Palacio
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Varios
En la arquitectura civil, el tipo de p. responde, como arquetipo, a la estructura política de la sociedad en que se construye. Su propia construcción responde, en un principio, a una estructura social perfectamente organizada. Aunque en los tiempos prehistóricos algunos indicios pudieran servir de base para hipótesis sobre su existencia y condiciones, en estrecho paralelismo con los tipos de la arquitectura funeraria, hemos de llegar a las culturas del Mediterráneo oriental para hablar propiamente de p.En efecto, en la cultura mesopotámica aparecen ya en el III milenio restos, como el p. de Kish, que pueden tomarse como punto de arranque (V. MESOPOTAMIA IV). A través del p. de Mari, de los restos hurritas y de las construcciones hititas (V. HITITAS IV), como la de Sendjirli, se concreta un tipo de p. caracterizado por los numerosos patios al que dan las dependencias, la entrada monumental, los fuertes muros almenados y su posición estratégica, los grandes almacenes y los amplios jardines, tanto en superficie, como sobre los muros, que tiene su principal manifestación en las construcciones - asirias, de las que el gran p. de Korshabad es un ejemplo característico. Paralelamente, en la cultura egipcia, aparte de las dependencias anejas a los templos, se desarrolla un tipo de p., según puede deducirse de los restos de Tell el-Amarna (v.), en el que la nota más característica es la distinción entre la parte pública con su gran sala de recepción y la privada, ésta con jardines y pabellones. El p. persa sigue en principio el modelo mesopotámico, pero en él tienen principal importancia las salas de recepción (apadanas), con altísimas columnas, y su posición dominante, sobre una terraza, según vemos en los de Persépolis (v.) y Susa (v.); ya en la época sasánida, al introducirse nuevos métodos constructivos, las soluciones abovedadas y las monumentales fachadas, así como la complejidad de su organización, ha de tener amplias repercusiones en los p. islámicos, según puede deducirse de las ruinas de los p. de Sarvistán y Ctesifonte (v. IRÁN III).En las culturas continentales prehelénicas se distinguen la evolución del tipo de la casa, o megaron, al que se le añaden dependencias y almacenes, como en Melos (Milo), o bien el tipo fortificado, en lo alto de una acrópolis, con propileos, rampa de acceso y sistema complejo de defensas, como en Micenas (v.); mientras en la cultura cretense se desarrolla un tipo sumamente original, según los restos de Cnosos y Festos (V. CRETA III). Se sitúa sobre amplia terraza, sin obras importantes de defensa, y ofrece una amplísima organización de dependencias, que evocan el nombre de Laberinto, con que fue conocido el palacio de Cnosos. En el mundo clásico, el p. es propiamente una ampliación de la casa urbana o de la villa. Así la Domus Aurea, de Nerón, como las construcciones del Palatino o las residencias imperiales en las cercanías de Roma, pero ya en Spalato, el p. construido por Diocleciano corresponde a la concepción oriental del p. como ciudad, fuertemente defendida, con numerosas dependencias, que garantizan su total independencia respecto al ambiente que le rodea. Este tipo se mantiene, con fuertes influencias de los p. persas, en las construcciones bizantinas, fundamentalmente en las ampliaciones que tomando como base el Palacio Sagrado de Constantinopla, erigido por Constantino, crearon el más fastuoso y rico p. de la cultura medieval. Sus ecos se perciben en el Kremlin de Moscú, así como en los p. islámicos; entre ellos, merece especial atención el de Medina Azahara (v.), de los califas de Córdoba.Esta tradición que liga al mundo bizantino con las construcciones romanas y con las que Persia hereda del mundo antiguo se mantiene en los p. islámicos, como queda dicho, entre los que son particularmente característicos los de Samarra, de la Alfajería de Zaragoza, de los timuríes del Turquestán, como los de Samarcanda y Kesh, el almohade de Sevilla y el de la Alhambra (v.) de Granada.En Europa occidental, durante el periodo prerrománico (v.), la inestabilidad política y la escasez de recursos determina una pobreza de medios y soluciones construclivas. Aunque quedan numerosos restos y testimonios literarios son muy escasos los ejemplos, como el p. de Teodorico en Rávena, y las noticias respecto al conjunto deAquisgrán. Se va creando un tipo sencillo en el que preocupa el carácter defensivo, aún más evidente en las construcciones en el campo, que ha de ser origen del castillo (v.), conforme se acrecienten los sistemas defensivos.En el periodo románico (v.) se desarrolla el tipo de castillo o p. fortificado, en el que todo está supeditado a la defensa, mientras que en las ciudades se erigen algunos p., con escasos vanos y fuertes muros, que albergan grandes salas abovedadas como el p. de Gelmírez en Santiago de Compostela o el de los reyes de Aragón en Huesca. En el periodo gótico (v.) el p. adquiere un espléndido desarrollo, en relación con la evolución de la ciudad y la organización política. Entonces se crean diversos tipos, de acuerdo con las necesidades y la organización de la sociedad. Surge el p. en la ciudad, con escasos vanos a nivel de suelo y organizado en torno a un patio interior, en el que la defensa se armoniza con una mayor comodidad, que se acrecienta y alcanza la primacía conforme avanza el gótico, según se puede advertir en los numerosos ejemplos conservados en toda Europa, entre los que tienen especiales características los p. toscanos, en los que aún se mantienen elementos defensivos de importancia, según vemos en Florencia, Siena o San Gimignano; los p. venecianos, como la Ca d’Oro, abiertos, con grandes ventanales; los castellanos fuertemente influidos por la cultura islámica, según vemos en numerosos ejemplos mudéjares (v. MUDÉJARES II), como el de Tordesillas, o ya de fines del gótico, hispano-flamencos, como el del Infantado en Guadalajara; y otros flamencos y franceses, entre los que el de Jacques Coeur, en Bourges, es característico. Paralelamente, se desarrollan los p. comunales, como el de Siena y, asimismo, el castillo evoluciona hacia la creación del tipo de castillo-p., característico de fines de la Edad Media, en el que los sistemas defensivos están supeditados las más de las veces a la comodidad y a las exigencias de la vivienda.En el Renacimiento (v.), el p. adquiere la primacía como tipo arquitectónico. El p. florentino, concebido ya como residencia en la ciudad, con rica fachada, aún mantiene algunos aspectos del carácter defensivo del p. medieval toscano, como en el Pitti o el Strozzi, pero ya en el p. Rucellai se da paso a un tipo eminentemene urbano, que triunfa en la concepción del p. romano. Se distingue éste por la amplia fachada, con abundantes vanos, un patio noble, grandes salones y, a veces, un jardín. Es modelo característico el p. Farnesio de Roma, como en Francia los de Blois, Chambord y Fontainebleau, o el alemán de Heidelberg. En España, mientras se introducen modelos italianos, como el de Carlos V en la Alhambra, por otra parte se conserva en muchos aspectos la tradición medieval, así en el Alcázar de Toledo o en la organización del p. plateresco salmantino.Esta creación del p. renacentista es el fundamento del gran p. barroco (v.), en que la libertad del arquitecto encuentra amplio cauce para su desarrollo. Las soluciones arquitectónicas más complejas, las ricas fachadas, la fastuosidad en los interiores y, especialmente, el extraordinario desarrollo del jardín son notas características, que encuentran sus ejemplares más representativos en los p. romanos, en el francés de Versalles, en los delicados y fastuosos p. alemanes del S. XVllI, en el conjunto de p. vieneses o en los modelos españoles de los Borbones.A partir del S. XIX, el p. deja de tener importancia como tipo arquitectónico en relación con una residencia permanente. El p. se convierte en centro de la vida oficial, y en él se procura mantener las tradiciones de periodos anteriores.J. M. DE AZCÁRATE RISTORI.
BIBL.: A. CHOTSY, Historia de la Arquitectura, 3 ed. Buenos Aires 1958; F. BENOIT, Histoire de I’Architecture, París 1911-34; V. LAMPÉREZ, Arquitectura civil española, Madrid 1922; F. CHUECA, Historia de la Arquitectura española, Madrid 1965; M. HASAK, Handbuch der Architektur, Leipzig 1927; P. LAVEDAN, Architecture civile gothique en Catalogne, París 1935; L. HAUTECOEUR, Histoire de 1’Architecture classique en France, París 1943-57.
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