Navas de Tolosa, Batalla de las HIST.
Categoria:
Historia
Las derrotas sufridas por Alfonso VIII de Castilla (v.) en Alarcos y Salvatierra (1211) tienen graves consecuencias para el frente cristiano, que se desploma y retrocede hasta la línea central del Tajo. Ante el espectacular avance almohade (v.), el rey castellano decide aplazar hasta el próximo año una campaña que solucione la situación definitivamente e inicia los preparativos para una concentración de combatientes en Toledo, durante la Pascua de Pentecostés de 1212. Para ello trata de exhortar a toda la cristiandad europea a una Cruzada y de recabar la colaboración de todos los monarcas hispánicos. De Toledo parten embajadas a Italia y Francia, y el propio rey se entrevista con Pedro II de Aragón, quien promete acudir con sus huestes en la fecha señalada. Otros enviados actúan en las cortes de los demás reyes hispánicos sin mucho éxito, ya que Portugal y León se encuentran en guerra, y Sancho VII no puede olvidar las barreras que le separan de los castellanos cuando están a punto de terminar las treguas de Guadalajara. Los enviados a los países ultramontanos regresan con la predicación de una Cruzada por Inocencio III (v.) y la promesa de algunos magnates franceses (los arzobispos de Nantes y Burdeos, Arnaldo, obispo de Narbona, y nobles de otras comarcas). Por su parte, los castellanos colaboran con gran entusiasmo. A Toledo acude toda la nobleza,los maestres de las órdenes militares, los obispos de numerosas ciudades y las huestes de casi todos los concejos y ciudades. El enorme gasto que supone el mantenimiento de estas tropas corre a cargo del erario castellano. Mientras tanto, al-Násir concentra sus tropas en Sevilla, teniendo como base el ejército vencedor en Salvatierra.Las tropas cristianas partieron hacia la sierra el 20 de junio. Marchaban en primer lugar los ultramontanos al mando de Diego López de Haro, después Pedro II de Aragón y sus huestes y, por último, los contingentes castellanos. En el camino, tomaron el castillo de Malagón y, tras duro asedio, capituló la plaza de Calatrava, defendida por Ben-Cades. Poco después, algunas tropas ultramontanas hicieron defección. Conquistada Alarcos y llegado Sancho el Fuerte, que decidió acudir en el último instante, pasaron a Salvatierra sin detenerse a expugnarla, porque se tenían noticias de que los musulmanes habían alcanzado ya el puerto de El Muradal. Al-Násir esperaba entre tanto en Jaén a que los enemigos pasaran el puerto. De allí partió para Baeza. Sus avanzadas habían ocupado el paso de La Losa, frente al cual se encontraba el castillo de El Ferral, tomado por los cristianos tras dura lucha. Las posiciones se mantuvieron estables por una y otra parte, hasta que un pastor (un enviado por Dios, según creyeron) indicó al rey Alfonso el "Paso del Rey". A través de él los cristianos, con gran sorpresa de los enemigos, pudieron acampar frente a sus tiendas en la llanura conocida con el nombre de "Mesa del Rey".Los almohades entonces se prepararon para el combate, pero Alfonso decidió no hacerlo hasta dos días después: el 16 de julio. Las fuerzas cristianas se ordenaron en tres cuerpos, Alfonso VIII ocupaba el centro y los otros monarcas con sus huestes y las milicias concejiles las dos alas. La vanguardia castellana estaba a cargo de Diego López de Haro, el grueso lo formaban las fuerzas de las órdenes militares, mientras que el rey permanecía en retaguardia. Al-Násir dispuso en primera línea tropas ligeras de árabes y algunos beréberes, cuya misión era provocar el desconcierto con su movilidad; a continuación, la línea principal, más sólida, formada por almohades a caballo, y por último la retaguardia al mando de Ben-Yama’a, tras la cual Miramamolín montó su tienda rodeada por la guardia personal. En seguida se entabló la lucha, a corta distancia, por iniciativa de la vanguardia cristiana. El combate fue duro e indeciso, de avances y retrocesos, hasta que la retaguardia castellana, mantenida en reserva por el rey, decidió la situación. Los castellanos llegaron hasta la tienda de al-Násir, que logró huir a Jaén, y persiguieron a los restos del ejército casi hasta Vilches. Esta gran victoria no supuso modificaciones territoriales notables, pero cambió el equilibrio de fuerzas, preparando así futuras expansiones.V. t.:ALFONSOVIIIDECASTILLA; ALMOHADES;RECONQUISTA.A. M. BARRERO GARCIA.
BIBL.: J: GONZÁLEZ, Castilla en la época de Alfonso VIII, 1, Madrid 1960; A. Hulci, Las grandes batallas de la Reconquista durante las invasiones africanas, Madrid 1956.
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