Oposición Política POLÍTICA
Categoria:
Política
Concepto. Se habla de o. p. para referirse a quienes en el juego político desempeñan, de hecho, la función de control y no de gobierno, es decir, que no despliegan la función de orientación política de las instituciones político-formales (Robert A. Dahl, ed., Political Oppositions in Western democracias, Yale University 1966). Y Sánchez Agesta, partiendo del supuesto del pluralismo del que necesariamente hemos de arrancar a la hora del estudio de la ó., nos recuerda que "este pluralismo social y político tiende a manifestarse en el Estado contemporáneo como una fuerza alternativa que, dentro de cierta unidad de convicciones constitucionales, aspira a ejercer el Poder como gobierno o influye en el ejercicio del Poder, cuando no lo ejerce, mediante un control. Cuando esta situación se define de una manera que en cierta forma podríamos llamar institucional, se denomina oposición" (Derecho constitucional comparado, Madrid 1958, 53 ss.). Aunque, en cierto sentido, la definición de Sánchez Agesta, al igual que la de Robert Dahl, están necesariamente enmarcadas en el ámbito preciso de un tipo de oposición típico de las democracias parlamentarias, liberales y con sistema de oposición reconocido, bien nos pueden servir de conceptos previos en nuestro estudio. Tanto más cuanto que, y conviene advertirlo de entrada, será a este tipo al que aquí nos limitemos. Lo cierto es que el concepto mismo de o. se dibuja dentro de una esfera de pluralismo político que’rompe el esquema de una situación monopolística de poder y de dogmatismo político.A la vez, este concepto va a tener un segundo ámbito de delimitación que se fija, precisamente, en la concreción del terreno jurídico-político en que se desenvuelve. Esto es lo que ha llevado recientemente a Lavau a distinguir entre auténtica o. y un fenómeno más amplio e impreciso de discrepancia que se viene a cobijar bajo la denominación de "contestación". Para Lavau, la palabra contestación ha de reservarse para describir todas las formas de agitación y crítica hacia los valores e instituciones establecidos, expresadas desde fuera del marco institucional. Mientras que la o. se ;sitúa dentro de la estructura del subsistema político y quiere cambiar cosas pero de acuerdo con las normas y procedimientos establecidos por el sistema mismo, la contestación, por el contrario, va más allá del marco de dicho subsistema, queriendo cambiar no sólo su propio orden normativo, sino también su sistema cultural, que es el que asegura la legitimidad de la política vigente. (G. Lavau, Political Opposition, ponencia presentada al VIII Congreso Mundial de la International Political Science Association, Munich 1970).Así entendida, y en un sentido muy amplio, cabría enlazar el concepto con todas las formas de o. manifestadas a lo largo de la historia. En cuanto o. institucionalizada, sus precedentes se han podido fijar en los tribunos de la plebe en Roma, con el ejercicio del derecho de intercessio, y, salvadas las distancias que implica la presencia del factor religioso, en el papel jugado por la jerarquía de la Iglesia católica durante la Edad Media frente a ciertas formas de poder absoluto. Pero lo cierto es que los fundamentos ideológicos que hoy nos permiten hablar de o. institucionalizada aparecen a partir del s. XVIII, ya que, para llegar a una o. así, tenía que entrar en la órbita ideológico-política la idea de un poder limitado y aun de un equilibrio de poderes. Como ha señalado De Vega, "la oposición como elemento integrante y conformados de la vida política sólo aparece con la praxis histórica del Estado democrático liberal", y de ahí lo relativamente reciente que es la temática de la o. p. (Para una teoría política de la oposición. "Boletín informativo de Ciencia política", 5, diciembre 1970, 91). Desde esta misma perspectiva histórica, cabe distinguir incluso, siguiendo a Ferrando Badía, entre una concepción liberal de la o., que se ejerce en el seno mismo de las instituciones del Estado, y una concepción democrática de la o., que pasa a realizarse en instituciones, más o menos organizadas (generalmente los partidos políticos, v.), desde fuera de la estructura gubernamental, desde fuera del "Estado-sujeto" (J. Ferrando Badía, En torno a una teoría de la oposición en el sistema democrático-liberal, "Rev. de Estudios Políticos", 173, 1970, 25). Diríamos, pues, que la institucionalización de la o. democrática ha pasado por tres etapas: 1) reconocimiento del derecho a participar por medio del voto en las decisiones del gobierno; 2) reconocimiento del derecho a estar representado; y 3) reconocimiento del derecho a una oposición organizada que suscite votos contra el Gobierno en el curso de elecciones y en el seno del Parlamento.Modelos. Esta suerte de o. institucionalizada permite hoy un triple modelo. En primer lugar, el modelo británico. En efecto, en el two-party system británico es donde la o., plena y jurídicamente reconocida, se nos presenta como verdadera institución, con tanta entidad propia como pueda tener el mismo gobierno. Significa una auténtica alternativa de poder, funcionando en el seno mismo del sistema parlamentario como "leal oposición al gobierno de Su Majestad". Supone un alto grado de consensus político en el país: el gobierno gobierna y la o. controla.En segundo lugar, el modelo norteamericano, en el que, aun habiendo dos partidos que se alternan, la o. no posee apenas una estructura distinta, duradera y unificada. Según Dahl, esta o. presentaría en Estados Unidos las siguientes características: 1) las o. persiguen fines limitados que no ponen directamente en entredicho ni las principales instituciones, ni el sistema de creencias vigentes en aquel país; 2) utilizan una gran variedad de estrategias, tanto a través de las elecciones cuanto maniobrando con los numerosos grupos de presión existentes; 3) no posee un carácter distintivo propio, incluso sus rasgos no son claramente identificables en tanto que o.; 4) no se agrupan en una organización única, dotada de fuerte cohesión, sino que se manifiesta generalmente por el canal de los dos principales partidos; 5) aunque en los periodos electorales estos dos partidos son extremadamente competitivos, luego, en el Congreso, los miembros de ambos son a la vez competitivos y cooperativos; y 6) para alcanzar sus objetivos, las o. tratan de entrar en relaciones con los poseedores del poder político en lugares oficiales muy variados.Por último, el sistema multipartidista. En él encontramos el caso de o. menos institucionalizada, precisamente porque sus fronteras de cara al Gobierno aparecen poco claras. Los gobiernos se suelen apoyar en mayorías de recambio o en coaliciones; y la o. se compone a veces de elementos heterogéneos, que a veces también lo son más que la propia mayoría. Diríamos que, en este modelo, resulta más fácil entenderse contra una política que por o para una política. Además, el modelo de o. en el sistema multipartidista ofrece igualmente la distinción entre la o. externa, ejercida por los partidos minoritarios que no ocupan el poder, y la o. interna, dentro de los mismos partidos de la mayoría. En cuanto que las decisiones gubernamentales suelen ser el resultado de un compromiso entre los partidos asociados al poder, cada uno de ellos se reservará luego el derecho a defender su punto de vista propio ante sus militantes y electores, criticando el mismo compromiso gubernamental y rechazando ante sus aliados el mecanismo del sistema: es decir, cada uno de estos partidos asociados a la coalición gubernamental acabará de esta forma haciendo o. al propio gobierno.La representación de intereses de toda índole, la provisión de información, el control y la provisión de alternativas de poder serán las funciones políticas que toda o. institucionalizada viene a realizar en estos sistemas políticos cuyos modelos hemos esbozado. De ellas, la función de control resulta la más continuada y preciada en todo sistema democrático. El control del gobierno influyendo, persuadiendo, disuadiendo o impidiendo la adopción de decisiones o su ejercicio, se dibuja así en un marco democrático-Iiberal de relación política en el cual controlar acaba siendo una forma de coparticipación específica. El gobierno, como elemento motor, impulsará la acción y gestión políticas. La o. inspeccionará, advertirá y obligará a rectificar. Lógicamente, el reconocimiento de la inevitabílidad de la disidencia política está detrás de esta aceptación de una o. institucionalizada, de acuerdo con las características de todo régimen democrático.M. RAMÍREZ JIMÉNEZ.
V. t.: PARLAMENTARISMO; PARTIDOS POLÍTICOS. BIBL.: Cfr. la citada en el texto.
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