Mutanabbi, Al
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Biografía GER
Abú-l-Tayyib Ahmad al-Mutanabbi, el mayor de los poetas árabes, n. alrededor del 915 en Kúfa (Iraq). Huérfano muy pronto de madre, fue educado por su abuela e inició sus estudios en una escuela de la ciudad. Para perfeccionarse en el dominio de la lengua árabe vivió algún tiempo entre los beduinos y más tarde, con su padre, emigró a Bagdad, en donde siguió los cursos del filólogo Ibn Durayd e hizo sus primeras armas como panegirista.Vida literaria y política. Cuando tenía unos 15 años, pudo ganarse la vida con los donativos que recibía a cambio de sus versos. Sin embargo, esta etapa es poco conocida, pues cuando M. alcanzó la fama hizo lo posible para ocultar su pasado juvenil y destruir los poemas de esa época, algunos de cuyos versos, los mejores por supuesto, volvió a aprovechar en plena madurez con otros contextos. Pero en las pocas muestras que se conservan de su temprana producción se ve ya la mano del restaurador de la gasida (composición poética), disgregada por los modernistas como Abú Nuwás (v.), y del innovador que supo vitalizar los viejos clisés y las figuras de retórica, consagrando el triunfo de la escuela neoclásica.Muerto su padre y ca. el 933, intentó crear un Estado independiente en Siria. Inició su labor revolucionaria haciéndose pasar por profeta (al-Mutanabbi `el que se tiene por profeta’) y copió los procedimientos empleados por Mahoma en su predicación. Pretendió que se le había revelado un Corán de 114 azoras y consiguió algunos prosélitos entre las tribus vecinas de Lataquié, pasando luego a instruir a la tribu de los banú Kalb; con estos primeros adeptos dio unos cuantos golpes de mano, con éxito, que le llevaron a multiplicarlos y a constituir un peligro para el orden público."Más dulce que el buen vino, más suave que el brindis de las copas/Es para mí el manejo de espadas y lanzas y el encuentro por mi orden de ejército contra ejército./Morir en el combate es mi vida. Vivir para mí es extremar la muerte/Y si algún día un comensal me la escancia con sus manos me alegraré aunque sea un hombre débil".Algunos de sus amigos, como el poeta al-Sanawbari, el creador de la poesía floral, le aconsejaron que abandonara este género de vida y se consagrara exclusivamente a la poesía. No les hizo caso y, al final, tuvo que hacer frente a las tropas del gobernador de Homs que le vencieron, le hicieron prisionero y le encerraron en una mazmorra. Cayó enfermo y pidió clemencia al nuevo gobernador Isháq b. Kaygala con unos versos humildísimos:"Te suplico cuando ya he perdido la esperanza, cuando tengo la muerte al lado junto a la yugular,/Te suplico cuando la desgracia me ha abatido, cuando las cadenas han fatigado mis pies/Que antes andaban con sandalias y ahora con cadenas./Antes, entre la gente, paseaba con escolta y hoy mi escolta son esos monos de criminales".Poeta de corte. Ibn Kaygala se compadeció de él, le obligó a abjurar públicamente y le puso en libertad (936). Había pasado dos años en la cárcel. Tras esta desagradable experiencia decidió abrirse paso en la vida con su poesía. Empezó a dedicar sus panegíricos a pequeños burgueses o a funcionarios de segunda fila; poco a poco fue teniendo protectores de mayor categoría como el emir Badr y Muhammad b. al-Jasibi. Por estas fechas se enteró de la muerte en Kúfa de su abuela, a la cual dedicó una sentida pero artificiosa elegía, en la que no faltan versos de propia vanagloria. Pasó luego al servicio de los ijsidíes y al poco tiempo recibió una invitación de Sayf al-Dawla, rey de Alepo, para que fuera a vivir con él como poeta de corte. Dejó Egipto y, al cruzar por Trípoli, el gobernador de esta ciudad, el propio Ibn Kaygala que le había amnistiado, intentó retenerle a su lado; escapó y al llegar a Damasco y enterarse de que había muerto asesinado le dedicó una sátira feroz:"Nos dicen: -Ha muerto Isháq-. Replico: -Éste es el remedio que cura la estupidez./Si ha muerto su muerte no representa ninguna pérdida ni dolor puesto que en vida vivió sin moral y sin apostura./El esclavo que le rompió la cabeza aprendió de él a traicionar al amigo y a ocultar la deslealtad con la hipocresía./Siempre le he visto como un mono sin cola, desprovisto de valor, lleno de inconstancia".En el 948 fue presentado a Sayf al-Dawla. Estaban presentes en la ceremonia los principales ingenios del mundo árabe, pues todos ellos vivían acogidos al mecenazgo del soberano hamdáni que hizo de Alepo la capital intelectual del Islam. M. permaneció nueve años a su servicio y fue colmado de beneficios (en cuatro años recibió sumas que totalizaban los 35.000 dinares, o sea, unos 14 millones de pesetas, sin contar las fincas, trajes de corte, caballos, etc.). Las poesías que dedicó a Sayf al-Dawla y que reciben el nombre genérico de say/iyyát le valieron la decidida protección del soberano frente a las intrigas de quienes intentaban desacreditarle y hacerle perder el favor de que gozaba. Sayf al-Dawla, sobre todo en los primeros años en que tuvo a su servicio a. M., no hizo caso de las acusaciones y calumnias que contra éste se lanzaron ni quiso atender a las peticiones de sus enemigos -encabezados por el también poeta y primo del soberano, Abú Firás al-Hamdáni- para que le postergara. El poeta tampoco hacía nada para parecer simpático, pero sus ditirambos a Sayf al-Dawla no tenían parangón.La descripción de las campañas de Sayf al-Dawla contra los bizantinos llenan buena parte del diván (colección de poesías). En estas poesías las victorias se ponen siempre en el haber del emir y las derrotas en la falta de celo o cobardía de sus subordinados. Muchas veces -lo mismo hará más tarde su émulo el gran poeta andaluz Ibn Darráy- un asunto de circunstancias da pretexto para tratar el tema épico. Así, el panegírico que le dirigió con motivo de la fiesta de los sacrificios del 953:"Toda hombre tiene en su época aquello a que está acostumbrado, y es costumbre de Sayf al-Dawla alancear al enemigo./Desmentir las alarmas acudiendo al combate y ser feliz con lo que el enemigo maquina./ ¡Cuántos que buscaban su daño se han dañado a sí mismos! ¡Cuántos jefes de ejércitos enemigos le regalaban sus hombres como prisioneros en vez de conducirlos a la victoria! /¡Cuántos orgullosos que jamás habían creído en Dios al verle, espada en mano, se convirtieron! /Es el mar. Bucea en él, cuando está tranquilo, en busca de perlas. Evítale si está encrespado./He visto que la gente ha de ir al mar en busca de sus dones, pero este mar va en busca de la gente./Los reyes de la tierra se humillan ante él. Se apartan de él vencidos y le salen al encuentro prosternados./Las espadas y las lanzas dan vida, por él, a las riquezas y su sonrisa y generosidad dan muerte a lo que aquéllas dieron vida./Es inteligente; sus ojos, perspicaces, le permiten ver hoy lo que tú verás mañana./Al frente de la caballería alcanza los objetivos más difíciles y si el cuerno del sol fuese la aguada, allí los llevaría a abrevar".Viaje a Egipto. A continuación de esta introducción sigue la descripción de una algara contra el general bizantino Bardos Focas. Pero en esta época la oposición contra M. era ya fuerte, y Sayf al-Dawla empezaba a estar cansado de servir de escudo constante a su poeta favorito. Éste se dio cuenta de la situación y llegó a insinuar en una gasida el posible abandono de Alepo por Egipto. Su protector le retuvo aún y, en una posición inestable, le mantuvo todavía a su lado durante unos años. Pero la escasez de la producción del vate terminó por disgustar a Sayf al-Dawla, quien dejó de apoyarle en un choque violento que sostuvo en el 957 con el filólogo Ibn Jalawayhi. M. comprendió lo que semejante inhibición significaba y emigró a Egipto. En este país fue bien recibido por Káfúr, liberto negro que gobernaba en nombre de los ijsidíes, y que al parecer, y para retenerlo a su lado, le ofreció, para un futuro más o menos lejano, el cargo de gobernador de una provincia. En el periodo inicial de sus relaciones éstas fueron buenas aunque M., de. manera velada, no dejara de introducir alguna impertinencia en sus versos."Afrentas al sol cada vez que aparece por el horizonte con el sol negro de tu rostro./Tu traje, que encierra la gloria, brilla de tal modo que hace olvidar a la luz./La piel es un vestido; la pureza del alma es mejor que la de la túnica./¿Quién ayudará a los reyes blancos a cambiar su color por el del rostro de este eunuco negro?".Pero pronto las cañas se tornaron lanzas y, al no recibir el cargo que ansiaba, compuso una sátira en la que decía:"Más estúpido que un esclavo y su mujer es el hombre libre que soporta a un esclavo, Káfur, que le gobierna./Las necesidades de Káfür son simplemente animales: comer y amar./No esperes favores de un hombre sobre cuya cabeza ha pasado la mano del negrero".A pesar de que M. no divulgó esta composición, Káfñr no se engañaba acerca de sus sentimientos y le tenía sometido a una discreta vigilancia, a pesar de lo cual el poeta pudo huir (962) y refugiarse en Bagdad. Aquí recibió una invitación de Sayf al-Dawla para que volviera a su lado, pero no consideró oportuno aceptarla. Pasó a Siráz en donde estuvo poco tiempo al servicio de `dud al-Dawla y de regreso al Iraq, en una de las últimas etapas, entre Wásit y Bagdad, fue atacado por una pandilla de beduinos a uno de los cuales había satirizado tiempo atrás.M. combatió como un valiente e hizo honor a sus versos:"Cuando retorné los cálamos me dijeron: La gloria es de la espada y no del cálamo"y "Me conocen los caballeros, la noche y el desierto; lo mismo la espada y la lanza que el papel y el cálamo".Los versos de M., reunidos en un diván, han sido reiteradamente comentados y editados; permiten ver que su autor fue orgulloso, soberbio, poco o nada creyente, apasionado del honor, poco inclinado a los devaneos amorosos y, sobre todo, consciente de su propio valer literario:"Mis versos irán a Oriente, hasta donde ya no hay más Oriente e irán a Occidente hasta donde ya no hay más Occidente".0"Todos mis contemporáneos recitan mis gasidas; cuando compongo un poema todo el mundo lo declama./Lo lleva por los caminos el que nunca ha viajado; lo canta entusiasmado el que nunca lo cantó".M., como hace observar Blachére, "fue un mago de la palabra que supo pulir sus clisés con arte y con un estilo nervioso y altanero; supo ennoblecer ideas banales que bajo el ropaje principesco con que las revistió ya no nos parecen ideas comunes". Además, al injertar nueva savia en el árbol de la vieja gasida, al incrustar con tino en ella muchas de las innovaciones de los modernistas, fijó de modo maestro unas normas neoclásicas que iban a enseñorearse en la poesía árabe hasta principios del s. xx.J. VERNET GINÉS.
BIBL.: La obra fundamental es la de R. BLACHÉRE, Un poéte du VI, siécle de l’hégire (X, siécle de J. C.): Abou-t-Tayyib alMotanabbi, París 1935, en la que se encuentra la traducción francesa de un gran número de versos y un fino estudio del poeta y su obra. Un estudio, basado en esta obra, en castellano es el de E. GARCÍA GómEz, Mutanabbí, el mayor poeta de los árabes (915-965), "Escorial", 111 (1949) 15-49 (reproducido en Col. Austral n° 513); J. VERNET, Literatura árabe, Barcelona 1966, 84-86.
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