Nuevo Testamento I. Estudio General. REL. CRIST.
Categoria:
Religión Cristiana
1. Noción. Esta expresión (latín: Novum Testamentum, griego: Kainé Diathéké) fue usada por los escritores cristianos antiguos para indicar la nueva etapa de la historia sagrada o nueva economía de la salvación que, fundada en Jesucristo, sucedía y sustituía a la antigua o Antiguo Testamento (v.). En este sentido es equivalente de Nueva Alianza y Nuevo Pacto, expresiones también empleadas. Seguramente la expresión cristiana tiene su origen en las palabras del mismo Jesús, que en la última Cena, al instituir la Eucaristía (v.), llamó Nueva Alianza a su sangre (Mt 26,28; Me 14,24; Le 22,20; 1 Cor 11,25), es decir, al sacrificio de su muerte en la cruz, representado misteriosa pero real e incruentamente en el sacrificio eucarístico: el sacrificio de Jesús en la cruz era la fundación de una nueva y definitiva alianza, pacto o testamento, ofrecido por Dios en Cristo a la humanidad. Desde fines del s. u, la expresión N. T. se aplica también, y de modo cada vez más usual, para designar la colección de libros sagrados de origen exclusivamente cristiano, y distinguirlos de los otros libros sagrados recibidos del judaísmo, y que por la misma razón se llamaron A. T. (Vetus Testamentum, Palaía Diathéké).El N. T., se compone de 27 libros, escritos todos a lo largo de la segunda mitad del s. I y divididos normalmente en tres grupos (división lógica, v. BIBLIA I, 3): 1) Los cuatro Evangelios y Hechos de los-Apóstoles; 2) las 14 epístolas de S. Pablo y las 7 católicas; 3) el Apocalipsis. (Sobre la formación y aceptación de estos libros como sagrados, inspirados y canónicos v. BIBLIA II, 2). Desde principios del s. II, los escritos del N. T., tal como hoy los poseemos, fueron siendo recibidos por la Iglesia como los nuevos libros sagrados y equiparados a los antiguos (A. T.), que habían recibido a través del judaísmo. Ambos grupos constituyen la Biblia (v.). De manera semejante a como Jesucristo cumplió las promesas divinas hechas por Dios a los patriarcas (v.) y profetas (v.) del A. T., los libros del N. T. venían a dar razón por escrito de las promesas divinas, puestas también por escrito en los libros sagrados del A. T. Por esta razón, el A. T.puede llamarse todo él promesa o profecía del N. T. y el N. T. cumplimiento del A. T.2. Significación del Nuevo Testamento. El libro sagrado de la cristiandad, esto es, el N. T. como cumplimiento del A. T., debe ser leído por los cristianos con el respeto y veneración que expresan su origen divino (v. BIBLIA III) y su destino salvífico. También debe ser meditado con el mismo Espíritu con que fue escrito (cfr. Conc. Vaticano II, Const. Dei Verbum, n. 12). "La palabra divina, que es poder de Dios para la salvación de todo el que cree (cfr. Rom 1,16) se presenta y manifiesta su vigor de manera especial en los escritos del N. T. Pues al llegar la plenitud de los tiempos (cfr. Gal 4,4) el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros lleno de gracia y de verdad (cfr. lo 1,14). Cristo instauró el Reino de Dios en la tierra, manifestó a su Padre y a Sí mismo con obras y palabras y completó su obra con la muerte, resurrección y gloriosa ascensión, y con la misión del Espíritu Santo. Levantado de la tierra, atrae a todos a Sí mismo (cfr. Io 12,32). Él, el único que tiene palabras de vida eterna (cfr. lo 6,68). Pero este misterio no fue descubierto a otras generaciones, como es revelado ahora a sus santos apóstoles y profetas en el Espíritu Santo (cfr. Eph 3,4-6), para que predicaran el Evangelio, suscitaran la fe en Jesús, Cristo y Señor, y congregaran la Iglesia. De todas estas cosas los escritos del N. T. son el testimonio perenne y divino" (Conc. Vaticano II, Const. Dei Verbum, n. 17).La "Buena nueva" (=Evangelio) de Jesucristo (Me 1,1) es el N. T. en un doble sentido: como testimonio del mismo Jesucristo, y como testimonio de los apóstoles acerca de Jesucristo. En ambos aspectos, el N. T. nos da, con toda la autoridad divina, el testimonio de Jesucristo, en quien esperaron y tienen puesta su esperanza los hombres, en quien la Palabra de Dios, hecha carne, es la luz y la vida de la humanidad entera (cfr. lo 1,4). Quien busca sinceramente la Palabra de Dios en el N. T., encontrará en sus escritos la Luz y la Vida de su vida.3. Mensaje esencial del Nuevo Testamento. El N. T. proclama la gracia y la exigencia de Dios, el Todopoderoso, Padre amante de sus hijos los hombres, que ha enviado a su Hijo en medio del mundo para salvarnos ("que por nosotros y por nuestra salvación, bajó del cielo" Símbolo Niceno-Constantinopolitano). En Jesucristo, el Hijo de Dios, vemos al Padre (Mt 11,27; lo 14,9). El mensaje de Jesús no es sólo suyo, sino del Padre que le ha enviado (Io 14,24). Jesús no ha venido de los cielos para hacer su voluntad, sino la de Aquel que le ha enviado (lo 6,8), que consiste en conducir a los hombres a ser partícipes de la naturaleza y de la gloria divinas (2 Pet 1,4). Jesús es, pues, el Salvador, en 61 se ha revelado la entrañable benevolencia divina hacia nosotros. Jesús es el Cristo (Mesías), el Señor, el Hijo de Dios. El N. T. nos revela el insondable misterio de la Unidad y Trinidad divina, no manifestado en el A. T. Jesucristo es el cumplimiento de las más profundas esperanzas humanas, en quien también el Espíritu Santo se ha manifestado, lleno de fuerza y de verdad. El poder de Dios se nos revela, finalmente, en la admirable vida de Jesucristo, en su muerte redentora y en su resurrección. En Cristo, hemos sido liberados del pecado, de la muerte y del demonio para vivir en la libertad de la gloria de los hijos de Dios (Rom 8,21).4. Contenido genérico del Nuevo Testamento. Todos los libros del N. T. constituyen, como cumplimiento de los del A. T., un plan unitario junto con éstos, una unidad fundamental, expuesta de una manera rica y variada: "De variadas maneras y de muchos modos habló Dios en el pasado a nuestros padres por medio de los profetas; en estos últimos tiempos nos ha hablado en el Hijo, a quien instituyó heredero de todo, por quien también hizo los mundos; el cual, siendo el resplandor de su gloria e impronta de su sustancia, y el que sostiene todo con su palabra poderosa, después de realizar la purificación de los pecados, se sentó a la diestra de la Majestad en los cielos..." (Heb 1,1-3). Igualmente, los libros sagrados indican a Cristo, aunque hayan sido escritos por medio de autores humanos diversos y en tiempos distintos. El A. T. da testimonio de Cristo en la esperanzada espera de su venida: todo el A. T. es una profecía de Cristo. El N. T. da testimonio de Cristo, atestiguando su venida, obras y enseñanzas. Los Evangelios nos consignan, con autoridad divina, la maravillosa y amorosa vida de Jesús entre los hombres, sus acciones y palabras, su muerte redentora y su resurrección gloriosa. Los Hechos de los Apóstoles nos han conservado la primera eclosión del fruto del Evangelio de Jesucristo entre las primicias de los judíos y de los gentiles. Las cartas de los apóstoles nos adoctrinan, con la misma autoridad apostólica, acerca del modo de vivir la fe en las primeras comunidades cristianas o primitiva Iglesia, paradigma al que siempre se vuelve la Iglesia posterior para entender la razón de su ser, de sus creencias (dogma) y de sus costumbres (moral). Finalmente, el Apocalipsis nos consuela en las tribulaciones y mantiene viva la fortaleza y la esperanza de la victoria final en la fidelidad del cristiano a la fe.El reino de Dios (v.) que Jesucristo ha iniciado en la tierra, no llegará a su plenitud sino cuando, al final del mundo presente, vuelva Cristo, glorioso, para juzgar a vivos y muertos y hacer entrega al Padre del Reino eterno. El espíritu de las Bienaventuranzas (v.) llena la vida del cristiano: éste será feliz plenamente en el cielo, pero también feliz en la tierra en medio de la aflicción y del dolor, como en la alegría y prosperidad, siempre pasajeras, en la honra como en la deshonra, en la paz exterior como en la persecución, en la pobreza como en la riqueza, siempre, sin embargo, austera, en la salud o en la enfermedad..., sabiéndose hijo de Dios, rescatado por el sacrificio de Jesucristo y destinado a una vida eterna con Cristo en Dios, ante cuya esperanza vale la pena soportar con la dignidad humilde de los hijos, las tribulaciones de esta vida, que nos configuran con nuestro Salvador. 5. Circunstancias y fechas de redacción de los escritos del Nuevo Testamento. Jesucristo no mandó primariamente a sus apóstoles escribir. Antes de que el N. T. fuera escrito, fue vivido, predicado, difundido: "Id, pues, y enseñad a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a observar todo cuanto yo os he mandado. Yo estaré con vosotros siempre hasta la consumación del mundo" (Mt 28,19-20). Pero el mismo Espíritu que enseñaba y fortalecía a los apóstoles en esta misión, impulsó a algunos de ellos y a otros pocos discípulos directos de los apóstoles (como S. Marcos y S. Lucas) a poner por escrito, bajo la inspiración divina, reveladora e infalible, buena parte del testimonio y de la enseñanza apostólicas. Esta consignación auténtica y autorizada por escrito, se fue realizando, a impulsos del mismo Espíritu, a medida de las necesidades concretas de la Iglesia, cuando la expansión admirable de ésta por buena parte del mundo conocido, hacía cada vez más difícil el cuidado pastoral personal y directo de los apóstoles. Así, los escritos sagrados del N. T. nacidos del testimonio de la predicación apostólica, precedidos y rodeados por ella, venían a ser una longa manus, un nuevo medio de- comunicación de la Buena Nueva y de la Doctrina de los apóstoles. Y el mismo Espíritu que guiaba de modo divino la proclamación de la palabra apostólica, guiaba la redacción escrita de los libros sagrados (v. BIBLIA II).Históricamente, esa tarea literaria sagrada duró medio siglo: aproximadamente desde el a. 50 hasta el 100 p. C. Desgraciadamente para nuestro interés histórico, ninguno de los escritos del N. T. fue fechado por su autor respectivo. Pero la exégesis científica del N. T. ha podido conjeturar unas fechas de composición, que en unos casos pueden darse por críticamente seguras; en otros admiten unos márgenes de fluctuación de pocos años; finalmente, para otros escritos, las fechas son más inseguras. Se ha podido llegar a tales dataciones teniendo simultáneamente en cuenta diversos datos de orden externo, como testimonios de la antigua tradición de los escritores cristianos, y de modo muy relevante el libro de Act, utilísimo para el encuadramiento del corpus epistolar paulino e indirectamente para los tres Evangelios sinópticos. Losdatos externos se han confrontado con el análisis filológico y teológico interno de los diversos libros. De modo resumido, y con las salvedades que una tal reconstrucción crítica implica, podemos dar la tabla cronológica de redacción de los libros del N. T. que se inserta en la página anterior.
Como observaciones a la tabla hemos de indicar: 1) que las fechas entre paréntesis representan una segunda hipótesis de datación, menos probable que la primera, pero también verosímil. Respecto al Evangelio griego de S. Mateo, que es el canónico, se admite generalmente que el traductor griego hizo algunas modificaciones del original arameo, con influjos tal vez del Evangelio de S. Marcos y de una fuente de palabras (logia) de Jesús, común con S. Lucas. No se sabe quién pudo ser ese traductor griego, pero gozó del carisma inspirativo y la Iglesia admitió esa versión como canónica. 2) La mayor parte del epistolario de S. Pablo es anterior a los tres Evangelios sinópticos, excepto el primitivo Evangelio aramaico o hebraico de S. Mateo perdido. 3) Algunos escritos del N. T. pueden haber tenido más de una fase redaccional: así lo suponen muchos críticos, p. ej., para Act, 2 Pet, Apc, lo, etc.; de ahí las fluctuaciones en asignar una fecha de redacción. 4) Quien desee hacer una lectura del N. T. desde un punto de vista genético-teológico, puede encontrar utilidad seguir la lectura según la cronología probable establecida. 5) Ningún escrito inspirado del N. T. es claramente anterior al a. 50 ni posterior al 100. 6) Las interrogaciones entre paréntesis (?) indican que el dato expresado antes o no consta claramente en la tradición cristiana, o es puesto en duda por algunos críticos, con argumentos atendibles, pero en menor probabilidad que el dato expresado antes. En algunos casos, puede tratarse de un secretario, como en Hebreos, o de un segundo redactor, como en la 2a de Pedro: siempre en el terreno de la hipótesis. 7) Precisamente por su antigüedad, la mayoría del epistolario paulino contiene elementos antiquísimos de la tradición cristiana, muy importantes para comprobar cómo la fe, desde los primeros momentos, era la misma que hoy día, sin evolución sustancial: dogma cristológico de la divinidad de Jesucristo, el Hijo de Dios, perfecto Dios y perfecto hombre; dogma eucarístico: valor sacrificial infinito de la eucaristía y presencia real de Jesús en las especies eucarísticas; dogma Trinitario; doctrina sobre los ángeles, el matrimonio, la virginidad, etc.6. El Nuevo Testamento: acción y palabra divinas. La religión cristiana, cuya esencia nos ha trasmitido Dios de palabra (Tradición) y por escrito (Biblia) no son pura y simplemente una doctrina, sino una doctrina enraizada en unos hechos. Tampoco se nos ofrece el N. T. primariamente como un cuerpo moral o legislativo, aunque en él se nos dé la más alta moralidad concebible, y se descienda de los criterios generales a normas prácticas de conducta. S. Lucas comienza sintomáticamente los Hechos de los Apóstoles con estas palabras: "En el primer libro (Evangelio), ¡oh Teófilo!, traté de todo lo que Jesús hizo y enseñó...". Así, pues, la presentación de las verdades religiosas se realiza en el N. T. y en la Biblia en general, ensambladas con los relatos de unos sucesos, por los que Dios ha intervenido en la historia humana. "Dispuso Dios en su sabiduría revelarse a sí mismo y dar a conocer el misterio de su voluntad (cfr. Eph 1,9), mediante el cual los hombres, por medio de Cristo, Verbo Encarnado, tienen acceso al Padre en el Espíritu Santo y se hacen consortes de la naturaleza divina (cfr. Eph 2,18; 2 Pet 1,4). En consecuencia, por esta revelación, Dios invisible (cfr. Col 1,15; 1 Tim 1,17) habla a los hombres como amigo, movido por su gran amor (cfr. Ex 33,11; lo 15,1415) y mora con ellos (cfr. Bar 3,38) para invitarlos a la comunicación consigo y recibirlos en su compañía. Este plan de la revelación se realiza con palabras y acciones (gestis rerbisque! intrínsecamente conexos entre sí, de forma que las obras realizadas en la historia de la salvación manifiestan y confirman la doctrina y los hechos significados por las palabras, y las palabras, por su parte, proclaman las obras y esclarecen el misterio contenido en ellas. Pero la verdad íntima acerca de Dios y acerca de la salvación humana se nos manifiesta por la revelación de Cristo, que es a un tiempo mediador y plenitud de toda la revelación" (Conc. Vaticano II, Const. Dei Verbum, n. 2).7. El Nuevo Testamento: revelación e historia. Por lo que acabamos de decir, revelación divina e historia humana están tan íntimamente trabados en el N. T., que no pueden disociarse: la enseñanza doctrinal (verdades reveladas, teología) se apoyan en los sucesos concretos (historia), y la historia adquiere un valor doctrinal (teológico) irrenunciable. Así lo ha sentido la Iglesia antigua y la Iglesia Católica. ’Según esto, la fe sobrenatural es adhesión sincera a la Palabra de Dios, no en virtud de una evidencia racional, sino en virtud de la más alta verdad que es la autoridad divina (Conc. Vaticano I, Const. Dei Filius: Denz.Sch. 3008). Pero el acto de fe, no es un acto ciego (íb. Denz.Sch. 3010), como proponen algunos autores protestantes-liberales, sino que se realiza libre y meritoriamente, con los auxilios divinos externos e internos (íb. Denz.Sch. 3013-3019). Los auxilios internos son las gracias sobrenaturales que Dios concede para creer (íb. Denz.Sch. 3010). Los externos son los hechos históricos, los milagros y las profecías (íb. Denz.Sch. 3009). Por ello, la Iglesia católica ha creído y mantenido siempre no sólo la veracidad doctrinal del N. T., sino su veracidad histórica, y algunos artículos de la fe, que profesamos en el Credo, tienen una apoyatura histórica irrenunciable: "... se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día...".Por todo ello "La santa Madre Iglesia, firme y constantemente, ha mantenido y mantiene (tenuit ac tenet) que los cuatro referidos Evangelios, cuya historicidad (quorum historicitatem) afirma sin vacilar, comunican fielmente lo que Jesús, el Hijo de Dios, viviendo entre los hombres, hizo y enseñó realmente para la salvación de ellos, hasta el día en que fue ascendido al cielo (cfr. Act 1,1-2). Los apóstoles ciertamente después de la ascensión del Señor predicaron a sus oyentes lo que Él había dicho y obrado, con aquella crecida inteligencia de que ellos gozaban, instruidos por los acontecimientos gloriosos de Cristo y por la luz del Espíritu de verdad. Los autores sagrados escribieron los cuatro Evangelios seleccionando algunas de las muchas cosas que ya se trasmitían de palabra o por escrito, sintetizando otras, o explicándolas atendiendo a la condición de las Iglesias, reteniendo por fin la forma de proclamación, de manera que siempre nos comunicaran la verdad sincera acerca de Jesús... El Canon del N. T., además de los cuatro Evangelios, contiene también las cartas de S. Pablo y otros libros apostólicos, escritos bajo la inspiración del Espíritu Santo, con los cuales, según la sabia disposicién de Dios, se confirma todo lo que se refiere a Cristo Señor, se declara más y más su genuina doctrina, se manifiesta el poder salvador de la obra divina de Cristo, se cuentan los principios de la Iglesia y su admirable difusión y se anuncia su gloriosa consumación" (Conc. Vaticano II, Const. Dei Verbeun, n. 19-20).V. t.: BIBLIA I; EPÍSTOLAS;EVANGELIOS;JUAN APÓSTOL Y EVANGELISTA, SAN; PABLO APÓSTOL, SAN; PEDRO APÓSTOL, SAN; APOCALIPSIS; HECHOS DE LOS APÓSTOLES. Además cada uno de los escritos del N. T. tiene art. especial en esta Enciclopedia.J. M. CASCIARO RAMÍREZ.
BIBL.: Magisterio: CONC. TRIDENTINO, Decretum de libris sacris et de traditionibus recipiendis (Denz.Sch. 1501); CONC. VATICANO Í, Constitución dogmática "Dgi Filius" (Denz.Sch. 3004-3020); CONC. VATICANO II, Constitución dogmática "Dei Verbum", nn. 1621; PONTIFICIA COMISIÓN BfBLIcA, Instrucción Sancta Mater Ecclesia acerca de la veracidad histórica de los Evangelios, AAS 56 (1964) 715 ss.
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