Necrópolis HIST.
Categoria:
Historia
El enterramiento es un claro síntoma de la presencia del hombre en la serie de los antropoides. Etimológicamente, la palabra n. significa en griego ciudad de muertos.Paleolítico. Los paleolitistas han contribuido notablemente al conocimiento del enterramiento y de la antropología en el Cuaternario. Los primeros ritos conocidos de enterramiento del hombre del Paleolítico inferior datan de hace más de medio millón de años. El culto al cráneo es en esos momentos un fenómeno común que perdura más o menos arraigado en las sociedades humanas hasta el Mesolítico, al final del Cuaternario, hace unos 10.000 años. El primer testimonio de este culto fue hallado en Chukutien, entre los sinantropos (v. CHINA III). En el Paleolítico inferior, el hombre entierra por lo general con el cuerpo extendido, a veces sobre piedras, en decúbito supino o de costado, con las piernas alargadas o encogidas, los brazos al pecho, las manos al mentón o al vientre, y la cabeza alzada. Pero con frecuencia aparecen los huesos diseminados, y falto de cabeza el esqueleto, por razones del culto al cráneo (v.).En el Paleolítico medio, desde hace unos 150.000 años, con la presencia del hombre de Neanderthal (v.), los enterramientos se hacen en fosa, de forma irregular, tomándose medidas protectoras, precisamente en lugares donde se ha vivido, aprovechando grietas naturales o depresiones dentro de las cuevas. El cadáver se encuentra frecuentemente con grandes piedras encima del vientre o de los pies; el cráneo descansa sobre piedras o protegido por huesos de animales. En España, los restos humanos más primitivos hallados hasta ahora corresponden a ese momento; se conocen cráneos o huesos craneanos en Gibraltar, Bañolas (Gerona), Játiva (Valencia) y Piñar (Granada). Desde el musteriense, cambia la naturaleza de las relaciones entre vivos y muertos; surge un fuerte sentimiento de desconfianza y de temor hacia el muerto, sentimiento que se manifiesta en el Paleolítico superior, al depositarse los cadáveres encogidos, atados en flexión forzada, las rodillas en contacto con el mentón, los codos plegados y las manos en la cara, ésta aplastada contra el suelo (Grimaldi, Cro-magnon). Son frecuentes las mutilaciones y las piedras sobre pies y manos, para impedir el movimiento. Son normales los restos de hoguera encima de la sepultura, con objeto de retener el espíritu del difunto. La tumba se rodea con ofrendas alimenticias y el cadáver se espolvorea a menudo con ocre rojo. El ajuar funerario se compone de utillaje de sílex y abundantes adornos. Como signo exterior de la sepultura, se levantan estelas de piedra en la cabeza y en los pies. A partir del musteriense, puede hablarse verdaderamente de auténticas n. de inhumación con enterramientos individuales o colectivos, cuya situación sigue el eje de las cuevas en dirección a la salida y no responde a una orientación definida. En España, se conocen inhumaciones de este periodo en las cuevas del Castillo (v.; Santander), Urtiaga, Parpalló (Valencia) y Nerja (Málaga).En el Mesolítico, prosiguen las tradiciones paleolíticas, pero más refinadas. El lecho de la tumba está más limpio, rociado en ocasiones con arena y ocre. Existen grandes cementerios expuestos sin un orden determinado; las fosas se señalan mediante bloques de piedra o cornamentas de ciervo. Con más frecuencia, las fosas responden a enterramientos colectivos familiares, con los cuerpos extendidos o atados y encogidos, recostados o con la cara pegada al suelo y cubiertos de ocre rojo. A su vez, los ajuares funerarios son más complejos que en el Paleolítico. En la península Ibérica, la n. mesolítica más importante radica en Muge (Portugal), y está compuesta por más de 200 enterramientos.Oriente prehistórico. En el valle del Nilo, aparecen las primeras n. neolíticas conocidas en el V milenio a. C., estableciéndose unos ritos concretos (v. EGIPTO III, 1). En el badariense, las tumbas se agrupan en el límite del desierto, cerca del hábitat, excavadas en terrenos blandos; contienen entre el ajuar funerario vasos para alimentos, adornos de cuentas de esteatita y de huevo de avestruz, peines de marfil y figurillas femeninas; yace el cuerpo sobre el lado izquierdo con la cabeza mirando hacia el O o el S. A veces el cadáver está en posición contracta. En el amratiense, también en el V milenio a. C., las tumbas, ovales, evolucionan hasta convertirse en rectangulares, y el cadáver se envuelve en una estera; la posición contracta y la orientación hacia el O era lo más normal, acompañándose de cerámicas, huesos de animales, fragmentos de marfil, paletas, cuentas, puntas de flecha, etc. En la zona occidental del delta, la cultura merimdiense, contemporánea del badariense, entierra en fosas o pozos con el cadáver en posición contracta dentro de las chozas cerca del hogar, siendo análogos los enterramientos de la cultura del Fayum (v.).Con las influencias asiáticas, a mediados del IV milenio, al aparecer el cobre, la cerámica pintada y ciertos objetos de culto, prosigue en el gerzeense la tradición funeraria del cadáver encogido en fosas alargadas y profundas y dentro de un ataúd de mimbre o en un nicho lateral excavado en la fosa y sin ataúd. En la n. gerzeense de Hieracompolis se encontraron tumbas con las paredes y el suelo de adobes decoradas con pinturas de escenas de caza, de combate y barcos, consistentes en una cámara dividida en dos partes iguales, y en las que figuraban como ajuar algunos vasos. El resto de las tumbas eran fosas rectangulares, frecuentemente con techo de madera. Hacia el 3000 a. C. se produjo la unificación de Egipto y continuaron las tumbas de pozo; sobresalen las tumbas reales levantadas con adobes y cubiertas con arena o piedras sobre un techo de madera, abriéndose un nicho lateral para la colocación del ajuar y existiendo en ocasiones una entrada con escaleras. Ya en el Imperio antiguo (v. EGIPTO III, 2) surge el tipo de enterramiento en mastaba (v.) y en pirámide (v.).En Mesopotamia, la preocupación egipcia por el más allá estuvo ausente. En Sumeria, aparte de las tumbas reales de Ur (v. FUNERARIO, ARTE) y a pesar de las pocas n. excavadas, el procedimiento normal era el enterramiento del cadáver con sus dos vestidos ordinarios o envuelto en una mortaja de lino, en posición flexionada y con la cabeza sobre una almohadilla, teniendo como ajuar una taza de agua y algunos objetos personales, o bien en una cesta de mimbre o en un larnax (urna de cerámica), o introducido en dos tinajas unidas, colocadas en una simple fosa, o también, en una pequeña construcción de adobes con bóveda. En las poblaciones, era frecuente el enterramiento dentro de la casa. En ocasiones, se han observado indicios de cremación en la parte superior del cuerpo, aunque ésta no fue practicada en el periodo histórico.En el círculo de Hassuna en Asiria, al O del Tigris, se han encontrado los más antiguos enterramientos neolíticos de Mesopotamia (v. MESOPOTAMIA IV), ya que en el estrato más bajo (I A) había un esqueleto flexionado entre dos hogares, con un ánfora neolítica y un hacha de piedra. En el nivel I B aparecieron enterramientos de niño dentro de cerámicas incisas y pintadas debajo del suelo de una habitación, sin restos de ajuar funerario. En Samarra, al N de Bagdad, en el Tigris, las n. son de simples inhumaciones rodeadas de una hilera de adobes, con los cuerpos flexionados. Un niño estaba enterrado dentro de un vaso de cerámica típica de Samarra. En Tepe Gawra, cerca de Nínive, aparecen en las n. los tholoi rodeados de tumbas y relacionados con ellas, con indicios ya de enterramientos colectivos.En las n. de Tell-el-Obeid (v. UBAID), que representa la primera fase de la cultura sumeria, los cadáveres yacen invariablemente en decúbito supino, en posición rígida y con las manos cruzadas debajo del pecho, lo cual, siendo una práctica rara en Mesopotamia, se explica por una influencia extranjera. Junto a la acrópolis de Eridu se encontró un enterramiento colectivo con abundante ajuar cerámico. Los adultos, generalmente, se enterraban en n. fuera del poblado, mientras que los niños lo eran en las propias casas. En la n. de Ur, los cuerpos permanecían definitivamente flexionados, con ajuares de vasos de piedra, copas de plomo y cerámicas pintadas. Las tumbas reales de Ur, de tipo colectivo, proporcionaron magníficos tesoros (v. FUNERARIO, ARTE). En el Elam, y concretamente en Susa (v.), los cadáveres se entierran en posición extendida, alternando muy raramente con la posición contracta; el ajuar funerario consiste en ricas cerámicas. En el S de Beluchistán, en la n. de Nal, se utilizaron como tumbas estructuras de piedra; predomina el rito del enterramiento fraccionado. Es probable, como se observa en la n. de Damb Buthi, en Sind, que los huesos de los cadáveres fueran recogidos en un vaso o abandonados en la n. sin protección alguna, después de haber sido expuestos los cuerpos al aire libre durante algún tiempo. El ajuar funerario suele ser abundante y se compone de cerámicas, adornos personales e instrumentos; pervive el ocre en vasos. En Mohenjo-Daro (v.) y en general en las riberas del río, se ha demostrado la práctica de la cremación; las cenizas se colocan en osarios; se da también el rito del enterramiento fraccionado. En la n. R-37 de la fase antigua de Harappa, era normal la inhumación en posición extendida con ofrendas alimenticias y adornos personales; se adoptaba también el enterramiento fraccionado. Antes de mediados del 11 milenio a.- C. no está demostrada la cremación en la India védica (V. INDIA III).Egeo: V. EGEA, CIVILIZACIÓN; FUNERARIO, ARTE. Europa prehistórica. Las n. con enterramientos individuales en fosa dentro o fuera de las cuevas con el cadáver encogido de los primeros momentos del Neolítico mediterráneo son suplantados por el megalitismo (V. MEGALíTICOS, MONUMENTOS). Hacia la mitad del III milenio a. C., se impone en el Mediterráneo la costumbre del enterramiento colectivo, ya existente en las cuevas de la cultura mesolítica natufiense (v.) de Palestina, y que adopta unos monumentos de vastas dimensiones y de variadas formas, entre los que destaca el tipo tholos, al parecer originario de Siria oriental, en el V milenio a. C., y que tiene gran aceptación en el Egeo. Se difunde luego hacia el Mediterráneo occidental y renace en la segunda mitad del II milenio con el heládico final (V. MICENAS).En Malta, en el periodo I, las n. contienen tumbas con cámaras subterráneas más o menos complejas, que forman hipogeos (v.) colectivos con cientos de enterramientos. En el periodo II maltés (1450 a. C.) se utiliza el dolmen simple. Estos sepulcros colectivos en cuevas artificiales, que constituyen una versión de los sepulcros megalíticos, en su ruta hacia Occidente, aparecen en Sicilia; son más simples que los hipogeos malteses y propios de la cultura llamada de la Conca d’Oro (2100-1550 a. C.) y de Castellucio, aparte de los sepulcros megalíticos que se descubren en el Sur de Italia. La versión megalítica sardaestá representada por la cultura de los nuragas, con n. de sepulcros de corredor y cámara subterráneos, con abundante ajuar de cerámica, armas, estatuillas, etc., que llegan hasta la época romana. Las cuevas artificiales sardas forman el complejo de Anghelu Ruju. En las islas Baleares hay también n. megalíticas; destacan las navetas y cuevas artificiales, siempre como enterramientos colectivos (V. BALEARES III). Además de las cuevas artificiales, se utilizan otras naturales.Con la llegada a las costas hispanas de las fuertes corrientes de metalúrgicos orientales, a mediados del III milenio a. C., el enterramiento colectivo de inhumación se define por el megalitismo, con grandes monumentos funerarios que adoptan diversas modalidades según las regiones e influencias recibidas. La cinta no megalítica con túmulo se extiende por Andalucía oriental y Portugal, el dolmen poligonal de corredor está presente en casi todos los círculos, el sepulcro de cúpula o tholos en Andalucía y Portugal, la galería cubierta en el Sudeste, Portugal y Norte, la cinta megalítica en Extremadura y Norte, el dolmen poligonal sin corredor con túmulo en Galicia, la cueva artificial en Levante, Andalucía y Portugal e incluso la cueva natural en Levante; este rito perdura más de 1.000 años en algunas zonas. Estos monumentos se extienden a lo largo de los valles formando amplias n.; pero mientras se expande el rito del enterramiento colectivo, prosigue como arcaísmo el enterramiento individual en fosa, que constituye pequeñas n. con el cadáver encogido pertenecientes al pueblo del vaso campaniforme (v.), con su ajuar de rica cerámica decorada, puñal y colgante. Las n. con sepulcros megalíticos se extienden por la Europa atlántica con focos en Bretaña, islas Británicas, Europa septentrional; y los monumentos adoptan diversas modalidades (v. voces de regiones y países citados).Bronce pleno. Con la aparición intensiva de la metalurgia del bronce, se adopta un tipo de enterramiento individual simple, sin superestructura, y posteriormente bajo túmulo. La civilización de Unetice en Checoslovaquia, que se extiende por parte de Alemania y Austria y está influida por el Egeo y Anatolia, adopta el tipo de sepultura individual en simple fosa, rodeada de piedras; se da también el enterramiento en cinta y es muy rara la cremación. El grupo de Adlerberg entierra los muertos en posición contracta, dentro de ataúdes de troncos de encina. El grupo saxoturingio utiliza los grandes túmulos principescos, con una arquitectura que recuerda las cabañas. El grupo de Straubing, del S de Alemania, entierra en tumbas de fosa con el cadáver en flexión forzada rodeado de rico ajuar.En España, en el Bronce medio o la cultura argárica (V. EL ARGAR, CULTURA DE), se impone el enterramiento individual en cinta o en tinaja dentro del poblado y debajo del hogar, con el cadáver encogido, teñido de ocre rojo y rodeado de rico ajuar funerario. Esta costumbre del poblado-n. se extiende por la provincia de Almería, penetra hacia el O por la de Granada y por el NE hacia Murcia y Alicante. En Andalucía occidental, las n. contienen los enterramientos fuera de los poblados, en pozo, covacho, cinta o túmulo de paredes verticales; prosigue en Levante el enterramiento en cuevas naturales. En el resto de la Península, continúa la tradición del enterramiento colectivo dolménico. En Italia, la cultura de Remedello, en el valle del Po, dispone de n. con tumbas en fosa excavada en el suelo con el cadáver sobre el lado izquierdo, las piernas flexionadas y un puñal de cobre como ajuar. La cultura siciliana de Tapso entierra también en tinaja.En las islas Lípari, las inhumaciones se efectúan en las anfractuosidades naturales. En el Norte de Inglaterra, la cultura llamada de los "vasos de comida" adopta el tipo de enterramiento de inhumación en cista o la incineración, mientras que en la civilización de Wessex, su coetánea meridional, las n. se componen de enterramientos bajo túmulo, rodeados de fosas circulares con el cadáver en su interior acompañado de rico ajuar. En la Bretaña francesa se extiende la civilización llamada de los túmulos armoricanos individuales.Bronce final. Comenzadas las primeras incineraciones europeas en las Islas Británicas hacia el 1700 a. C. con la cultura aislada de los "vasos de comida", la incineración se impone en el continente con los campos de urnas desde el Bronce medio hasta el Hierro (1500-500 a. C.), primeramente en Hungría y en el Norte de Italia, extendiéndose desde la parte occidental de Asia Menor hacia el O, centro y N de Europa. Este rito influye en la cultura de los túmulos centroeuropea, en la cultura italiana de Villanova, en la de Lausitz de Europa central, en los campos de urnas alpinos, pero sobre todo en la cultura de Hallstatt (v.). Estos ritos de n. de túmulos y de campos de urnas penetran en la península Ibérica a principios del I milenio a. C. con el pueblo indoeuropeo. Primeramente, los campos de urnas aparecen en Cataluña y los túmulos penetran por el Segre hacia el Ebro y el Bajo Aragón (v. URNAS, CULTURA DE LAS).Estas n. se sitúan en plataformas rocosas y cerca de los poblados. Dentro del túmulo, ceñido por un círculo de piedras, se oculta la urna, a veces dentro de una pequeña cista, con las cenizas del difunto y un ajuar consistente en brazaletes, fíbulas, puñales, etc. También existen túmulos de enlosado cuadrado, como en Azaila (v.), que perduran en lo ibérico (Cigarralejo, Mula). Las n. tumulares desde el Ebro medio se extienden por Levante hacia Almería y por la Meseta, mezclándose con otras corrientes europeas. Los campos de urnas son n. constituidas por fosas con o sin revestimiento de losas, con las urnas cinerarias en su interior. Este tipo, propio de Cataluña, aparece posteriormente en la Meseta, en las provincias de Guadalajara y Soria primordialmente, formando calles de estelas indicativas de los enterramientos, con rico ajuar de guerrero. Con las colonizaciones griega y púnica, las n. y ritos funerarios se unifican en el Mediterráneo occidental, prevaleciendo la simple incineración.V. t.: CEMENTERIO.M.PELLICER CATALÁN.
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