Napoleón I de Francia
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Biografía GER
1. Primeros años. N. Bonaparte n. en Ajaccio (Córcega) el 15 ag. 1769, francés solamente por un azar de la política, ya que la isla de Córcega hacía poco tiempo que había sido adquirida por Francia. Es, pues, una nacionalidad de carácter político, puesto que históricamente N. es un italiano. Firmaba Buonaparte en sus primeros años, y es solamente después de 1793 cuando abandona la u para quedarse en un afrancesamiento de su apellido un tanto particular. La misma circunstancia de haber nacido en Córcega y de haber pertenecido a una familia de la pequeña nobleza hace que se pueda beneficiar de las becas que los reyes de Francia concedían y que permitieron al joven Bonaparte estudiar en Francia y seguir una carrera militar. En la escuela de Brienne, el pequeño corso es objeto de las burlas de sus compañeros por el hecho de que no habla bien francés, y solamente conserva la amistad de uno de sus compañeros al que convirtió más tarde en su secretario particular, Bourrienne.Cuando abandona la escuela de Brienne, se traslada a la Escuela Militar de París, donde uno de sus profesores, Esquille, dice de él: "Corso de nacionalidad y de carácter, irá lejos si las circunstancias le favorecen". Llegó a esta escuela parisiense el 30 oct. 1784 y, al igual que en Brienne, N. recordará estos años de estudio diciendo que nunca en su vida había distribuido más bofetadas que durante aquel tiempo. Todo esto va creando ese ambiente personal que corrobora la afirmación de Taine en la que asegura que N. amaba a Francia como un jinete ama a su caballo, un caballo que le podía conducir muy lejos y que, en definitiva, solamente N. sabía montar. Cuando en 1785 le llega la noticia del fallecimiento de su padre, comprende que se le plantea el problema de ayudar a su familia; este sentimiento de protección a los suyos, esta vinculación a la familia, será una de las características más sobresalientes de su carácter y de su política.El 28 oct. 1785, al dejar la Escuela Militar de París, es enviado a la pequeña localidad de Valence, en el Delfinado, donde comienza su carrera militar apenas cumplidos los 16 años. Este joven oficial de artillería, cuya carrera en circunstancias normales hubiera sido indiscutiblemente larga, se encuentra cuatro años más tarde de haberla comenzado con que estalla en Francia la Revolución (V. REVOLUCIÓN FRANCESA). Es ésta la gran ocasión para un soldado joven como N. y rápidamente, pese a ser un oficial de carrera, siente una incontenible afinidad con la Revolución. A esta filiación contribuyen sus lecturas, su formación histórica, su ensimismamiento y la contemplación de una realidad que no le pasa desapercibida. Es justamente en estas fechas de la Revolución, en 1792, cuando siente como nunca la necesidad de su afrancesamiento, que se refleja en la rectificación de su apellido netamente italiano.Bonaparte es sobre todo un hombre fuera de lo corriente; a pesar de su juventud, es un auténtico experto en el conocimiento de las técnicas de la artillería francesa, una de las primeras de Europa. No se permite apenas distracciones, come una sola vez al día, duerme poco y no piensa realmente en los placeres y las diversiones. En alguno de estos momentos ha expresado su opinión sobre el mundo y sobre las relaciones humanas. Dice así: "Considero el amor nocivo a la sociedad y a la felicidad personal de los hombres. Si los dioses liberasen al mundo del amor, ¡qué felicidad! ". Tiene, en cambio, una gran inclinación a enriquecer su propio espíritu. Pero si, como hemos dicho anteriormente, siente esta debilidad por las ideas revolucionarias, siente también un gran desprecio cuando la. indisciplina hace su aparición y rompe los moldes de unas formas absolutamente imprescindibles para la convivencia de la Humanidad y el mantenimiento del orden. Le producen auténtico desprecio los soldados que no cumplen con su disciplina militar, y cuando el 20 jun. 1792 contempla en París aquella manifestación que se hace contra Luis XVI (v.), a quien obligan a utilizar el gorro frigio de la Revolución, Bonaparte lanza una exclamación desdeñosa para el rey, que ha sido capaz de soportar semejantes humillaciones, y comenta: "Si hubiese disparado y matado a tres o cuatro cientos de esa canalla todos los demás hubieran huido". Y la misma expresión de desdén le arrancan los acontecimientos del 10 de agosto en que las escenas revolucionarias se repiten ante la mirada del rey.2. Fracaso en fraguando su personalidad, que no abdica de ninguno de los principios militares, y va dándose perfecta cuenta de la importancia del poder y de la autoridad. Uno de sus héroes favoritos había sido Paoli, corso como él, que luchaba por la independencia de su isla frente a Francia. Con la Revolución, Paoli ha podido regresar a Córcega, y N., deseando incorporarse a las filas de un batallón de voluntarios de la Guardia Nacional constituido en Ajaccio regresa a su tierra natal. Tiene entonces 22 años y empieza a saborear la alegría del triunfo. Pero la situación con respecto a Paoli ha cambiado, el héroe corso sigue siendo un enemigo de Francia, mientras N. es un hombre de la Revolución.La separación entre los dos personajes se produce de una manera brusca y rotunda. En los incidentes que se suceden en la isla por los choques de los soldados del ejército de voluntarios que dirige N. y los habitantes, N. actúa con una energía inusitada frente a sus conciudadanos. Paoli se aleja todavía más de N. Uno de los nobles corsos, Pozzo di Borgo, diría de N.: "es un tigre sanguinario". N. regresa rápidamente a París y se justifica ante las autoridades francesas. Vuelve otra vez a Ajaccio porque consigue que el Gobierno francés de la Convención le autorice a la conquista de Cerdeña, perteneciente a la monarquía de los Saboya. Pero esta expedición no sale tal como N. la había previsto y resulta un auténtico fracaso, más aún, según la opinión de Jacques Bainville "la expedición no fue un desastre, fue una vergüenza".Esta situación, unida a un último encuentro frente a Paoli en el cual trata de destruir al héroe corso, hace que los Bonaparte tengan que abandonar la isla de Córcega y trasladarse a Marsella. Los acontecimientos en su tierra natal no han podido ser más calamitosos, pero la Revolución está llena de aventuras y de oportunidades, y una de estas oportunidades se le presenta en el sitio de Tolón, que los sublevados realistas franceses habían entregado a la marina inglesa. De una manera casual, y gracias a la intervención de Saliceti, diputado corso que es comisario en el ejército de Tolón, N. es designado para ocupar el mando de la artillería en la defensa de dicha ciudad. El éxito de N., a pesar de la resistencia y la incapacidad que habían mostrado los generales franceses para deshacer el sitio de Tolón, le da una popularidad merecida, y es nombrado general de brigada. Pero de la misma manera que la Revolución tiene oportunidades afortunadas, tiene también aspectos desgraciados, y justamente los hermanos Robespierre, especialmente Agustín que ha patrocinado al joven Bonaparte, figuran como las grandes víctimas de la reacción termidoriana. El joven general es arrestado y encerrado en la fortaleza de Antibes. El 14 sept. 1794, no existiendo ninguna prueba en contra de él, es liberado, pero no tiene ningún puesto de mando y permanece desocupado y sin dinero. Mas he aquí que otra vez el juego de las oportunidades le brinda a N. una participación que será ya el comienzo verdadero de su invariable fortuna militar y política.3. El General Vendimiario. Ante la sublevación del 13 vendimiario (5 oct. 1795), el diputado Barras llama a N. para encomendarle la defensa de la Convención. La situación es terriblemente grave y muy apremiante para N., porque su misión consistirá en disparar sobre la multitud si se produce el asalto a la Convención. N. duda por un momento y pide tiempo para reflexionar. Barras le concede solamente tres minutos y N. se decide por el sí. Acepta y su destino queda ya marcado. A los 30.000 hombres de la Guardia Nacional, la Convención no puede oponer más que 8.000 pero N. no se preocupa excesivamente; lo importante para él es saber manejar la artillería. Y, efectivamente, los disparos de 40 cañones reunidos cerca de las Tullerías deciden en dos horas la victoria a favor de las tropas de N. Bonaparte ha salvado a la Convención y con ello la continuidad de la Revolución designado comandante en jefe del Ejército del Interior, y se trasforma en uno de los hombres más populares de Francia, siendo denominado afectuosamente el General Vendimiario.Mimado por la popularidad, N. vive los primeros momentos del Directorio (v.) figurando entre los privilegiados de la nueva situación. Junto a Tallien, Fouché, Carnot y Barras, N. comienza a frecuentar los salones del Luxemburgo, si bien llama poderosamente la atención por su aspecto desgarbado y poco cuidadoso, hasta el punto de que Stendhal diría de él que "dado su aspecto mezquino era difícil hacerse a la idea de que aquel hombre era un general". A pesar de su aspecto negligente, consigue entablar relaciones con madame de Beauharnais y contrae matrimonio civil con la misma en 1796, siendo testigos de boda Tallien, Barras, Calmelet y Lemarois. Por contraer matrimonio con Josefina Beauharnais, N. ha roto sus relaciones con Désirée Clary, hermana menor de su cuñada Julia, la mujer de José Bonaparte. Pero aparte de esta situación sentimental lo importante en esta primavera del 96 es el hecho de que N. ha sido designado para dirigir el ejército de Italia contra la primera coalición y dos días después de su boda parte de París rumbo a Niza para hacerse cargo del mando de dichas tropas.La campaña de Italia revela en N. un general de carácter excepcional y de fortuna no menos importante. El ejército que le había sido dado para llevarlo a Italia se componía de cerca de 36.000 hombres hambrientos, indisciplinados, sin zapatos; con este ejército, N., imponiendo la disciplina e interesándose por los problemas de sus hombres, consigue las grandes victorias de Arcole y Rívoli sobre el ejército austriaco, compuesto por 37.000 hombres a los cuales se unían 27.000 del ejército piamontés. En esta marcha de aproximadamente 12 meses, N. mantuvo 18 grandes batallas y 65 combates. Comienza entonces a dirigir sus proclamas al ejército, las cuales serán parte integrante de su estrategia. Las primeras palabras que dirige a este ejército de la campaña de Italia son las siguientes: "Soldados, estáis mal alimentados y casi desnudos, pero yo os conduciré a las más fértiles llanuras del mundo". Una de las primeras maniobras de N. es la de separar el ejército de los piamonteses del de los austriacos, y después de haberles inflingido duros castigos firma con ellos el armisticio de Cherasco y, en persecución de las tropas austriacas, se sitúa a 150 Viena y firma la paz de Campoformio por la cual Austria pierde los Países Bajos, pero se le entrega la ciudad de Venecia, mientras que a Francia se le dan las islas Jónicas y funda la República Cisalpina, constituida por los territorios de la Lombardía y parte del Véneto, con lo cual si bien esto constituye un gran orgullo para Francia produce en Italia una cierta decepción ya que, habiendo saludado a N. como el héroe que podría ofrecerle a este país la liberación de la patria y la unificación de la misma, se convierte en un general al servicio de la República francesa para su mayor gloria y honor.A su regreso a Francia es recibido de una manera delirante y durante su estancia en París prepara la expedición de Oriente en colaboración con Talleyrand (v.), ministro de Asuntos Exteriores. Es posible que en la preparación de esta expedición sean aspectos determinantes el deseo del Directorio de alejar a una figura tan popular como N. y a la vez también la idea de Bonaparte de combatir a Inglaterra en aquellos núcleos neurálgicos que son vitales para el enlace geográfico de su Imperio. En abril de 1799, la expedición de Oriente está definitivamente constituida, y el texto del decreto en que se nombra a N. general en jefe de dicho ejército decía que "su misión sería la de expulsar a los ingleses de todas sus posesiones del Oriente y destruir sus establecimientos en el mar Rojo. Haría abrir un canal en Suez y concluiría con el gran sultán un buen tratado". Al tiempo que dirige este cuerpo expedicionario encarga a estudiosos como Berthollet, Monge y Arnault de formaruna comisión de científicos para que puedan regenerar la tierra de los faraones y conquistarla para la civilización francesa. La expedición a Egipto, pese al aparato con que fue organizada y al talento militar de N., constituyó un fracaso, ni más ni menos que lo fue la de Cerdeña. Allí deja finalmente las tropas al general Kléber y, después de la derrota naval de Abukir, embarca rumbo a Francia, donde los acontecimientos parece que hacen necesaria su presencia, a fin de recoger la herencia de un Directorio que no ha podido encauzar las grandes pasiones dejadas por la Revolución.Bonaparte, que tiene la habilidad de convertir en triunfos sus grandes fracasos, se presenta en Francia y pronuncia como una especie de requisitoria contra el régimen: "¿Qué habéis hecho -dice Napoleón- de aquella Francia tan espléndida que os dejé? Os había dejado victorias y no he encontrado más que derrotas. ¿Qué habéis hecho de aquellos 100.000 franceses, mis compañeros de gloria? ¡Han muerto!". De hecho, N. tenía razón, aunque en cierta manera con su expedición de Oriente había contribuido a estas catástrofes, pues, en definitiva, las glorias de sus conquistas en Italia se habían perdido.4. Del Consulado al Imperio. El Directorio está a punto de perecer; N., en colaboración con su hermano Luciano, presidente de la Cámara de los Quinientos, y con el apoyo de hombres como Siéyes, Ducos, la indiferencia del mismo Barras, organiza el golpe de 18 brumario. Tres cónsules son designados para ocupar el poder: N. Sieyés (v.) y Ducos, que prestan juramento el 20 nov. 1799. Uno de ellos será primer cónsul, es decir, N., y de hecho el único. El periodo del Consulado es el más trascendental en la vida de N. y de su país (v. CONSULADO FRANCÉS). Consigue reformar a Francia, acabar con la miseria, revitalizar el Estado, formar un concordato con la Santa Sede, organizar la universidad, la división administrativa; pero este poder ejecutivo que tenía en sus manos y que despierta el odio y la repulsa de todos aquellos que se sienten defraudados por el giro que está tomando la Revolución hacen que durante este periodo consular N. sufra los más grandes atentados de su vida, el de la rue Nicaise, la conspiración de Cadoudal, la de Pichegru, buena prueba de la resistencia que Francia opone al poder de un solo hombre. También durante este periodo N. realiza su segunda campaña de Italia en mayo de 1800, con motivo de la segunda coalición, en la que al igual que Aníbal atraviesa el Gran San Bernardo, repite las glorias de la primera expedición, si bien los triunfos son más difíciles, a pesar de lo cual hay victorias tan brillantes como la de Marengo, una de las más extraordinarias, con Austerlitz y Wagram, de su historia militar, que expulsa a los austriacos y le depara el control de todo el Norte de Italia. Como en la anterior ocasión, los triunfos italianos repercuten en otros frentes, y por la paz de Lunéville (9 feb. 1801) Francia cumple su sueño secular de alcanzar la orilla izquierda del Rin.El Primer Cónsul mantuvo las hostilidades con Inglaterra, vigentes tanto por el recelo británico a la formación de un fuerte poder continental, como por el sueño napoleónico de reconstituir el imperio francés de ultramar. Pero la lucha entre el coloso terrestre y el marítimo acabó en tablas, porque ninguno de los dos bandos tenía con qué decidirla: ni podía derrotarse a un ejército con una escuadra, ni era posible, sólo con tropas, dominar las rutas del mundo. La paz de Amiens (25 mar. 1802) significa el mutuo reconocimiento de esta impotencia; Francia renuncia, al menos de momento, a toda aventura ultramarina, e Inglaterra admite el hecho consumado de la hegemonía continental francesa.Sin embargo, a N. no le basta este poder compartido ni está dispuesto a consentir la restauración de los Borbones. Para convencer de una y otra idea se proclama cónsul vitalicio en 1802, y en mayo de 1804 Emperador de los franceses. A fin de dejar constancia de que no sería posible el retorno de los Borbones, hace ejecutar al duque de Enghien, hijo del príncipe de Condé; este crimen, que le será reprochado, constituye la afirmación de sus convicciones imperiales en el deseo de crear una nueva dinastía, la de los Bonaparte. La coronación tiene lugar el 2 dic. 1804, en la catedral de Norte-Dame de París. El papa Pío VII es "invitado" a asistir a la coronación, aunque N. se ciñó él mismo la corona, dando a entender que el poder por él conquistado no lo recibía de nadie.El Imperio no tiene menos complicaciones de las que ha tenido el Directorio o la Convención. En realidad, el Imperio es un régimen nuevo que se regirá por una Constitución nueva, la del a. XII, en la cual se crean los grandes servicios, los grandes oficiales de la corona, el jefe del Consejo privado; se distribuyen los cargos entre la familia imperial, siendo designados los hermanos del Emperador príncipes franceses y princesas sus hermanas, y una aristocracia nueva nacida al curso de los acontecimientos de la Revolución va creando los títulos que recuerdan los grandes hechos y las grandes victorias (v. FRANCIA V). Pero el implacable enemigo de N., Inglaterra, no pierde ni un solo instante de vista las acciones de Bonaparte y continúa la organización de las coaliciones contra el Emperador.5. Tratados de Presburgo y Tilsit. La tercera coalición dirigida contra N. está formada por Inglaterra, Rusia, Austria, Suecia y el reino de Nápoles. Junto a Francia, se alinean España y los Estados meridionales de Alemania, permaneciendo neutral Prusia. Prácticamente, todaEuropa lucha en dos bandos; esta tercera coalición ofrece dos acontecimientos bélicos de singular importancia: uno es el triunfo de la armada inglesa en Trafalgar (v.), frente a la flota franco-española, el 21 oct. 1805, pero el 2 de diciembre de ese mismo año N. vence a los ejércitos coaligados en la batalla de Austerlitz (v.), la más perfecta de la historia militar de N. y, posiblemente, de toda la historia militar. Con este triunfo, obliga a los austriacos a la paz de Presburgo, por la cual Austria cede a Francia el Véneto, que entra a formar parte del reino de Italia; el Emperador del Sacro Imperio Romano-Germánico (v.), pierde este título quedando sólo como Emperador de Austria (v. AUSTRIA IV, 6); en tanto que N. se hace proclamar rey de Italia.Como consecuencia de la paz de Presburgo, una de las más importantes del Imperio napoleónico, se organiza con 16 príncipes alemanes la Confederación del Rin, en la cual entran poco tiempo después 37 Estados, cuatro reyes, cinco grandes duques, 15 príncipes y 13 duques. También Alemania ha saludado en cierto modo a N. como al hombre en el que confiaba para su unidad frente al Sacro Imperio, disuelto por la paz de Presburgo. La siguiente coalición, la cuarta, está dirigida por Prusia y Rusia, y se desarrolla desde octubre de 1806 a junio de 1807. La indecisa batalla de Eylau y la victoria de Friedland marcan la brillante trayectoria de triunfos militares en la carrera imperial de N. Es el hombre más poderoso de Europa. El mismo Hegel, que ve a N. en octubre de 1806 triunfante en Jena, escribe a un amigo: "He visto al Emperador, esta Weltseele (alma del mundo), cabalgar a través de la ciudad para hacer un reconocimiento. Se experimenta ciertamente un sentimiento prodigioso al ver a semejante individuo que, concentrado aquí, en un punto, montado sobre un caballo, abraza al mundo y lo domina. En cuanto a los prusianos, todo parecía inclinarse a su favor; la victoria de los franceses ha sido mérito exclusivo de este hombre extraordinario, que es imposible no admirar". Pero si frente a Prusia N. no guarda mayores consideraciones, le interesa mucho captarse la voluntad del zar Alejandro I (v.), y a tal fin se celebra una entrevista en Tilsit sobre una barca en el río Niemen. El encuentro entre los dos Emperadores tiene por objeto repartirse las zonas de influencia en Europa; el Zar le deja las manos libres para que actúe en Alemania y se compromete a cerrar los puertos rusos a las naves de Inglaterra y colaborar con el Emperador francés en el bloqueo continental. A su vez obtiene el Zar la libertad de actuar sobre Suecia, a la cual le arrebatará Finlandia.Por los tratados de Tilsit (8 jul. 1807) se regulan, según frase de N., los acuerdos del mundo. Pero, sin embargo, dentro del mismo ha existido ya un principio de incomprensión en cuanto a la petición rusa de englobar en su zona de influencia la ciudad de Constantinopla, a lo cual N. responde que Constantinopla es el Imperio del mundo. Después de Tilsit, N. reorganiza su Imperio de Europa. Funda el nuevo reino de Westfalia, que comprende territorios prusianos de Hesse-Cassel, Brunswick y parte de Hannover, proclamando rey a su hermano jerónimo. El Gran Ducado de Varsovia es concedido al Elector de Sajonia (v.), y éste se trasforma en reino. Constituye este periodo, comprendido entre 1805-08, el momento culminante en la grandeza imperial de N. Prácticamente le pertenece toda Europa y ha hecho de su familiauna dinastía que ocupa distintos reinos europeos, pertenecientes antes a los Borbones. Además de su hermano Jerónimo, rey de Westfalia, su hermano José es rey de Nápoles, su otro hermano Luis lo es de Holanda, su hermana Elisa posee la Toscana, y Paulina el principado de Guastalla en Italia.La idea que N. tenía de Europa era la de hacer de París la capital de ese mundo que iba a ser dirigido por él y, por consiguiente, no podía encontrar aliados más fieles que a sus propios familiares. Entre las ideas más esenciales que conviene señalar sobre su concepto de Europa destaquemos las siguientes afirmaciones suyas: "Corresponde al pueblo más esclarecido, más humano, recordar a las naciones civilizadas de Europa que no forman sino una misma familia y que los esfuerzos que emplean en sus disensiones civiles alcanzan a la prosperidad común". Ese pueblo era Francia, y el Emperador del mismo, N. En sus sueños sobre la aglomeración de estos pueblos europeos que han sido destruidos por las guerras y las revoluciones piensa establecer un orden napoleónico con un mismo código, una misma ley, una misma moneda, una misma universidad, y dedicar sus días del futuro a lo siguiente: "Mis ocios y mis días de vejez hubieran estado consagrados, en compañía de la Emperatriz y durante el aprendizaje real de mi hijo, a visitar lentamente, en verdadero matrimonio campesino, con nuestros propios caballos, todos los rincones del Imperio, recibiendo las quejas, enderezando los errores, sembrando en todas partes los monumentos y los beneficios".Esta imagen ideal de Europa, que jamás alcanzará, corresponde a una auténtica ilusión suya, dar una paz, pero para llegar a la misma N. pasa todos sus años de Imperio sumergido en una guerra continua. Son muy pocos los años que pasa en París, pues prácticamente su vida trascurre en los campos de batalla, y fiel a esta idea de reconstruir una Europa según sus sueños le quedaban todavía unos Borbones que ocupaban un trono europeo, el de España, y a los cuales había que echar. Esta consideración, unida a la necesidad de completar su bloqueo continental frente a Inglaterra y someter a la nación portuguesa aliada incondicional de Inglaterra, hacen que N. prepare la invasión de España, primero bajo un aspecto puramente pacífico, pero una vez penetrados los ejércitos napoleónicos en España se manifiestan claramente las intenciones del Emperador. Y se organiza así la repulsa nacional frente a la penetración francesa que determina el estallido de una guerra de. independencia frente a la invasión francesa (v. INDEPENDENCIA, GUERRA DE LA).6. Camino de la derrota. La comprometida situación de los ejércitos de Napoleón en España hace que comience a tambalearse el Imperio de N., pero a la vez también hace que se redondee mucho más su ya amplio Imperio (v. JOSÉ I BONAPARTE). En octubre de 1808, año en que ha tenido lugar una de las primeras derrotas de los ejércitos napoleónicos en Bailén, se celebran las entrevistas de Erfurt, que tienen por objeto continuar las iniciadas en Tilsit y confirmar el apoyo de los acuerdos tomados a orillas del Niemen. Pero la gestión de Talleyrand y la declinante estrella militar de N. hacen que comience a derrumbarse su gran Imperio europeo. La campaña que Austria emprende contra N. formando así la quinta coalición, y que dura de abril a julio de 1809, tiene triunfos militares para N., pero la batalla de Wagram ya es una victoria duramente conseguida. También en 1809 tiene un conflicto con el Papa, puesto que el Emperador declara terminado el dominio temporal e invade los Estados Pontificios. Pío VII (v.) responde con la excomunión, y N. hace prisionero al Papa, que es conducido primero a Savona y después a Fontainebleau. En 1809, después de haberse divorciado de Josefina, contrae matrimonio con María Luisa, hija del Emperador de Austria, y de la cual tiene un hijo que será llamado Rey de Roma. Responde este título al criterio que tiene N. de considerar a Roma como la segunda capital de su Imperio europeo. Si el fruto de este matrimonio hubiera sido niña, se hubiera denominado Princesa de Venecia, título también muy significativo por todos conceptos..El viraje que se inicia en los destinos de N. a partir de 1808 supone una cadena ininterrumpida de acontecimientos adversos que culminan en la expedición de la Grande Armée contra Rusia en 1812. Efectivamente, las relaciones entre los dos colosos europeos se habían hecho incompatibles, sobre todo tras la negativa rusa a participar en el bloqueo continental. Los comienzos de la campaña no pueden ser de más triste presagio, y el hecho de adentrarse con facilidad en la llanura rusa no es más que un grave riesgo. El ejército que dirige está compuesto por 700.000 hombres, de los cuales solamente 300.000 son franceses, y entre éstos una gran parte corresponde a jóvenes recientemente incorporados a filas. La dificultad de los abastecimientos hacen que cada soldado lleve a sus espaldas un peso de 3Q Kg., a fin de bastarse a sí mismo durante un cierto periodo. No ha encontrado más resistencia que la que le ha ofrecido Kutuzov, comandante en jefe de las fuerzas rusas, en Borodino. Pero apenas instalados en Moscú la ciudad comienza a arder. El incendio dura cuatro días, a cuya circunstancia se añade el saqueo de la misma, ya que el gobernador Rostopchin había dejado libres a todos los presos. De las 9.300 casas y de los 800 palacios de que constaba la ciudad, solamente quedaron, más o menos habitables, alrededor de 2.000 edificios. Sólo el Kremlin permanece intacto, y es allí donde N. entra después de haber cabalgado entre las llamas. Permanece un mes en Moscú y abandona la ciudad el 19 de octubre, llevando consigo víveres para 15 días. A N. le quedan todavía alrededor de 140.000hombres, de los cuales sólo 50.000 pertenecen a la caballería. Elige la vía de Esmolensko, pero Kutuzov le sigue; la retirada es de auténtico desastre, del que puede servir de índice el paso del Beresina. Por otra parte, el Emperador tiene que regresar rápidamente a París? donde el general Malet ha intentado un golpe de Estado.El balance de esta triste expedición es la pérdida de hombres, que se eleva a 380.000. Este desastre de la campaña de Rusia, que supone no solamente la pérdida de una serie de batallas, sino la del ejército, hace que las naciones europeas consideren llegado el momento para saldar sus cuentas con el Emperador. Un año más tarde, en octubre 1813, en Alemania se vuelven a vivir las derrotas del año anterior. N. ha conseguido rehacer su ejército llamando a las armas a los más jóvenes (de 18 a 19 años), y llega a reunir 300.000 reclutas, que son adiestrados sobre la marcha. La batalla de Leipzig, llamada la batalla de las Naciones, supone una nueva derrota para N., el cual regresa a París, se rehace y, en la campaña de Francia, del - 10 al 13 feb. 1814, consigue ganarle a Blücher siete batallas y hacerle perder 40.000 hombres. De nada le sirve hacer las paces tardíamente con España que tanto había contribuido a su desgaste (tratado de Valensay, mayo de 1814). Finalmente, N. tiene que rendirse ante la evidencia, y por presión de sus mismos mariscales abdica en Fontainebleau a favor del Rey de Roma, para firmar el 6 de abril su segunda abdicación, esta vez incondicional.7. Caída definitiva. Conducido a la isla de Elba, permanece 10 meses en el aislamiento, donde recibe las visitas de su madre y de María Walevska, y vive rodeado de su hermana Paulina, el mariscal Bertrand, el general Cambronne, Drouet, etc. Estos meses que pasa en compañía de amigos y familiares, terminan con su retorno a Francia, cosa que sucede el 26 feb. 1815. Al amanecer del 1 marzo, el fugitivo de Elba desembarca cerca de Cannes, y el 20 del mismo mes entra en París ocupando las Tullerías, que ha abandonado Luis XVIII (v.). El recorrido desde el sur de Francia hasta la capital ha sido un viaje triunfal en que se han despertado a la sola presencia de N. los ecos de sus pasadas glorias. Otra vez se proclama la continuidad del Imperio, pero los aliados, reunidos en sus sesiones en el congreso de Viena (v.), abandonan rápidamente la capital del Imperio austriaco para empezar a organizar la última coalición contra el Emperador. El 1 jun. 1815, en el campo de Marte, las tropas juran de nuevo fidelidad al Emperador, pero el 18 del mismo mes tiene lugar en Bélgica la batalla de Waterloo (v.), donde 125.000 hombres de N. se enfrentan contra 227.000 de los aliados. Wellington (v.) lucha contra N.; por última y definitiva vez, la victoria es adversa al Emperador, que tiene que entrar en París derrotado, y en donde la Cámara reunida exige su abdicación. Su hermano Luciano trata de poner en práctica las maniobras que le dieron el triunfo en el 18 brumario, pero los tiempos han cambiado y no puede más que redactar la abdicación de su hermano, quien renuncia a favor de su hijo Napoleón II, mientras deja al Parlamento el encargo de nombrar una regencia. El sueño dinástico es lo último que se extingue en su pensamiento: "Solamente con mi dinastía Francia permanecerá libre y feliz". El 15 de julio N. se constituye prisionero de los ingleses, que le llevan a la isla de Santa Elena, en el Atlántico. Allí morirá N. el 5 mayo 1821, víctima de una enfermedad del estómago, si bien habían corrido muchos rumores sobre las circunstancias de su muerte y un posible envenenamiento. En Santa Elena, N. vive rodeado de algunos de los personajes que le acompañaron en la isla de Elba. Al barón de Les Cases y a Gourgand dictará sus recuerdos, pero todos le van abandonando poco a poco, precedidos por la condesa Montholon. Sus cenizas no fueron llevadas a Francia hasta 19 años más tarde, es decir, en 1840, cuando era rey de Francia Luis Felipe. El juicio que merece una figura de la categoría de N. es muy difícil de resumir, dada la aparente contradicción del personaje. Para Texeira de Pascoaes, N. "no vivió en su época, es un dios que se retrasó en el camino". Para Anatole France, resultaba "violento y ligero y, por lo mismo, profundamente humano, es decir, semejante a todo el mundo. Quiso, con fuerza singular, todo lo que la mayoría de los hombres estiman y desean. Compartió las ilusiones que imponía a los pueblos. Ésta fue su fuerza y su debilidad; ésta fue su belleza". En unas cuantas palabras podríamos decir que N. tiene uno de los destinos más dolorosos. Nada de cuanto quiso pudo mantenerlo, aunque todo aquello que soñó pudo llegar a realizarlo, salvo el hacer duraderas las conquistas conseguidas por su voluntad y por su genio.CARMEN LLORCA.
BIBL.: G. LEFEBVRE, Napoléon, en Peuples et civilisations, XIV, 4 ed. París 1953; L, MADELIN, Histoire du Consulat et de 1’Empire, París 1932-53; H. BELLOc, Napoleón, Buenos Aires 1944; A. CASTELOT, Napoleón Bonaparte, Madrid 1970; D. CHANDLER, Las campañas de Napoleón, Milán 1968; F. MASSON, Napoleón, Buenos Aires 1944; J. BURNAT, G. H. DUMONT y, E. WANTY, Le dossier Napoléon, París 1962; G. LENóTRE, En suirant 1’Empereur, París 1935; J. PABóN, Las ideas y el sistema napoleónicos, Madrid 1944; O. AUBRY, Napoleón en Santa Elena, Barcelona 1944; D. STACTON, I Bonaparte, Milán 1967; J. BOURGUIGNON, Le retour des cendres, París 1941.
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