Mühlberg, Batalla de HIST.
Categoria:
Historia
Se libró el 20 abr. 1547 entre las tropas de la liga de Nuremberg, presidida por el emperador Carlos V, y las de la liga protestante de Esmalcalda.Antecedentes. La aparición de la reforma luterana en Alemania planteó un grave problema a Carlos V (v. CARLOS I DE ESPAÑA), dada su doble condición de Emperador alemán y, de acuerdo con la tradición medieval, cabeza política de la cristiandad. Durante muchos años Carlos V intentó solucionarlo por la vía de las negociaciones, puesto que su educación y su concepción del catolicismo le inclinaban al diálogo y al entendimiento con los disidentes. Las Dietas de Worms (1521), Nuremberg (1522), Spira (1526 y 1529) y Augsburgo (1530) fueron claros exponentes de esta política conciliatoria. No obstante, las posturas irreductibles de ambos bandos hicieron inútiles tales intentos. A los seis meses de Augsburgo, los protestantes se unieron en la liga armada de Esmalcalda, presidida por Juan Federico, elector de Sajonia, y el landgrave de Hesse; y ante ello Carlos V tuvo que prometer en Ratisbona la celebración de un concilio general o, en su defecto, de una asamblea del Imperio para resolver el problema religioso.La situación quedó así estacionaria durante varios años, hasta que en 1538 los católicos en respuesta a la liga protestante su agruparon en la liga de Nuremberg. Esto no significaba el abandono de la política de diálogo por parte de Carlos V, puesto que sus intentos no cejaron hasta lograr la convocatoria del Conc. de Trento en 1545. Este se pronunció por la prioridad de los asuntos dogmáticos sobre los disciplinarios, y en respuesta los luteranos se negaron a reconocer el concilio. A partir de este momento Carlos V se convenció de la inutilidad del diálogo y vio clara la única salida posible: recurrir a la fuerza. Las circunstancias eran favorables, para ello, pues se hallaba en paz con Francisco I, acababa de firmar una tregua con los turcos y una alianza con la Santa Sede. Al iniciar la campaña, los efectivos luteranos se componían de unos 50.000 hombres y 110 piezas de artillería, mientras que el Emperador contaba con 8.000 mercenarios alemanes, 12.000 soldados reclutados en España e Italia, otros pequeños contingentes aliados y 32 piezas de artillería.El primer encuentro entre ambos bandos tuvo lugar en Ingoldstadt, donde Carlos V resistió a los luteranos pese a su inferioridad en efectivos, mientras que su aliado Mauricio de Sajonia atacaba los dominios de Juan Federico. Esto permitió al Emperador abandonar Ingoldstadt, y, dirigiéndose hacia el Sur, someter todas las ciudades fieles a la liga de Esmalcalda (campaña del Danubio, 1546). Ante el sesgo político que pareció tomar una guerra en principio religiosa, Paulo III retiró su ayuda militar y económica a Carlos V y trasladó el concilio a Bolonia, obligando al Emperador a acelerar el fin de la campaña.La batalla. Al frente de sus tropas, unos 22.000 hombres, inició Carlos V la nueva campaña, encaminándose hacia Sajonia, con lo que forzó al elector a retirarse a M. Juan Federico se situó a la derecha del Elba y cortó el puente de Meissen, tratando de impedir el paso a los imperiales. Las tropas de Carlos V recorrieron la orilla izquierda hasta dar con un vado, y protegidos por la niebla atravesaron el río apoderándose de unas barcas enemigas con las que construyeron un puente, por el que pasó el grueso de las fuerzas. Juan Federico, ante lo inesperado del ataque, tuvo que retirarse, pero logró reorganizar sus tropas y hacer frente a las imperiales mandados por el propio Carlos V y el duque de Alba. Esta reacción sólo condujo a la más estrepitosa derrota, en la que los protestantes dejaron en manos del Emperador a sus jefes y gran parte de sus efectivos.Consecuencias. M. libró a Carlos V de la gran pesadilla de sus últimos años, la liga de Esmalcalda, y le abrió inmensas posibilidades de actuación. Sometida Bohemia poco después, dominaba Alemania desde el Báltico a los Alpes e iniciaba el intento de plasmar su idea imperial en la creación de un Imperio-potencia: nueva constitución, ejército y medios en común, y también acción y fines en común. El temor a esta nueva frontera ideológica uniría contra él a todos sus enemigos, lo que daría lugar a la terrible crisis de los a. 50 y con ella al fracaso de los planes del Emperador (tratado de Passau, 1552).J. M. RODRIGUEZ GORDILLO.
BIBL.: L. ÁVILA Y ZÚÑIGA, Comentario de la guerra de Alemania, BAE XXI, 1852; M. FERNÁNDEZ ALVAREZ, La España del emperador Carlos V, en HE XVIII, 1966.
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