Palacio Valdés, Armando
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Biografía GER
Novelista español n. en Entralgo (Asturias) el 4 oct. 1853, y m. en Madrid el 29 en. 1938. Último representante de la novela realista decimonónica, cumplió a la perfección la tarea de alimentar de cultura a cierta clase medio-burguesa muy alejada por su mentalidad de las concreciones naturalistas y no apta para asimilar las formas y técnicas novísimas que en la narrativa se iban imponiendo por Europa.Vida y obra. P. V. pasó por la vida con la misma sencillez y bondad natural -que imprimió a sus creaturas. Ni un solo accidente de su vida dejó huella en su obra amable y sentimental. Estudió en Avilés y Oviedo, donde conoció a Clarín (v.), su maestro y amigo. Dos prodigiosos creadores distintos en vida y obra. Cursó la carrera de Derecho en Madrid y no quiso ejercerla, pues su camino estaba trazado de antemano. La pasión por la literatura influyó en él más que sus conocimientos de Economía política y, desde la dirección de la "Rev. Europea", se dio a conocer como crítico, publicando, año tras año, artículos y ensayos recogidos en sus Semblanzas literarias. Tuvo a Clarín como colaborador. En 1881 apareció su primera novela, El señorito Octavio, y desde entonces se entregó a la literatura de ficción olvidando un poco la labor crítica. Fijó su residencia en Madrid y fue constante su presencia en el Ateneo, ostentando el cargo de presidente, del que se vio obligado a dimitir por razones políticas ajenas al escritor.Un gran éxito obtuvo Marta y María (1883), transposición de las hermanas evangélicas a un ambiente moderno, donde toda entrega mística estaba condenada al fracaso. La obra no fue comprendida y de nada sirvieron las protestas de fe formuladas por el autor. En la misma línea, pero con un ambiente distinto, pintoresco y bullente, apareció La hermana San Sulpicio (1889), su obra de mayor éxito aunque no la más lograda. Superficial, alada y con ciertos toques poéticos de evasión, planteaba un problema vocacional resuelto más por el lado folklórico que por lo esencial de la tesis misma. Novelas de altos vuelos fueron La espuma (1890), La fe (1892) y La aldea perdida. En la primera satirizó la vida madrileña aunque sin la profundidad galdosiana, sociedad ya retratada en Maximina (1887) y Riverita (1886), dos de sus más flojas realizaciones. La fe quiso ser una novela definitiva y fracasó por el lado de lo dramático. La espiritualidad interior del sacerdote es más efectista y decorativa que sincera y veraz. La aldea perdida (1903) tenía la suficiente garra trágica al enfrentar la paz del valle asturiano, casi idílica, con el aluvión de mineros cuya vida ofrecía un extraño contraste moral con aquélla, y, sin embargo, no supo sacarle todo el partido posible. Sintió predilección por Los majos de Cádiz (1896), mas para nosotros tienen especial relieve Tristán o el pesimismo (1906), la más bella de sus realizaciones, plena de atisbos psicológicos, y la obra miscelánea Papeles del doctor Angélico (1911), necesaria para comprender la mentalidad y gustos del autor. Los cármenes de Granada (1927), Cara o cruz (1929), El gobierno de las mujeres (1931) y Sinfonía pastoral (1930),significaron un descenso en su labor creadora, aunque podamos espigar en ellas páginas felices y dudosos aciertos de ambiente y paisaje.Personalidad literaria. Dotado de una gran facilidad de improvisación, representó las últimas tendencias de un decadente realismo y se mostró impermeable a las nuevas técnicas, que indudablemente conoció por haber ejercido en principio una destacada labor crítica. Escribe para una clase media poco exigente. Su novela burguesa roza en algunos momentos el tono rosa, amable y dulzón, que le granjearía la admiración de un público incondicional, pero que no resiste una crítica seria. El escritor se confesó católico e hizo profesión de fe, mas sin hondura. Los problemas religiosos, unas veces son levemente insinuados. en otras ocasiones se les soslaya y, cuando la entraña dramática del problema podía dar lugar a una obra intensa y apasionada, el autor la resuelve de un modo facilón y cursi. La hermana San Sulpicio era una novela de grandes posibilidades, pero ni se logra el ambiente andaluz, a ratos finamente evocado, ni el carácter de la monjita, querido así por su autor, podía prestarse a un juego trágico. Un gran tema malogrado por el exceso de facilidad. La religión y los problemas de índole espiritual fueron únicamente marco muy decorativo. P. V. escribió una novela desfasada de su tiempo. Hay mucha ambientación romántica, p. ej., su supuesto andalucismo a lo Gautier y el sentimentalismo plañidero acumulado a través de innúmeras acciones (Maximina y Riverita). No hay tampoco una marcada ideología. Se dice que P. V. tuvo presente el mundo creado por Zola (v.); pero apenas hay huella en su obra y, cuando un larvado naturalismo aflora, P. V. le opone un cristianismo superficial que tan bien se avenía con la mentalidad simplista de sus lectores. Espíritu de sacrificio y bondad natural son los rasgos de la inmensa mayoría de sus personajes.Se le ha tildado de ser un novelista prosaico, de rehuir los momentos líricos. Su prosa es amena y clara, a ratos vigorosa. Llenó un hueco necesario dejado por el realismo artístico, que había cedido ante el empuje de fórmulas hispano-naturalistas. No rehúye la novela de ambientación local. Andalucía y Asturias enmarcaron algunas de sus obras definitivas, aunque la visión de su tierra fue más aguda. Entre La aldea perdida y La hermana San Sulpicio, nos inclinamos por la primera; tiene más garra y dramatismo, hay en ella menos tópicos. Templanza y cordialidad fueron los rasgos distintivos de su vida, y esas notas pertinentes constituyeron el centro de su mundo novelesco. V. t.: NATURALISMO IV.P. CORREA RODRÍGUEZ.
BIBL.: A. PALACIO VALDÉS, Obras completas, 28 vol. Madrid 1901-32; ÍD, nueva ed. de Obras completas, 3 vol. Madrid 192527; ÍD, Obras escogidas, 3 ed. Madrid 1942; J. A. BAISEIRO, Novelistas españoles modernos, Nueva York 1933, 382-443 (obra interesante como introducción a la novela del S. XIX); A. CRUZ RUEDA, Armando Palacio Valdés. Estudio biográfico, 2 ed. Madrid 1949; H. PESSEUX-RICHARD, Armando Palacio Valdés, "Rev. Hispanique", XLII (1918) 305-480; el "Bol. del Inst. de Estudios asturianos" (1953) contiene varios trabajos muy sugestivos.
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