Orfebrería ARTE
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Arte
1. Introducción. Es el arte de labrar los metales ricos, el oro y la plata. Formada sobre la voz orfebre (lat. auri faber, artífice de oro), la palabra o. ha venido a desplazar a la voz platería, antes más usada y fijada en calles y plazas donde las tiendas y talleres de los plateros han mostrado durante siglos sus labores, tal vez por entenderse que la platería únicamente trabaja la plata, mientras que la o. comprende las obras en ambos metales. Una y otra, sin embargo, pueden considerarse como sinónimas, y a pesar de que en castellano hay varios nombres, aparte de orfebre, para denominar a los artífices del oro, como orífice, oribe u orive, orespe, orebce (todos derivados del lat. aurifex, icis), ellos mismos han preferido llamarse plateros, distinguiendo entre plateros de oro y plateros de plata según trabajaran y se hubieran examinado en la técnica de uno u otro metal. Modernamente han venido a sumarse a su quehacer las labores artísticas en platino.Junto con el cobre, el oro fue uno de los primeros metales que el hombre conoció y utilizó, ya desde la época neolítica. Su empleo se hizo más general desde la primera Edad del Metal, cuando al descubrirse el estaño y las ventajas de su aleación con el cobre, a comienzos del III milenio a. C., el hombre dispuso de un material de dureza considerable que determinó una nueva etapa de la civilización humana, la Edad del Bronce. Conocida también antes que el bronce, la plata, sin embargo, tuvo en los tiempos prehistóricos menos difusión que el oro. Por todo ello, la o. es una de las artes más antiguas desarrolladas por el hombre, predecesora de la toréutica o arte del bronce, y desde luego, de la forja o arte del hierro, nacida ésta con la segunda Edad del Metal en los últimos siglos del II milenio a. C.Entre todos los demás metales, el oro y la plata se distinguen por su brillo, su ductilidad y maleabilidad que, en el caso del oro, permite obtener hojas de una diezmilésima de milímetro de espesor (panes de oro), y también por su inalterabilidad a los agentes atmosféricos, al agua y los ácidos. El oro sólo es disuelto por el agua regia -ácido nítrico mezclado con clorhÍDrico-. En su estado puro, sin embargo, o nativo (en el comercio llamado oro fino o sin liga) no es susceptible de torsión ni laminable, necesitando alearse con un poco de plata o cobre para tener estas propiedades y adquirir mayor dureza. Pero no sólo es apreciado el oro por sus propiedades físicas, sino además por su escasez y rareza, lo que hace subir su valor y cotización. La plata, con ser más abundante, no se empleó en principio con tanta frecuencia como el oro, seguramente por encontrarse en estado menos puro lo que obligaba a trabajos previos más dificultosos para fundirla y refinarla.2. Prehistoria. Aunque es difícil precisar cuáles serían las piezas más antiguas de o. que el hombre prehistórico nos ha dejado, es evidente que algunas tumbas del neolítico ya ofrecen algunas labores de oro, constituidas por simples planchas metálicas usadas como brazaletes o adornos personales a los que es dudoso dar todavía nombre de o. Sería ya desde la Edad del Bronce cuando se labran cantidad de obras de oro, tanto piezas independientes de adorno como, con más abundancia, aplicaciones de metal precioso a armas, empuñaduras, cinturones y otros útiles. Los más significativos hallazgos van ligados a las culturas megalíticas, y no es raro encontrar en los túmulos sepulcrales adornos áureos como anillos y placas. Si los dólmenes neolíticos han proporcionado pocos ejemplos, los túmulos del Bronce ofrecen una relativa abundancia. Los artífices del Bronce, ya más familiarizados con el trabajo del metal, llenaron los campos de las planchas con líneas y puntos repujados, siempre motivos geométricos. Son frecuentes en todo el Occidente europeo piezas áureas decoradas con sólo esta técnica de puntos, círculos y aros repujados. Así son los broches encontrados en el lecho del Támesis (Museo Británico) o en sepulturas del País de Gales, y el gran pectoral de oro para caballo, hallado en Mold (Museo Británico), en que las filas paralelas de puntos alternan con otros repujados romboideos. Entre las más hermosas preseas de adorno personal de esta edad, las lúnulas de oro de Irlanda (Museo de Dublín) son pectorales de placa de oro recortada, cruzada por líneas lisas y de puntos, que pueden llevar a veces en sus extremos discos igualmente punteados, no lejanas en espíritu abstracto de los ÍDolos neolíticos en pizarra de nuestra península Ibérica.Con la primera Edad del Hierro o de Hallstatt, sin abandonar los temas geométricos anteriores, se labran piezas de vajilla de oro, confeccionadas en plancha delgada, repujada en aros paralelos similares a los de los calderos y recipientes de bronce. Pero también se cultiva ahora la decoración grabada a buril, que prodiga con mayor insistencia las líneas geométricas sobre los campos de metal. Es el caso de los discos circulares de oro, o de bronce revestidos de planchas de oro, orlados de círculos concéntricos, como los que se han encontrado en Irlanda. Algunos de ellos llevan dos orificios o asas en los bordes, lo que ha permitido relacionarlos con los discos solares o representativos del sol, por ser idénticos a los que, como el famoso encontrado en Trundholm, Dinamarca (Museo de Copenhague), van erguidos sobre carritos de ruedas sostenidos por caballos de bronce.La abundante o. que nos ha dejado el pueblo celta es lo más representativo del arte de la segunda Edad del Hierro o de La Téne, nombre de la estación palafítica del lago de Neuchátel (Suiza). Entre sus piezas más características, sobresalen los torques, collares generalmente de oro, que en principio eran de uso general y se encuentran en tumbas incluso modestas, pero luego adquirieron distintivo de calidad, destinándose a dioses y héroes, y a sacerdotes y capitanes distinguidos. El Galo moribundo, del Capitolio, lleva un torques como única insignia de su rango. Su nombre alude (lat. torcus) a que suele hacerse con una barra de metal retorcida, pero también podían ser tubulares con decoración helicoidal o trenzado de varios alambres de oro. Podían acabar en ensanchamientos abultados en los extremos, pues no forman un collar cerrado para poder colocarlo a la altura de la nuca, y en tales remates se despliegan los curvos temas de la decoración céltica, a los que acompañan rara vez mascarones o serpientes. El número de torques de oro que ha perdurado en todos los países ocupados por los celtas y galos es considerable. El espíritu artístico céltico, que tanto se complacía en curvas y espirales, encontró también campo donde manifestarse en brazaletes y anillos, y cuando hallaba suficiente dimensión, como en el reverso de placas y espejos, como en el espejo de Desborough (Museo Británico), las bandas curvilíneas se ensanchan y recogen al ritmo de su movimiento espiral (espiral de trompeta).3. Próximo Oriente. Los egipcios se sabe emplearon el oro desde la época de la primera dinastía y aprovecharon el extraído de Nubia. Los bordes de los vasos de piedra fueron guarnecidos de láminas de oro, lo mismo que los mangos de los cuchillos de pedernal, a veces con figuras trabajadas que recuerdan el arte micénico. Pero los egipcios prodigaron más el oro en el adorno del mobiliario, como demuestra con sorprendentes ejemplares el ajuar intacto de la tumba de Tutankhamon (dinastía XVIII). Lechos recubiertos con chapas de oro e incrustaciones de lapislázuli en las cabezas de león de sus extremos, tronos de ébano con inscrustación de oro o recubiertos de este metal, además de los ataúdes antropoides que contenían el sarcófago del faraón, dos de ellos de madera chapeada de oro y el último de oro con esmaltes, constituyen uno de los tesoros más ricos de metal precioso que la Arqueología ha alumbrado. La plata, presente también en algunas de estas incrustaciones, fue menos empleada, generalmente en copas grabadas con temas figurados del Imperio tebano o saítico, como la copa de Tutinosis III (Museo del Louvrc).Los egipcios demostraron gran inclinación a las joyas, cuya producción, tosca en las primeras dinastías, llegó a gran perfección en el periodo tebano. Entre las más fastuosas descuellan los pectorales, como los de Amenofis III y los de Tutankhamon (Museo de El Cairo), placas de oro, caladas, con incrustaciones de piedras de colores, figurando naos o temas zoomórficos simbólicos. Con piedras finas adornaron amuletos y anillos, como los escarabeos, demostrando técnica muy hábil en el tratamiento de las gemas. No faltan los esmaltes.De los pueblos que dominaron el valle de Mesopotamia, son los sumerios los que han dejado más antiguas muestras del empleo de metales preciosos. Con placas de cobre recubrían paneles de madera con temas de animales simbólicos. Piezas de oro, enriquecidas con lapislázuli y pedrería, como las halladas en las tumbas reales de Ur, integran uno de sus tesoros más descollantes. Entre éstas sobresale el casco de oro, trabajado en lámina repujada, simulando una peluca con turbante atado con un nudo por detrás, con el pelo tratado a rayas, que perteneció a un príncipe. Más sorprendentes son las joyas y el ajuar encontrado en la tumba de la reina Subad, también en Ur, que demuestran la importancia y riqueza del atuendo femeni,no entre los sumerios del III milenio a. C.: el cadáver de la reina llevaba un complicado tocado en forma de corona de oro terminada en peineta con flores, hojas y estrellas también de oro, pendientes en forma de luna creciente, y un triple collar de cuentas con filigrana. De la misma tumba proceden otro tocado de pareja riqueza, bastantes joyas y vajilla de oro, una barca de plata, estatuillas recubiertas de lámina de oro y hasta cinco arpas, cuyas cajas de resonancia se decoran con taraceas de marfil y lapislázuli figurando temas de gran porvenir en el arte mesopotámico; una de las arpas lleva una cabeza de toro de oro con barbas de lapislázuli, de sorprendente riqueza. De plata, grabada con águilas leontocéfalas, leones, cabras y ciervos, es el hermoso vaso de Entemena, también sumerio (Museo del Louvre).Los asirios más tarde, si bien continuaron como los sumerios chapeando con metales ricos sus esculturas de madera y sus muebles, y plasmaron en bronce episodios históricos tan notables como los de las puertas de Balawat, no han dejado obras de o. tan notables como las de las tumbas de Ur. A la costumbre de recubrir las estatuas con chapas de metal alude todavía en los tiempos neobabilónicos el sueño de Nabucodonosor narrado en la Biblia.Sabemos por Heródoto que los persas distinguidos souan adornarse con cadenas de oro para soportar sus cilindros-sellos, así como también pendientes, collares y tiaras de oro y pedrería. De los escasos ejemplares de o. que han perdurado de los iranios sobresalen algunas piezas de vajilla de oro, como algún ritón o vaso de libaciones con adornos zoomórficos. En obras aqueménidas es sensible la influencia griega. Su riqueza aún se incrementaría en mano de los persas sasánidas, entre los que aún perdura el influjo helenístico.De los fenicios quedan en todo el mundo mediterráneo, al que sus productos se extendieron a través del comercio, testimonios del aprecio y perfección de sus alhajas. Lo más característico de su o. son las páteras o copas poco profundas, de plata o de electro (mezcla de plata y oro), cuya cavidad interna se decoraba en zonas concéntricas con imágenes repujadas o grabadas. Episodios de luchas entre hombres o de éstos con animales, esfinges, halcones de inspiración egipcia o mesopotárnica, con sus temas habituales. Corresponden a los s. VII al V a. C. Representativas también de la o. fenicia son las muchas joyas descubiertas en Fenicia y Chipre, como en Italia y España. Son amuletos, pendientes, collares, sortijas, a veces con pedrería. Revelan excelente práctica de técnicas como el repujado, fundido, cincelado, la filigrana y el granulado, procedimiento éste que con extrema habilidad obtenían del soplete, disponiendo menudas esferitas aplicadas al campo del metal. En tumbas fenicias de Cádiz se encontraron piezas de collar concebidas como estuches de amuletos, tubulares, coronados con cabezas de gavilán o leona egipcias. También son suntuosas las joyas fenicias halladas en Ibiza, pero las más hermosas son las joyas del tesoro de La Aliseda (v.). La o. fenicia influiría sobre la ibérica, como demuestra un cotejo con las joyas que lucen la Dárna de Elche y la Dama de Baza, y las descubiertas en lávea, Mogón, Santiago de la Espada (Jaén), etcétera.4. Grecia y Roma. Acordes con las descripciones poéticas de Hornero y Hesíodo, los descubrimientos de Schlicmann y Evans en Troya, Micenas y Creta ilustran todo un capítulo de la o. prehelénica de riqueza sustantiva. La mayor parte de los objetos preciosos son de oro, pocos de plata. Figuritas de bulto de un león, un ánade y un pez se hallaron en Cnossos, pero el más valioso hallazgo de la Grecia continental es el tesoro de Micenas, constituido por diademas, máscaras fúnebres sobre los rostros de los príncipes enterrados en las tumbas de fosa, así como botones y placas de oro que estuvieron cosidos a los trajes, también vasos y otros objetos. Otro tesoro, bautizado por Schliemann como de Príamo, se encontró en Troya y lo integran diademas y vasos. Los de mejor arte se relacionan con Creta; otros serían producto de Micenas. El oro aparece soldado con oro, o sujetando las placas con roblones, como en las piezas cretenses. Conocían el damasquinado, embutiendo placas de oro, plata o electro, como en los puñales habidos en Micenas, con escenas de cacerías de leones, animales y plantas nilóticas. Una hermosa cabeza de toro, en plata repujada, con los rizos del testuz grabados, que lleva los cuernos y una roseta de oro además de la doble hacha minoica, parece, aunque encontrada en Micenas, producto de Creta. También lo parece la copa de las palomas, que se ha relacionado con la de Néstor del poema homérico. Las obras más hermosas de la o. prehelénica son las dos copas de Vafio (Peloponeso), de oro, con ágiles escenas repujadas de cacerías de toros bravos, tema también cretense.No ha dejado muchas muestras la o. de época arcaica, en la que el influjo oriental se dejó sentir como en la cerámica. Diademas de oro encontradas en Atenas llevan series de animales como las de los vasos pintados corintios. En la época clásica la o. llegó al nivel de las artes mayores, pero los testimonios conservados no abundan. Se tiene a Teodoro de Samos. arquitecto y grabador de piedras duras, por padre de la o. griega, y el escultor Kalamis, en los días de Pericles, tuvo reputación de gran orfebre. No hay que olvidar que el oro fue el material usado por Fidias (v.), junto con el marfil. para sus famosas y desaparecidas estatuas crisoelefantinas de Atenaa Partenos y Zeus Olímpico. Quedan pocas joyas de adorno personal, diademas, flores, alguna corona, brazaletes y collares. Pendientes con cadenillas v figuras mitológicas tiene el tesoro de Crimca (Leningrado). El lujo de los siglos helenísticos incrementó la importancia de la o., que se tradujo sobre todo en la riqueza de los vasos, en oro y plata repujados, con figuras de dioses y héroes entre frondas y flores, como es el caso de las páteras o platos de gran tamaño, una de las más notables, la del tesoro de Hildesheim (Museo de Berlín).Abundaron más las joyas, a juzgar por los hallazgos de las tumbas, entre los etruscos, entre los que de un gusto oriental se pasa a fuerte influjo griego, en técnica como en temática, recargado y fastuoso. Con las conquistas y depredaciones de las guerras, los rornanos conocieron obras de o. helénica, y ello hizo nacer un arte suntuoso, especialmente en los siglos del Imperio. El lujo de la Domus Aurea de Nerón, con paredes recubiertas de láminas de oro y piedras finas, supera las más exageradas crónicas de Oriente. Pero pocas obras han subsistido y las que perduran continúan el arte helenístico, como la pátera de Rennes, con tema báquico (s. III). Hermoso ejemplar de bandeja circular o inissorium es la que representa a Oceanus (Museo Británico), salida de talleres de Oriente, y en España se halló el disco de Teodosio (Academia de la Historia), ya de fines del Imperio (388). De la vajilla de plata romana imperial podemos hacernos idea por el tesoro de Boscorreale (Loavre).5. Paleocristiana y Bizantina. Con la llegada del Cristianismo y su reconocimiento por Constantino como religión estatal, un nuevo espíritu informará los derroteros de la o., en buena parte al servicio de la religión. Predominará ahora, frente al relieve plástico del arte antiguo, un mayor carácter pictórico y la decoración plana. Pocas obras paleocristianas ejemplifican hoy este capítulo, salvo algunas arquetas o joyeros en los que temas cristianos se yuxtaponen todavía a iconografías clásicas, como en la caja o joyero del Museo Británico.Poco también ha subsistido para corroborar el esplendor y el lujo proverbiales de Bizancio, del que los cronistas han dejado tan elocuentes testimonios. Cofres y placas de plata se enriquecen con escenas de la vida de Cristo o de la Virgen, tratadas con criterio pictórico. Relicario sobresaliente es el de la catedral de Aquisgrán, en forma de templo bizantino cupulado, como también otro en San Marcos de Venecia, del S. XII. Pueden considerarse obras de o. gran cantidad de iconos (v.), cuadros pintados con figuras santas cuyas cabezas quedan únicamente visibles a través de placas recortadas de plata dorada u oro, a menudo con perlas, pedrerías y esmaltes. Su número es incalculable, pues todavía se prodigan, aunque ya en serie reiterativa y amanerada. Tal vez lo más importante de la o. bizantina sea el esmalte, generalmente tabicado, con el que se efigian figuras sacras en pastas vítreas sobre medallones de oro o plata. Con ellos se adornan relicarios, tapas de evangeliarios, coronas y retablos, el más famoso y rico la Pala d’Oro de S. Marcos de Venecia, retablo mayor de la iglesia vestido de esmaltes tabicados de los S. XI y XII.6. Prerrománica. Todos los pueblos germánicos fueron grandes cultivadores de la o. y su importancia suple la falta de otras artes mayores, como la escultura, para conocer el estilo artístico de cada uno. El descubrimiento de importantes tesoros de o. germánica ha proporcionado una de las facetas más sorprendentes del arte medieval. En todos ellos se dio, junto a evidentes recuerdos clásicos, un gusto por la decoración abigarrada y geométrica, de un barroquismo y complicación enteramente opuesta al arte mediterráneo. Entre los escandinavos, las fíbulas y placas metálicas dejadas por los vikingos llevan cintas entrelazadas y animales estilizados que se enredan en lazos complicadísimos, cubriendo enteramente la superficie de un movimiento de extraordinaria agilidad. Un sistema de entrelazos más abstracto y geométrico, recuerdo aún del arte céltico de La Téne, ofrece la o. irlandesa, que influye sobre- Inglaterra y el Continente, sobre todo en sus relicarios de báculos o campanas conservados como reliquias, tal la campana de S. Patricio (S. XI) del Museo de Dublín, tapas de libros o fíbulas de oro provistas de grandes ensanchamientos poblados de marañas de lazos y espirales.En otros pueblos bárbaros predomina el empleo de gran cantidad de pedrería inserta en planchas de oro, caladas o no. Cabujones de vidrio o piedras preciosas enr butidas en alvéolos abiertos en el metal proporcionan un rico efecto cromático al brillo del oro. Así están confeccionadas muchas de las alhajas de los tesoros de Childerico (descubierto en Tournai en 1653), el de Petrosa (Rumania), el de Gourdon (Bretaña), y los de Guarrazar (Toledo) y Torredonjimeno (Jaén) en España. Entre ostrogodos y lombardos la o. desplegó también extraordinaria suntuosidad a juzgar por las piezas del tesoro de la catedral de Monza, legadas por la reina Teodolinda (S. VI), y la famosa corona de hierro en el mismo templo. Pieza cumbre de la o. carolingia es el Paliotto o altar de oro y plata de S. Ambrosio de Milán, firmado por Wolvinio (S. IX).Los árabes, pese a la prohibición coránica de usaradornos de oro, tuvieron también una rica o., pero es mucho lo que en guerras y vicisitudes se ha perdido. En arquetas como la de plata de la seo de Gerona se imita en repujado la labor vegetal de ataurique de marfiles y yeserías. La filigrana es uno de sus procedimientos típicos, sobre todo en el arte nazarí de Granada, y ha perdurado hasta nuestros días en Salamanca, Astorga y Córdoba.De la España prerrománica hay que destacar además las cruces asturianas de los Ángeles (808), y de la Victoria (908) en la Cámara Santa de Oviedo, y la perdida de Compostela (874), en las que la pedrería se engasta entre tabicados y esmaltes, así como las arquetas de las Ágatas (Catedral de Oviedo) y Astorga. Algunas veces arcos de herradura sujetando ónices, o recubriendo en filigrana la copa y el pie de la pieza (cáliz de Santo Domingo de Silos) ponen cierto acento mozárabe.7. Románica. Es el momento del gran estilo cristiano que unifica estéticamente a todo el Occidente europeo, y que cuenta con un procedimiento técnico de tanta fortuna como el esmalte champlevé, cultivado en España y en la región mosana en el S. XI y hecho famoso por los talleres franceses de Limoges, que llegan en el S. XIII a monopolizar la producción.La o. románica se manifiesta en obras de gran tamaño, con preferencia litúrgica, como sepulcros y retablos enteros de metal y esmalte excavado El Arca Santa de Oviedo, documentada por Gómez-Moreno como obra de 1075, es pieza de primer orden, con relieves del Pantocrátor y Apóstoles y escenas de la Vida de Cristo junto a leyendas de gusto árabe. Obra capital del románico es el frontal de oro de la catedral de Basilea (Museo de Cluny, París), donado por el emperador Enrique II. Frontales, tapas de evangeliarios, relicarios, estatuas, cálices y palomas eucarísticas pregonan en oro y esmaltes el lujo románico, tanto en Francia e Italia como Alemania e Inglaterra, Escandinavia y España.8. Gótica. Con la construcción de las grandes catedrales francesas a partir del S. XII, la o. de las centurias góticas se hace preferentemente arquitectónica y se puebla de pináculos, pilares y tracerías donde un mundo copioso de esculturas en metal hace del orfebre un verdadero escultor, que no prescinde del complemento cromático del esmalte, ahora y por influencia italiana de técnica traslúcida, que refuerza la intensidad del color rehundiendo la plancha de metal para dar a la pasta vítrea mayor o menor densidad. Desde el S. XII en Francia, y desde el XIII en Inglaterra se reglamenta la actividad de los gremios de plateros, que despliegan una intensa producción, punzonándose desde entonces las piezas una vez comprobada por el fiel contraste la ley del metal.La o. civil, gótica, tanto en Francia como en el resto de Europa, produjo excelentes y numerosas piezas, sobre todo vajilla de plata y oro, en las que se refleja la evolución del estilo desde los tréboles y claraboyas geométricas del hasta la riqueza barroca del flamígero. Sobresalen en Alemania las copas conmemorativas, muy abullonadas. Pero la o. religiosa sigue plasmándose en múltiples relicarios, cruces y vasos sagrados, con pies y secciones poligonales y perfiles mixtilíneos, soportando pináculos, arbotantes y cresterías con cardinas; las cruces terminan en brazos flordelisados, a veces enriquecidos con esmalte. Con la fundación por Urbano VIII en 1319 de la fiesta del Corpus, tras el milagro de la misa de Bolsena, en que se tiñeron de sangre los corporales conservados (catedral de Orvieto) en el hermoso relicario de Ugolino da Vieri decorado con profusión de esmaltes traslúcidos, adquieren gran importancia los ostensorios eucarísticos, que adoptan formas de templos góticos y llegan, como en España, a dimensiones considerables. El ejemplo máximo es la custodia de la catedral de Toledo (1515), "la alhaja más ostentosa que la Humanidad ha producido" (Lozoya), obra del alemán Enrique de Arfe (v.), en oro, plata y esmaltes con copioso aditamento de estatuas y relieves ya renacentistas. Los esmaltes dan color a retablos y medallones poblados de figuras e historias sacras; en el S. XIV y XV Cataluña y Valencia produjeron hermosos ejemplares, sobre todo cruces procesionales cual la de Játiva.9. Renacentista. Bajo el dictado del Renacimiento italiano y con la llegada del oro y plata de América, la o. adquirió en toda Europa un esplendor extraordinario. Imposible es condensar en unas líneas todo lo que el Quattrocento y el S. XVI labraron dentro del estilo que impuso la vuelta a las formas romanas. En España, la riqueza y refinamiento con que los plateros revistieron sus construcciones en metales preciosos, poblados de grotescos y candelabros renacientes, determinó que todo un periodo de la arquitectura, la primera mital del S. XVt, sea conocido con el nombre de plateresco. Todas las regiones españolas contaron con talleres florecientes, a cargo de dinastías de prestigiosos orfebres, que han dejado obras de primor insuperable. Tales los Arfes (v.) en León, Toledo y Córdoba, los Becerril en Cuenca, Franci, Merino y Vergara en Castilla, Lamaison en Zaragoza, etc., sólo el conjunto de custodias procesionales para las festividades del Corpus ya constituye un legado de arte difícilmente encontrable en ningún otro país. Estatuas relicarios de medio cuerpo, cincelados en plata, se hallan en los museos de catedrales y parroquias. También la o. civil produjo obras de gran boato. Portugal, con la prosperidad que le dieron los descubrimientos marítimos, también contó en los días del renacimiento manuelino con un arte de gran fastuosidad, fascinado por la India, y su principal representante fue el poeta y dramaturgo Gil Vicente (v.), autor de la custodia donada por el rey Manuel el Afortunado al monasterio de Belem (Museo de Lisboa).En Italia, el estilo se había iniciado un siglo antes en los mismos días del concurso de las puertas del Baptisterio de Florencia, y el mismo Ghiberti empezó su carrera como orfebre, igual que otros muchos escultores y arquitectos florentinos: en 1402 se terminaba el altar de plata de S. Juan, gótico de estructuras, pero con estatuas y esmaltes ya renacientes (Museo de la ópera del Duomo de Florencia). Pollaiuolo (v.), Verrocchio (v.), Ghirlandaio (v.) y otros grandes artistas del Quattrocento fueron también autores de trabajos en plata. El más célebre orfebre del Renacimiento cinquecentista es, sin duda, Benvenuto Cellini (v.), autor de un famoso Tratado de Orfebrería, que trabajó también en Francia, y para Francisco I realizó el muy clásico salero del Museo de Viena.10. Barroca. El gusto abigarrado y pictórico desplegado por el estilo barroco encontraría en la o. tanto de Europa como de Hispanoamérica un lenguaje de suntuosidad y riqueza deslumbrante, no siempre presidido por el buen gusto. La abundancia de piezas y tendencias impide toda síntesis. Tanto la Francia de Luis XIV como Italia, Alemania e Inglaterra conservan, a pesar de graves pérdidas, un cuantioso repertorio de platerías. En España, pese a destrucciones y saqueos de tantas guerras, queda un muestrario variadísimo, desde la austeridad herreriana de la o. del tiempo de los Felipes, todavía obediente a los diseños manieristas divulgados por Juan de Arfe, hasta los primores rococó del cordobés Damián de Castro en el XVIII avanzado. Las custodias procesionales y los ostensorios manuales se enriquecen con pedrería preciosa. Las andas para imágenes, tronos, frontaleras de altar, tabernáculos de gran tamaño como los de la isla de Tenerife en Canarias, revestidos de chapas de plata repujada, todavía asombran por su riqueza. Resucita la vieja técnica de la filigrana morisca en Córdoba, Salamanca y Astorga. En la platería civil el repujado llega a extremos de prominencia y barroquismo notables, que en la América española, México, Perú y Bolivia sobre todo, tiene expresiones de recargamiento y reiteración aún más declamatorias.II. Contemporánea. Con el advenimiento del neoclasicismo, y los esfuerzos del despotismo ilustrado, la o. se acomoda a los dictados del academicismo. También se industrializa al compás de los adelantos mecánicos. Son los días de la Platería de Martínez, la escuela madrileña protegida de Carlos III que propaga su estilo frío y correcto. Aunque refinadas en sus recuerdos griegos y egipcios, las obras del primer Imperio en Francia resultan reiterativas.A lo largo del S. XIX, los estilos eclécticos van ahogando la producción artesana, cada vez más presa de la industrialización determinada por los progresos técnicos de la galvanoplastia y los procedimientos electroquímicos. Sólo cuando algún arquitecto, como Gaudí (v.), proporciona diseños modernistas a plateros y herreros, surgen piezas de alguna novedad estilística. Es lo que también ha hecho más recientemente Miguel Fisac al acomodar las formas de los vasos sagrados a los conceptos funcionalistas de sus nuevos templos, o lo que con gran aparato propagandístico airea Dalí (v.) en sus fascinantes joyas pseudosurrealistas. La o. civil de nuestro siglo parece en espera del renovador de un arte cada día más reducido a mera artesanía reiterativa y agotada.J. HERNÁNDEZ PERERA.
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