Ortografía I. Consideraciones Generales.
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Concepto. El vocablo deriva del griego: ortos (recta) y grafos (escritura), es decir, es la correcta manera de representar las palabras y demás signos de escritura. Desde muy antiguo, los hombres han plasmado gráficamente su lenguaje: porprocedimientos pictóricos o por medio de signos convencionales cuyo resultado es la escritura (v.). Esto responde, en su origen, al deseo de transmitir sus ideas a los ausentes, ante la imposibilidad de hacerlo de modo directo, o al ansia de perpetuarse, dejando constancia de sus vivencias o de sus conocimientos. Pero, como luego veremos, la historia de la escritura no coincide con la historia de la o. Según la tradición, fueron los fenicios quienes, partiendo de los caracteres de la escritura hierática egipcia, formaron el alfabeto (v.). Éste originó la moderna escritura. Con ello se abre la relación entre lo gráfico y lo fonético, con la correspondencia entre signos y fonemas. Pero la o. sería totalmente superflua si esta correspondencia fuera perfecta y exacta. De aquí el interrogante: ¿hay que escribir como se pronuncia o hay que pronunciar como se escribe?La ortografía española. Historia. Originalmente ha mostrado su tendencia a reproducir con fidelidad la pronunciación. Desde la aparición del romance castellano hasta el S. XVI se emplean los signos con una sola intención fundamental: disponer de un signo para cada sonido articulado. Cosa fácil de comprobar al consultar un texto medieval en una edición crítica que respeta la o. original, donde se encontrará, p. ej., beved deste vino o miedo iva aviendo, que un maestro condenaría hoy severamente en sus discípulos.Muy típico del Renacimiento es el criterio normativo. Si además consideramos el criterio de unificación propio de esta época, deduciremos el aspecto convencional que rige el empleo de los signos ortográficos. Este doble criterio sirve de pauta a Nebrija (v.) y sus continuadores. En este mismo periodo, con el enriquecimiento del léxico, principalmente con palabras cultas, se resucitaron o. etimológicas. Se da un tiempo de fijación, algo anárquico a veces, que llega al S. XVIII.La Academia Española. Fundada en 1713, publicó su Ortografía en 1741, poco después de su Gramática. Además de sus criterios básicamente normativos, el sistema ortográfico queda orientado hacia la etimología. Desde entonces la historia de la o. se reduce a la serie de normas dictadas e impuestas por la docta corporación que, a lo largo de dos siglos y hasta nuestros días, propone reformas de acomodamiento en 1803, 1815, 1837, 1913 y, últimamente, en 1959.Estas reformas están plenamente justificadas. La o. española se caracteriza por su tendencia a seguir lo fonético, enfoque propugnado ya por Nebrija, y por su tendencia a la simplificación. Ambas tendencias están bastante supeditadas, ya que la pronunciación cambia, de donde se deduce la necesaria acomodación. Cada reforma ha resultado un paso más hacia el fonetismo. La Academia, muy sabiamente, se deja gobernar por la lengua. Compárese a este respecto la o. castellana, tan acomodada a la fonética, con la tan conservadora del francés, lengua por otra parte mucho más evolucionada fonéticamente, lo que produce un mayor desacuerdo. En cuanto al criterio etimologista, se podrán comprobar casos de falta de exactitud. Por eso, p. ej., Unamuno escribía cojer con j, en afán purista de etimólogo.A pesar de estos fallos aislados, el criterio normativo queda plenamente justificado. El signo ortográfico es convencional, como lo es el saludo en sociedad. Se convenciona, pues, una norma de corrección, de respeto y consideración en el trato escrito con los demás, junto a una base de unificación en la lengua escrita. Y así, las normas ortográficas se imponen, ya no se hablará de sonidos o fonemas que se presentan de uno u otro modo, sino de letras que se pronuncian (v. ACADEMIA III).Problemas de ortografía española. Ante el sistema ortográfico que hoy dicta la Academia, podemos observar algunos casos de falta de uniformidad entre sus grafemas y los sonidos que les corresponden. Así, las o. ca, que, qui, co, cu, representan un mismo fonema consonántico. Paralelamente, y en relación diferenciadora, escribimos la serie za, ce, ci, zo, zu. Con igual táctica gráfica se indica la serie ga, gue, gui, go, gu. Es obvio señalar que el desacuerdo está compensado. No ocurre lo mismo en la serie ja, je, ge, ji, gi, jo, ¡u, donde vemos la doble grafía ante e, i, para un solo fonema, desacuerdo no compensado.La diferenciación gráfica de b y v no entraña distinción fonética ninguna. Sin embargo, aquí hay una gran razón de lengua: puede servir de marca ortográfica para dos distintas significaciones, como en vaca/baca. Se impone la lengua, con su fin último la significación. Idéntico razonamiento puede aplicarse al doble grafema r- inicial o -r- tras consonante, frente a -rr- intervocálica. También aquí la falta de uniformidad es debida a valores fonológicos, como puede comprobarse en caro/carro. No podemos decir lo mismo, ni mucho menos, a propósito de la h. Hoy día es fonéticamente nula. Con consideraciones exclusivamente fonológicas o de correspondencia entre sonido y grafema, bien pudiera suprimirse. Pero en favor de su mantenimiento se aplica el criterio etimológico. Bien es verdad que, a veces, como en el caso de huevo, p. ej., la h es antietimológica. Son casos de extrema corrección de respeto a las normas establecidas.Los grafemas prosódicos. El acento (v.) gráfico es una de las indicaciones de los rasgos prosódicos del habla. Se emplea por convención para señalar las palabras agudas, graves o llanas y las esdrújulas. Muy distintos son los casos en que este acento gráfico es necesario, ya que sirve para indicar la sílaba tónica, rasgo que en español es pertinente, como en el ejemplo bien conocido, cántara/cantara/ cantará. Otras veces el empleo del acento gráfico es por categorización, como en tú/tu. O también por la realización en diéresis de la palabra, como en maíz.Los demás signos, llamados de puntuación, señalan los suprasegmentos del habla que se superponen a las realizaciones fonéticas. Destaquemos únicamente los puntos y las comas que, marcando las pausas del discurso, responden a un criterio lógico, siguen la función sintáctica de los elementos de la frase.Problemas de aprendizaje. No se debería llegar al correcto empleo de los signos ortográficos por un aprendizaje fríamente memorístico de las reglas normativas. Según hemos visto, la o. no es un capricho convencional. El que escribe debe encariñarse con la forma etimológica de las palabras que viste elegantemente su contenido significativo.Para los yeístas, gran número de los hispanohablantes, habrá dificultad en la diferenciación y/ll. Pero es necesaria su distinción por su oposición de significado en lengua, p. ej., poyo/pollo, aunque esa oposición sea de poco rendimiento. Muchos, incluso los intelectuales, encuentran a veces dificultad en el correcto empleo ortográfico de x/s, principalmente en palabras que principian por ex/es, por confusión de etimología. Así, es fácil caer en incorrección al escribir, p. ej., espléndido, expontáneo, etc. No faltarán quienes, con razón o sin ella, prediquen nuevas reformas, más simplificaciones. Pese a todo, ante las normas ortográficas de la Academia hay que inclinarse con todo respeto.V. LAMIQUIZ IBÁÑEZ.
BIBL.: Aunque las reglas ortográficas se explican en todas las Gramáticas, la fuente genuina es la Gramática de la lengua española de la RAE., nueva ed., reformada, de 1931, y apéndice conlas Nuevas normas de prosodia y ortografía declaradas de aplicacación preceptiva desde 1 en. 1959, Madrid 1962. Para la correcta representación ortográfica de las palabras: Diccionario de la lengua española, de la RAE, 19 ed., Madrid 1970 (con inclusiones y correcciones respecto a la ed. de 1956). A. ROSENBLAT, Las nuevas normas ortográficas y prosódicas de la Academia Española, Madrid 1967; T. W. ADORNO, Signos de puntuación, en Notas de literatura, Barcelona 1962, 115-122. Es útil por su practicidad M. SEco, Diccionario de dudas y dificultades de la Lengua Española, Madrid 1970.
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