Natalidad I. Medicina. MEDICINA
Categoria:
Medicina
El mantenimiento en la tierra de la vida humana está ligado a los procesos de reproducción (v.). Tanto la muerte (v.) como el nacimiento son fenómenos naturales, que en cierta manera escapan al control del hombre; aunque esté más en sus manos el influir sobre el nacimiento, ya que el de éste, con la fecundación, es un acto libre y racional, aunque en él juegue un papel importante el instinto sexual, que facilita y favorece el instinto de supervivencia y conservación de la raza humana (v. INSTINTOS).Como se ha dicho, el primer paso para que se pueda verificar un nuevo nacimiento es la fecundación (v.), en la cual entran en contacto las células germinales masculinas y femeninas, espermatozoo y óvulo, que llevan toda la carga hereditaria (v. GENÉTICA). Comienza así el embarazo (v.).Trascurren unos diez días entre la fecundación del óvulo y su implantación en el útero (v. EMBRIOLOGÍA). Como no puede establecerse con absoluta precisión la fecha de la fecundación, el embarazo suele contarse desde el primer día de la última menstruación normal. El embarazo dura alrededor de 280 días, pero se consideran normales entre los 267 y 294 días. Para calcular la fecha probable de nacimiento, en la práctica se suele recurrir a una sencilla regla. Se cuentan tres meses hacia atrás a partir del primer día de la última menstruación y se añaden siete días. Así, p. ej., si el primer día de la última menstruación fue el 10 de septiembre, el nacimiento puede esperarse hacia el 17 de junio, pudiendo ocurrir una o dos semanas antes o después de la fecha calculada, sin que por este hecho pueda considerarse anormal en ningún aspecto el desarrollo del niño.El primer signo del embarazo es, pues, la falta de menstruación, pero no constituye una prueba segura, ya que la suspensión o retraso de la menstruación pueden deberse a otras causas, así como también pueden existir hemorragias en los primeros meses del embarazo. Tampoco es una prueba segura la existencia de náuseas y vómitos matutinos y otros signos similares. Aparte de los signos clínicos orientadores del embarazo, el médico recurre a las llamadas pruebas de embarazo, con las cuales puede determinarse el mismo en una fase precoz y casi con absoluta certeza. Existen las pruebas biológicas, basadas en las alteraciones que se producen en diversos animales, que reaccionan de manera específica cuando se les inyecta orina procedente de mujer embarazada. Generalmente con estas pruebas puede detectarse un embarazo a las dos semanas después de la primera falta de la menstruación. Más usadas y eficaces son las pruebas inmunológicas, que producen resultados casi seguros incluso desde el momento de la primera falta de la menstruación. El embarazo se concluye normalmente con el parto (v.), que es un proceso fisiológico normal, aunque como todos los procesos fisiológicos pueda alterarse, lo mismo que el embarazo.En relación con la n., el esfuerzo de la Medicina abarca tanto la preparación de la madre para su futura maternidad (v.), como los cuidados durante el embarazo y parto que le proporciona la obstetricia (v.). Si es cierto que se ha conseguido reducir mucho la mortalidad perinatal (es decir, durante el parto y la primera semana después del mismo), no acaba ahí la misión de la Medicina: es necesario que esta ayuda continúe en la primera y segunda infancia, no sólo en lo que se refiere a la salud física, sino también a la salud mental, educación integral (v. INFANCIA II), ayuda a los subnormales (v.), etc. La pediatría (v.) y la puericultura (v.) estudian así todos los aspectos del cuidado del niño, que tiene personalidad propia ya desde el momento de la fecundación, aunque durante el embarazo madre y niño formen una unidad fisiológica. Por eso la puericultura se interesa también por el proceso preconcepcional e intrauterino.Natalidad. Desde un punto de vista médico parece lógico que el fenómeno de la n. deba ser consideradocon un carácter positivo. Es antimedicina todo lo que lleve el signo de la muerte (v. EUTANASIA); por consiguiente, cualquier intento de encauzar el esfuerzo de la Medicina en el sentido de control de la n. eliminando vidas humanas es, en algún aspecto, un "regreso" de la Medicina, que ha considerado siempre como progreso y una de sus mayores victorias el haber reducido los peligros del embarazo, la mortalidad intrauterina y perinatal, etc.Si se habla de regulación de la n., como limitación o control, se desenfoca también el estricto concepto médico, ya que supone aceptar, sin más, unos criterios sociológicos. En ese caso, tendría que hablarse también de regulación de la mortalidad, concepto al que se hace referencia indirectamente, cuando desde un punto de vista sociológico se habla de control o regulación de la n., pues lo que puede preocupar sociológicamente no es sólo el número de nacimientos sino el aumento de población, el llamado crecimiento vegetativo, resultado de la diferencia entre nacimientos y defunciones, entre n. y mortalidad, que se expresa estadísticamente en tantos por mil, con referencia al total de población y durante un periodo determinado (v. DEMOGRAFÍA).Este contraste se pone de manifiesto también en la diferencia existente entre la investigación médica que tiende por un lado a eliminar las causas de mortalidad (piénsese en el esfuerzo actual de la lucha contra el cáncer o en el preocupante problema de los accidentes de tráfico) y, a la vez, paradójicamente, tendería a intensificar y favorecer los procedimientos anticonceptivos, incluidos los abortivos; aunque esto último sea aumentar la mortalidad.Si quiere aceptarse el término de regulación de la n. puede decirse que existe una regulación natural de los nacimientos, condicionada por procesos fisiológicos o patológicos que influyen sobre la fertilidad, tanto del hombre como de la mujer. Es sabido que el índice de la fertilidad en los matrimonios suele disminuir con la edad y el número de embarazos, que la fertilidad acaba para la mujer con la menopausia, etc.Pero si se utiliza en su sentido propio sociológico este término, debe decirse que, por el contrario, forma parte de la misma esencia de la Medicina el favorecer la n.; aún más, ésta es una consecuencia, en buena parte, del progreso de la Medicina y de la Sanidad, al disminuir la mortalidad y prolongar la vida. El objetivo de la Medicina será, por tanto, facilitar los nacimientos, favoreciendo la fecundabilidad, distinguiendo ésta -como hace C. Clarck- de la fertilidad, término con el que se designa la "descendencia efectivamente nacida, es decir, el resultado de combinar la fecundabilidad con la voluntad de reproducirse". Como este factor voluntario interesa marginalmente a la Medicina, en esta ciencia se suele hablar generalmente de fertilidad como sinónimo de fecundabilidad. A la fertilidad se opone la infertilidad, que es diferente de la esterilidad (v.): esta última es la ausencia de embarazos, mientras que por infertilidad se entiende la falta de descendencia.La Medicina favorece la fertilidad al luchar contra la esterilidad, tanto en su diagnóstico, como en su tratamiento. Por otro lado, la eugenesia (v.), en su aspecto familiar y positivo, tiene como fin el favorecer el nacimiento de hijos sanos, aunque por desgracia en muchos países y ambientes esta parte de la Medicina se ha convertido en una forma velada de control de la n. y, también, de la mortalidad de aquellos hombres engendrados que se consideran tarados, con un sentido estrictamente biológico que considera al hombre como un animal más. Misión de la Medicina es también prevenir y remediar las causas del aborto (v.) espontáneo, así como el cuidar que todo el embarazo se desarrolle con normalidad, evitando o previniendo las enfermedades maternas, especialmente aquellas que puedan repercutir en la salud del hijo.Limitación o evitación de la natalidad. Aunque esta limitación o evitación de la n. sea un proceso voluntario e independiente de la Medicina (recuérdese lo dicho respecto a la diferencia entre fecundabilidad y fertilidad), sin embargo, cae dentro de la órbita de la Medicina la aplicación de algunos de los métodos propuestos para evitar los nacimientos. Ante todo es necesario recordar que no pueden considerarse de modo análogo las métodos que impiden la ovulación o la espermatogénesis, o bien la fecundación, y los que matan al embrión o feto provocando el aborto en cualquier momento del proceso intrauterino, desde la fecundación hasta el momento del parto. Sólo los primeros pueden ser, de manera propia, métodos de evitar la concepción, y, por tanto, la n. Los demás son medios homicidas.Radicalmente puede evitarse la concepción con la esterilización (v.): generalmente sólo los métodos quirúrgicos merecen la consideración de anticonceptivos, pues muchos de aquellos que se vienen conociendo como métodos de esterilización temporal (p. ej., los anovulatorios) generalmente actúan también en otras fases del proceso generativo, por lo cual pueden ser también abortivos, si se ha producido, cosa no infrecuente, la ovulación.La anticoncepción puede realizarse por procedimientos biológicamente naturales: utilizar el matrimonio sólo en los periodos agenésicos o interrumpir el coito (onanismo), impidiendo así la posible fecundación en cada acto generativo; con los métodos biológicamente artificiales (anticonceptivos por acción mecánica o química local y contraceptivos farmacológicos). En relación con estos últimos conviene hacer algunas precisiones, pues no todos participan por igual del carácter contraceptivo, sino que muchos de ellos tienen efectos unas veces contraceptivos, otros abortivos o bien combinados: en general impiden el embarazo, pero es difícil establecer cuándo lo hacen evitando la concepción o provocando el aborto.Así, entre los procedimientos mecánicos, uno bastante antiguo, consistente en introducir un cuerpo extraño en el útero para impedir el embarazo, ha llegado recientemente a ser usado en proporciones masivas, fabricado con tipos y materiales diversos. Se ha estudiado que su efecto anticonceptivo se debe, entre otras cosas, sobre todo a su efecto antiimplantatorio y, por tanto, en un elevado tanto por ciento es abortivo.En relación con los contraceptivos farmacológicos baste recordar que son claramente abortivos las prostaglandinas y otros tipos de contraceptivos poscoito por actuar después de la concepción. Más discutido e interesante desde un punto de vista práctico es el caso de los contraceptivos orales, vulgarmente conocidos con el nombre de píldora (V. ANOVULATORIOS). Estos tipos de preparados desde un punto de vista farmacológico son muy variados y producen efectos secundarios que se han pretendido atenuar con diferentes combinaciones de estrógenos (v.) y gestágenos (v.), con dosis o ritmos de aplicación diferentes, etc. Con ellos lo que se busca generalmente y de ,manera directa es su efecto anticonceptivo: de ahí que se miran bajo ese único punto de vista estudiándolos conjuntamente con los dispositivos intrauterinos y los medios de interrumpir el embarazo en los primeros días (cfr. Informe de un grupo científico de la OMS, Métodos de la fecundidad: progresos recientes de las investigaciones y los estudios clínicos, OMS, Ser. Inf. Tecn., no 473, 1971).Estos fármacos se han considerado como simples inhibidores de la ovulación (anovulatorios). Hoy día están sometidos a revisión sus efectos. Los trabajos experimentales han demostrado que la inhibición de la ovulación no es su único efecto: son contraceptivos en parte, porque inhiben la ovulación, pero se dan también ovulaciones intercurrentes y en este caso, si hay fecundación -como es probable, pues se utiliza el matrimonio precisamente con la falsa seguridad de que no hay ovulación y, por tanto, no hay posibilidad de embarazo-, su efecto contraceptivo es por acción abortiva, bien modificando la motilidad de las trompas, bien por alteraciones en el endometrio. Se han querido presentar también con un indudable interés comercial como fármacos que regulan la menstruación, el ciclo genital, etc. "Es inadmisible esta terminología porque regulación significa control fisiológico que mantiene la normalidad de las funciones orgánicas, y nada de esto ocurre bajo el efecto del contraceptivo" (J. Jiménez Vargas y G. López García, o. c. en bibl. 94).Ética profesional. Al estudiar la n., desde un punto de vista médico, se han excluido las referencias a cualquier tipo de repercusiones que pueda tener el nacimiento de un nuevo hijo en el ambiente familiar. Es competencia del médico el limitarse a exponer en cada caso, por ej., los posibles riesgos de un nuevo embarazo para la madre, la posibilidad de que nazca prole tarada, etc. No es función suya el inmiscuirse en problemas matrimoniales. No es tampoco competencia de la sociedad o del Estado, a través de los organismos sanitarios, el impedir que los matrimonios tengan hijos, pues estarían atentando contra un derecho natural del hombre.Constituye una extralimitación el querer "responsabilizar al médico del tema del control de la natalidad", obligándole a participar en campañas de divulgación del control de la n., o a ser instrumento de realización de las mismas. Más delicado sería el supuesto de que, siendo los cónyuges quienes no quieran tener más hijos, pudiera aconsejarles el método más apropiado para secundar su deseo. Sin embargo, aun en este caso debe respetar la conciencia individual y no puede, por ética profesional, aconsejar cualquier método.V. t.:MATERNIDAD;VIDA;REPRODUCCIÓN;EUGENESIAI; FECUNDACIÓN; FERTILIDAD I; ESTERILIDAD; EMBRIOLOGÍA II; EMBARAZO 1; PARTO I; ABORTO I; ANOVULATORIOS; ESTRóGENOS; GESTÁGENOS; ANTICONCEPTIVOS I; ESTERILIZACIÓN I; PEDIATRÍA; PUERICULTURA; OBSTETRICIA.J. R. LÓPEZ PÉREZ.
BIBL.: Obras generales: además de la las voces médicas relacionadas con el tema, puede consultarse: para estadísticas sobre fertilidad: C. CLARK, Crecimiento demográfico y utilización del suelo, Madrid 1968, 23-84; para aborto y contraceptivos: J. BOTELLA LLUSIÁ, Cuestiones médicas relacionadas con el matrimonio, Barcelona 1966; íD, y col., Esterilidad e infertilidad humanas, Barcelona 1967; M. A. CARRASCOSA, Reproducción humana, Pamplona 1968.
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