Órgano (música) MÚSICA
Categoria:
Música
Organología. Llamado "rey de los instrumentos", es el mayor en tamaño, el más rico en extensión y variedad de timbres y el que más complejidad encierra en su estructura. En esencia, el ó. es un instrumento de tecla y tubos que cantan merced a la acción del aire. Es, pues, según la clasificación de C. Sachs (v. ORGANOLOGÍA), un aerófono. Cada tubo canta una sola nota, por lo que para conseguir una sola octava son necesarios 12 tubos. Al conjunto de tubos del mismo timbre se le aplica el nombre de juego o registro, aun cuando la denominación no es del todo indiferente, pues hay juegos distintos dentro del mismo timbre, diferenciados precisamente por su distinto sitio en la escala de frecuencias. Mediante los juegos, que no sólo se diferencian por su timbre, sino también por su altura, el ó. se libera de los límites de su teclado, de alrededor de cinco octavas, y alcanza frecuencias no soñadas en ningún otro instrumento. Si pensamos que un ó. mediano puede alcanzar 30 ó 40 juegos diferentes, y que un ó. grande puede llegar hasta los 400, no es difícil imaginar la complejidad técnica de un instrumento que debe ofrecer al organista la posibilidad de hacer cantar, con suma facilidad, las series de tubos elegidas entre los miles que se encierran en su interior. No existen dos ó. iguales, ni siquiera en un mismo periodo histórico y construidos por el mismo organero. A pesar de esta dificultad, vamos a describir someramente un instrumento típico.Partes del órgano. a) La consola. Es un mueble que contiene todos los mandos. Y, en primer lugar, las teclas, reunidas en varios teclados superpuestos, que pueden llegar a ser cuatro o cinco, llamados manuales; y el pedalero, que no es más que otro teclado hecho a escala gigante para poderlo usar con los pies. Después, los mandos de los registros, que son los que abren paso al aire y lo dirigen hacia la serie de tubos del mismo timbre, al juego. Están agrupados los que corresponden a cada teclado. Distribuidos entre los teclados, o al lado del pedalero, hay diversos mandos que facilitan el manejo del ó., con los cuales el organista organiza combinaciones de juegos por adelantado, enlaza los diversos teclados, etc. Cada teclado cuenta con sus propios juegos, es decir, debe poseer una personalidad sonora específica, original, sin perjuicio de que al ser organizado se haya tenido en cuenta el equilibrio total del instrumento. De aquí que cada teclado tenga distinto nombre, que responde generalmente a diversa función en la sonoridad total. El primer manual es la base de todo el instrumento, y se le llama principal o gran órgano. El segundo, cadereta o positivo, es llamado así en recuerdo del pequeño ó. que antaño sOUA estar a espaldas del organista para funciones más modestas, y suele reproducir en miniatura la composición del principal. El tercero, recitativo o de solos y ecos, dispone de juegos de fantasía para los efectos insólitos. El pedalero, asimismo, debe tener una composición propia, aun cuando, por su función, tienda a agrupar los registros más graves. Si el ó. que examinamos es antiguo y español, el pedalero sólo cuenta con una octava, y es llamado contras. La consola generalmente está separada del resto del instrumento, pero todavía se construyen ó. a la manera tradicional con la consola empotrada bajo los tubos.b) La tubería. Los tubos exteriores no son más que una pequeña parte del total, y aun a veces, por exigencias ornamentales, esa tubería exterior es falsa: son los llamados tubos canónigos, que no suenan, pero adornan. La mayor parte de la tubería está dentro, y es tan variada en su forma y en su estructura acústica como los sonidos que produce. Según su estructura, los tubos son de dos clases: flautados o de embocadura, y de lengüeta. Los primeros reproducen el sistema acústico de la flauta dulce, y los segundos suenan merced a una lengüeta oculta en el interior del tubo, como el oboe o el clarinete de la orquesta sinfónica. En los flautados, la altura del sonido depende del tubo, y si éste es tapado, reproduce una octava inferior a la que le correspondería por la dimensión del tubo. En la lengüetería, la altura del sonido depende de la lengüeta, actuando el tubo como una caja de resonancia, pero con funciones originales en cuanto a la calidad del sonido. Las formas de los tubos son extremadamente diversas (cilíndricas, cónicas, rectangulares, etc.), así como la materia de que están formados (metales de diversas clases y aleaciones, maderas, etc.). Organizados por registros, distinguimos en el ó. tres clases de juegos: los fondos, las tnixturas y la lengüetería. Dufourcq los ha comparado, siguiendo la técnica pictórica, al dibujo, la luz y el color. Los fondos (flautados) y la lengüetería (lengüetas) son juegos individuales, es decir, que cada uno de ellos, usado individualmente, no emite más que el timbre del registro empleado. Las mixturas son juegos de embocadura cuya original función estriba en reforzar los armónicos naturales que el tubo normal emite con dificultad. Sólo pueden ser empleados en contacto con otros juegos. Con las mixturas, las posibilidades combinatorias del ó. son prácticamente inagotables, y, hasta cierto punto, permiten al organista inventar nuevos timbres. Cada registro o juego tiene su nombre, distintivo, procedente en general de un instrumento antiguo al que imita, y tras el nombre se concreta su altura sonora.e) La conducción del aire. De la parte interna, encargada de llevar el aire desde los fuelles (en un instrumento antiguo) o el ventilador eléctrico (en uno moderno) hasta los tubos, sólo retendremos lo que interesa a la estética del instrumento. Los tubos van colocados sobre el somier, al cual llega el aire, desde uno o varios depósitos primarios, por medio de las correderas. Hoy se reproduce el aire por medio de uno o varios motores eléctricos, lo que no afecta para nada al sonido final, que sigue siendo emitido por un tubo que canta. La parte más compleja del ó. es la transmisión, es decir, la manera de unir la consola y sus mandos a la tubería. Históricamente se conocen cuatro tipos de transmisión: mecánica (la del ó. clásico, preferida todavía por muchos organeros), neumática (finales del S. XIX), eléctrica y electroneumáiica (S. XX). La eléctrica tiene como principal ventaja la de ignorar toda distancia entre tecla y tubo, y, como consecuencia, la instantaneidad entre estímulo y respuesta. Otras aplicaciones de la electricidad, y de la electrónica misma, como en las llamadas combinaciones fijas o libres, hacen sin duda más manejables los grandes o. modernos, pero no han añadido ni un ápice a su estética.Historia y literatura. Los orígenes del ó. son oscuros. Ya conocido en la más remota Antigüedad, se le hace derivar de la siringa o flauta de Pan, instrumento pastoril que cuenta con un tubo para cada nota. Un alejandrino, Ctesibius, pasa por ser el inventor del hidraulus, instrumento perfectamente descrito por Vitruvio años después, y en el cual la presión del aire está regulada por un depósito de agua. Con las invasiones bárbaras desaparece el hidraulus romano para ser sustituido por el órgano neumático de los bizantinos. Es célebre el regalado en el s. vin por el emperador de Bizancio a Pipino el Breve. Durante la Baja Edad Media conocemos tres tipos de ó., el portátil, verdadera miniatura; el positivo, ya de más envergadura y sobre un soporte; y el órgano de iglesia, que comienza a ganar poco a poco la magnitud característica. Durante el Renacimiento, si bien se apaga la vida del portátil, el positivo es muy apreciado en la música profana, mientras el órgano eclesiástico sigue ganando perfecciones técnicas y variedad de juegos que le hacen desembocar en el instrumento perfecto y equilibrado del barroco. Si bien conservamos una tablatura inglesa del S. XIV, es en el XV (Paumann) y en el XVI (Marco Antonio y los Gabrieli en Venecia; Bermudo, Venegas, Santa María y el ciego Cabezón (v.) en España; y los virginalistas en Inglaterra) quienes escriben para el ó. sin desdeñar los restantes instrumentos de tecla. El ó. barroco funde en perfecto equilibrio todos los caprichos renacentistas (equilibrio entre teclados, entre las familias de juegos, etc.) logrando así, en apretada síntesis, formar un solo y diferente instrumento de la gran variedad de recursos, timbres e intensidades sonoras. Para este ó. Siguen componiendo todos los compositores cultos, teniendo ya en cuenta sus especiales características y destinándole sus músicas con exclusividad de otros instrumentos. Así, en Francia, los Couperin, Titelouze, Clerambault; en España, Elías, Casanova, Oxinagas y el gran Cabanilles (v.); en Flandes, Sweelink y Praetorius, y en Italia Frescobaldi (v.). En Alemania, sobre todo, los Froberger, Pachelbel, Reincken, Buxtehude... preparan el clima y los caminos que recorrerá el más genial organista de todos los tiempos, 1. S. Bach. Y tras él, como si se hubiesen agotado todos los caminos, la decadencia. El paso de la polifonía a la era melódico-armónica, en el que ya participan algunos de los hijos de Bach, hacen perder el sentido del instrumento, y si bien Haendel y Mozart componen para él bellas músicas, su técnica no es muy diferente a la del clave o el piano forte. El Romanticismo, si bien hay que reconocer que perfecciona la técnica organera, crea otro instrumento distinto, émulo de la orquesta, a quien imita. Un organero de origen español, Cavaillé-Coll, es el máximo representante de esta etapa, como el gran Silbermann lo fue para el ó. de Bach, y César Franck (v.) compone para el nuevo instrumento músicas que le superan. Hoy, sin desdeñar muchas de las innovaciones románticas, la organería mundial vuelve sus ojos al instrumento barroco, el único que ha insuflado una única y original personalidad a los millares de tubos que le componen.El armonio. El órgano electrónico. El armonio, que tantas veces sustituye al ó. en sus funciones litúrgicas, es un instrumento de tecla, moderno, que utiliza lengüetas libres que vibran gracias a la acción del aire. El inventor fue A. Debain, en 1840, quien utiliza ya diferentes juegos que cantan por presión. Veinte años después surge en América otro tipo que utiliza la aspiración del aire. Mientras el armonio es un instrumento tradicional, clasificado entre los aerófonos libres, el ó. electrónico es un electrófono radioeléctrico que no tiene nada que ver con el ó. tradicional. En éste canta un tubo; en aquél, un altavoz.V. t.: ORGANOLOGÍA.A. GALLEGO GALLEGO.
BIBL.: I. JIMENO DE LERMA, Estudios sobre música religiosa. El canto litúrgico. El órgano, Madrid 1898; A. MERCKLIN, organología, Madrid 1924; H. RIEMANN, Manual del organista, Barcelona 1929; A. CELLIER y H. BACHELIN, L’orgue, París 1933.
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