Nobleza I. Historia. HIST.
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Historia
La existencia de una clase social superior, privilegiada por su linaje, por sus medios de fortuna, por su vinculación a los que detentan el gobierno de la comunidad o por el ejercicio de una determinada actividad, hunde sus raíces en la historia de los pueblos. El hecho de que en las pinturas rupestres de Levante aparezcan unos individuos con insignias o adornos y otros sin ellos, o bien, si nos fijamos en la necrópolis de la cueva de los Murciélagos de Albuñol, el hecho de que los cadáveres porten un atuendo diferente, alude a una estratificación social en la época de los pueblos cazadores superiores, sin que sepamos cuál era la causa que la determinaba. A partir del s. III a. C. la ancianidad (v. ANCIANOS I) y la dignidad atribuyen una condición superior a los hombres del norte de España (Estrabón), y en las áreas meridional y del Levante, también en la vetónica y en la lusitana, se precisa la existencia de una clase dominante, que funda su poder bien en la conquista y en el gobierno del territorio, bien en la posesión de las tierras, o en ambas circunstancias a la vez.1. Roma. La ordenación social romana es más compleja que la anterior. Todos los cives son iguales ante el Derecho, pero la influencia política, social y la riqueza consistente en tierras, pertenece a los senadores, entre los que se cuentan los miembros de las familias patricias y los plebeyos que han sido elevados de condición por el desempeño de los cargos más importantes y por formar parte del Senado. Los caballeros, los más ricos de la plebe y que poseen los medios económicos suficientes para servir a caballo a sus expensas, forman un orden concreto, el ecuestre, del cual saldrán bajo el Principado los más directos colaboradores de los príncipes, una vez que los senadores han perdido su intervención en la vida política. En esta época la n. indígena se funde con la romana. Los indígenas que han recibido la ciudadanía y que poseen grandes riquezas ingresan en el orden ecuestre. En el Bajo Imperio, desaparece la distinción entre el orden senatorial y el ecuestre: la n. se unifica, y después de la abolición de los equites, éstos en su mayor parte engrosan el orden senatorial. La n. constituida por los illustres, los spectabiles, los senatores y los clarissimi continúa siendo una clase superior, entre la que se designan los funcionarios más importantes de la corte o de la administración provincial. De igual forma que las restantes clases sociales, la n. participa en esta época de la política imperial de las clases cerradas.2. Edad Media. El establecimiento de los germanos en tierras del Imperio Romano supone un contraste entre dos sistemas sociales bien diferentes. Entre los germanos hay libres y siervos, y a excepción de la familia real y de algunas sippes, que destacan por su origen divino o por otras cualidades de carácter extraordinario, todos los demás hombres libres son iguales ante el Derecho (Olivier Martin para los francos, Solmi con respecto a los longobardos, para los visigodos García-Gallo). En España el sistema social romano y el visigodo experimentan al coexistir una trasformación que los aproxima y más tarde provoca ’su fusión (s. vi). Desaparecida la adscripción social del Bajo Imperio, la n. romana pierde el control exclusivo de la organización política y administrativa. Establecidos los visigodos en España, la adquisición de tierras y su intervención en el gobierno diferencia a unos de otros. El linaje, la riqueza y el servicio al rey son las causas que determinan que sea distinta la condición de las personas. Los nobles son llamados senatores, si su origen es romano, o seniores, si es visigodo. Producida la fusión se utilizan indistintamente ambas designaciones. Los más vinculados al monarca, con frecuencia clientes suyos, reciben nombres especiales que aluden a su importancia: primates, próceres, optimates, magnates. En Italia, la población romana participa en la vida provincial del Estado longobardo en los últimos momentos de esta organización política. En el reino franco, desaparecida en el s. VIII la n. romana, surge una aristocracia con poder económico y político, constituida por los grandes del reino (duques, condes, obispos, abades) y por los ricos propietarios de las villae.La conquista de España por los musulmanes produjo el derrumbamiento de un sistema social que aspiraba a consolidarse. Parte de la n. hispanovisigoda se refugia en los núcleos de resistencia del N. de España; se trata de una n. que funda sus privilegios en la sangre, en la alcurnia de su linaje. Otros nobles pactan con los musulmanes, y se convierten en los rectores de las comunidades mozárabes. Con las expresiones filii bene natorum, infanzón (León, Navarra, Aragón) o fijodalgo (Castilla), se alude a la grandeza de su origen. En cuanto prestan el servicio militar a caballo, se les llama también caballeros, caveros (Aragón) o cavallers (Cataluña). A medida que las organizaciones políticas de la España cristiana se afirman y la Reconquista (v.) avanza, nos encontramos con una n. que se vincula al rey, ocupa los puestos de gobierno y se convierte, al dirigir la repoblación de las tierras yermas de Galicia, Cataluña y León, en propietaria de extensas zonas de terreno. Se trata de una alta n., la de los magnates, próceres palatii y convites, así llamados por su intervención en el gobierno, y que dada su riqueza e importancia reciben los nombres de ricos omes (Castilla desde el s. xii) o barones (Cataluña y Aragón en igual época y por influencia franca). Su poder se incrementa notablemente cuando el rey les otorga el privilegio de ejercer en sus tierras las funciones de gobierno, lo que origina el régimen señorial (v.) (fines del s. vlii en Cataluña, fines del s. Ix en Castilla, s. XI en Aragón).Paralelamente, dada la inseguridad y la violencia reinantes, se desarrollan los vínculos personales (v. RÉGIMEN SEÑORIAL) entre unos individuos y otros con independencia de la clase social a la que éstos pertenezcan. Aunque los motivos que los originan sean distintos, se basan en la fidelidad de las partes que los contraen -un campesino y un noble (encomendación) o un noble con otro noble o con el rey (vasallaje)-, y se orientan a obtener la protección de los poderosos, ya que la organización política no puede prestarla. Si bien es cierto que el poder de los nobles se incrementó de esta forma, fue posible también evitar la anarquía al convertirse en vasallos del rey los nobles que gozaban de una mayor fuerza. Mientras tanto, en Francia, Alemania, Italia, Inglaterra y también en Cataluña, surge una n. feudal (v. FEUDALISMO), jerárquica y hereditaria, representada en esta última región por los vicecomites, comedores y vavessores. En el escalón más alto de esta jerarquía feudal catalana aparece el princeps o conde de Barcelona.Junto a esta alta n., bien pronto aparece otra clase social a ella equiparada en cuanto participa de sus privilegios. Esta nueva clase social que podríamos llamar baja n. es creada por los reyes para atender a diferentes necesidades. La Reconquista obliga a mantener un considerable ejército de caballería y, por ello, en el s. X en Castilla se asimilan a los infanzones todos aquellos villanos con caballo y equipo de guerra (caballeros villanos). La necesidad de repoblar determinadas ciudades conduce a soluciones parecidas en Navarra y Aragón a principios del s. XII (infanzones de población, labradores o de abarca). La infanzonía se concede a veces por privilegio a quien el rey le place (infanzones de carta), y en este sentido puede afirmarse que la n., aunque hereditaria, no es cerrada, por el derecho de ennoblecer que se reserva el monarca, fenómeno que se observa también en Francia. Esta baja n. se halla representada en los países feudales por los milites, menestrales ennoblecidos por la prestación del servicio militar a caballo. La condición jurídica de unos y otros, es decir, de los miembros de la n. propiamente dicha y de los que a ella ascienden procedentes de la clase de los villanos es la misma. Su condición es privilegiada: exentos de impuestos desde el s. XI, los delitos cometidos contra ellos revisten una mayor gravedad, desempeñan los cargos más importantes, el juramento por ellos prestado tiene mayor valor. Su obligación esencial es la prestación del servicio militar; por ello en el orden estamental de la Edad Media reciben el nombre de pugnatores (defensores según las Partidas), lo que no impide que se inicie la conversión de la n. en cortesana sin dejar por ello de ser guerrera. Por esta razón al estado nobiliario se le llamará militar a partir de la Baja Edad Media. La distinción anterior entre una n. alta y otra baja persiste en el s. XIII y siguientes. El poder de la alta n. es tan considerable que con frecuencia se unen y se sublevan contra el rey (Castilla y Aragón), el cual mediante una mayor protección al municipio y a la caballería villana, aparte de fomentar las luchas intestinas entre los nobles, trata de resquebrajar el poder de éstos. Aunque su poder económico continúa siendo muy considerable, la n. comienza a ser desbordada por la alta burguesía; los mayorazgos (v.) -que por imitación de las instituciones españolas se utilizan en Italia en la segunda mitad del s. XVI; también en Alemania oriental existe un régimen especial para los nobles en materias relativas a los bienes familiares y a la sucesión hereditaria-, entendidos como el derecho de suceder en los bienes que se dejan, con la condición de perpetuarse en la familia, de modo que pase a cada primogénito por razón de sucesión, les asegura el poder económico al ser imposible que la propiedad se divida al morir el titular. Caracteriza la época la tendencia de toda persona a integrarse en la n. aunque solamente sea con el título de hidalgo; en Italia, durante la épocacomunal, los adinerados compran tierras para insertarse en la clase nobiliaria, y en Francia los burgueses adquieren feudos y comienzan a vivir noblemente, aunque no consiguen ser considerados nobles de pleno derecho.3. Tiempos modernos. Los Reyes Católicos desarrollan una política eficaz contra los abusos de poder cometidos por la n. en Galicia, Andalucía y Castilla. En 1520, Carlos V la regula con uniformidad en todos los reinos, distinguiendo entre los grandes de España y los títulos del Reino (duques, marqueses, condes, vizcondes, barones). Desde el punto de vista jurídico su estatuto continúa siendo claramente privilegiado (exentos de impuestos, su caballo y sus armas no son objeto de embargo, su encarcelamiento ha de ser ordenado por el rey, exentos del tormento, pueden portar armas, un procedimiento especial -el riepto- se utiliza para dirimir sus cuestiones de honor y para aplicarles la pena de muerte se emplea el procedimiento de la decapitación).En los reinos europeos se adviertens de trasformación de esta clase social. En Alemania, no obstante que el Imperio conservó la jerarquía estamental, la n. dejó de ser en los territorios una clase profesional al aparecer el ejército permanente, se creó una n. de título, y después de la guerra de los Treinta Años (v.) su ¡niportancia política dependió de su vinculación a la corte, de su ingreso en la clase de los juristas o en la oficialidad militar. En Italia se pretende convertirla en cortesana, aunque todavía durante los s. XVI y XVII dirige la vida de los municipios. En Francia, a partir del s. XIV, perdido su carácter feudal, se observa el mismo fenómeno, particularmente intenso desde el s. XVI. En España, los resultados más visibles de esta trasformación se advierten en el s. XVIII. En esta centuria asistimos a la postergación de la n. para el desempeño de los más importantes cargos del gobierno de la nación, que son ocupados por individuos procedentes de la alta burguesía, trasformación que es consagrada por Carlos III en su Instrucción reservada a la junta de Estado. Paralelamente se advierte una clara tendencia a privar al estamento nobiliario de su poder social y del económico. Carlos III y Carlos IV atacan el régimen señorial, preocupados como sus predecesores no solamente por intervenir cada vez más en la organización señorial, sino por llevar a término su idea de anularlos totalmente. Razones económicas y liberales explican de otra parte que la ofensiva contra los mayorazgos alcance su punto culminante en el s. xviii: el inmovilismo de estos bienes y su exención fiscal eran los motivos fundamentales que aconsejaban una campaña contra las amortizaciones, las manos muertas, tanto eclesiásticas como seculares. La decadencia de la n. y la ascensión de la burguesía se consigue a través de un procedimiento que aspira a conseguir la intervención de la primera en las tareas que la segunda realiza en la sociedad: en 1770 se decreta que el ocuparse en la industria o el comercio no originaba, como hasta entonces, la pérdida de la n.; en 1771 se crea la Orden de Carlos III que, a diferencia de las tradicionales en las que se premia la limpieza de sangre, en ésta se recompensa la virtud y el mérito. La primera medida conduce al aburguesamiento de la n., que empieza a servirse de los recursos económicos de la burguesía; la segunda medida contribuye al ennoblecimiento de los burgueses, que, pro virtuti et mérito, pueden ser miembros de una orden militar.La crítica de la n. fluye con facilidad. Su ociosidad y su falta de utilidad son los blancos predilectos en los que todos se fijan. Cadalso, en sus Cartas marruecas, la define como "la vanidad que yo fundo en que ochocientos años antes de mi nacimiento muriera uno que se llamó como yo me llamo, y fue hombre de provecho, aunque yo sea inútil para todo", y Diego de Torres Villarroel en sus Sueños morales nos aclara en qué invierten los nobles las horas del día: "en vicios y ocios", "cuidan... en afeitarse a menudo, tomar mucho tabaco y chocolate, mirar las ventanas, en traer un patrimonio en capas, sortijas, relojes, palilleros, encajes y puntas, y todo su estudio es imitar a las mujeres y hurtarlas el genio y los adornos...". Juan Antonio de los Heros, Director de los Cinco Gremios Mayores de Madrid, se formula la siguiente pregunta que lleva implícita una respuesta: "¿no sería más docente a un noble despachar en una tienda que llevar una vida ociosa, arrastrada o delinquente?".La Revolución francesa supuso un duro golpe para la n. (abolición de privilegios, confiscación de propiedades, muerte de muchos de sus miembros). El s. XVIII es también en Italia un siglo de reformas sociales, dirigidas contra los privilegios señoriales. Inglaterra, en cambio, ofrece una armonía entre la aristocracia y la burguesía industrial y comercial. En el s. xix, la baja n. alemana dejó de ser una clase privilegiada, y, a tenor de lo dispuesto en la Constitución de 1919, fueron abolidos todos los privilegios fundados en el nacimiento y en la condición social. En España, dentro ya de la organización liberal, los señoríos son suprimidos (1811), lo que supone que la n. pierda su jurisdicción sobre la población rural: "Desde ahora quedan incorporados a la Nación todos los señoríos jurisdiccionales de cualquier clase y condición que sean" (art. 1°); "En adelante nadie podrá llamarse Señor de vasallos, ejercer jurisdicción, nombrar jueces, ni usar de los privilegios "y derechos comprendidos en este Decreto; y el que lo hiciere perderá el derecho al reintegro en los casos que quedan indicados" (art. 14). Económicamente se debilita por la abolición de los mayorazgos con carácter definitivo en 1841 y la reforma agraria de 1932. Sus privilegios van desapareciendo, porque a partir del s. xix rige en España el principio de que todos los individuos son iguales ante la ley. Indirectamente consagrado en las Constituciones de 1837 y 1845 al declararse en el art. 5 de ambas que todos los españoles son admisibles a los empleos y cargos públicos, según su mérito y capacidad, recibe un matiz especial en el art. 6 del Proyecto de 1856, que añade lo siguiente a los textos anteriores: "para ninguna distinción ni empleo público se requiere la calidad de nobleza". El proceso culmina en 1931 (art. 2°): el decreto de 1 de junio prohibió el uso de títulos nobiliarios, y el texto constitucional de ese año sancionó el no reconocimiento de las distinciones y títulos nobiliarios. La ley de 4 mayo 1948 restauró el uso de esos títulos.Desaparecida la sociedad estamental por motivos ideológicos y económicos, pero también, y en no pequeña medida, como consecuencia de la concentración del poder en manos de la monarquía, los individuos se agrupan en clases. Una de ellas es la de los nobles, grandes de España y títulos del Reino; los antiguos hidalgos se han fundido con la clase media. Socialmente, la n. conserva en España su prestigio, y desde el punto de vista político es por lo común conservadora.V. t.: ARISTOCRACIA.MARTINEZ GIJÓN,
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