Oración I. Religiones No Cristianas. REL. NO CRIST.
Categoria:
Religión No Cristiana
l. Noción. De una manera genérica, la o. puede definirse como un diálogo que el hombre mantiene con Dios. Este diálogo puede ser frecuente, o bien sólo en determinadas circunstancias. La o. aparece como una respuesta del hombre ante la presencia o manifestación de lo divino, o bien urgido por la necesidad acuciante o el peligro inminente.El estudio de la realidad de la religión (v.) y de los fenómenos -religiosos encuentra la iniciativa de la o. en Dios, que se manifiesta de alguna manera al hombre. Éste ora como respuesta. La actitud humana de respuesta, que provoca la o., es eminentemente personal, aunque con frecuencia, varios hombres aúnan su o. por estar en las mismas circunstancias o para dar más fuerza a su o. Esa actitud humana, religiosa y de respuesta, es compleja: incluye un sentimiento de dependencia, terrible o confiado, pero esencial, frente a lo divino que se alza como poderoso, majestuoso, lleno de misterio, como un absoluto que le domina y ante el cual el hombre se siente infinitamente pequeño y débil y completamente en sus manos. El hombre siente lo divino a la vez próximo y lejano, pero en todo caso provoca un deseo, fascinante o apacible, de entrar ere contacto con Dios(V. t. CULTO).En todo caso, la o. propiamente dicha brota cuando lo divino se presenta con caracteres de alguna manera personales, es decir, como inteligente, dotado de voluntad y de "sentimientos", de tal modo que el hombre puede relacionarse con 61 a la manera humana. Entonces la o. adquiere propiamente la característica de un diálogo entre el Tú, muy grande, y el yo, muy pequeño, pero ambos al fin y al cabo personales, comunicables, aunque en planos infinitamente desiguales.También está constatado que en todas las religiones, la o. lleva al hombre a la confianza en Dios, a fiarse y confiarse en Él, a pedirle ayuda en las necesidades, a considerarlo Señor bueno, Salvador, Padre, a amarlo y hasta suscitar el deseo de identificación mística. Este proceso se da en todas las religiones más elevadas, independientemente de su cronología histórica: no es efecto de una "evolución" en la historia de la religión, sino del grado de interioridad de la religión, independiente de suyo del progreso de la civilización.La actitud religiosa del hombre, incluye también el sentimiento de la certidumbre de una eficiencia divina misteriosa. Dios obra en el universo, dirige los acontecimientos... pero sus designios nos son ocultos, nos transcienden... pero nos sentimos inmersos en esos designios y quisiéramos jugar en ellos un papel (v. PROVIDENCIA DIVINA). En ese clima, la o. brota también como una necesidad profunda de elevarse, por encima de las piedras y de los animales, a una vida en una esfera superior, donde se puedan desplegar las virtualidades que el hombre siente en sí, algo de lo divino que el hombre barrunta portar y que encuentra su cauce común y universal en la oración.La oración y la fórmula mágica. Como diferencia esencial respecto de la religión, la magia se dirige a fuerzas impersonales, a seres despersonalizados que el hombre intenta controlar. Bien es verdad que en la práctica, magia y religión muchas veces presentan en la Antigüedad fronteras poco definidas, aunque sus conceptos sean nítidamente distintos. La fórmula mágica pretende dominar, controlar lo sobrenatural, o bien lo natural, por medios sobrenaturales. Está en el lado opuesto de la o., que se presenta sumisa, humilde, suplicante y confiada en la bondad y poder de Dios, o de los dioses. En la fórmula mágica, la exactitud de las palabras y de -las acciones son primordiales y constituyen un arte arduo. Por el contrario, en la o. lo esencial es la fe, la confianza, mientras todo lo exterior y formulario es secundario. El mago es un profesional o especialista raro; el orante es cualquier ser humano con fe en Dios. La diferencia entre fórmula mágica y o. radica, entre otras cosas, en las disposiciones de quien las pronuncia y en el tono de las palabras. Las acciones o actitudes externas pueden ser parecidas, si bien aquí hay también notorias diferencias (v. MAGIA).2. La oración en la Historia de las religiones. De modo sucinto vamos a dar noticia de cómo se presenta la o. en los principales tipos de religiones, pretéritas o aún existentes, fuera del cristianismo.La oración en las religiones de los "primitivos". Agrupamos aquí diversos tipos de religiones de los pueblos llamados "primitivos" (v.), bien antiquísimos o bien actuales, que tienen como denominador común su elemental estado de cultura y civilización. En realidad las clasificaciones de los tratadistas en animismo (v.), totemismo (v.), manismo (v.), etc., no son sino intentos desde una mentalidad moderna de reducir a esquema la psicología religiosa de estos pueblos, que de suyo es mucho más rica, compleja y hasta profunda y refinada. Entre los "primitivos" la presencia de lo sagrado y divino es muy abarcante e impregna todos los aspectos de la vida: biológico, familiar, social, cósmico... Hay en casi todos un dios principal, creador, señor supremo, y, por tanto, gobernador del cosmos y de la vida, legislador... Por debajo de él pueden existir otras divinidades con esferas o competencias concretas.La o. se suele dar en todos estos pueblos, dirigida al dios principal y a las divinidades inferiores. Esa o. tiene una forma espontánea y usa de un lenguaje sencillamente antropológico. Sobre todo se da la o. de súplica por las necesidades corrientes de la vida y de la muerte. Generalmente la o. de súplica va acompañada por la de adoración y acción de gracias, con la enumeración de los atributos de la divinidad y su alabanza. Sorprende con frecuencia a los estudiosos el profundo sentido religioso de estos "primitivos" y su mezcla de espontaneidad, de elevación de sentimientos y de sentido fino de lo divino: suelen los "primitivos" distinguir bien entre la manifestación de lo divino en un ser material o fenómeno de la naturaleza, y ese ser concreto; lo que adoran ellos es sólo a la divinidad, cuya presencia se manifiesta a través de esas fuerzas cósmicas o de esos seres.La oración en las grandes religiones del Oriente antiguo. Aparecen estas religiones en un lógico desarrollo a partir de las religiones de los "primitivos", pero no precisamente como una clara elevación de los conceptos religiosos de éstos, sino como un desarrollo "organizativo" y cultual, en el que el influjo de la evolución socio-política es lo más acusado. La religión tiende a hacerse nacional. A la o.espontánea e interior del primitivo se asocia la reglamentación del culto y del sacrificio, con la aparición de unas castas sacerdotales, y un carácter que tiende a la institucionalización, dentro del más amplio proceso de institucionalidad del grupo humano, convertido en ciudad o estado.Puede concluirse, como nota común, que no hay una clara interiorización de la o. en estas grandes religiones. Su desarrollo es sobre todo exterior (v. HINDUISMO; BRAHMANISMO; SINTOÍSMO; TAOÍSMO; CONFUCIO Y CONFUCIANISMO).Las religiones de la cuenca mesopotámica. Aunque de diverso origen, sumerios y asirio-babilónicos llegan a presentar en tiempos ya históricos una cierta uniformidad. La característica más notoria de las religiones de estos pueblos es su concepción a la manera imperial: los dioses son concebidos y tratados como grandes reyes y señores, ante los cuales los hombres son vasallos y esclavos, cuya misión esencial es la de servir y rendir culto a aquéllos. El desarrollo del culto externo y de los grandes templos, fruto de esta concepción religiosa, facilita, a su vez, la propagación de tal concepción de la religión (v. ASIRIA III; BABILONIA III).La o. se hace sobre todo oficial, externa y organizada. Pasa a ocupar un segundo plano, como complemento de los sacrificios. Está presidida por los sacerdotes; el pueblo queda relegado a un espectador que dice amén, lleno de reverencia y temor. Aparece la oración hímnica a los dioses, según la categoría de éstos. Ante calamidades nacionales o locales, las autoridades mandan al sacerdocio la ejecución de súplicas colectivas a los dioses. Aparece así la o. de lamentación, también hímnica (lamentación por la caída de Ur, de Agadé, etc.). Los grandes cultos religiosos se tiñen de fuertes caracteres mágicos, también colectivos. Es importante destacar el gran esplendor literario de la o., que adquiere formulaciones muy desarrolladas, extensas y de una gran perfección literaria y formal. Puede hablarse ya de un comienzo de los grandes rituales, con inclusión de largas y bellas oraciones fijas para los diversos cultos. Los aspectos morales reciben también cabida en esas oraciones. Pero se duda mucho que todo este esplendor cultual produjera una interiorización de la o. privada. Los investigadores piensan generalmente que las consecuencias fueron precisamente lo contrario, aunque es difícil penetrar en la interioridad religiosa de los individuos a partir de la documentación cúltica conservada.La oración en la religión egipcia. El culto oficial tributado a los dioses adquirió un gran desarrollo y altúra religiosa y moral en la milenaria historia de Egipto (v. EGIPTO VII). De cómo fuera la o. en privado del hombre podemos acceder por el intermedio de nobles documentos. A través de ellos puede asegurarse la elevada religiosidad de los antiguos egipcios, que alababan a sus dioses en acción de gracias por los beneficios concedidos, o implorando clemencia. Aparecen profundos sentimientos de arrepentimiento, de temor religioso y de confianza y amor a la divinidad.La literatura religiosa y litúrgica del antiguo Egipto nos ha dejado textos de una gran finura religiosa, como los Himnos a Amon-Ra, el Libro de los muertos o los antiquísimos Textos de las pirámides. Lo mismo se diga de los escritos derivados del movimiento monoteísta de Amenofis IV (v.). Encontramos incluso una mística de la o.: la o. contemplativa en silencio, una muestra más de la profundidad del alma religiosa de este antiquísimo pueblo: Todo ello no obsta para que en la devoción popular y en ritos oficiales encontremos a veces una mezcla no fácilmente distinguible entre religión y magia.La oración en los pueblos del Asia Menor. Antes de las invasiones de los frigios y de otros pueblos que llegaron a integrar el complejo mundo de la antigua Grecia (v.), la documentación histórica nos permite tomar contacto con la religión de los hititas (v.), hatti o heteos, que llegaron a constituir un imperio. La religión de los hititas parece haber hecho la síntesis de las precedentes creencias y cultos de los indígenas protohititas. Los dioses de los hatti están concebidos como grandes reyes o señores, de una manera que recuerda las religiones de la cuenca mesopotámica, aunque con menor complejidad que las cosmogonías asirio-babilónicas y con un panteón más reducido.Los hititas desarrollaron un culto oficial reglamentado, en el que la o. acompaña a los sacrificios y las acciones cúlticas, con influjos mágicos, y a las purificaciones. Conservamos himnos de alabanza, súplica y perdón. El sentido del pecado y de la culpabilidad individual y colectiva arranca preces penitenciales de notable elevación religiosa. La o. se dirige a los dioses, protectores del pueblo. A ellos se les pide también por todas las necesidades, desde la lluvia hasta la victoria sobre los enemigos.Los pueblos de la costa oriental del Mediterráneo. Comprendemos aquí los diversos reinos cananeos de la Palestina pre-hebrea y los antiguos fenicios. Puede decirse que los diversos cultos y dioses tienen el común denominador de las religiones típicamente agrícolas. La Arqueología ha descubierto innumerables monumentos y documentos (como la literatura de Ugarit o Rás-Satura y las cartas de Tel-elAmarna). Las religiones cananeas y fenicias, con su complejidad de mitos y de cultos, se centran sobre todo en el misterio de la fertilidad, de los ciclos agrícolas. Es fundamental el sacrificio de animales, vegetales y hasta de niños. Los sacrificios se acompañan de o., que alcanzan una perfección literaria muy alta (v. CANAÁN II).Existen diversos géneros de plegaria: lamentaciones, himnos de alabanza, o. de súplica, bendiciones, maldiciones, votos, augurios y hasta cultos en cierto modo mistéricos con fenómenos de excitación psicológica y éxtasis provocados. La perfección literaria de algunas de estas composiciones junto con el contacto diario de los hebreos después de la conquista de Canaán (v.) hace verosímil el influjo literario de algunas de estas plegarias cananeas especialmente en el género de los Salmos del A. T., si bien el mundo religioso de la religión veterotestamentaria sea radicalmente diverso del cananeo.La oración en la religión griega. No resulta fácil resumir la inmensa y compleja literatura religiosa griega (V. GRECIA VII). Sólo el vocabulario en relación con el concepto de oración es ya riquísimo, lo cual indica también la variedad de la temática. Los griegos personalizaron en sus dioses las fuerzas de la naturaleza, las potencias fatales y muchos sentimientos del alma humana. En el complejo panteón griego y en la diversidad de los cultos mistéricos que, de una u otra manera, fueron integrados en la religión griega, es característica la interacción de dioses y hombres. Unos y otros tejen de tal manera la historia humana de los pueblos, de las familias y de los individuos, que la o. o diálogo del hombre con la divinidad aparece a cada paso y en todas las formas imaginables. El hombre griego acompaña los. actos de su vida con sacrificios y o. (cfr., p. ej., Homero, Odisea, 3,48): así antes de entrar en combate (Id., !liada, 2,400 ss.); para interceder por los amigos y compatriotas (Riada, 16,233 ss.). En los tiempos antiguos (cantados por Homero), el griego tiene una amplia esperanza en la intervención de los dioses, tanto en la historia humana como en las fuerzas de la naturaleza. En esos siglos, la o. (euché) y orar (eúchomai) aparecen continuamente como manifestación de una religiosidad individual sencilla pero connatural con el quehacer diario.
En la época clásica, la antigua personificación de las fuerzas en dioses sigue un proceso de humanización de éstos que llega a verdaderos extremos: los dioses se reparten sus esferas de influencia, cada vez más divididas y mermadas, mientras el concepto del hado (v.) o destino, la heimarméné, se va imponiendo, "fatalmente", sobre hombres y dioses. Entonces la o. pierde su frescor y confianza para entrar por caminos de angustia inconsolable. La religión oficial se exterioriza. El ansia de lo religioso y la búsqueda de salvación integral encuentra en los cultos de misterios (v.) lo que ya no pueden darle los sacrificios fríos de los bellos templos; pero tales ritos iniciáticos son para relativamente pocos. Por otro lado, el pensamiento griego, la filosofía racionalística, se extiende cada vez más. En la época helenística (v.), la o. privada y sencilla ha recibido ya rudos golpes. El hombre griego más que hablar con Dios, habla de Dios y por este camino deja de hablar de Dios para hablar del hombre: la religión ha llegado a ser sobre todo una especie de antropología y filosofía; la o. se ha convertido en meditación filosófica.La oración en la religión de Roma. Desde sus orígenes históricos, la religión romana aparece como una religión típicamente étnico-política: la religiosidad mira sobre todo a los intereses colectivos, cuyo bien condiciona de antemano la vida del individuo. Así, pues, de la antigua religiosidad agrícola, se pasó pronto al sentido de la religión nacional (v. RELIGIONES ÉTNICO-POLÍTICAS). Es, pues, la comunidad como tal la que ora, más que el individuo. La comunidad, representada por sus jefes, ofrece sacrificios y o. a los dioses. La religión pronto se "organiza": aparecen los "profesionales" de la religión, el sacerdocio, que se hacen responsables de su práctica ante los dioses, en nombre del pueblo y de sus gobernantes (v. ROMA V).Por este camino entró el formalismo en la religión y en la o. de Roma. Las gentes más religiosas son las que mejor conocen los ritos, mientras las disposiciones internas son relegadas a un segundo plano. Ello no quiere decir que el hombre y la mujer romanos no oren privadamente; pero las circunstancias externas no le ayudan. La exteriorización y oficialización de la religión en Roma influye para que también el hombre, privadamente, esté preocupado de la recta forma de orar. Tiene sus dioses y devociones particulares, pero anda temeroso de no expresarse bien ante ellos.Las grandes religiones monoteístas. Dejando aparte el monoteísmo (v.) de la mayoría de los pueblos primitivos ya mencionados, y de otros aparentemente politeístas pero con una concepción de un solo Dios supremo o verdadero, las grandes religiones monoteístas que han alcanzado expansión en el tiempo y en el espacio han surgido del Oriente Próximo y Medio. Desde el aspecto genético puede decirse que estas religiones se reducen a dos: el mazdeísmo y la Revelación bíblica. Ésta, de hecho, se encuentra desde hace siglos dividida en tres religiones: judaísmo (v.), cristianismo (v.) e islamismo (v.). Pero esto ha sido por voluntad de los hombres, no porque intrínsecamente tuviera que ser así. En efecto, la revelación del A. T. es la larga etapa que culmina en Jesucristo (v.), plenitud de la Revelación divina (v. REVELACIÓN II-ni). Al no aceptar a Jesús como el Mesías e Hijo de Dios, las clases dirigentes de Israel arrastraron a la mayor parte de su pueblo a seguir anclados en una espera que no llega nunca, mientras una parte pequeña de ese pueblo judío creyó en Jesucristo y, tras la repulsa del judaísmo oficial, se constituyó sociológicamente en otra religión. El caso del islamismo es menos evidente, pero en el fondo todos los elementos religiosos fundamentales de la religión de Mahoma proceden de la revelación bíblica, del A. T. y del N. T., interpretados y vividos de modo peculiar por la singular personalidad del profeta de la Meca. Al ocuparnos aquí sólo de la o. en las religiones no cristianas, no se tratará de la o. en el cristianismo (para ello v. II-III) y sólo se abordará el tema en el judaísmo, en cuanto que éste se constituye como fuera del proceso de la revelación divina que desemboca en Jesucristo.Mazdeísmo (v.), judaísmo (v.) e islamismo (v.) tienen de común que adoran al Dios único, ser personal, creador del universo visible e invisible, todopoderoso, providente, infinitamente sabio y bueno, que premia y castiga a sus criaturas inteligentes, según una justicia y misericordia incontestables. Dios se revela como ser trascendente y al mismo tiempo próximo y accesible. Su Revelación es normalmente por medio de profetas y enviados y se expresa en el lenguaje humano de los respectivos pueblos. Dios ofrece la salvación y exige la fe y la obediencia. La o. brota necesariamente y con fuerza en las religiones monoteístas. Es la respuesta del hombre a ese Dios personal que ha iniciado el diálogo revelando su intimidad. Éste se sabe en dependencia total de Dios, pero plenamente confiado en la bondad divina. junto a la o. surge el culto a Dios (muy reducido en el Islam). Pero en estas religiones la o. es lo esencial, lo imprescindible. Tal o. conduce a la perfección y a la felicidad eterna, ya incoada en la tierra. La vía mística está siempre abierta como posibilidad al orante, y en casos relevantes, se produce con delicadísimos efectos.La oración en el mazdeísmo. Ahura-Mazda, Dios del cielo y de la tierra, creador, legislador, providente, se revela a su profeta y sacerdote Zoroastro (v.). Es el Dios único, aunque junto a 61 están los principios del Bien y del Mal, confusamente concebidos, pues no son dos dioses, aunque los especialistas en su intento de explicarse de alguna manera hablan de ellos como de dos "hipóstasis".Los modelos de la o. mazdeísta se encuentran en el Avesta; especialmente en la parte llamada Yasna, que constituye como un ritual, con los cantos y sermones (gatha) de Zoroastro (v. ZEND-AVESTA). Son o. de gran elevación y finura religiosa, en las que junto a la petición de diversas necesidades se acentúa la súplica de los bienes religiosos, morales, bien del prójimo y del mundo, de los moribundos y de los difuntos. El dualismo Bien-Mal arranca profundas súplicas para librarse del último. En la actualidad se conservan esencialmente los valores de la o. mazdeísta, dentro de un acentuado monoteísmo, en el parsimo (v.).La oración en el judaísmo. Más que un estudio de la o. en el A. T. nos vamos a referir a la plegaria judaica que puede asociarse directamente con el culto de las sinagogas (v.), aparecidas tras la destrucción del Templo y dispersión del pueblo por Nabucodonosor (v.) a fines del s. vi a C. Las fuentes en que nos fijamos para el estudio de la o. entre los judíos no son los libros inspirados del A. T. (v.) sino la literatura religiosa no canónica, esto es: la Misnáh, con sus principales tratados a este respecto, las Berakhot, la Ta’nit y Megilla. También otras colecciones como los Manuscritos de Qumrán (v.). De todos modos, la devoción sinagogal se inspiró en el culto del Templo, acomodándolo a las situaciones más difíciles de la diáspora (v.).La o. aparece muy reglamentada, tanto en sus horas y fiestas, como en su contenido. Se establecen cuatro horas o momentos de o. al día, en recuerdo de los sacrificios del Templo; son llamadas saharít, minháh, ma’aríb y musúf. Su contenido está compuesto de pasajes selectos de la Ley y de los Salmos canónicos. El pueblo participa más o menos, en todo caso con el Amén. De estos cuatro momentos, adquieren con el tiempo importancia capital dos conjuntos de o., que llegan a ser las fundamentales en la piedad israelita, tanto pública como privada; son la sema` y la tefilláh. La sema` está íntegramente constituida por varios pasajes del A. T. (Dt 6,4-8; 11,13-21; Num 15,37-41). La tefilláh incluye bendiciones, peticiones y acciones de gracias, de origen muy antiguo pero no literalmente sacadas del A. T., sino con acomodaciones (v. luDAÍSMo II). junto a estas o. fijas y reglamentadas, el Talmud (v.) aconseja la concentración mental (kawwán) y, en general, la piedad israelita es libre de componer o. para la devoción privada, que cada orante puede utilizar. De aquí surgieron las bellísimas plyuFm o poesías religiosas de los hebreos españoles del Medievo.La oración en el islamismo. El Islam es una de las pocas religiones que no tiene sacrificios rituales propiamente dichos y, por tanto, carece de sacerdocio, de altar, y de templo. Las mezquitas (v.) no son templos, sino sitios de reunión de la asamblea de fieles para orar y para oír la predicación (jutba). Por ello, la o. es la base única esencial de la piedad islámica. El Corán (v.), libro sagrado del Islam, contiene escasas especulaciones sobre las verdades religiosas. Más bien alude a ellas como ya sabidas y está entretejido de o. y exclamaciones de alabanza a Dios. El Corán significa la lectura (al-Qur’án) y presupone en su contenido el A. T. y el N. T., parcial y confusamente conocidos e interpretados.El término fundamental para designar la o. es salat (emparentado con el siriaco selotá’). Aunque hay también otros, como dikr, "recuerdo", que designa un tipo de o. jaculatorias en las que lo principal es el "recuerdo" o repetición del nombre de Dios, Alláh, acompañado de alguno de sus atributos, cómo, p. ej., la frase AllahuAkbar, "Dios es Grande", llamada takbir, que suelen repetir incesantemente los piadosos musulmanes para mantener la presencia o recuerdo de Dios a lo largo del día y que recitan mientras pasan con la mano las cuentas de un collar. En tiempos de Mahoma (Muhammad) se hacía la salat tres veces al día. Más tarde, se desdoblaron estas o., llegando a las cinco "horas", a las que los almuédanos invitan a los fieles desde lo alto de los alminares de las mezquitas.Los gestos que acompañan a la salat son importantes de observar, pero sencillos. Son precedidos en determinadas ocasiones de la ablución purificatoria (gusi), la orientación hacia la K2’aba de La Meca (gibla), indicada en las mezquitas por el m1hrab. La o. es obligatoria para todo musulmán en condiciones normales. Se requiere la intención o atención (niyá). El servicio religioso de los viernes (yaum al-9ami’a) está integrado por diversas o. y el sermón (jutba). El servicio lo dirige el imám (v.), y si no lo hay, uno de los fieles más idóneos. La mística ha tenido, por influencia cristiana sobre todo, algún desarrollo en el islamismo (v. SuFIES). Partiendo de las o. normales descritas, el místico se ejercita incesantemente en el dikr y su o. incluye los silencios contemplativos en búsqueda de la unión con Dios (tawhid) (v. MÍSTICA I).3. Conclusión. A lo largo de toda su historia el hombre no ha sido abandonado de Dios. Fuera de la divina Revelación sobrenatural, preparada por Dios en el A. T. y realizada plenamente en Jesucristo, Dios ha movido. el alma humana a buscarle, por muy variados caminos, entre los que es constante la o. Ésta ha constituido el elemento esencial y común a todas las diversas expresiones de la religión.La historia de las religiones ha redescubierto que la dimensión religiosa del hombre le es tan esencial como el pensamiento y la razón. Sólo en escasísimas coyunturas históricas, del todo excepcionales, la dimensión religiosa parece percibirse menos, pero nunca con carácter general, sino individual (determinadas personas irreligiosas dentro de una sociedad religiosa) o de grupos (determinados grupos irreligiosos dentro de la sociedad religiosa, aunque en algún caso el grupo pueda dominar políticamente a la mayoría). Parece que, en toda la historia humana, los periodos más arreligiosos han sido los tiempos de la decadencia del Imperio romano y la época actual. Sin embargo, aun dentro de ellos, se han dado individualidades y colectividades intensamente religiosos.Pero aún más clara que la conclusión anterior es que la o. es la expresión más común y más neta de toda religión (v.); después siguen los sacrificios (v.) y diversas formas de culto (v.). La historia de las religiones puede hoy día afirmar que la o. es una constante que se da siempre en todas las religiones. Entre éstas se encuentran algunas que no tienen sacrificios propiamente dichos (como el Islam), otras que no tienen ritos, o dogmas, o sistemas teológicos definidos... Pero no hay una sola religión donde no exista la o. Hasta el punto de que puede establecerse la conclusión de que no es posible la religión sin algún tipo de o., y viceversa, cuando se da de alguna manera la o. es que, al menos en el fondo, hay religión.V. t.: CULTO I;OFRENDA; PENITENCIA I;PIEDAD I;SACRIFICIO I.J. M. CASCIARD RAMÍREZ.
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