Normalidad Psíquica FIL.
Categoria:
Filosofía
El concepto de n. p., aparentemente claro en su formulación, presenta en el momento de aplicarlo no pocas dificultades. Se ha de partir de la base de que los criterios de normalidad o anormalidad sólo pueden ser aplicados a lo que W. James (v.) llamó Yo empírico, ya que el Yo óntico en su calidad espiritual e inaprensible no puede enfermar (v. Yo; PERSONA; PERSONALIDAD). El concepto de n. p. es correlativo del de salud mental, entendida ésta como la consecuencia pragmática de la n. p.Se han intentado aplicar diversos criterios para calibrar la n. p. de cada persona. Unos son los llamados criterios de "término medio", y otros, los criterios de "valor". Entre los primeros se encuentran: 1. La capacidad de adaptación a la convivencia social. Este patrón carece de base científica mensurable, y es más, cuando esta adaptación es exagerada -lo que en correlación positiva significaría una mayor salud mental- cae el individuo en la masificación alienante o en la hipersugestionabilidad. 2. El rendimiento profesional. Efectivamente, existe cierta correlación entre el éxito laboral y la n. p.; pero lo mismo que el patrón anterior no es válido absolutamente, en cuanto que hay sujetos que se entregan patológicamente al trabajo como una forma de reducir su ansiedad.Entre los criterios de valor se señalan: 3. La conducta ética. De hecho, una sana moralidad acompaña casi siempre a personas mentalmente sanas, pero no necesariamente a la inversa. Es decir, que encontramos enfermos mentales cuya conducta ética es intachable e incluso exagerada. 4. La ausencia de angustia. Tampoco es universalmente válido este criterio, pues, de una parte, existe una angustia existencial normal, cuya ausencia puede ser anómala; y de otra, existen muchas enfermedades mentales que cursan sin angustia (v.)Fracasado el intento de aislar un criterio válido de n. p. a través de las manifestaciones fenoménicas del ser, se ha de ir, con Hadfield, a la búsqueda de criterios analógicos de n. p. Para este autor, la n. p. se presentaría, cuando se cumplen en el individuo los principios categoriales de armonía y finalidad, íntimamente unidos. En efecto, la armonía supone una coordinación de todas las potencialidades psíquicas funcionando como un todo orgánico y completo; la finalidad es el vector sobre el que esta armonía se realiza, es decir, la propia realización del ser.
Todos los autores coinciden en estas premisas básicas para establecer un criterio válido de n. p. Pero, la gran dificultad estriba en su aplicación práctica y en la escasez de individuos que lo cumplen. Por ello hoy se habla más que de salud mental absoluta, de salud mental relativa, concepto mucho más operativo a la hora de aplicarlo. Para llegar a él hay que tomar -como dice Rojo (o. c. en bibl.) una perspectiva multidimensional, y detectar la n. p. desde tres posiciones: a) Desde el propio sujeto. El criterio más válido es el de ausencia de sufrimiento (patológico) y ausencia de juicio de anormalidad. b) Desde el ambiente del sujeto; el de comprensividad, criterio que depende del grupo cultural y de las normas sociales vigentes, y por ello, poco fiable. c) Y desde el observador médico, que comparará la situación del sujeto con la situación de enfermedad, entendiendo ésta como ensayos frustrados de maduración.Con todo ello, hay ocasiones en que incluso esta perspectiva múltiple fracasa, por lo que tiene de inabordable, personal e irrepetible cada individuo. Ante esta imposibilidad de universalizar un criterio de n. p., lo más práctico es aplicar los criterios que Sody ha llamado orientadores, que expone así: "un hombre será psíquicamente normal, cuando reaccione a la vida sin esfuerzo doloroso; cuando sus ambiciones entren dentro del marco de sus posibilidades; cuando tenga una razonable idea de sus faltas; cuando pueda ayudar y se deje ayudar; cuando puede ser amable y hostil; y cuando tenga un sosegado afán por su perfeccionamiento".M. SORIANO ORTEGA.
BIBL.: M. Rolo SIERRA, "Memoria pedagógica" (1966); K. JASPERS, Psicopatología general, Buenos Aires 1963, 890-899; J. A.
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