Neorrealismo II. Literatura. LIT.
Categoria:
Literatura
Aparte de una calificación genérica para designar opciones literarias posteriores y en algo semejantes al realismo (v. REALISMO II) del s. XIX, se emplea este término concretamente para hacer referencia a la novelística italiana que supone un testimonio de denuncia social durante el régimen fascista y en los años inmediatamente subsiguientes a la II Guerra mundial. En todo caso, su acuñación en literatura es subsidiaria y derivada de la estética cinematográfica de la misma época (v. III).Se podría establecer un paralelismo acusado entre este movimiento y el naturalismo francés de la segunda mitad del s. XIX (v. NATURALISMO III). Externamente, tampoco aquí se encuentran unos perfiles concretos que delimiten la escuela (bien es verdad que aún muchísimo menos que en Zola y sus seguidores); en cuanto a los postulados ideológicos, la conciencia de la maldad de un mundo circundante que no permite evasiones de ningún tipo es un supuesto común en ambos casos. En el n. no será el positivismo cientifista el espoleador de esta conciencia, sino los filmes de Rossellini (v.) o De Sica (v.) y la influencia de la novela norteamericana (V. ESTADOS UNIDOS VII). En todo caso, el objeta de la descripción minuciosa y denunciadora es lo cotidiano y, dentro de ello, lo que de sórdido, grosero y negativo pueda encerrar esa cotidianeidad a nivel de sociedad, ciudad, familia o individuo.Caracterización. Hacia el final del primer tercio del s. XX, el complicado esteticismo de D’Annunzio (v.) había ahogado en gran medida la tradición realista italiana. Es en este momento cuando, como lógica reacción, se vuelve la vista a Verga (v.) y a la scuola del vero (v. VERISMO), que había puesto de relieve la importancia de lo natural y espontáneo. Como afirma el crítico español Guillermo de Torre, se puede establecer una auténtica oposición entre la atmósfera decadente finisecular de obras coma Il Piacere (1889) de D’Annunzio y la descripción de la Lucania de los a. 30 realizada por Carlo Levi (n. 1902) en su obra Cristo si é fermato a Eboli (Cristo se detuvo en Éboli), 1945, más bien denuncia del hecho social que novela propiamente dicha. Junto a esta última, Fontamara (1930), de Ignazio Silone (Secondo Tranquilli Silone; n. 1900), es otro precedente claro del modo de hacer neorrealista, tanto más cuanto que este autor pasaría, después de la guerra, de este tipo de obra documental a otras de compromiso político de inspiración marxista.El ascendiente de la preceptiva literaria del realismo socialista es un denominador común en casi todas las obras que podemos calificar de neorrealistas. En consecuencia, los personajes de estas novelas son siempre pobres campesinos u obreros de las fábricas en la ciudad. La elección no es un resultado a posteriori del proceso creador. Sólo el proletariado (piensa con Lukács, v.) es el portador de la verdad esencial y puede protagonizar en nombre de la Humanidad, sin la cortina de humo tras la que los burgueses se parapetan. Esta selección es otra de las propiedades que nos recuerda claramente el naturalismo decimonónico: allí como aquí, los factores ambientales y sobre todo la situación laboral son condicionantes absolutos de las actuaciones personales.Autores. La dependencia del cine que hemos señalado nos obliga a citar aquí, como aportaciones del n., los guiones de C. Zavattini y V. De Sica, entre otros. De todas formas, la autonomía semiológica de los dos medios (el cine y el libro) queda bien patente si nos fijamos en el descenso estético de La Ciociara (La campesina) de A. Moravia en su versión cinematográfica o en la auténtica trasfiguración que consigue en la pantalla la no muy buena novela Ladrón de bicicletas. Los autores más conocidos que han sido calificadas de neorrealistas, o que al menos tienen alguna novela que podría ser clasificada bajo esa rúbrica, son Alberto Moravia (v.), Cesare Pavese (v.), Elio Vittorini y Vasco Pratolini (v.).Moravia comienza con obras de corte existencialista como Gli Indif ferenti (1929) y Le Ambizioni sbagliate (Las ambiciones equivocadas), 1935, para pasar por la etapa neorrealista en la que se encuentran La Disubbidienza (1948), L’Amore coniugale (1949) y otras. Sin embarga, el impulso vital de su producción se vuelve a patentizar en un título típicamente sartriano, La Noia (El aburrimiento), 1960. Tal vez su obra maestra sigan siendo las narraciones breves tituladas Racconti romani (1954). Se ha hablado de influencia freudiana en esteautor, pero sus personajes, más que revelar profundas complejos psicoanalíticos, siguen simplemente la línea del deseo, ajenos a cualquier imperativo moral o religioso, son pura naturaleza en movimiento, instinto puro. Hay que señalar, pues, en Moravia la existencia de un materialismo profundo, que sirve de explicación última muchas veces a su selección de temas o personajes.Si la personalidad artística de Moravia es fundamentalmente existencialista, en Pavese se denota un talante esencialmente lírico, que se efunde acá o allá a través de sus novelas o relatos. La objetividad de su realismo no impidió nunca que se manifestara en él una búsqueda incesante de la comunicación humana con las cosas. Su desesperación, la -desesperación de sus personajes a la deriva, radica en la imposibilidad en que se encuentran de acceder a una relación directa con la realidad. La angustia de Pavese es metafísica. Además de la objetividad aludida, otra característica del presunto n. de este autor es el predominio del instinto sin sujeción a norma alguna, del que ya hemos hablado al tratar de Moravia. Pavese afirmaba que el narrador debe ver con la mirada de "hambre común" los problemas humanos. Es, en consecuencia, aún más difícil que en el caso de Moravia determinar qué obras de entre su producción podrían ser consideradas neorrealistas. Por el conjunto de sus abras podría (quizá con más precisión) ser calificado de "moralista", tamo se ha hecho alguna vez.Elio Vittorini (n. 1908), natural de Siracusa, tras haber abandonado sus estudios técnicos, vive algún tiempo en Venecia Julia, donde trabaja en una cantera de piedra para la construcción de carreteras. Después se instala en Florencia y reside allí un periodo (1929-38), muy importante para su formación. De Florencia pasa a Milán. Durante la II Guerra mundial participa en la resistencia y, terminada aquélla, comienza su colaboración en diversas importantes editoriales italianas, que continúa hasta hoy. Tras sus primeras obras como escritor, La Mia guerra o La Signora delle stazione, narraciones de su primer libro, Piccola borghesia (1931), son títulos anunciadores del estilo madura de Vittorini, que se refleja en una sintaxis convencional, en la abundancia de imágenes y, en general, en la cadencia musical del discurso.Parece como si un auténtico entusiasmo expresivo (trasunto de una intensa exultación espiritual y fisiológica) obligara en su autonomía de mundo fantástico a una maleabilidad absoluta de la sustancia verbal constreñida a enfrentarse con exigencias nuevas. Vittorini logra de todo ello una novela que es a la vez contemplación, testimonio y llamada al compromiso. La influencia de la novelística norteamericana de la- época (sin duda a través de las múltiples traducciones que hizo en su juventud) se manifiesta, p. ej., en Conversazione in Sicilia (publicado primero por entregas en Letteratura, 1938-39), que nos sitúa en un plano formal próximo a Hemingway (v.) o Faulkner (v.). Aquí aparece un nuevo sentimiento del dolor en su agudeza. El rigor estilístico de que la obra da buena prueba está puesto al servicio de una comprensión profunda de la existencia del mal. El n. de Vittorini en ésta como en otras obras posteriores (Uomini e no, Hombres y no, 1945; Il Sempione stizza l’occhio al Frejus, El Simplón guiña el ojo al Frejus, 1947) da cuenta de un modo de hacer que, tanto en el fondo como en la forma, revela el impacto (aparte de la novela norteamericana ya señalado) de un cine de la época, que conduce siempre, a veces confundiéndolo-s, por los senderos de lo auténtico y lo espontáneo.Vasco Pratolini nace en Florencia en 1913. Su adolescencia trascurre en un barrio popular, cuyas calles han servido de marco a varias de sus obras. Camarero, tipógrafo, vendedor de bebidas, a los 20 años entra en contacto con el ambiente intelectual de la ciudad. Una enfermedad, en 1935-36, va a dejar también profunda huella para lo que será su obra futura. E.1 comienzo de sus colaboraciones en la rev. Letteratura supone la apertura de un camino definitivo para su vocación literaria. En sus primeros volúmenes, II Tappeto verde (1941), que incluye relatos muy anteriores, como Prima vita di sapienza (1938), Vía di magazzini (1942), a pesar de una indudable y continua evolución técnica, permanece atado siempre a los recuerdos del pasado, a un talante lírico, casi autobiográfico. El escritor neorrealista, que estaba implícito en múltiples detalles de sus obras primerizas, se manifiesta claramente en Il Quartiere (El barrio), 1944. Esta obra es la historia de un grupo de jóvenes florentinos pobres ante la elección de las limitadas opciones que les presenta la vida para resolver su futuro. Sin que deje de notarse una cierta presencia de lo nostálgico y elegiaco (está concebida además en primera persona), aporta un diseño estructural nuevo del que II Mio cuore a Ponte Milvio (1954) supondrá una realización lograda.Dos libros aparecidos en 1947 le hicieron famoso. Cronaca familiare es en gran medida el retorno al lirismo intimista, pero la historia de una familia pobre sirve aquí de catalizador de todo un clima histórico-social. El personaje, que habla en primera persona, aspira, en palabras del autor, "a representar la historia de todos los hombres, que en algún momento vinieron a encontrarse en aquella situación". Cronache di poveri amanti obtiene el premio Libera stampa y es su primer "fresco histórico". Evoca una calle florentina (via del Corno) contemplada en su abigarrada diversidad de personajes con auténtica simpatía y proximidad. El autor cree descubrir en ellos, tras siglos de servidumbre, un "renacer de la antigua sangre". A pesar de las exigencias de objetividad, este talante íntimo le presta una sólida unidad de obra bien construida.Viene luego Un eroe del nostro tempo (1949), donde el joven fascista Sandrino, que madura en contacto con la posguerra, es, a pesar de las intenciones conscientes del autor, un monstruo. Por otra parte, Bob, el protagonista donjuanesco de Le Ragazze di Sanfrediano (1952), manifiesta una degeneración entre burlesca y simpática de la vitalidad popular que alentó siempre en sus novelas anteriores. En esta narración, la experiencia que venía adquiriendo como guionista cinematográfico le lleva a trasponer a la novela el gusto por los movimientos escénicos, el colorido de ciertos episodios y la técnica, a veces demasiado evidente, en la preparación de la peripecia. .Metello, novela que inicia la descripción de la lucha del proletariado italiano entre 1875 y 1945, divide profundamente a la crítica. El empeño teórico de esta obra es hacer a Metello no un protagonista, sino un individuo más de la clase obrera. Sin embargo, los continuos retornos a personajes queridos del autor y el aliento humano de muchos de ellos evitan que se caiga en el riesgo de lo panfletario. De todos modos Metello (1955) supone el de la inflexión hacia un realismo de nuevo cuño. Con la década de los cincuenta, el periodo del n. literario se puede dar por terminado.Crítica. La técnica de la novela neorrealista es moderna en el sentido más actual de la palabra. El tiempo no conoce ya la servidumbre del deslizarse lineal a que se veía obligado el realismo decimonónico. La vuelta atrás,las rememoraciones, los saltos discontinuos salvan al n. en gran medida de la tradicional pesantez de toda novela objetiva. Los estudios psicológicos, abandonadas las descripciones minuciosas y pretendidamente científicas del naturalismo, se logran aquí por la acumulación de manifestaciones reveladoras de actitudes profundas. La influencia del realismo socialista no le ha sido siempre favorable. Como el naturalismo antecedente, el n. ha sufrido continuamente las tentaciones de someterse a la propaganda.Lukács, el gran pontífice de la estética del realismo socialista, había propiciado la descripción del hombre total inserto en la totalidad de la vida, pero lejos de conseguir la complejidad acaso imposible de este postulado del filósofo marxista, los neorrealistas mutilan muchas veces los personajes al ofrecerlos en la única dimensión social stricto sensu. Un personaje que es tan sólo en y para la sociedad se autodestruye como personaje.La influencia cinematográfica acarrea dificultades provenientes de la diferente contextura semiológica que poseen el cine y la literatura. No se puede emplear un léxico y, menos, una sintaxis rigurosamente semejante en el lenguaje cinematográfico y en el novelesco. Al artista toca hacer de la novela una obra de estilo y no una mera reproducción magnetofónica. Si el n. no tiene un jefe de escuela y sus límites temporales son imprecisos y en todo caso reducidos, no podemos considerarlo simplemente como uno más de los "ismos" del s. XX. Bien que deudora del cine, hay que reconocer a la sensibilidad de estos autores italianos del n. su calidad de pionera de un gusto que en gran medida sigue vigente y que descubre muchos aspectos de los que habrían de constituir el gran éxito del realismo mágico de la novela hispanoamericana de los a. 60.V. t.: VANGUARDISMO; REALISMO II; NATURALISMO III.M. Á. GARRIDO GALLARDO.
BIBL.: P. BARGELLINI, Panorama storico della letteratura italiana. 11 novecento, Florencia 1952; lnchiesta sul neorealismo, a cargo de C. Bo, Turín 1955; M. BONTEMPELLI, L’aventura novecentista, Florencia 1938; O. DEL BUENO, Moravia, Milán 1962; G. CAVANCINI, G. L. RONDI y OTROS, 11 neorealismo italiano, Roma 1951; E. CAsTELLI, El Realismo en la novela italiana actual, Santa Fe 1964; D. FERNÁNDEZ, Le Roman italien et la crise de la conscience moderne, París 1958; C. PAVESE, La letteratura americana e altri saggi, Turín 1951; G. DE TORRE, Historia de las literaturas de vanguardia, Madrid 1965. Además, en Letteratura italiana. 1 Contemporanei, 11 vol. Milán 1963, se encuentran los siguientes trabajos: J SCARAMUCCI, Alberto Moravia, 1455-1487; G. GRANA, Cesare Pavese, 1541-1573; R. BERTACCHINI, Elio Vittorini, 15071525; W. MAURO, Vasco Pratolini, 1639-1656.
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