Ortodoxa, Iglesia II. Teología y Espiritualidad. B. Espiritualidad. TEOL.
Categoria:
Teología
También el Oriente ortodoxo tiene su propia y característica espiritualidad, aunque en su origen hundiera sus raíces en una anterior espiritualidad católica, con un matiz típicamente oriental, pero taxativamente enseñada y vivida por los Santos Padres de la Iglesia oriental primitiva. Dentro de esta espiritualidad ortodoxa total, hay dos grandes grupos: el bizantino y el ruso.1. Espiritualidad bizantina. Es una espiritualidad preponderantemente mística, centrada en el hesicasmo (v.), desarrollada luego científicamente por el palamismo (v. PALAMAS, GREGORIO), y ejercitada particularmente entre los monjes, teniendo como núcleo central la famosa y tradicional Oración a Jesús.El sistema hesicasta tiene como principal autor a Simeón el Nuevo Teólogo, aunque no falta quien afirma que su sistema es un hesicasmo no puro, sino más bien adulterado. En sustancia su posición consiste en conceder una gran importancia a los fenómenos místicos extraordinarios, colocar en un segundo lugar a la penitencia y la lucha contra las pasiones e insistir, en cambio, mucho en la repetición incesante de la Oración a Jesús, acompañada de una técnica de oración un tanto complicada. Se trataba, pues, de un sistema pormenorizado de oración para llegar por su medio a la más alta y unitiva contemplación. El palamismo, que apareció más tarde, teniendo como centro y paladín al monje y después Arzobispo de Tesalónica Gregorio Palamas, procuraría buscarle una fundamentación científica, mediante una explicación teológica de la gracia, de la Naturaleza divina, de la unión transformante, y de la esencia de lo que llamaba la luz tabórica; todo ello girando en torno a la distinción capital entre la esencia divina y sus energías o propiedades, distinción que de hecho venía a acabar con la doctrina recta de la simplicidad divina (V. DIOS IV, 4). El palamismo tuvo luego otras proyecciones más complicadas, inclusó políticas; pero su raíz primera hay que ponerla en el intento de una explicación razonada del combatido sistema hesicasta.La Oración a Jesús es el elemento esencial de lo que compone el método de oración hesicasta. La Oración a Jesús es un término técnico de espiritualidad bizantina, que designa la invocación del Nombre de Jesús, o sólo, o en alguna fórmula más o menos desarrollada. El interés de esta cuestión no es meramente histórico; se trata de una práctica que, a pesar de ser antiquísima, es hoy muy frecuente en todo el Oriente Cristiano. A pesar de ello, ha sido muy pocas veces mencionada en los tratados sobre las formas de oración, aunque es más antigua y más extendida que los otros métodos analizados en esos manuales clásicos. Para algunos autores constituye hasta el corazón mismo de la ortodoxia. A su conocimiento contribuyó en gran parte la amplia difusión de un pequeño folleto que narraba las aventuras de un Peregrino Ruso, que caminaba de ciudad en ciudad, y de conventoen convento, en busca de un adecuado director espiritual. Del ruso, editado en Khazán en 1884, se hicieron diversas versiones a varias lenguas europeas: alemán en 1925, francés en 1928, inglés en 1930, italiano en 1935, etc. La fórmula más extendida de esta oración era: "Señor Jesucristo, hijo de Dios, ten misericordia de mí, pecador". Su práctica puede ser vocal o mental, esto es, pronunciada, o solamente meditada. Según Bulgakov (v.), tiene tres aspectos o grados distintos: 1) oración vocal; entonces se traduce en un esfuerzo constante para repetirla con los labios y no sólo con la mente, aunque con la condición de ajustar a él el estado del alma, viviendo en paz y amor con todos, y guardando los mandamientos, y siendo humilde y casto; 2) oración mental o psíquica. La mente comienza a entrar en esta oración repetida sin cesar, y se concentra en el Nombre de Jesús; se le descubre ya el poder de Cristo, que en ella va oculto. Entonces la mente se libera de sus trámites ordinarios y continuos, y queda en su "cámara interior" de la contemplación de Dios. Tiene ya el presentimiento de la suavidad o dulzura del Nombre de Jesús; 3) la acción espiritual, que se desarrolla en el alma o corazón. La oración penetra el ser interior del hombre, que, todo aturdido, se ve transportado en una luz divina. Entonces se dice esa oración a Jesús por sí misma dentro del corazón, constantemente, sin esfuerzo alguno; y esa luz del Nombre de Jesús ilumina a través del corazón a todo el Universo. Este estado no puede describirse con palabras, pero es ya el prototipo del "Dios en todos" (V. ORACIÓN; CONTEMPLACIÓN).2. Espiritualidad rusa. Sigue una trayectoria diferente de la bizantina, pues es más ascética que mística. En Rusia nos encontramos con muchas personalidades marcados con un gusto especial por la experiencia íntima de Dios tan característica de su raza, pero que están muy lejos de despreciar o menospreciar el esfuerzo ascético. Abundan estos tipos en toda la historia religiosa rusa. Desde un principio se presenta esta santidad como extremadamente activa y ascética. En todo su primer periodo existió un rasgo peculiar que se perdería más adelante: el celo apostólico que animaba a la santidad naciente rusa. En el S. XV se encendió una enconada controversia entre dos tendencias distintas, representadas respectivamente por Nilo Sorsky, y por José de Volokolamsk, que había de tener una gran influencia en la espiritualidad rusa, pues desemboca en el divorcio entre el apostolado y la mística. A raíz de la polémica los partidarios de Sorsky se encerraron en la soledad y en la oración, y se apartaron obstinadamente de toda clase de apostolado. En cambio, los monasterios centrales, bajo la dirección de Volokolamsk, continúan la tradición activa cultural, política y social, aunque con una espiritualidad un tanto deficiente desde el punto de vista de la vida interior (V. ACTIVIDAD Y ACTIVISMO II; APOSTOLADO). Pero ambas corrientes coinciden en el aprecio de la ascética, aun la de Nilo Sorsky, más inclinado a la mística, que había aprendido y ejercitado en el Monte Athos (v.). Volokolamsk, por su parte, es el protagonista por excelencia de la vida religiosa basada en el trabajo y en la abnegación; dando mucha importancia a la piedad litúrgica y colectiva, y con menor tendencia a la contemplación. Una postura intermedia se encuentra en Serafín de Sarov (v.), que ha venido a ser la figura más característica de la espiritualidad rusa, y que realiza una síntesis entre ascética y mística, que ha de tener muchos imitadores. A un mismo tiempo se consagra al hesicásmo y a la Oración a Jesús, buscando los fenómenos físicos corporales de calor del corazón, luz, etc.; se entrega además a una dura penitencia de soledad, de ayunos, de alimentos groseros, y de agobiante trabajo de leñador. Pero al fin de su vida interrumpió su total aislamiento, para ponerse, mediante el consejo, la doctrina, y la dirección espiritual, al servicio de sus hermanos.De la tendencia de Nilo Sorsky han sido otros grandes ascetas rusos. Así Dimitri, metropolita de Rostov (1651-1709), tenido también como uno de los grandes santos de la ortodoxia rusa. La misma línea seguiría en el S. XVIll otro gran director espiritual ruso, Paissy Velitchkovsky, que puso todo su empeño en restaurar la vida monástica, conforme a las tradiciones antiguas. Predicaba incesantemente la pobreza y la obediencia, y como Nilo y demás grandes ascetas rusos, defendió la primacía de la oración mental sobre los oficios litúrgicos celebrados en las iglesias. Para él, el esplendor exterior del culto y el abuso de las melodías podía fácilmente favorecer la sensualidad y la pereza. Creía que el monje que dejaba los oficios litúrgico’§ para dedicarse a la oración mental cumplía perfectamente con sus obligaciones, pues lo menos, esto es, los oficios litúrgicos, quedaba comprendido en lo más, esto es, en la oración o meditación mental.Como característica propia de esta espiritualidad rusa, hemos de anotar que la piedad rusa no es individualista en su inspiración; en la Iglesia y de la Iglesia recibe el fiel todo lo que ha de alimentar su piedad y ha de caracterizar su espiritualidad. En esto va a una con la espiritualidad católica. Y ese alimento lo encuentra el ruso primero en la Escritura, y luego en la Liturgia. Otras características especiales son: a) la convicción profunda y vívida de qué el hombre es pecador y necesita ser salvado. El fiel ruso tiene ordinariamente un sentimiento muy pronunciado de la situación trágica del hombre metido en medio de una lucha contra su inclinación al mal, de la que no podrá salir vencedor sin la ayuda de un socorro exterior, de lo Alto. Sabe que ese socorro le ha sido dado en la persona de Cristo, quien por su muerte y su resurrección ha vencido radicalmente los poderes del mal, y hasta a la muerte misma; b) piedad esencialmente litúrgica, lo que no quiere decir que sea desconocida la oración individual, o sencillamente descuidada, sino que se concentra muy particularmente -sobre todo la escuela de Volokolamsk- en la oración litúrgica. Por lo demás, está muy extendida la práctica de la Oración a Jesús, que juega un papel importantísimo en toda la piedad rusa; c) piedad centrada en las grandes verdades fundamentales de la fe cristiana en la triple línea de la doctrina, de las instituciones y del culto; d) piedad de alabanza, de glorificación y de demanda, que deriva de un sentimiento muy vivo de la transcendencia divina, y de la inmarcesible e inalterable gloria en que vive. Esto en el campo de la espiritualidad, porque en el campo de la teología habría que afirmar otra cosa. Esa gloria la posee Dios de manera inamisible, y nada debe a nuestros propios esfuerzos. Nuestro deber está en reconocerla y proclamarla. De ahí que un buen número de plegarias litúrgicas terminen con la exclamación de "Gloria a Ti, Señor, gloria a Ti" (v. t. UNIÓN SOVIÉTICA VI).3. El monaquismo. Al hablar de la espiritualidad ortodoxa no puede prescindirse en manera alguna de referirse al monaquismo, que es el que más particular y concretamente encarna esa espiritualidad ortodoxa. Tanto en el cuadro histórico bizantino como en el ruso, pues si los monjes del mundo bizantino juegan un papel casi exclusivo en este campo de la espiritualidad, casi con la misma o mayor razón hay que afirmarlo del monacato eslavo-ruso. Porque toda la vida del monacato oriental está íntimamente ligada, tanto a la historia como a laespiritualidad de la I. O. Para el desarrollo de este punto, V. MONAQUISMO I.4. Los ¡conos. El mundo de los iconos (v.) exige un estudio particular dentro de la espiritualidad ortodoxa. El culto a sus iconos responde perfectamente a la idiosincrasia del pueblo oriental, que vive en una esfera de sacramentalismo. Llama la atención la cantidad de simbolismos que existen en los ritos orientales. A este carácter simbólico hay que referir precisamente el culto de los ¡conos, que representan, por un lado, un gran simbolismo, y alcanzan, por otro, un alto significado teológico. La palabra icono viene del griego eikon, y significa retrato; la bendición de la Iglesia, en el sentido oriental, ha convertido esa imagen o icono en un sacramental, en una cosa sagrada o misteriosa, en la que, y por la que, se halla siempre presente la persona retratada. En adelante esas sagradas imágenes proporcionan la contemplación mística de lo divino, como ya decía uno de sus más representativos escritores, el monje Nicéforo. La concepción del icono hunde sus raíces en la más profunda teología: Icono del Padre llaman los Orientales al Hijo; e imagen del Hijo es para ellos el Espíritu Santo. También el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios; cuando está en gracia, viene a ser como icono o imagen de su magnificencia.El icono es una imagen santa, sagrada, y no simplemente piadosa; el icono no constituye un elemento meramente decorativo, ni siquiera una simple ilustración de la S. E.; es parte integrante de la Liturgia, y constituye un medio de conocer a Dios y de unirse a Él. La veneración de los ¡conos es, por tanto, un aspecto esencial de la experiencia litúrgica, es decir, de la contemplación del Reino de Dios a través de las acciones del Rey. El icono santifica la vista, y la transforma ya en sentido de visión; porque Dios no sólo se ha hecho oír, sino que se ha dejado ver, y la gloria de la Trinidad se ha revelado a través de la carne del Hijo del Hombre. El icono viene a representar toda la espiritualidad del alma oriental. El ortodoxo ora ante el icono de Cristo como oraría ante el mismo Cristo; y la presencia del icono le pone ante la vista, ante la conciencia, la realidad misma que representa, dentro de ese ambiente profundamente simbólico en el que vive. La teología del icono presenta, pues, acentos diversos que la teología occidental sobre las imágenes o cuadros: para el occidental, la imagen no es más que un simple recuerdo, un medio sensible que ayuda a concentrar la atención; para el oriental el icono es algo más que todo esto; el icono concreta y hace sensible una presencia de la realidad invisible, no ciertamente material o física, pero sí una presencia de eficiencia espiritual. Sólo así puede entenderse toda la acritud de la controversia de los iconoclastas (v.).5. Hagiografía ortodoxa. Los ortodoxos veneran a los santos, no sólo a los antiguos sino también a otros que han canonizado después de la separación y que han incluido en sus rituales. No entramos a ponderar la realidad efectiva de esa santidad que, evidentemente, en algunos se puede dar, ni en el examen de la actitud que respecto a ella pueda un día tomar la Iglesia católica. Sólo recordamos que mientras para los católicos la canonización es un acto del Magisterio infalible (v. SANTO; CANONIZACIÓN; BEATIFICACIÓN); para la iglesia ortodoxa, al menos para la rusa, es un acto reformable, pues puede darse el caso, y se ha dado de hecho ya, de una descanonización, y de una posterior canonización, mejor, recanonización, de un personaje determinado.La iglesia rusa tiene unos 385 santos canonizados, la mayor parte de ellos antes de Pedro el Grande. De 1700 en adelante las canonizaciones han sido muy raras: sólo once. Entre los diversos tipos de santidad que se proponen, predominan los monásticos, de los que la espiritualidad rusa conoce una gran variedad: Los prepodobnyie, categoría importante por su número, en la que pueden quedar incluidos no pocos monjes piadosos, en los que los largos oficios litúrgicos tienen una cabida considerable. Los startsy, categoría a que pertenecen los numerosos staretz. Suelen ser seglares o monjes, no tanto sacerdotes seculares; y se dedican a la dirección de almas, a la oración privada, y a la práctica de austeridades corporales, etcétera. Viven preferentemente en la soledad, a veces en el interior de las cavernas, y a veces también en medio del mundo. Los stranniki, o peregrinos piadosos, quienes para un mayor desasimiento de las cosas de este mundo pasan la vida en perpetua peregrinación, de pueblo en pueblo y de ciudad en ciudad, casi siempre a pie, y pidiendo de limosna la comida diaria. A sus bienhechores los animan con buenos consejos y con sus oraciones. Los otchenlniki y los poutsynniki, o sea, los ermitaños, que imitan fervorosamente a los antiguos Padres del desierto. Suelen ocultarse en cuevas, en selvas impenetrables, o en islotes marinos. Los satvorniki, o recluidos, que se encierran durante años en alguna celda estrecha y aislada, a veces en huecos de la tierra o de los árboles. Ayudan con buenos consejos a los peregrinos que de cuando en cuando acuden a visitarles. Los moltcha1niki, que ponen su mayor empeño en guardar el silencio más riguroso durante un periodo de tiempo que puede variar desde algunos meses hasta los 20 y los 30 años. Los youridivos, a los que toda Rusia profesaba gran veneración; son los llamados por otro nombre locos por Cristo, ascetas que por amor a Jesús cubierto de oprobios buscan ser tratados como locos o aventureros, y ser despreciados de todos. Para mejor conseguir ese fin, se entregaban a veces a excentricidades. Por desgracia, entre los youridivos auténticos aparecían a veces charlatanes, que con su falsa santidad explotaban al pueblo sencillo. Los stolpniki, o estilitas (v.), que pasaban una buena parte del día o de la noche de pie o de rodillas sobre una piedra llana, en el interior de un bosque espeso, o dentro de una columna de ladrillo, con escasa libertad de movimientos. Los petchalniki, o intercesores, que se proponían como obra de penitencia y caridad a la vez interceder ante los poderosos en favor de los oprimidos.V. t.: ESPIRITUALIDAD Y ESPIRITUALIDADES; ASCETISMO; UNIóN SOVIÉTICA VI.Á. SANTOS HERNÁNDEZ.
BIBL.: "T. ZAMARRIEGO, Enciclopedia de orientación bibliográfica, II, Barcelona 1964, 443-448; Á. SANTOs, Espiritualidad ortodoxa, en B. JIMÉNEZ DUQUE (dir.), Historia de la espiritualidad, III, Barcelona 1969, 3-225; ÍD, Iglesias de Oriente, II. Repertorio bibliográfico, Santander 1963, 147-176 (contiene un elenco de más de 90 obras recensionadas); K. ALGERMISSEN, Iglesia católica y confesiones cristianas, Madrid 1964, 723-762 (abundante bibl.); M. J. LE GUILLOU, El espíritu de la ortodoxia griega y rusa, Andorra 1963; VARIOS, Espiritualidad rusa, Madrid 1965; L. BOUYER, La spiritualité orthodoxe et la spiritualité protestante et anglicane, París 1965; I. HAUSHERR, Hésichasme et priére, Roma 1966; 1. SMOLITCH, Moines de la Sainte Russie, París 1967.
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