Oso Ii. Religiones No Cristianas. REL. NO CRIST.
Categoria:
Religión No Cristiana
La sacralidad del o. (ursus spelaeus) parece evidente desde la más lejana prehistoria referida a ritos de totemismo (v.), al aparecer el o. como protagonista de un extraño culto en el Paleolítico y en las cavernas musterienses del Drachenloch (Suiza), donde asimismo se han hallado vestigios del culto al cráneo (v.). En dicho lugar aparecieron cabezas de o., mejor dicho, cráneos agrupados hacia Oriente, emplazados en cistas lítitas recubiertas por una lastra. En la Petershohle, junto a Nuremberg, se han encontrado asimismo cráneos de o. alineados en nichos, parietales de una gruta musteriense, emplazados sobre un podium de piedra. En Austria y en la Drachenhohle (Stiria) y en una fosa musteriense se encontraron asimismo 50 fémures de o. orientados hacia Levante.Indudablemente la fiereza y fuerza del o. le ha hecho quizá desde la Prehistoria objeto de un culto especial e incluso tema artístico, ya como sujeto a ritos mágicos cinegéticos, ya como totem depositario del poder sagrado. El culto prehistórico al o. quizá trascienda aún hoy en ciertos usos y fiestas celebrados entre pueblos primitivos, como, p. ej., entre los Ainos (v.), entre los que el o. aparte de antepasado epónimo, es mantenedor de sus tradiciones. En lengua Ainú, la voz o. se expresa kimunkamui término muy próximo al de la voz japonesa kami (divinidad). Ser superior que reside en medio de las montañas, el o. sería el intermediario entre el mundo terrestre y el más allá, asegurándosele un papel mediador no sólo por su figura en cierto modo semejante a la del hombre, sino también por creer que al igual que éste posee su alma. Tal es el origen de una fiesta Ainú iomante (fiesta del reenvío del alma) en virtud de la cual el o. criado en familia y amamantado por las mismas mujeres es, ya joven, muerto ritualmente.Dicho sacrificio se celebra también entre los giliacos y los gudebes. Entre los ostiacos y vogules, así como otros pueblos paleo-siberianos la fiesta del o. se acompaña de danzas y mimogramas. Entre los antiguos fineses el o. fue asimismo animal sagrado, al igual que en América del Norte (indios del noroeste del Pacífico), tales como los tinglit o kwaktiul, nutka, etc. Entre los algonquinos se celebran fiestas de o. similares a las de las tunguses.Las ceremonias prehistóricas paleolíticas debieron trascender al Mesolítico y de allí al Neolítico vinculándose el culto del o. al de la diosa madre (v. DIOS II, 2), que con el tiempo presentará hierofanías ursinas y en épocas proto e históricas y más próximas dará origen a la diosa clásica Artemisa. Los atenienses darán asimismo nombre a osas a las vírgenes consagradas a Artemisa. El nombre de Arcasrecuerda asimismo en griego al del o. (arktos). La hija de Licaon (Artemisa) es transformada en osa por los celos de Hera (v.) o bien muerta por ella, tomando un puesto en el firmamento como la constelación de la Osa Mayor. V. t.: ANIMAL IV.J. M. GÓMEZ TABANERA.
BIBL.: A. DE GUBERNATIS, Mithologie Zoologique, II, París 1874, 118 ss.
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