Oviedo III. Arte. ARTE
Categoria:
Arte
Al rey Alfonso II corresponde la iniciativa de hermosear la ciudad, y, afortunadamente, subsistende su etapa (791-842) algunos edificios insignes. Es uno de ellos la cripta de la Cámara Santa, único resto de la primitiva catedral, consagrada en el 812. Esta cripta o capilla de S. Leocadia es de estructura muy sencilla; una larga bóveda de medio cañón voltea directamente sobre los rebancos adosados a los lados mayores y concluye en un muro absidal, plano, con un arquito sobre columnas un tanto rechonchas. Los precedentes formales de esta cripta son visigodos, en cierto modo los mismos que la de la catedral de Palencia. Sobre esta cripta, una capilla de iguales dimensiones en planta, pero de mayor altura, la verdadera Cámara Santa, fue dotada de decoración importantísima durante el S. XII. Otra construcción de tiempos de Alfonso II es la iglesia de S. Tirso, muy próxima a la catedral. Sólo se conserva el testero original, construido en sillarejo menudo, y si la ventana tripartita no fue objeto de posterior renovación, cual es de presumir, nos daría ya uno de los prototipos más usuales en la arquitectura asturiana.La tercera gran construcción de Alfonso II, por fortuna íntegra, es la iglesia de S. Julián de los Prados o de Santullano, posiblemente fechable entre 812 y 850. Se trata del más amplio templo prerrománico conservado en España, pues mide más de 39 m. de largo por más de 25 de ancho. Su original estructura comprende tres naves, interrumpidas por otra que va de lado a lado del crucero, éste sobresaliente en ambos sentidos, mientras la cabecera se divide en tres ábsides rectangulares, quedando en lo alto del central un compartimiento de difícil acceso. La construcción es de sillarejo; y los arcos, de medio punto. Es de notar la afición a los contrafuertes, característica luego de esta arquitectura asturiana, y a las celosías de piedra calada; pero una de las notas ornamentales de mayor prestigio de Santullano reside en su decoración pictórica mural. Ésta cubría totalmente los muros interiores del templo, y, aunque la conservación sea mediana, se ha podido reconstruir idealmente en su totalidad, comprobándose que la inspiración del anónimo artista se basaba en los tercer y cuarto estilos de pintura parietal pompeyana, con semejantes efectos de ilusionismo.El sucesor de Alfonso II fue Ramiro I, quien, pese a la brevedad de su gestión real (842-850), queda perpetuamente consignado en nuestra historia como altísimo mecenas, ya que durante su reinado fueron elevadas, en el monte Naranco, dos preciosas estructuras. Una de ellas, la conocida por S. María de Naranco, no era otra cosa que una residencia palatina estival del monarca, y sólo a la muerte de éste fue convertida en iglesia. Se trata de un edificio de dos pisos, de planta acusadamente rectangular. La planta baja se organiza mediante una bóveda corrida de cañón, como la cripta de la Cámara Santa, y en uno de sus extremos contiene lo que se considera pudo ser baño real o, por lo menos, cuarto de aseo. Por lo demás, serviría esta planta de almacén, cuerpo de guardia y cobijo de servidores. La planta superior, o palacio propiamente dicho, comprende un aula regís o gran salón que se comunica con los dos extremos laterales, otros tantos graciosos miradores al ameno paisaje, los que constituyen el mayor encanto del primer palacio real de España. En ellos, son característicos los arcos peraltados, y las columnas de fuste sogueado que también se dan en el interior. Aquí, la riqueza decorativa es extremada, y comprende también los curiosos capiteles troncopiramidales y los ostentosos medallones en bajorrelieve de los que arrancan los arcos perpiaños que segmentan la bóveda de medio cañón. Todo el edificio está sostenido por contrafuertes, ni muy sólidos ni arquitectónicamente necesarios, y otro tanto vemos en el cercano templo de S. Miguel de Lillo, estrictamente coetáneo. Los contrafuertes no libraron a esta iglesia, de tres elevadas naves, de sufrir un derrumbamiento del que tan sólo nos quedó, aproximadamente, su mitad. Pese a ser de la misma época que el palacio del Naranco, y posiblemente del propio arquitecto, las soluciones arquitectónicas y decorativas son unas comunes, otras de mayor variedad, como la curiosa decoración de las jambas de la puerta, que repite motivos de un díptico consular romano y de una curiosa escena circense.Por desgracia, todo este auténtico renacimiento altomedieval, del que O. era centro, se yuguló al trasladarse la corte a León, y el talante románico ovetense es bastante más pobre. No obstante, cuenta con dos monumentos importantes: uno, la llamada Torre Vieja de la catedral, robusta estructura del S. XI en sus finales; otra, la decoración de la parte superior de la Cámara Santa, a la que fueron agregadas seis medias columnas como apoyo de los perpiaños, ya avanzado el S. XII. Aparte la suntuosidad de arcos, basas y capiteles, el mayor interés reside en las dobles cariátides de cada columna, figurando una ,pareja de apóstoles, 12 en total. Son admirables imágenes, en cierto modo pregóticas, que conversan entre sí con asombrosa naturalidad.Prescindiremos de otros restos románicos en la catedral y de edificios del mismo estilo desaparecidos, como la iglesia de S. María de la Vega, de la que sólo subsiste la portada, para enfocar otro sensacional monumento de la ciudad, la catedral gótica. Se comenzó en 1388, durante la gestión episcopal de Gutierre de Toledo, y antes de morir en 1412 su sucesor Guillem de Monteverde ya estaba conclusa la capilla mayor. Se sabe que en 1412-14 se trabajaba en el brazo septentrional del crucero y en tiempo de los Reyes Católicos en el meridional. Se siguió el cerrado de la nave mayor, y la catedral pudo ser consagrada en 1498. Pero la torre sur, única construida de las dos proyectadas en la fachada, no se concluyó hasta 1556. Arquitectos del edificio constan haber sido Juan de Candamo y Pedro Bunyeres. La hermosa catedral consta de tres naves, la mayor de 10 m. de anchura, de 6 m. las laterales; capillas laterales, girola y nave de crucero, que se prolonga al N por la capilla del Rey Casto, al sur por la mencionada Cámara Santa. Añadamos, para su elemental descripción, la presencia del triforio, lo muy apuntado de los arcos y la general sencillez ornamental, que adquiere su máxima riqueza en el pórtico, la torre y la capilla del Rey Casto. Pequeño y recoleto, pero muy bello, y con notables capiteles, el claustro.Aun no siendo hacedero detallar aquí las riquezas de la catedral ovetense en sus varias dependencias, es obligatoria la cita del gran retablo mayor, de 12 m. de alto por otros tantos de ancho, con tallas de Giralte de Bruselas y Juan de Balsameda, con la colaboración pictórica de León Picardo. Igualmente son acreedoras de mención las ricas preseas de la Cámara Santa (cruces de la Victoria y de los Ángeles, arca románica de plata repujada, caja de las ágatas, etc.) y el insigne Libro de Testamentos, el más preciado conjunto de la miniatura románica española del S. XII.Tras el largo esfuerzo de construcción de la catedral, el Renacimiento tuvo poco que hacer en O., pero, en cambio, fue fecundo el arte barroco. Si apenas se inicia en la Universidad, en funcionamiento desde 1608, luce en la iglesia de S. Isidoro y en los monasterios de S. Clara, S. Vicente y S. Pelayo, por no citar sino los hitos principales. Mas el dominio del barroco ovetense es el de la arquitectura civil y palacial, con edificios tan nobles y bien concertados como los palacios de Camposagrado, Toreno, Velarde, Valdecarzana, Llanes y otros que dan una réplica, indicio de la holgura de la ciudad en los S. XVII y XVlIl, a la temprana monumentalidad del alto Medievo. En el monasterio de S. Vicente está instalado, desde 1952, el rico Museo Arqueológico Provincial, en que se exhibe una completa colección de los periodos prehistórico, romano, asturiano, románico, gótico de la ciudad y región, más una sección dedicada a la etnología de ésta. Ello sin contar con otras colecciones públicas y privadas de O., como el completo y soberbio Apostolado del Greco, perteneciente al marqués de San Feliz.V. t.: ASTURIANO, ARTE; ASTURIAS V.J. A. GAYA NUÑO.
BIBL.: H. SCHLUNK, Arte asturiano, en Ars, II, Madrid 1947; J. M. PITA ANDRADE, Arte asturiano, Madrid 1963; A. BONET CORREA, Arte prerrománico asturiano, Barcelona 1967; H. SCHLUNK y M. BERENGUER, La pintura mural asturiana de los siglos IX y X, San Sebastián 1957; M. ÁLVAREZ AMANDI, La catedral de Oviedo, Oviedo 1929; M. ARBOLEYA, La Cámara Santa de la catedral de Oviedo, Barcelona s. a.; M. DEL SALTILLO, Palacios ovetenses. Datos para su historia (1474-1786), "Rev. de la Univ. de Oviedo", IX-X (1942) 281.
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