Neurosis I. Psicopatologia. MEDICINA
Categoria:
Medicina
1. Generalidades. Pocos vocablos tan específicamente médicos en su origen han alcanzado en la segunda mitad del s. XX un uso y difusión tan amplios dentro y fuera de la clínica como el de n. Hoy no sólo se encuentra en el inventario conceptual de la psicología industrial (v.) y la pedagógica (v.) sino que, como sustantivo común y en forma de diversos neologismos-adjetivantes, aparece en el lenguaje ordinario con una frecuencia realmente llamativa. El hecho contiene significaciones cuya clave se encuentra, sin duda, en el fenómeno de la "psicologización" de las ideas y de la opinión pública. Suceso semejante se ha producido, por ejemplo, con los términos angustia (v.), ansiedad y depresión (v.), entre otros, cuya procedencia si ciertamente se encontraba fuera del ámbito de la Medicina, su uso y abuso en el habla cotidiana se deben, en buena parte, a la impregnación psiquiátrica que tales palabras han sufrido durante los últimos cincuenta años.A la vez, y en lo que al concepto se refiere, el término n. aparece al mero observador como un auténtico paradigma de la babel semántica que, de algún modo, caracteriza el confusionismo ideológico y verbal de nuestro tiempo. Circunscribiéndonos al dominio del arte médico, es bien sabido que los cambios e imprecisiones de tal concepto han inducido a no pocos autores como K. Schneider (v.) y O. Bumke (v.), entre los más conocidos, a proponer una formal renuncia a su empleo. La indudable eufonía de la palabra n. y su carga polémica vienen contribuyendo con evidente éxito a la neutralización de estos propósitos. Sin duda alguna, el porvenir de la misma y su alcance psicopatológico sólo pueden precisarse relativamente partiendo de la pesquisa histórica del mismo.2. Antecedentes y evolución histórica. El vocablo n. fue introducido _por el médico escocés W. Cullen (171090). Aparece primero en su Sinopsis nosológica (1769) y luego en su Medicina práctica (1777). N. viene a ser equivalente de enfermedad nerviosa; pero Cullen precisa que como, según sus puntos de vista, la casi totalidad de las enfermedades del cuerpo humano son "nerviosas", es necesario un título que comprenda aquellas afecciones del sensorio o del movimiento que cursan sin fiebre y no dependen de una afección local de los órganos, sino de algo "preternatural" que afecta al sistema nervioso en general o aquellas potencias del sistema de las cuales dependen las sensaciones y la motilidad: este nuevo título es el de n. En realidad se trataba de una neologismo cómodo que los médicos de las primeras décadas del s. XX emplearon para definir un concepto cuya delimitación es más bien negativa. A lo sumo la noción evocadora era la de "enfermedad extraordinaria", que escapando al determinismo característico de los estados morbosos habituales podría afectar a cualquier función. Esta idea, paradójica por extraña al positivismo de la época, se ha conservado en cierta manera en la Medicina actual, en tanto se sigue manteniendo por profesionales de reconocido prestigio la distinción entre enfermedades orgánicas (con alteración anatómica) y enfermedades funcionales (sin la aludida alteración).Así se incluyeron en el capítulo de las n. enfermedades típicamente neurológicas u orgánicas (V. NERVIOSO, SISTEMA) como las hemiplejías, la ataxia, la epilepsia, el corea, la enfermedad de Parkinson, el tétanos, la oclusión intestinal, etc.; trastornos que la continua revisión exigida por el progreso de las técnicas exploratorias, el descubrimiento de los microbios patógenos y la misma evolución de la Medicina, fueron separando de tan heterogéneo catálogo para adquirir entidad nosológica independiente, a medida que se iban localizando su etiología y patogenia. No obstante la considerable reducción del capítulo de las n., el concepto, a pesar de su imprecisión, siguió manteniéndose, quedando referido a un grupo de afecciones que de un modo meramente intuitivo se atribuían a alteraciones funcionales de la actividad psíquica en general, tales como la histeria, la hipocondria, la neurastenia, la psicastenia y alguna otra de morfología clínica semejante. Con ello quedaba, en el último tercio del s. XX, abierto el camino para una interpretación psicológica de los diversos cuadros neuróticos, abandonándose prácticamente la doctrina anatomo-clínica representada especialmente por el conocido psiquiatra francés Pinel (1745-1826). Pero este camino no era único, como han podido hacer pensar la invención y posterior auge de las tesis psicoanalíticas (v. PSICOANÁLISIS). Cabe señalar, cuando menos, cuatro direcciones interpretativas:1) Hufeland, médico alemán, consejero de grandes celebridades, injerta en la noción de Cullen la idea del vitalismo, típica en el pensamiento centroeuropeo de la época. Sus argumentos vuelven, mutatis mutandis, a ser válidos como veremos ciento cincuenta años más tarde: la irregularidad y la incertidumbre del curso de las n., la plasticidad de su sintomatología, la facilidad de trasformación de una especie en otra, su presentación o agudización periódicas y la inseguridad en cuanto a su duración y final, revelan con toda claridad la dependencia de las n. de las distintas situaciones vitales. Esta doctrina del vitalismo reforzada por la obra del fisiólogo suizo A. Haller (1708-77) es seguida en Francid por la escuela médica de Montpellier.2) P. Janet, psiquiatra francés (1859-1942), al crear el concepto y entidad clínica denominados psicastenia, introduce la noción de energía psíquica como realidad autónoma de la que depende la actividad mental in genere. Para Janet cualquier tipo de n. encuentra su causa no en un trastorno aislado de alguna de las funciones, sino en una insuficiencia global del dinamismo psíquico. En esta misma línea interpretativa de la actividad psíquica se encuentra la famosa neurastenia del psiquiatra inglés Beard. El título de la obra donde desarrolla su tesis es bien significativo: Practical treatise on nervous exhaustion (Neurasthenia) (Tratado práctico sobre el agotamiento nervioso). Como así mismo se comprobará más adelante, las ideas de Janet siguen en parte. vigentes para la doctrina actual de la n.3) El psicoanálisis de Freud (v.) no sólo acentúa el papel del psiquismo sino que localiza de manera exclusiva y excluyente en la psique, concebida su¡ géneris, la causa de las n. Para las diversas escuelas de Psicología profunda (v.) derivadas de la ortodoxia freudiana e incluso para las simplemente disidentes (Adler, Jung etc.) las n. son siempre psicogenéticas. Con todo y haber contribuido de manera decisiva el éxito del psicoanálisis la simplificación y reducción del psiquismo al plano de la instintividad (V. INSTINTOS), lo más importante de su ideología fue la introducción por Freud de una noción que, con anterioridad a él, Regis, psiquiatra francés (contemporáneo de Freud y Janet), había denominado justamente como "psicodinamismo". La psique fue definida como un "aparato" anímico, tópico, dinámico y cualitativo-energético (cargado de libido). Mientras Janet habla de déficit -noción negativa-, Freud estrena la positiva idea de conflicto. El conflicto es la estructura básica de la vida; la n., la demostración de la posibilidad de que el conflicto se imponga de manera onerosa al sujeto. Sucintamente la n. significa un fracaso frente a un conflicto; el conflicto puede ser externo o interno; el análisis del conflicto interno viene a coincidir con la dinámica de la personalidad, mientras que el análisis del conflicto externo pondría de manifiesto la existencia de acontecimientos (V. TRAUMA PSÍQUICO) cuya incidencia en la biografía del sujeto actuaría nocivamente. De un modo u otro la n. se revelaría como el resultado de la acción de mecanismos de defensa del yo frente a tensiones creadoras de conflicto, y tales mecanismos no llegarían a resolver satisfactoriamente la angustia originada por la represión de las naturales tendencias instintivas.4) Otros autores han tratado de enfocar el tema desde una perspectiva preferentemente pragmática, descriptiva de síntomas o comportamientos, con la particularidad de que lo neurótico más que una enfermedad concreta habría de referirse al síntoma o a la personalidad. O. Bumke, K. Scheneider y Kloos (cfr. bibl.) abogando incluso por la supresión del término, y considerando lo confuso del concepto, lo han aceptado concretándolo a su significación funcional. En Schneider, sobre todo, se funden las nociones de reacción anómala (neurótica) y de la personalidad (neurótica así mismo) a la que la reacción queda ligada. Ha sido, precisamente, esta postura, la que ha facilitado, a través del método fenomenológico (v. FENOMENOLOGÍA), la actual doctrina de las n., desarrollada de manera especial por J. J. López. Ibor (v.).De hecho lo ocurrido con el concepto de n. y su estimación clínica es, como en toda situación histórica, el resultado de la yuxtaposición y síntesis de elementos creados en cualquier momento y de otros heredados de momentos anteriores. Entre cada una de las direcciones esquemáticamente expuestas se encuentran formulaciones más o menos eclécticas, pero, en realidad, todas ellas han pretendido responder a un planteamiento general prácticamente superado hoy: el de la disyuntiva psicogeniasomatogenia, con la afirmación excluyente de un determinado factor etiológico o. el sincretismo de elementos causales de uno u otro origen. De cualquier modo, el carácter con f lictual y la puesta en juego del papel de la personalidad son las notas relevantes que, como decantado de esta pesquisa sobre los antecedentes, van a ser asumidos por la doctrina actual de las n.3. Las neurosis en la clínica actual. Las anteriores consideraciones muestran que el carácter siempre problemático del concepto ofrece en el momento presente una dimensión tan concreta como discutida y diversa en su despliegue doctrinal y en sus aplicaciones médicas: la derivada de la introducción de la persona del enfermo dentro de la patología. Las n. se han convertido en el lugar común de la polémica entre las concepciones antropológica y científico-natural del enfermar. La cuestión estriba ahora en el alcance que se dé a lo antropológico y, más concretamente, en la forma según la cual la vida en sentido biológico se convierte en vida humana. En este sentido, el injerto de la fenomenología y el existencialismo psicológico (v.) en la clínica de las n. han supuesto un paso decisivo.Por de pronto se ha logrado una definición psicológica aceptada por la generalidad de los clínicos: la n. consiste en una anomalía del vivenciar, es decir, en la elaboración patológica de determinadas experiencias personales (v. VIVENCIA). Y, aun cuando, en principio, se admitió comúnmente que la causa de la referida anomalía era la angustia, la discusión se mantiene a la hora de plantear la cuestión acerca del origen de la angustia (v.) misma.Las diferentes escuelas de psicología profunda mantienen la hipótesis de la psicogenia. Bien se trate de la represión sexual, del afán de valimiento, notoriedad, seguridad existencial o cualquier otra manifestación desbordante de las tendencias instintivas, la angustia sería siempre la expresión del conflicto a que se encuentra sometido el sujeto en tal caso. Lo que el paciente experimenta o hace se constituye, en virtud de la operación extraconsciente de los llamados mecanismos de defensa -supercompensación o , sobrecompensación de la angustia-, en sintomatología neurótica propiamente dicha. Ya secomprende que, de acuerdo con las diversas doctrinas de la motivación, la teoría, la clasificación de las formas clínicas y el tratamiento (v. PSICOTERAPIA) de las n. varíen sustancialmente entre unos escuelas y otras. Y aún habría que agregar los problemas conceptuales y clínicos planteados desde otras perspectivas psicopatológicas, los cuales se exponen a continuación de acuerdo con el esquema desarrollado por J.J. López Ibor en su exhaustivo trabajo monográfico: Las neurosis como enfermedades del ánimo."1) Las n. son distintas de las psicosis. Con respecto a las psicosis existen dos puntos de vista diferentes: el de los que admiten formas de transición (la lista de los autores es larguísima y va desde Kretschmer, p. ej., a los psicoanalistas) y el de los que establecen un hiato que separa las n. de las psicosis (K. Schneider). En cualquier caso, la diferencia se formula en diversas formas: conservación o ruptura de la continuidad de sentido, conservación o ruptura de la estructura del yo, conservación o ruptura de la función de Jo real. 2) Las n. se diferencian de las personalidades psicopáticas (v. PSICOPATÍA). Aquí, cualquiera que sea el punto de vista en que se coloquen los autores, la admisión de formas de tránsito es unánime. La divergencia se establece en punto a la coincidencia o no entre personalidad psicopática y personalidad neurótica, siendo aquella algo "dado" y ésta algo "hecho" en el curso de la vida. 3) Las n. son reacciones psíquicas en sentido estricto o, más precisamente, psicogenéticas. Las diferencias entre los diversos puntos de vista están en la exclusividad o prevalencia que se concede a la dinámica psicogenética. Para muchos autores ésta se establece sobre una personalidad predispuesta. 4) Las n. son variantes psíquicas anómalas. De ahí sus formas de tránsito con la normalidad y la imposibilidad de ser consideradas como enfermedades en sentido estricto. 5) Las n. son debidas a situaciones conflictuales. Son formas de conducta en situación de conflicto. Son sociosis. 6) Lo peculiar de las n. sería la alteración dinámica interna entre las diversas "provincias psíquicas" o "instancias" que constituyen la personalidad según el vocabulario psicoanalítico. Esa dinámica se establece por distribuciones anómalas de la energía psíquica. El trauma o la situación producen a lo largo de la vida tales desarreglos energéticos".Como dice López Ibor, podría alargarse la lista, pero basta esta enumeración para ver cuáles son las líneas que se han venido manejando en la delimitación de las n. Claro que esta delimitación no responde a un puro problema descriptivo, sino que tiene que ver con la interpretación de los hechos clínicos y, por consiguiente, con la teoría misma de las n.Frente al ideario expuesto y en relación con el origen de la angustia neurótica, los más recientes estudios catamnésicos (evolución del curso de la enfermedad), epidemiológicos y terapéuticos, junto a los concluyentes avances de la psicofarmacología (v.) ofrecen una teoría general de las n. fundada en la verificación del origen autónomo de la angustia y de los diferentes estados de ánimo patológicos. En síntesis se trata de una aproximación, cada día más evidente, de la patología neurótica a la de la afectividad (v.). Las comunicaciones aportadas al Simposio internacional sobre dinámica de las neurosis y su tratamiento (Madrid 1969) han confirmado la tesis de López Ibor y su escuela en este sentido. La opinión común entre los autores más afines a la psicogenia es que las n. reclaman una actitud médica concreta, subrayando que en las fases críticas o de agudización la expresión sintomática es más importante que la interpretación significativa y que el médico deja de serlo si aplasta al enfermo bajo el peso de los significados. Esta especie de deflación psicológica ha modificado notablemente las viejas concepciones y el perímetro nosológico de las n. Resulta, aun cuando parezca paradójico, de un replanteamiento del problema de las relaciones cuerpo-alma en el que se reafirma tanto el punto de vista científico-natural como el antropológico mantenido por la filosofía escolástica, modificados en cierto modo por la doctrina de la vitalidad contenida en los trabajos de M. Scheler, E. Spranger, Ph. Lersch y J. J. López Ibor.En la n. no se trata de causas (físicas) ni de motivaciones (psíquicas) en sentido estricto, aunque unas y otras puedan ponerse de manifiesto. Actualmente se piensa, más que en la disyuntiva o la interacción, en la simultána fisiodinamia y psicodinamia de los síntomas. Lo neurótico revela, sobre todo, una anomalía personal que radica, precisamente, en la manera subjetiva del vivenciar. Lo alterado en la personalidad neurótica son los modos de la relación o referencia del sujeto con las realidades. No es el fallo de una u otra facultad instrumental o la deficiencia del dato, puesto que los objetos son adecuadamente percibidos en su morfología y significado, a diferencia de lo que acontece en las psicosis (v.), sino algo más profundo y típicamente vital relativo al sujeto mismo en su condición óntica, es decir, en su capacidad de experimentar íntimamente como propios los elementos de la referencia, algo que remite, en última instancia, a la alteración del estado de ánimo fundamental; ni es el resultado de la incidencia de algún acontecimiento -vieja teoría del trauma movilizador de "complejos"-; el llamado trauma sería, en todo caso, un epifenómeno, una manera peculiar de afectarse un sujeto previamente alterado. Según una reciente investigación estadística de J. L. Reed (cfr. bibl.) resulta que el 50% de los neuróticos presentan características premórbidas, mientras que los "factores de la infancia", tan estimados e indispensables para la psicología profunda, no son mayores en las n. que en las personalidades normales.El trastorno neurótico radica en la estructura vital del ser, en esa zona de la vida afectiva que M. Scheler delimitó como tópico de los sentimientos vitales y que Lersch incorpora al fondo endotímico de la personalidad. Las características fenomenológicas principales de dicha estructura son las siguientes: a) Autonomía. Lo vital es "dado" y sus variaciones son independientes de los acontecimientos personales. b) Periodicidad y fasicidad. Como proceso, la vitalidad exhibe oscilaciones de forma periódica o fásica, cuya relación con los ritmos de la Naturaleza, aun cuando no pueda ser científicamente explicada todavía, resulta obvia. c) La fisiognómica -o morfología- de lo vital es polifacética y variable en tanto manifiesta la complejidad de sus ingredientes. En lo que a las n. se refiere no cuentan solamente la angustia y la ansiedad, pues también la depresión y la inseguridad intervienen en su patogenia. d) Los sentimientos vitales como armazón de la subjetividad son propiamente estados del yo.Las n. se originan de sus alteraciones. Se vivencia de acuerdo con tales estados. Dado el carácter autónomo de los mismos, todas las doctrinas ensayadas en orden a su comprensión psicológica no son otra cosa que intentos siempre insuficientes de verbalización racionalizadora de los mismos. Ésta es, en definitiva, la clave de la conexión teórico-práctica de las doctrinas psicogenéticas de la n. y su terapéutica por métodos psíquicos.4. Sintomatología y clasificación. Después de un largo periodo en el que, bajo la influencia de las ideas psicoanalíticas, se había subestimado, a favor de la dinámica neurótica, su manifestación sindrómica, la clínica actual ha vuelto a llamar la atención sobre el valor de la sintomatología. Como viene advirtiendo López lbor (cfr. o. c., 195) "el análisis fenomenológico de los síntomas nos enseña mucho sobre el trastorno, sobre la profundidad de su anclaje en la personalidad, sobre su pronóstico, incluso sobre su accesibilidad terapéutica".De antiguo se ha reconocido siempre que desempeñando la angustia un papel importante en las n. apareciese también, de un modo u otro, como síntoma en todos los cuadros neuróticos. Es curioso señalar, por otra parte, cómo en las descripciones de la vieja n. de angustia se encontraban casi todos los síntomas de las n.Junto a la angustia, aparecen igualmente la ansiedad y sentimientos de inseguridad y depresión. Sin embargo, estas alteraciones del estado de ánimo fundamental, a pesar de constituir el núcleo mismo del trastorno, no son registradas de ordinario como tales sentimientos. Lo comúnmente aceptado del concepto n. es que la morfología aparente, es decir, los síntomas, son en buena parte el resultado de procesos originados partiendo de las referidas alteraciones. En todo caso el inventario sintomatológico de las n. es de un polimorfismo difícil de ordenar. No es hiperbólico afirmar que cualquier síntoma de cualquier dolencia puede encontrarse en el relato de los neuróticos. No en vano la primera clasificación de las n. fue un intento de separación de las manifestaciones psíquicas de las somáticas; así se hablaba de psiconeurosis y organoneurosis. "Precisamente la Medicina psicosomática (v.) se ha apoderado de este último grupo" (López Ibor, o. c.); con lo que las manifestaciones o proyecciones viscerales de la angustia y demás alteraciones del ánimo han venido a convertirse en una especie de encrucijada patogenética entre la Medicina interna y la psicopatología. En cualquier caso, los síntomas que como registro de las molestias neuróticas pueden encontrarse en buen número de historias clínicas son los siguientes: Junto a los ya mencionados sentimientos de angustia, miedo, inquietud, desasosiego, ansiedad, inseguridad, depresión como astenia psíquica o falta de fuerzas -de difusa localización-, aparecen dolores de cabeza, de espalda, del tórax y del abdomen cuya localización y características son igualmente imprecisas. Los , enfermos se sienten disminuidos en su capacidad de rendimiento (no pueden concentrarse, temen les falle el recuerdo o la palabra precisa en un momento dado) y suelen atribuir sus quejas a presuntas alteraciones orgánicas, como reúma, ciática o enfermedades del hígado, del estómago, del corazón y otras vísceras. A veces la interpretación se dirige al temor de que las referidas molestias sean el signo precoz de que "algo" amenazador se "está formando" en determinado órgano vital.Lo mismo estos síntomas que los más exquisitamente psíquicos como pueden ser las representaciones fóbicas (v. FOBIAS; FILIAS) y obsesivas (v. OBSESIÓN), los trastornos sensoriales, motores (temblores, calambres, parálisis, etc.) o de la conciencia (v. HISTERIA), suelen ponerse en relación con acontecimientos personales. Es difícil convencer a los pacientes de que tales conflictos o "complejos" constituyen un todo con la propia dolencia.Otro signo genérico en la clínica de las n. es el extremado sentimiento de enfermedad que fácilmente contagian a sus familiares, así como la minuciosidad en la descripción de las molestias, siendo frecuente que acudan a la consulta con relaciones escritas de las mismas. "Los enfermos del ’papelito’ de Charcot (v.) eran de esta clase, pero es fácil advertir que el ’papelito’ no es un capricho del enfermo, sino la expresión de una situación psicológica: la meticulosidad, el miedo a que se escape algo esencial del cuadro clínico, la necesidad de que el médico se asegure, empujado por su inseguridad y por la riqueza del análisis cenestésico (de las propias sensaciones) derivada de la actitud del yo que no puede evadirse de él" (López Ibor, o. c.).La clasificación de las n., aun fundada como parece lógico en la prevalencia de determinados síntomas; ha evolucionado paralelamente con su doctrina, y especialmente con la etiología atribuida a cada cuadro clínico. Admitida como causa común la angustia y su origen sexual, Freud distinguió cuatro especies de n. distribuidas en estas dos parejas: 1) Neurosis simples: neurastenia y n. de angustia. 2) Psiconeurosis sensu strictu: n. obsesiva e histérica. Más tarde, en 1912, agregaría a este apartado la hipocondría, y en 1925 la histeria de angustia, donde encuadra ciertas fobias.Como consecuencia de la revisión fenomenológica-clínica, iniciada por K. Jaspers (v.) a partir de 1913 y a través de las sucesivas elaboraciones doctrinales, hasta la tesis ya expuesta de López Ibor de las n. como enfermedades del ánimo, la clasificación actual ofrece el siguiente esquema: a) Una serie de cuadros en los que la sintomatología dominante se ordena alrededor de un síndrome depresivo-angustioso. Correspondería a la vieja psicastenia" de Janet, la "neurastenia" de Beard, la "neurosis de angustia" de Freud y las "depresiones mitigadas" de diversos autores (v. DEPRESIÓN). b) Formas clínicas con predominantes molestias viscerales, sobre las que la patología psicosomática ha elaborado sus doctrinas. Corresponden a la "timopatía ansiosa" de López lbor. Cabe incluir tanto en este apartado, como en el anterior, la "hipocondria" (v.), cuya causa fundamental estriba en cierta actitud de la personalidad endógenamente condicionada. c) Las "reacciones vivenciales anormales" de K. Schneider equivalentes a los viejos y floridos cuadros de la "histeria" de los autores clásicos; a partir del periodo de entre las dos Guerras mundiales su cuantía y frondosidad fueron disminuyendo a favor de las especies enumeradas en los apartados anteriores. Debe hacerse notar que, de acuerdo con recientes observaciones, ha vuelto a aumentar la frecuencia de las formas demostrativas de la histeria como n. de conversión. d) Los cuadros obsesivo-fóbicos de carácter neurótico que, no obstante constituir para gran número de autores la fundamental forma clínica de la n., la peculiar estructura de los mismos y la frecuencia con que aparecen en las más diversas enfermedades psíquicas, han dejado según Alonso Fernández, López Ibor, Poveda y otros autores (cfr. bibl.) de ser patrimonio exclusivo de las n.5. Tratamiento. Resulta claro que la terapéutica de las n. ha respondido y responde actualmente a los diversos criterios etiopatogénicos de las mismas. No es exagerado afirmar que en las n. se ha ensayado prácticamente todo tipo de tratamiento. Desde la psicoterapia, aplicada en exclusiva por los defensores de las doctrinas psicogenéticas, hasta los más variados procedimientos farmacológicos y biológicos (tratamientos de choque). En la actualidad y en general se combinan unas y otras foramas.La psicofarmacología se orienta, como es obvio a la modificación de los estados de ánimo alterados, empleándose sobre todo los ansiolíticos o tranquilizantes y los antidepresivos timolépticos. La gama y posibilidades de combinación de estos medicamentos es muy numerosa (v. PSICOFARMACOLOGÍA). Los éxitos más notables se han conseguido en las formas agudas y en la extraordinaria abreviación de los cursos de tendencia crónica. La mismapsicoterapia se ha beneficiado con los tratamientos farmacológicos. Los interminables "análisis" de antaño se han reducido de manera considerable. Algunos autores han propuesto incluso reelaborar las clásicas doctrinas psicogenéticas partiendo de los efectos así logrados. Otros proponen, incluso, ensayar nuevas tesis basadas exclusivamente en la investigación de los referidos efectos farmacodinámicos.6. Pronóstico. Como en la mayoría de los trastornos psíquicos el pronóstico de las n. tiende a modificarse en sentido generalmente favorable y, del mismo modo que en todos los capítulos de la Medicina, los éxitos más espectaculares se obtienen en las formas de curso agudo y subagudo. Es de notar que la cronicidad de las diferentes especies neuróticas y su resistencia a los tratamientos está en relación con el grado de anclaje en la personalidad del enfermo de los factores de rango constitucional y endógeno; así en las obsesiones, p. ej., los elementos exógenos (otras enfermedades o acontecimientos personales) o actúan como desencadenantes o dan lugar a cuadros de pronóstico más benigno.7. Consideraciones paramédicas. Es prácticamente del dominio común el fenómeno denominado "neurotización del mundo actual". La generalidad de los psiquiatras y no pocos pedagogos, moralistas e intelectuales se ocupan del mismo. El hecho de que la clínica de las enfermedades humanas en general registre una metamorfosis en cierto modo paralela a la de las formas de vida es comprensible, habida cuenta de la condición histórica del hombre. Ponderando, a título de ejemplo, la aplicación de los avances científico-técnicos en el campo de la Bacteriología, la Higiene y la Cirugía, sus efectos, sobre ser espectaculares, han creado nuevos problemas: junto a la casi desaparición de las enfermedades infecciosas y la disminución de la gravedad de los cuadros agudos, el porcentaje de las formas crónicas y el de las dolencias cardiovasculares tiende a incrementarse.El hombre vive más años; la textura de las edades de la población ha modificado la demografía. La ilimitada confianza de las gentes en el progreso de la lucha contra el dolor, además de disminuir su resistencia frente al mismo, ha aumentado su sensibilidad, provocando el rechazo de cualesquiera situaciones conflictivas a través de actitudes nihilistas o de simple evasión (v. DOLOR). La aceleración de la vivencia del tiempo y la condensación de las relaciones humanas fomentan posturas individuales y colectivas hasta ahora inéditas. Semejantes actitudes dificultan el normal proceso de maduración.La llamada civilización de consumo al poblar el espacio vital de artefactos inhibe la acción de las defensas naturales frente a las espontáneas alteraciones del estado de ánimo. Hay, por decirlo así, más angustia libre. Resulta difícil escapar de este círculo tan paradójico como realmente nocivo. No se trata sólo de consideraciones sociológicas en torno a nuevas variantes cuantitativas del talante o las actitudes humanas de siempre. De hecho la metamorfosis y la cuantía misma de las enfermedades reflejan significativamente lo que acontece en las estructuras socio-económicas y políticas.Un examen somero de las estadísticas y el quehacer profesional de la Sanidad pública, de las instituciones asistenciales de la Seguridad Social y de las clínicas privadas revelan como, junto a la eficacia de las medidas profilácticas y los tratamientos médico-quirúrgicos en las enfermedades de etiología definida, el número de los calificados "enfermos-problema" (con trastornos funcionales o psicosomáticos) ha aumentado de manera considerable. La incidencia de factores psíquicos en el 75% de quienes acuden a los consultorios y de no menos del 50% en los periodos de convalecencia de cualquier enfermedad es un hecho por demás reconocido. Ello demuestra copiosamente que mientras se mantenga la noción conflictual contenida en la actual doctrina de las n., el incremento de los índices de morbilidad neurótica, sin que se haya producido fenómeno semejante en la psicosis (v.), debe ser estimado como uno de los ingredientes estructurales de nuestro tiempo.J. M. POVEDA ARIÑO.
BIBL.: F. ALONSO FERNÁNDEZ, El hombre neurótico de hoy, "Arch. Neurobiología" 25 (1962) 357 s.; íD, La metamorfosis de la patología psiquiátrica en el marco de la sociedad actual, "Anales Academia de Medicina", Madrid 1968; L. BINSWANGER, Leib una Existenz, en "Grundformen und Erkenntnis menschlichen Daseins", 2 ed. Zurich 1953; O. BUMKE, Tratado de las enfermedades mentales, Barcelona 1946; M. CANESTRINI, Studio catamnestico delle personalitá neuroticha, Roma 1957; V. FRANKL, Teoría y terapia de las neurosis, Madrid 1964; F. VON GEBSATTEL, Antropología médica, Madrid 1966; A. HESNARD, Les phobies y la neurose phobique; P. JANET, Les neuroses, París 1909; K. JASPERS, Psicopatología general, Buenos Aires 1957; PH. LERscH, La estructura de la personalidad, Barcelona 1959; J. J. LÓPEZ IBOR, La angustia vital, 2 ed. Madrid 1970; íD, La plasticité historique des nevroses, "Folia Psychiatr. Neederland" 53 (1953); íD, El mito de la histeria, Madrid 1964; íD, Las neurosis como enfermedades del ánimo, Madrid 1966; !D, Rasgos neuróticos del mundo contemporáneo, Madrid 1963; íD, Influencia de los nuevos fármacos en la nosología psiquiátrica, en Actas del Congreso de Neuropsicofarmacología, Munich 1962; íD, La histeria ayer y hoy, "Arch. Facultad de Medicina", XVII (1970); LÓPEZ PIÑERO, Origen histórico del concepto de neurosis, Valencia 1963; MANDOLINI GUARDO, Historia general del Psicoanálisis, Buenos Aires 1960; J. M. POVEDA, Psicopatología de la afectividad, en Actas VI Congreso Nacional de Neuropsiquiatría, Barcelona 1960; íD, Problemas clínicos y psicopatológicos de la neurosis obsesiva, en Actas Lusoespañolas de Neurología y Psiquiatría, Madrid 1971; J. L. REED, Historia natural de la histeria, en Simposio internacional sobre dinámica de las neurosis y su tratamiento, Madrid 1969; J. L. SCOTTO y LUCIONI, Dinámica de las neurosis y psicofarmacología, íb.; M. SCHELER, Esencia y formas de la simpatía, Buenos Aires 1956; K. SCHNEIDER, Klinische Psychopathologie, 6 ed. Stuttgart 1962 (hay traducción española); íD, Problemas de Patopsicología y de Psiquiatría clínica, Madrid 1947; J. ZUTT, Auf dem Weg zu einer anthropologischen Psychiatrie, Berlín-Heidelberg-Gotinga 1963.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.