Neoclasicismo III. Música. LIT.
Categoria:
Literatura
En la palabra n. hay que distinguir, como en otras que definen una realidad estética, una constante histórica y un movimiento artístico determinado. El n. supone, estética, temporal y sociológicamente, una prolongación. Lo que es auténtico clasicismo se trasforma en "escuela": la inspiración puede ser sometida a reglas, enseñada, y en este aspecto se convierte en herencia asimilable. Puede venir de esa misma trasmisión, de ese mismo aprendizaje, una cierta reacción de rebeldía: así, por ej., de ninguna manera puede llamarse neoclásica la primera etapa en la creación beethoveniana, la más fiel al llamado clasicismo vienés. La estabilización que el n. procura suele ir unida en las artes plásticas a la nostalgia del mundo antiguo, especialmente del griego, cosa que sólo se da de manera muy relativa en el mundo de la música, el cual se apunta hacia otras nostalgias, las de Bach, p. ej.Sociológicamente, la actitud de los oyentes presenta una curiosa ambigüedad: por una parte, la familiaridad con la estructura, la asimilación de la forma supone un oír más pleno, algunos dicen que más digno -piénsese, p. ej., en cómo se oían las sonatas de Pleyel- pero, por otra parte, la marcha por cauces normales, ya previstos, quita a la audición el carácter de acontecimiento. Con un poco de riesgo, pero con real sentido histórico, podría decirse que el germen de un permanente n. está hecho desde el momento en que la tonalidad se fija entre los polos precisos del modo mayor y menor. El aspecto positivo de todo n. está, sin duda alguna, en su eficacia, indispensable, pero peligrosa a la vez, como trasmisión del saber musical, como estructura comunicable. Normalmente se coloca esta trasmisión mirando sólo a las enseñanzas de forma hasta cierto punto complicadas y se pone como ejemplo la habitual y más que discutible separación entre la enseñanza de contrapunto y fuga y la de composición. La realidad, históricamente, es muy distinta, pues dentro de la llamada clase de composición, en lo que aparece como más creador, en la melodía misma, se aplican reglas típicas del n. Estéticamente, resulta de interés especial la diferencia posible de matices entre n. y manierismo en tanto en cuanto éste supone una cierta deformación de elementos estructurales con cierta apariencia de novedad.El n. constituye un largo y muy discutido capítulo de la música europea del s. XX, capítulo hecho en torno al Stravinsky de entre las dos guerras, caracterizado por los retornos, por un intento de partir de formas ya hechas, separadas de la inspiración como estructura. Recordemos cómo esa postura hace crisis definitiva al terminar la II Guerra mundial, crisis que se convierte en completa doctrina a través de los profundos y batalladores libros de Theodor W. Adorno, que enfrenta el n., artificial y conservador, desarraigado, con la música de Schónberg (v.). Es de justicia señalar que la postura del n. a lo Stravinsky (v.) fue eficaz como capítulo depurador de la música nacionalista cuando esos retornos eran encuentro con tradición verdadera: como ocurrió con Falla y D. Scarlatti.FEDERICO SOPEÑA.
BIBL.: T. W. ADORNO, Filosofía de la nueva música, Buenos Aires 1966.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.