Neolitico HIST.
Categoria:
Historia
1. Concepto y características. Se considera el N. como parte de la prehistoria que sigue al Epipaleolítico o Mesolítico y que precede al Eneolítico o Calcolítico, en que se usa ya metal (cobre). En los comienzos de los estudios de prehistoria, o sea, en la primera mitad del s. xix, se definió por la presencia de piedra pulimentada, frente a la piedra tallada de las fases más antiguas. De aquí que en la división de las tres Edades (piedra tallada o antigua, piedra pulimentada o nueva y edad de los metales) se le diera el nombre de N., compuesto de las palabras griegas neo, nuevo(a), y lithos, piedra. La denominación se ha mantenido por tradición y por comodidad, pero hoy el rasgo de la presencia de la piedra pulimentada es considerado muy secundario en relación con las grandes novedades que dicha época aporta a la historia de la Humanidad, y resulta poco correcto, y sobre todo anticuado, definir el N. como edad de la piedra pulimentada (v. PIEDRA, EDAD DE LA).La característica básica de la etapa neolítica es una radical modificación de la vida económica, con importantes repercusiones en la vida del conjunto de la sociedad de los pueblos prehistóricos. Consiste en la aparición de la economía de creación, con existencia de agricultura y ganadería, o de uno de ambos elementos, frente a la economía de destrucción única conocida por los hombres del Paleolítico y del Epipaleolítico, o Mesolítico, cuya subsistencia se basaba en la caza, en la recogida de fauna pequeña, como moluscos o insectos, etc., y en la recolección vegetal (frutos, raíces, etc.). En algunos pueblos, los primeros conocimientos agrícolas y la domesticación de algunos animales aparecen aproximadamente al mismo tiempo, mientras que otros trabajan el campo o se convierten en pastores de modo más exclusivo. Las tendencias sedentarias van asociadas al predominio de la agricultura, mientras que los ganaderos son en principio nómadas.En relación con las primeras economías agropecuarias, neolíticas, aparecen por primera vez otros elementos. Uno de ellos es la invención de la cerámica (V. CERÁMICA I), fabricada a mano, que fue en origen un trabajo sobre todo femenino, realizado por las mujeres a nivel familiar La existencia de alfarería aportó un cambio singular en el proceso de alimentación, pues al permitir calentar líquidos con facilidad y entrar en la llamada cocina del hervido, ofrecía un tipo de dieta más adecuado a niños, personas débiles o enfermas, hecho que, sin duda, se reflejó en las posibilidades de supervivencia de la población. Aunque se carece de estadísticas, es evidente que el ritmo de crecimiento de la población a partir del N. es superior al del Paleolítico (v.), cuando la comida había que tomarla cruda o asada, y las posibilidades de calentar líquidos se limitaban al sistema de las vasijas de piedra, de las que por otra parte apenas se hallan en los yacimientos paleolíticos, o de madera, echando al interior piedras previamente calentadas.Desde otro punto de vista, la cerámica es importante para los actuales investigadores porque, debido a su facilidad de perduración, aparece en grandes cantidades en los yacimientos y ayuda a observar las diferenciaciones cronológicas dentro de un mismo territorio o las variantes existentes en la misma época en áreas geográficas diversas. De tales clasificaciones, según formas, tipos, sistemas de decoración etc., se deriva con frecuencia la posibilidad de distinguir los tipos de cultura. Aunque en general la cerámica es un descubrimiento asociado a los comienzos del N., existen en determinadas zonas del Próximo Oriente grupos conocedores de la agricultura que tardan en utilizar cerámica, como el llamado N. precerámico, uno de cuyos ejemplos más típicos está en los estratos del N. más antiguo de la ciudad de Jericó.Otra característica es la tendencia a habitar en poblados, abandonando paulatinamente las cuevas (v.), que habían sido el lugar de vivienda más corriente, aunque no el único, del hombre paleolítico. Entre otras causas influye el deseo o la necesidad de aproximarse a los lugares de cultivo, que sólo raramente se hallan cerca de cuevas. Los poblados neolíticos acostumbran a estar constituidos por una agrupación irregular de cabañas construidas con materias endebles, cañas, ramaje, barro, de planta por lo general circular u ovoide y a veces también rectangular, casi siempre sin circuito de defensa. Las tumbas, siempre de inhumación, tienden a ser individuales, normalmente con el cadáver en posición encogida, con laspiernas flexionadas de forma que las rodillas se hallan próximas a la barbilla y los brazos igualmente doblados con las manos inmediatas a la boca. La mayor complejidad de civilización de la fase neolítica no permite extender las consideraciones generales a otros elementos, ya que presentan variedades importantes según las áreas geográficas.El concepto de N. puede enfocarse desde dos puntos de vista distintos: como fase histórica y como situación de una sociedad al margen de la cronología histórica de las grandes etapas del desarrollo humano. Han existido, fuera de Europa y de los grandes centros motores de la historia, pueblos que se han mantenido en un tipo de vida neolítico, algunos hasta nuestros días. Desde el punto de vista de la Etnología, el N. no se circunscribe a un periodo remoto, sino que es un estadio en parte todavía vivo.2. Origen y primer desarrollo. Durante mucho tiempo se creyó que el N. había nacido en los grandes valles fluviales del Nilo y del Tigris-Éufrates, por el hecho de que en ellos aparecen, a continuación de la etapa neolítica, las primeras grandes civilizaciones históricas. Estudios posteriores, realizados en los últimos 30 años, han confirmado la primacía del Próximo Oriente, pero no precisamente de los grandes valles fluviales, cuyos aluviones, entonces pantanosos, se prestaban poco al cultivo sin un trabajo previo de desecación por drenaje, etc. Los primeros cultivos aparecen en un área que se extiende formando un gran arco desde Palestina hasta el norte del actual Iraq, zona a la que hay que añadir, según los más recientes descubrimientos, Anatolia o por lo menos una parte de ella. Asimismo ha cambiado la cronología. Mientras durante muchos años se había supuesto que el origen del N. del Próximo Oriente había que situarlo en torno al 4000 a. C., los análisis de materiales procedentes de los más viejos poblados de dicha área efectuados por el método del C 14 han demostrado que es mucho más antiguo. Tanto para los yacimientos del alto Iraq como para los de Palestina-Siria y últimamente los anatólicos, resulta que entre el 7000 y el 6000 a. C. ya se estaba en plena fase neolítica inicial, lo cual resulta históricamente mucho más coherente, ya que de otra forma sólo quedaban unos mil años entre la aparición de la vida neolítica y el nacimiento de las grandes culturas urbanas de Mesopotamia y del Nilo, las llamadas culturas históricas, que alborean hacia el 3000 a. C. Mientras que con los nuevos datos existe un largo periodo de 3 a 4.000 años que explican el lento desarrollo desde las primeras comunidades agropecuarias hasta los grandes Estados con ciudad, escritura, poder político organizado, etc.Los dos yacimientos de esta etapa neolítica inicial mejor estudiados en el norte del Iraq son los de Jarmo y Hassuna, ambos representantes típicos de la primera fase de los poblados de cabañas construidas con materiales frágiles y sin organización urbana. En Palestina, el más importante es el ya citado de Jericó, donde en sus niveles profundos aparece cerámica cuando todavía no se ha establecido la economía agrícola, que surge inmediatamente después. Una gran revelación han sido las recientes excavaciones de fatal Hukuk, al sudeste de la meseta anatólica, donde ha aparecido un poblado bastante extenso, cuyas primeras fases son contemporáneas de los que acabamos de citar, y en cuyas casas no sólo aparecen los elementos típicos de la época, sino incluso pinturas parietales con representaciones de toros y pájaros, de enorme interés estético y etnológico.3. La extensión del Neolítico: Europa. Durante muchos años se ha discutido si había que suponerse un solo lugar de origen para el N., y su sucesiva extensión, siguiendo un mecanismo de difusión, o bien cabía que el nacimiento de la agricultura, con todos los cambios socioculturales que ello implica, se hubiese podido producir en varias regiones del globo, de modo independiente. La casi totalidad de los especialistas se inclinan hoy día por el origen único y la difusión desde este punto. Por lo menos para Europa y África no cabe duda. Desde el Próximo Oriente, las novedades del N. se difunden básicamente por dos rutas: la mediterránea y a través del camino danubiano, zona ésta de contacto entre el centro del continente europeo y el Próximo Oriente.En el Mediterráneo, la primera cultura neolítica se caracteriza por el predominio de la vida cavernícola sobre los poblados, y por la fabricación de un tipo de cerámi, ca decorada antes de la cocción con impresiones realizadas con conchas, peines, punzones o simplemente con los dedos; es la llamada cerámica impresa o también cardial, porque una de las conchas usadas era el Cardium Edule L. Esta cultura aparece en una serie de territorios costeros de varios países del Mediterráneo, sin que casi nunca penetre hacia el interior: Grecia, Yugoslavia, Italia, Francia, España y, por el lado africano, Argelia y Marruecos. Existen, como es lógico, matices propios dentro de este vasto territorio, pero se distingue una fundamental unidad en los rasgos esenciales, lo que indica que ha llegado a todas partes desde un mismo foco inicial.La base de partida fue, al parecer, las costas sirio-palestinas, en cuyas fases neolíticas antiguas aparecen cerámicas decoradas de tipo muy similar, p. ej., en Biblos. Durante tiempo, los prehistoriadores postularon para su difusión el camino del África del Norte, cuando se suponía que este territorio había jugado un gran papel en la difusión de las culturas prehistóricas hacia Europa a través de la península Ibérica, idea que hoy es preciso revisar de forma radical. Por el contrario, su difusión, que excluye Egipto y el resto del territorio norteafricano hasta el O de Argelia, así como el hecho de que no se ha podido demostrar que los yacimientos norteafricanos sean anteriores a los de las costas europeas, nos indica un posible papel marítimo en la expansión del primer N. mediterráneo. En la península Ibérica, contra lo que hubiera resultado lógico de ser cierto el camino africano, la mayor parte de los yacimientos se sitúan en la costa oriental: Cataluña (cuevas del macizo de Montserrat y muchas otras) y País Valenciano, donde destacan sobre todo la Cova de la Sarsa de Bocairente y la Cova de 1’Or de Beniarrés.El camino danubiano dio lugar a la entrada del N. hacia el centro de Europa, con comunidades agrícolas, de las que se conocen muchos poblados, de grandes casas de planta rectangular alargada, que colonizaron sobre todo las llanuras más aptas para el cultivo, alcanzando desde la desembocadura del Danubio hasta las proximidades del Rin. Su cerámica es muy característica (cerámica de bandas), y el C14 nos muestra que en el IV milenio habían alcanzado ya un desarrollo geográfico considerable. Una segunda fase, entrada por esta misma vía, produjo un N. occidental netamente agrícola, con poblados que en ciertas áreas mediterráneas se superponen a los antiguos neolíticos de las cuevas con cerámica decorada con impresiones. Estos grupos han recibido nombres diversos según las zonas; son las llamadas cultura de La Lagozza en Italia, de Cortaillod en Suiza, de Chassey en Francia y de los sepulcros de fosa en Cataluña. En dicha oleada, el N. alcanza por vez primera las islas Británicas (cultura denominada de Windmill Hill). Es posible que otra zona, mal conocida a pesar de lo que aparenta la divulgación de su nombre, corresponda al sudeste peninsular: Almería. Todos estos grupos del segundo N. occidental se desarrollan a partir de poco después del 3000 a. C. y alcanzan las proximidades del II milenio. A partir de ese momento, la presencia del metal (cobre) nos indica que ya entramos en un nuevo periodo: el Eneolítico.4. El Neolítico en África. El territorio norteafricano, comprendido el Sahara, tuvo un papel activo en la época neolítica, papel que perdió después, salvo Egipto. En cambio, los territorios del centro y del sur, la llamada África negra, quedaron más al margen, y en algunos de ellos la neolitización es un fenómeno tardío. Las condiciones del valle del Nilo para la agricultura permitieron el desarrollo temprano del N., favorecido por su proximidad al foco creador del Próximo Oriente. Sin embargo, es evidente la diferencia cronológica entre loss de la agricultura en Egipto y la de las zonas creadoras del Asia. Los prehistoriadores han concedido a Egipto un papel creador que en este aspecto no alcanzó nunca.La posibilidad de fechar con métodos físico-químicos (caso del C14) ha derrumbado las teorías que pretendían que Egipto era uno de los focos iniciales de la agricultura. Se pueden distinguir dos áreas principales. El Bajo Egipto, con yacimientos bien estudiados en el Fayum, en Merimde-beni-Salame y en Maadi, poblados de cabañas, con sepulturas individuales en fosa, con agricultura de cereales (trigo y cebada) y animales domésticos. El del Fayum existía entre el 4500 y el 4000 a. C., fecha que podemos atribuir asimismo a Merimde. En el Alto Egipto, el yacimiento neolítico más antiguo, contemporáneo o quizá algo posterior a los más antiguos del Delta, es el de Dair Tasa, que ha dado nombre a la cultura tasiense; más característico es el de El Badari, cultura badariense, que le sucedió, y donde se encuentra una cerámica decorada y figuritas de barro cocido, con significado religioso y vinculadas al culto de la fertilidad.El N. egipcio evolucionó con relativa rapidez hacia una nueva fase ya con metal, y fue la base del gran desarrollo alcanzado posteriormente por los habitantes del valle del Nilo. En cambio, más al Sur, en el Sudán, el N. es relativamente temprano, pero dejó de evolucionar con el dinamismo propio de lo egipcio, al igual que el resto de África. Aparece la cerámica incluso antes que la agricultura, en un medio todavía mesolítico, como se observa en Jartum. El yacimiento de Shaheinab, fechado hacia el 3500 a. C., corresponde ya al pleno N. Desde esta área del Sudán nilótico, las novedades se extienden hacia el O, y el resto del Sudán parece depender del foco inicial. En la costa mediterránea del Magrib, aparecen dos grupos neolíticos mejor diferenciados de lo que se supuso hasta hace poco. En Túnez, el llamado N. de tradición capsiense, puesto que se apoya en las antiguas industrias capsienses de raíz paleo-mesolítica, con yacimientos característicos: los concheros (v.), donde se acumulan, junto a los restos de industria, grandes cantidades de conchas de caracol terrestre consumidas por sus habitantes. En el sector litoral de Argelia y Marruecos hasta el Atlántico (inmediaciones de Rabat), el N. típico de las costas mediterráneas occidentales, con cerámicas impresas y vida en cuevas, mencionado ya al tratar de la neolitización del Mediterráneo europeo. El Sahara presenta un problema especial; habitado con relativa intensidad, dado que las condiciones climáticas eran todavía favorables a la vida del hombre y de los rebaños, contiene numerosas estaciones con industria de piedra de gran perfección, ligadas a un rico arte rupestre (v.). En parte, este florecimiento de comunidades de pastores neolíticos parece que debe ligarse más con el Sudán que con el Mediterráneo.El fenómeno neolítico en el África ecuatorial y meridional es complejo. El alejamiento de los focos de civilización, así como las condiciones climáticas, le confieren un carácter especial, y sobre todo una evolución mucho más lenta, que no había acabado en algunas áreas cuando la llegada de los europeos en el s. xix cambió el ritmo de su historia. En el África oriental se ha identificado la cultura wiltoniense, por el yacimiento de Wilton, que partiendo del Mesolítico alcanza en diversas fases al pleno N. En cambio, en la cuenca del Congo y en el golfo de Guinea, la vida en la selva obliga a un N. especial, de tradición anterior en lo que respecta al instrumental lítico, denominado tshitoliense, basado en la piedra pulimentada. Más al Sur se reparten el territorio dos grupos: el nachicufiense y el de la cultura de Smithfield, con material de piedra con frecuente tendencia al microlitismo y conocimiento de la cerámica.5. El Neolítico en Asia. Aparte del nacimiento y evolución de las culturas neolíticas en el Próximo Oriente, de las que se ha tratado, hemos de preguntarnos cómo se desarrolla la neolitización del resto del continente asiático. En primer lugar, hay un hecho claro. La gran preponderancia de los grupos pastores en la mitad norte, donde la agricultura apenas alcanza importancia, y que da como resultado un mundo de nómadas, que se desplazan con sus rebaños y que a veces presionan sobre China o sobre Europa. Otro dato seguro es la importancia del bajo valle del rto Amarillo como foco esencial del nacimiento de la civilización agrícola en el Extremo Oriente. Lo más problemático es decidirse sobre el proceso creador. Mientras la mayoría opina que se trata de la difusión de los conocimientos agrícolas desde Mesopotamia (v. MESOPOTAMIA IV), algunos prehistoriadores, sobre todo chinos, defienden su carácter original. Éste fue el núcleo básico de lo que más tarde será la cultura china. Más al Sur, el problema de la expansión de la agricultura está vinculado con los orígenes del cultivo del arroz, cuya área desde época remota, pero todavía indeterminada, alcanza la parte meridional de China, llanos del río Azul, y todo el Sudeste asiático. Otro foco cultural muy importante es el de la India. En la cuenca del Indo, a partir del II milenio, aparece la cultura de Mohenho-Doro (v ), de tipo urbano, con escritura jeroglífica, es decir, con un desarrollo del tipo de las civilizaciones históricas de Mesopotamia, pero se ignora casi todo de las fases anteriores, neolíticas puras, que, sin duda, deben de haberle precedido.V. t.:Continentes, países, regiones, culturas, yacimientos, etc., citados.MIGUEL TARRADELL.
BIBL.: J. MELLAART, Earliest civilizations of the Near East, Londres 1965; V. CHILDE, L’Orient préhistorique, París 1953; K. M. KENYON, Desenterrando a Jericó, México 1966; G. A. MANsuELLI, Les civilisations de l’Europe ancienne, París 1967; M. TARRADELL, Les arrels de Catalunya, Barcelona 1963; íD, El País Valenciano del Neolítico a la iberización, Valencia 1962; L. PERICOT y M. TARRADELL, Manual de Prehistoria africana, Madrid 1962; W. WATSON, China before the Han dynasty, Londres 1961.
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