Mutsu-hito (meiji)
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Biografía GER
Emperador del Japón y principal artífice de la trasformación de este país en gran potencia moderna. Hijo segundo del emperador Komei, n. en Kyoto el 3 nov. 1852, y por muerte de su hermano quedó como heredero en 1860. Subió al trono en 1867.Por entonces, una grave crisis se estaba produciendo en el alma japonesa. Desde el s. XVII, Japón había vivido una época feudal, bajo el dominio de los shogunes, o jefes de la alta nobleza, de la familia Tokugawa (v. JAPÓN V; TOKUGAWA). El Mikado o Emperador, recluido en su palacio de Kyoto, era, aparte su dignidad religiosa, poco más que una figura decorativa. La intervención extranjera, con la presencia de escuadras norteamericanas, rusas, británicas y holandesas, que obligaron al Japón a tratados humillantes (1854, 1858, 1863-64) produjo en el Imperio del Sol Naciente una doble reacción: de una parte, un movimiento nacionalista y xenófobo; de otra, el prurito de imitar a Occidente en la perfección de su técnica y en su prosperidad material.Puede considerarse a M. H. como el genial sintetizador de estas dos corrientes en un movimiento único. Apenas subió al trono, se puso al frente de aquel movimiento, y lo encauzó en un sentido claramente político, decidido a derribar el poder shogunal y acabar con los privilegios de los daimios o miembros de la alta nobleza. Una corta guerra civil, en la que M.-H. -con sólo 16 años- acreditó su talento organizador, precipitó la trasformación política: el Emperador recuperaba todas sus prerrogativas, en tanto que el shogunado (v.) quedaba abolido por decreto de 4 en. 1868. Se iniciaba la era Mei¡i (v.) o de la Luz.Inmediatamente, se inició una gigantesca obra de trasformación administrativa, social, económica y técnica del Japón, capaz de convertir al país en una potencia moderna. Por supuesto, no es M.-H. el exclusivo autor de esta obra, pero su especial talento para escoger colaboradores y consejeros tuvo en este sentido una decisiva importancia. Se trasladó la capital a Tokio; desde allíse creó un Estado centralizado y se dividió al país en 72 kens o provincias. Las tierras de los daimios fueron repartidas. La nobleza se hizo funcionaria y quedó inscrita en los altos cuadros de una administración emprendedora. Quizá la mayor preocupación de M.-H. fue la legislativa, cuidando de asegurar jurídica y constitucionalmente el nuevo orden. La Constitución de 1889, que establecía un Parlamento bicameral, reservando el poder ejecutivo al Emperador, es la pieza clave de la organización política del Japón hasta 1945. En cuanto a la aceptación de la técnica occidental como medio de elevar al país -nunca como fin-, podemos distinguir dos periodos: hasta 1872 predomina la "importación de técnicos", en que expertos norteamericanos, británicos o alemanes enseñan a los japoneses a trazar vías férreas, construir barcos de guerra, nacionalizar la administración o sentar las bases de una econorilía capitalista. Luego, predomina la salida de estudiosos nipones al exterior, para observar métodos y técnicas. La trasformación del país, en pocos años, fue espectacular, y a fines de siglo se hablaba ya del "milagro japonés".El empuje del renovado Imperio se hizo patente en la guerra chino-japonesa (v.) de 1895, y sobre todo en la ruso-japonesa (v.) de 1904-05, en que, ante el asombro general, el pequeño Imperio insular derrotó a una de las grandes potencias del mundo. Desde entonces, el "milagro" se trasformó en "peligro": el famoso peligro amarillo que tanto dio que hablar en las primeras décadas del s. XX. Sin embargo, la característica prudencia de M.-H. evitó ulteriores tensiones. El país, asegurado internacionalmente por la alianza británica, siguió prosperando, y estaba en vísperas de una nueva victoria -esta vez en la I Guerra mundial- cuando m. el Emperador, el 29 jul. 1912. Valiosa mezcla de dictador y liberal, de místico y hombre de acción, fue, fanatizado por una fe inquebrantable en el destino del país, un jefe de intuición prodigiosa. Parece que fue esta intuición la que le hizo acertar en todo momento.J. L. COMELLAS GARCIA-LLERA.
BIBL.: H. NORMAN, Japan’s emergence as a world poder, Nueva York 1914; A. ZICHSKA, Le lapon dans le monde. L’expansion nipone, 1884-1934, París 1934.
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