una mampara de esteras. Los poblados se levantaban en las proximidades de ríos y arroyos, con el fin de disponer de caza y pesca y de buena provisión de agua. Algunas poblaciones fueron muy numerosas, tal como la que hallaron los conquistadores en las cercanías de Buenos Aires, que contaba con unos 3.000 hab.Sus armas consistieron en arcos y flechas, dardos, hondas y boleadoras. Cuando atacaron los primeros establecimientos españoles lo hicieron con flechas incendiarias de cañas y de material muy inflamable. Fueron muy expertos en el uso de la boleadora, arma que causó estragos entre los conquistadores. La guerra era decidida por un consejo, en el que cada jefe expresaba su opinión, y que elegía un jefe principal encargado de las operaciones bélicas. Antes de iniciarse el combate, las mujeres y los niños eran cuidadosamente ocultados. Avanzaban en formación para lanzarse luego, indiscriminadamente, entre sus enemigos. Si el jefe era muerto en el combate, inmediatamente lo retiraban y lo suplían por otro. Los cautivos eran tratados con benevolencia y muchos se integraban sin dificultad en su modo de vida. A los muertos enemigos les cortaban la cabeza, que conservaban como trofeo. Según algunas fuentes, antes de iniciar la batalla producían gran alboroto mediante tambores, cornetas y otros instrumentos musicales.En lo que hace a la organización social de los querandíes son pocos los datos que se conocen. Posiblemente, cada grupo cazador, cuyos componentes estaban ligados por lazos de parentesco, estaba al mando de un jefe de escasa autoridad. Al parecer, tuvieron curanderos, quienes, en el caso de la muerte de un enfermo, eran considerados culpables y castigados. Tenían un elaborado ritual de duelo. Éste consistía en la amputación de falanges así como en traspasarse, mediante astillas de bambú o espinas de pescado, la carne de los brazos y del tórax. El muerto era enterrado junto con los objetos y animales que le pertenecían en vida, mientras que los esclavos de un cacique muerto eran sacrificados para que continuaran sirviéndole en el más allá.No hay noticias de sus divinidades. Algunas crónicas mencionan la creencia en un espíritu maligno, llamado Gualiche, pero el dato no es seguro. Entre sus industrias se destaca la fabricación de tiestos cerámicos, con decoración simple, incisa y geométrica, que se conocen principalmente por la arqueología. Los motivos decorativos consistían en series de líneas o de puntos. También practicaron la cordelería en la fabricación de redes; la preparación de pieles de animales consistía en su acondicionamiento mediante raspadores de piedra. Tuvieron gran habilidad en la fabricación de objetos de piedra tallada, especialmente puntas de proyectil.Los querandíes, luego de la conquista y tras duras batallas con los españoles, fueron trasladados en encomiendas a la provincia de Santa Fe en 1678. Ésta es la última noticia que se tiene de ellos, ya que no pocos lograron dispersarse para asimilarse con los grupos araucanos que invadieron la llanura pampeana.MARCELO BORMIDA.
BIBL.: F. A. ESCALADA, El complejo tehuelche, Buenos Aires 1949; M. BORMIDA, tnvestí’gaciones paletnológicas en la región de Bolívar (provincia de B.venos Aires), "Comisión Investigadora Científica del Gob. de la Prov. de Buenos Aires", I, La Plata 1960; F. OUTES, Los Querundíes, Buenos Aires 1897; S. CANALS FRAU, Las poblaciones indígenas de la Argentina, Buenos Aires 1953.
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