Nominalismo II. Nominalistas Del Siglo Xiv. FIL.
Categoria:
Filosofía
Preparación del nominalismo del siglo XIV. Dentro de los caracteres generales asignados al n. (v. I), el del s. XIV adquiere un relieve y una significación peculiares, cuyo sentido profundo sólo se puede entender desde los factores que contribuyen a provocar su eclosión. Ante todo son dignas de tenerse en cuenta las condiciones socio-religiosas de la época: el s. XIV es el momento en que las nuevas nacionalidades empiezan a emerger frente a la pretendida unidad imperial del Medievo, Este hecho de fragmentación paulatina de Europa va unido a otra escisión: la que se establece entre el poder civil y el papal. El Romano Pontífice ya no es el árbitro soberano de la política europea como en la Edad Media, sino que se ve incluso marginado, recluido y aun dividido con el cisma de Occidente (v. CISMA III). Baste recordar las luchas entre Felipe IV deFrancia y Bonifacio VIII (v.) o las de Luis de Baviera con Juan XXII (v.). Todo ello provoca una profunda crisis religiosa, alimentada además por el cansancio de una especulación teológica excesivamente abstracta, que no llegaba en su pura teoría y sutileza al corazón de las masas cristianas. Manifestación de esta crisis es la eclosión de numerosos movimientos piotistas, monacales, reformistas que, buscando una religiosidad auténtica y espiritual, marcan momentos de positivo avance en la piedad de la época, sin estar libres, como suele suceder en todo momento de crisis, de desviacionismo y aun excentricidades: diversos movimientos místicos alemanes, flamencos, italianos y franceses son la expresión de esta situación especial; y en una línea desviada las beguinas (v.) y begardos, algunos franciscanos "espirituales", etc.
A todo ello hay que añadir la situación universitaria ligada a la crisis general. París ya no es con su Universidad el centro único unificador del mundo intelectual del Medievo, ni las corrientes que en su seno surgen ayudan a esa unidad. Junto a París está Oxford con un rango casi paralelo o totalmente igual. Fuera de estas dos grandes Universidades proliferan por Europa otras nuevas: Viena, Colonia, Heidelberg, Leipzig, etc. Más aún, tanto París y las demás Universidades se nutren de nuevos elementos: ya no son sólo los nobles y clérigos los que van a estudiar, sino la nueva clase dominante burguesa, clase media intelectual, profundamente nacionalizada y con pretensiones de realizar sus estudios y publicaciones en sus incipientes lenguas nacionales. Por otro lado, el cansancio de la especulación anterior, agustinista y tomista, lleva a un afán de novitates que cristaliza en un ambiente un tanto superficial de análisis gnoseológicos y lógicos, heredados de la tradición, subrayados por el afán de imitar los ejercicios lógicos de Oxford, tan de moda, por la lógica trasmitida por Pedro Hispano (v.) y por el influjo de los gramáticos especulativos (v.), aparte de otras razones que luego se expondrán. La situación de la docencia universitaria se agrava por el hecho de que en muchas ocasiones hay cierta precipitación a la hora de crear nuevas Universidades, precisamente por el afán nacionalista de que cada país tenga su o sus propias Universidades. Ello implica la improvisación natural del profesorado y de las bibliotecas, con detrimento de la profundidad de la investigación; el pensamiento se queda a nivel de ejercicios lógicos, gramaticales y de análisis gnoseológicos.Las consecuencias para la filosofía son claras: en la primera mitad del s. xiv se incrementa considerablemente el estudio de la Lógica, concretamente de la lógica terminista y nominalista; lo que si, de una parte, lleva a desarrollar las bases de la física, que luego aprovechará Galileo y Newton, y a fomentar el estudio del problema del conocimiento humano, de otra conduce a descartar los problemas metafísicos. De esa forma, al menos de una manera general y dentro del n. naciente, las corrientes escépticas, empiristas y voluntaristas envuelven todo este ambiente cultural, principalmente en París y Oxford, como consecuencia connatural de todo n., sobre todo teniendo en cuenta las circunstancias de crisis religiosa y social que hemos indicado.Junto a estos precedentes socio-culturales hay que añadir los estrictamente filosóficos, algunos de ellos ya insinuados. La tradición medieval agustiniana, en su proceso de interiorización y en su tendencia fuertemente teologal que, unida a una cierta desconfianza de las potencias racionales humanas le llevaba a exigir para el logro de la Verdad universal la iluminación directa de Dios, daba pie a que, una vez suprimida dicha iluminación,desapareciesen los conceptos universales y quedase el hombre sumido en un escepticismo radical en cuanto al valor veritativo de sus facultades. La crítica ejercida en el s. XIV contra este agustinismo tuvo como fruto no una profundización en la naturaleza del conocer -línea en la que, en el siglo anterior, se había movido S. Tomás-, sino despojar ál pensamiento filosófico de los universales. El mismo agustinismo había centrado su atención en el conocimiento directo intelectual del singular, frente al abstraccionismo aristotélico; la crítica al agustinismo respeta este elemento que fue aprovechado por el n. y sobre todo por G. de Ockham (v.), a través de Duns Escoto (v.) especialmente.
El influjo escotista se manifiesta, a su vez, de otra manera, ya que ante el tomismo y agustinismo anteriores, el movimiento escotista representaba un criticismo con el que entronca el nominalismo del s. XIV, que es criticista no sólo con relación al agustinismo y tomismo sino también al escotismo con su formalismo y abigarramiento de distinciones y sutilezas. De Escoto, pues, se toma el conocimiento directo del singular, el contingentismo universal y el voluntarismo, tesis que determinarán de uno u otro modo el nacimiento del n. Además el criticismo del s. XIV, en su vertiente nominal, echa mano del averroísmo (v.) en cuanto que éste se opone a todo lo tradicional anterior. Por último, hay que recordar el influjo notable que ejerce la lógica de Pedro Hispano y los gramáticos especulativos, tal como queda dicho antes.Caracteres de los nominalistas del siglo XIV. Se ha dado en llamar n. a la corriente que exponemos. Sin embargo, se imponen ciertas precisiones sobre esta denominación. El n. propiamente tal surgió en el s. XI; en aquel momento, la problemática estaba centrada sobre todo en el tema de los universales (v.), de la res y del nomen. El s. XIV, al ver que la preocupación iba orientada en torno a los nomina, resolvió llamar nominalismo a la nueva manera de pensar. No obstante, hay diferencias que conviene resaltar. La filosofía nominalista del s. XIV centra su atención también en el problema de los universales, pero no de modo exclusivo ni excluyente. No exclusivo, porque la reducción del filosofar a lógica formal y predicamental, a análisis de términos que significaban predicamentos debeladores de la realidad concreta y singular, no era único; obedecía a tesis filosóficas mucho más amplias. No excluyente, porque el n. del s. XIV no rechaza el concepto universal, le da una nueva versión dentro de la lógica terminista que maneja. Y era natural; si bien el concretismo propio del s. XIV que se centraba en lo singular y en su conocimiento directo, prevaleció, lo hizo entrando en pugna con el tradicional concepto de ciencia a base de conceptos y leyes universales. Por todo ello, el n. del s. XIV sería mejor calificarlo como "terminismo" (análisis de los términos de la proposición lógica) y cuasi "conceptualismo". Esta mezcla de búsqueda de ciencia a, base de conceptos y términos, de lógica puramente terminista, etc., cristalizó de modo sistemático en Guillermo de Ockham (v.), quien dio cuerpo a toda serie de doctrinas en la segunda mitad del s. XIV.Si quisiéramos caracterizar el n. del s. XIV con unos rasgos generales podríamos decir brevemente: 1) El mundo no es más que una pluralidad de cosas absolutamente contingentes e incomprensibles en sí mismas, que exigen la omnipotencia divina para que las mantenga en su ser y racionalidad. 2) Si bien la ruptura con el pasado se da, ésta no es total; hay una comunidad de temas aunque abordados de manera diferente. De este modo, si bien hay una tendencia antimetafísica de tipo aristotélico (renunciándose a conceptos tales como los de esencias propiamente dichas, causalidad, hilemorfismo, etc.) hay, sin embargo, un nuevo tipo de metafísica: la metafísica del singular, distinta y antitética, por otra parte, de la de Duns Escoto. 3) Se insiste sobremanera en el estudio analítico del lenguaje y de la lógica terminista en el sentido dicho; y si bien la ciencia versa sobre lo universal, esta universalidad cobra de nuevo sentido: ya no es el concepto universal y abstracto tomista, sino la universalidad de los términos y proposiciones concretas, revestidas de la suppositio nominalista. Si en ocasiones se habla de "concepto" es también en un sentido muy específico (v. OCKHAM), y si se maneja el registro de la "abstracción" (v.), ya no es, por supuesto, la aristotélica, sino la simple precisión de unos aspectos de la realidad concreta tomando unos y dejando otros que no interesan. 4) Por fin, una serie de tesis características del n. del s. XIV frente a la especulación anterior: el hecho de que como única realidad existente se consideren las cosas singulares y no los universales; la consideración del principio de individuación como un pseudoproblema; indistinción de esencia y existencia; identidad de la substancia corpórea y la cantidad; negación de los accidentes como cualidades de la substancia; indistinción del alma y sus potencias; indemostrabilidad de la existencia de Dios. Como puede apreciarse, varias de estas tesis ya habían tenido preludios en el Medievo anterior, pero el principio general que rige esta sistematización puede centrarse en un afán de simplificación metafísica, abogando por una especulación concreta sin sutilezas y sin entia sine necessitate.Corrientes nominalistas del siglo XIV. El n. aparece en su plena pujanza a partir de Guillermo de Ockham. Es entonces cuando, en su pleno vigor, alternando con las otras corrientes arrastradas del Medievo anterior (agustinismo, tomismo, escotismo, misticismo), invade todo el ambiente universitario europeo.Así, podemos distinguir las siguientes facetas: 1). n. absoluto: aquel que en manos de Nicolás de Autrecourt y J. de Mirecourt hace un uso extremo del logicismo ockhamista; 2) n. oxoniense: emplea el logicismo anterior pero en un sentido muy específico dentro de la Univ. de Oxford y se extiende por todas las universidades y corrientes nominales. Este empleo específico se refiere al uso y abuso de los ejercicios lógicos de los sophismata, indissolubilia, etc. Representantes de esta corriente son: R. de Swineshead, G. de Heytesbury, R. Strode, etc.; 3) n. parisino: tiene gran importancia, porque, si bien las innovaciones oxonienses y sus ejercicios invaden gran parte del ambiente universitario europeo, la verdadera penetración a fondo del n. se debe a la Univ. de París. Ella suaviza un tanto las posturas oxonienses y del mismo Ockham. De aquí salen: Pedro d’Ailly, J. Gerson (v.), Marsilio de Inghen, etc., y en cierto modo el español Guillermo Rubio, cuyas obras están en vía de publicación y que puede ser una interesante mezcla de n. y escotismo; 4) n. fisicista: asimilable en parte al parisino, y de máxima relevancia por el impulso que se da a la física dentro de todo este conglomerado de la vía modernorum que vamos describiendo: Buridano, Oresmes, A. de Sajonia, Thimo el Judío, etc.Mención especial merece, ya que es tal vez el más importante continuador de Ockham en el s. XV, Gabriel Biel (ca. 1410-95). Formado en Heidelberg y Erfurt, y luego profesor de Tubinga, Biel fue sobre todo un teólogo, pero un teólogo formado en la filosofía de Ockham, a .quien consideró su maestro indiscutible, y cuyas tesis comentó y amplió. Su obra más importante es el Ephithome et collectorium ex Occamo circa IV Sententiarum libros (Tubinga 1501).Consecuencias del nominalismo del siglo XIV. La reacción inmediata ante el n. ockhamista fue la de rechazo oficial: se enfrentaba con toda la tradición anterior y contra el realismo y fue objeto de diversas condenas. Antes de 1339 no hay condena alguna oficial y explícita aunque sí persecuciones. En dicho año la Facultad de Artes de París realiza una condena contra el hecho de leer, explicar o comentar en reuniones clandestinas las obras de Ockham. En 1340 se lanza la primera condena seria y dura contra el n. ockhamista: la anterior no había bastado, pues el predicamento que adquirió el método de Ockham entre profesores y alumnos fue grande; y la prohibición anterior ineficaz. Esta condena, sin embargo, no va al fondo del ockhamismo; se queda en meras tesis superficiales y en el hecho de que éstas fueran tachadas de novitates e importadas de fuera: de Oxford. La condena se repite sin eficacia en 1341 hasta que en 1346 interviene directamente Clemente VI y condena determinados errores teológicos. Luis XII de Francia, movido por representantes de otras escuelas, prohíbe terminantemente la enseñanza del n., pero de nuevo sin efecto.De hecho en los albores del Renacimiento el n. se ve como algo sumamente común. Efectivamente, el n. se había extendido con una rapidez extraordinaria. Ya en 1341, un año después de la primera condena, se hablaba de "ockhamistas" en el mismo reglamento de la "Nación Inglesa" en la Univ. de París. París, por sus propios medios y por influjo de Oxford, fue haciéndose poco a poco nominalista hasta que en las postrimerías del s. XIV rectores y cardenales de la Univ. de París se confiesan abiertamente "nominales". En suma si bien las luchas fueron grandes y las condenas oficiales múltiples, ello no impidió que el n. se impusiese. Ello se explica, además de por lo dicho antes, porque el n., aunque errado en el rechazo de tesis claras de la metafísica, había sabido ver con especial fuerza un problema: el del lenguaje.Provocó así un movimiento filosófico y teológico, en manos de una ciencia rigurosa: la del lenguaje (v.), la de la Lógica (v.). Ese rigor científico unido al apego a lo concreto y real, apartado de todo tipo de abstraccionismos fue lo que abrió las puertas de las Universidades a este movimiento. Los análisis lógicos y terministas del s. XIV marcan, pues, un avance decidido en la ciencia de la lógica. Sin duda hubo aberraciones, extremismos, superficialidades, y las aportaciones que ese movimiento supone hubieran podido marcarse mejor desde una profundización metafísica, y no desde una crítica a ella. Pero, en cualquier caso es una época histórica de gran relieve. La presentación que en la tradición manualística de las Historias de la Filosofía suele hacerse del s. XIV como siglo de la "decadencia de la escolástica" no es por eso exacta.V. t.: MEDIA, EDAD III;MODERNA, EDAD III.J. LOMBA FUENTES.
BIBL.: M. BOCHENSKI, Historia de la Lógica formal, Madrid 1966; S. DAY, Intuitive cognition, A key to the significante of the later Scholastics, Nueva York 1947; G. LAGARDE, La naissance de L’esprit Idique au declin du Mayen Age, 6 vol. París-Lovaina 1956 ss.; K. MICHALSKI, La philosophie au XIV siécle (Six Études), Francfort 1969; P. VIGNEAú, Nominalisme au XIV siécle, Montreal-París 1948; J. REINERS, Der Nominalismus in der Frühscholastik, "Beitráge" VIII, 5, Münster 1910; A. KUEHLMANN, Zur Geschichte des Terminismus, Berlín 1910; J. PAULUs, Sur les origines du Nominalisme, "The Philosophical Rev.", Nueva York 1937, 313-330; M. H. CARRE, Realists and Nominalists, Oxford 1946; H. A. OBERMAN, The Harvest of Medieval Theology; G. Biel and Late Medeval Nominalism, Cambridge-Londres 1963. V. t. la bibl. de OCKHAM, GUILLERMO DE.
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