Optimismo FIL.
Categoria:
Filosofía
Del latín optimus, el mejor, la palabra o. se usa a veces para indicar una virtud moral o disposición de espíritu basada en la esperanza (v.) y en la alegría (v.). Aquí no nos referiremos a eso, sino a su uso con significado teórico-doctrinal. En este sentido el término o., aunque las doctrinas a que se refiere sean antiguas, es de reciente cuño. Aparece por vez primera en las Mémoires pour l’histoire des sciences et des arts o Mémoires de Trévoux, febrero de 1737, 207 (estas memorias fueron una publicación de carácter periódico y comenzaron a editarse en Trévoux, en la Borgoña francesa; fundada por el P. J. Lallement, colaboraron en ella los jesuitas del Colegio Luis el Grande, de París); y se utilizó para designar concretamente la teoría sobre la bondad del mundo desarrollada por Leibniz (v.). Pero el que dio plena carta de naturaleza y difusión a este término fue Voltaire (v.), con su célebre obra Candide ou 1’optimisme (1759), en la que pretendía ridiculizar la teoría leibniziana.De la misma manera que para el pesimismo (v.) el ser se identifica con el mal, para el o. el ser se identifica con el bien. Ésta sería, en una síntesis muy concreta, la esencia del o. Pero, como el ser (v.) y el bien (v.) se pueden decir de muchas maneras, es decir, hay diversos tipos de ser y de bien, también se pueden distinguir varias clases de o., paralelas a las correspondientes en el pesimismo. En este sentido, se habla de un o. metafísico, de un o. antropológico y de un o. social, según que la bondad se atribuya al ser en cuanto tal, al ser de la naturaleza humana o al ser de la sociedad. Por otra parte, dentro del o. metafísico se puede distinguir entre un o. absoluto y un o. relativo, según el grado de bondad que se asigne al ser. Algo análogo se puede decir del o. antropológico y social.Optimismo metafísico absoluto. Es la forma típica y más característica de las adoptadas por el o. En él se atribuye al ser en su totalidad la máxima bondad posible. Históricamente, esta forma de o. ha sido un producto del racionalismo (v.) europeo moderno. Ya Spinoza (v.) sentó las líneas generales del mismo, derivadas de su panteísmo, cuando dice en su Ethica ordine geometrico demonstrata: "Las cosas son hechas por Dios con la máxima perfección, puesto que se han deducido con necesidad de una naturaleza perfectísima" (parte I, prop. XXXIII, escol. 2). Pero el verdadero creador de este o. fue Leibniz (v.), que dio al o. la estructura que después se haría clásica, al mantener que este mundo es el mejor de los mundos posibles. La doctrina leibniziana a este respecto está contenida en su famosa Teodicea (Essais de Théodicée sur la bonté de Dieu, la liberté de Phomme et !’origine du mal, Amsterdam 1710). La ocasión que motivó la aparición de esta obra fue la polémica levantada sobre la conciliación entre la bondad de Dios y la existencia del mal en el mundo, en la que influyó decisivamente el Dictionnaire historique et critique de P. Bayle (v. LIBREPENSAMIENTO), pues el pensador francés expresaba sus dudas sobre la existencia de Dios, basándose en la presencia del mal en el mundo. Leibniz quiere defender y justificar a Dios, de ahí el título, creado por él, de su libro (Teodicea, de las voces griegas theós, Dios, y dicaía, defensa).Esta justificación la efectúa Leibniz mediante un análisis de la noción del mal (v.) y de su relación con el mundo. Son entes posibles, nos dirá, todos aquellos que no encierran en sí contradicción alguna. Los posibles son esencias que están en la mente divina en una variada multiplicidad. No todos los posibles son compatibles entre sí; un determinado posible es compatible con otros posibles, pero incompatible con los demás. Según esto, los posibles se integran o agrupan en sistemas o conjuntos, que constituyen los diversos mundos posibles radicados en la esencia divina. La formación de estos mundos posibles no depende propiamente de la voluntad divina, ya que la agrupación de los diversos posibles se basa en el principio de contradicción. Lo que sí depende de la voluntad divina es el elegir entre todos estos mundos posibles aquel que recibirá la existencia, es decir, aquel que será creado. Ahora bien, la elección divina no puede ser arbitraria, ya que, de acuerdo con el principio de razón suficiente, nada se realiza sin una razón suficiente justificativa. Y ésta, en el caso de la elección divina, no puede ser otra que la máxima perfección del mundo posible elegido. Por tanto, Dios, entre todos los mundos posibles, tiene que elegir el mejor. Por ello Leibniz dirá que este mundo en el que estamos es el mejor de los mundos posibles. Con ello no es que se niegue la existencia del mal; lo que sí se afirma es que, aun presente el mal, Dios ha creado el mejor de los mundos entre los que pueden concebirse dada la compatibilidad e incompatibilidad de los posibles. Leibniz también justifica la existencia del mal en el mundo mediante su distinción entre mal metafísico, físico y moral, y llega a esta conclusión: "Ciertamente que es posible imaginar mundos posibles sin pecado y sin dolor... pero esos mismos mundos serían muy inferiores en bien al nuestro" (Teodicea, 10). Por esto hay que admitir que "existen razones de la elección de Dios, y estas razones se derivan de su bondad; de lo que se sigue necesariamente que lo que Él ha elegido supera en bondad a lo que no ha sido elegido y, por tanto, que es el mejor de los mundos posibles" (Teodicea, 226).El famoso terremoto de Lisboa, en 1755, dio ocasión a una célebre disputa sobre la dualidad o. y pesimismo. Conocida es la dura e irónica crítica que hizo Voltaire (v.) del o. leibniziano en su ensayo Sur le désastre de Lisbonne (1756), y, en especial, en su Candide (1759), crítica no del todo justificada, ya que Leibniz no sostiene que este mundo tenga una bondad plena, sino que es el mejor de los posibles. Por su parte, Kant, en Versuch einiger Betrachtungen über Optimismus (1759), defiende el o. siguiendo las tesis marcadas por Leibniz. Son tesis que responden al racionalismo de estos autores, que todo lo quiere explicar de forma necesaria, y que en el caso concreto de Spinoza y Leibniz responde a su panteísmo (v.).Optimismo metafísico relativo. Es una postura intermedia entre el pesimismo y el o. absoluto. Frente al primero, niega que el ser se identifique con el mal, ya que todo ser, en cuanto que es, tiene razón de bien, atribuyendo al mal, antes que el ser, la carencia de ser. Frente al segundo, sostiene que este mundo no es el mejor de los mundos posibles, sino que entre éstos puede darse otro de mayor perfección. Esbozado por S. Agustín, esta forma de o. se encuentra sistematizada en S. Tomás de Aquino (v.). En dos tesis establece armoniosamente los cimientos de este o.: 1) Necesse est quod omne ens sit bonum ex hoc ipso quod esse habet (es necesario que todo ser sea bueno en cuanto que tiene ser) (De Veritate, q21 a2). 2) Possit Deus alias res Parece vel alias addere istis rebus factis: et sic esset illud universum melius (es posible a Dios hacer otras cosas o añadirlas a las ya hechas, y que así existiese un mundo mejor) (Sum. Th. 1 q25 a6). En la primera se opone a la concepciónpesimista; en la segunda admite la posibilidad de un mundo mejor que el actual.
En efecto, una cosa es establecer que en el mundo actual hay, dados los elementos que le componen, la máxima perfección y bondad posibles, y otra muy distinta es afirmar que, sobre la base de otros elementos componentes, no se pueda admitir un mundo posible de mayor perfección. Por otra parte, en la tesis tomista se deja a salvo la libertad divina en la elección del mundo creado, libertad que en el caso de Leibniz sale muy mal parada (v. DIOS Iv, 6, 11, 14). Preguntarse si el mundo existente es el mejor de los mundos posibles no tiene mucho sentido; dada la omnipotencia, bondad y libertad de Dios, la única respuesta posible es la del que hemos llamado o. relativo: el mundo es fundamentalmente bueno, sin poner límites a la acción creadora divina (v. CREACIÓN; MUNDO II).Optimismo antropológico y optimismo social. En oposición al pesimismo antropológico, el o. correspondiente mantiene la bondad radical e innata de la naturaleza humana. La fuente del mal en la conducta del hombre no hay que buscarla en una causa intrínseca al mismo, su propia índole, sino en razones extrínsecas; es la posición antigua de Pelagio (v.) y la moderna de Rousseau (v.). La naturaleza humana impulsaría a obrar rectamente; en el hombre no habría un solo vicio que no se deba a factores externos a él, factores derivados de la corrupción existente en la vida social. Según Rousseau el hombre nace bueno, pero la sociedad le pervierte; ella es la causa originaria del egoísmo, de la hipocresía, del afán de lucro, de todos los vicios que aquejan a los humanos. De ahí la necesidad de una educación (v.) basada en el estado natural del hombre, tal como la expone en el Emilio, en el que todo el proceso educativo se limitaría a fomentar el libre juego de las inclinaciones naturales del hombre. De esta postura participó, en gran medida, el liberalismo (v.) doctrinario del s. XIX.El o. social es, en cierto modo, la postura antitética del o. antropológico de Rousseau. Basado en un pesimismo antropológico, ve en la vida social el único camino posible para la perfección humana; el individuo es el mal, y la sociedad el bien. Tal es la doctrina defendida por Protágoras (v.), por Hobbes (v.) y, en general, por los pensadores de la Ilustración (v.), que vieron en el "progreso social" (v.) una fuente de ilimitada perfección, al término del cual la Humanidad alcanzaría un estado de apoteósica felicidad (Condorcet, Esquisse d’un tablean historique des progrés de l’esprit humain). Pesimismo antropológico y o. social caracterizan también, en gran parte, a las teorías sociales del marxismo (v.), comunismo (v.) y socialismo (v.), en las que la libertad y responsabilidad personales quedan malparadas.El o. relativo, propio del cristianismo y de la generalidad de los autores, considera que aunque la naturaleza humana es en sí misma buena, está, sin embargo, dañada por el mal; éste, en efecto, no ha corrompido al hombre intrínseca y esencialmente como decía Lutero (v.), pero sí lo ha debilitado (v. HOMBRE; MAL; PECADO). La Redención (v.) de Jesucristo viene a sanar esa herida y a ayudar a cada hombre a restañarla (y además a levantarlo al plano sobrenatural de hijo de Dios; v. GRACIA; FILIACIóN DIVINA). De ahí se deriva también un o. relativo en lo social; la sociedad es en sí buena, como consecuencia y condición natural de la existencia humana, aunque hay en ella introducidos males por los hombres, y éstos han de esforzarse por mejorarla y superar esos males (v. soCIEDAD; MUNDO II; TRABAJO HUMANO VII). En realidad la idea cristiana de optimismo y su correspondiente traducción en una actitud o virtud personal trasciende y desborda los límites de una expresión como o. relativo; no es pesimismo ni optimismo sin más; pero esto desborda también los límites de este artículo (v. ESPERANZA; ALEGRÍA; etc.).V. t.: LIBERTAD;RESPONSABILIDAD;NATURALISMO;PESIMISMO; PERSONA; HOMBRE; SOCIEDAD; MUNDO; CREACIÓN; SER; BIEN; MAL; PECADO.J. BARRIO GUTIÉRREZ.
BIBL.: P. FAGGIOTTO, Ottimismo, en Enciclopedia filosofica, IV, 2 ed. Venecia-Roma 1967, 1.243; G. MORANDO, Ottimismo e pessimismo, Milán 1890; T. D. KENDRICK, The Lisbon earthquake, Londres 1956; G. GRUA, Jurisprudence universelle et théodicée selon Leibniz, París 1953; J. MOUREAU, Vunivérs leibnizien, París 1956; S. PRETE, Pelagio y el pelagianismo, Barcelona 1962; S. MOREAU-RENDU, Vidée de bonté naturelle chez 1. J. Rousseau, París 1929; A. RAVIER, L’éducation de l’homme nouveau, París . 1941.
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