Muerte I. Medicina. MEDICINA
Categoria:
Medicina
Concepto. Médicamente la m. se define como el cese de la función del organismo como un todo, sin esperanza de recuperación. Ese cese del funcionamiento del organismo como un conjunto no supone el de cada una de las células, de los tejidos y de los órganos que lo componen; por el contrario, éstos suelen sobrevivir al organismo por un periodo de tiempo variable. Las células más sensibles son las neuronas, que mueren en pocos minutos después de detenerse la función cardiaca. El riñón y el corazón pueden sobrevivir seis o más horas y, más aún, el hueso y el cartílago. Esto posibilita la realización de los injertos de tejidos y los trasplantes de órganos. Aunque las células de un organismo muerto conservan cierta actividad durante algún tiempo, pronto se establecen cambios irreversibles, que se instauran de manera gradual y pueden ser útiles para estimar, de manera aproximada, el tiempo de la m. desde el punto de vista médico-legal (V. TRASPLANTES HUMANOS).Diagnóstico. Cuando la m. sobreviene a consecuencia de una enfermedad, no se instaura de manera súbita y puede ser difícil determinar el momento exacto de la misma. El cese de la respiración y de la actividad cardiaca no son, signos decisivos; ambos pueden detenerse por breve tiempo y, no obstante, en ocasiones se consigue la reanimación con medidas terapéuticas enérgicas. La m. del cerebro es el criterio más seguro.Siguiendo a J. Teijeira (o. c. en bibl.) podemos decir que los criterios para el diagnóstico objetivo de la m. están relacionados con el registro de la actividad eléctrica del cerebro por medio del electroencefalograma (EEG). La falta de actividad metabólica en las neuronas lleva consigo la desaparición de la actividad eléctrica. Como consecuencia, desaparecen las ondas del EEG, quedando sustituidas por una línea isoeléctrica. Así, la falta de oxígeno (anoxia), cuando se prolonga más allá de un límite crítico, de pocos minutos, produce lesiones cerebrales irreversibles, hasta llegar a la alteración encefálica total, en cuyo caso el EEG queda plano indefinidamente (V. ELECTROENCEFALOGRAFíA).Al confirmar por medio del EEG, junto con los otros datos complementarios, que toda actividad cerebral ha cesado por completo de modo irreversible, se puede asegurar con objetividad que se ha producido la m. Sin embargo, es importante analizar los factores que han producido el trastorno, porque en algunas intoxicaciones -p. ej., por barbitúricos (v.)- el enfermo puede recuperarse todavía después de muchas horas de trazado plano del encefalograma. Aparte de estos casos, que se pueden enjuiciar correctamente por el conjunto de los datos, puede decirse que basta la obtención sistemática del registro durante 24 horas, o para mayor garantía 48 horas, desde la aparición del EEG plano, para afirmar que ha adquirido ya las características propias del cadáver. De todas formas, dada la importancia de este diagnóstico, el médico no debe limitarse a un solo dato por muy decisivo que sea. Por eso, para excluir toda posibilidad de error al valorar el EEG plano, este hecho ha de estar acompañado de una serie de signos, todos ellos manifestaciones de la misma desintegración encefálica: pérdida de conciencia con absoluta incapacidad de respuesta a cualquier estímulo, parada respiratoria sin posibilidad de respiración espontánea, pérdida completa del tono muscular y parálisis fláccida, pérdida de todos los reflejos craneales con pupilas en dilatación paralítica, etcétera.En el momento actual se halla en desarrollo una nueva técnica para el diagnóstico preciso de la m., basada en el estudio de la circulación cerebral por medio de la inyección intravascular de un radioisótopo que, cuando la circulación cesa después de la m., produce un patrónde radiactividad cerebral diferente del observado en vida.Alteraciones cadavéricas. Aunque los primeros signos de la m. corresponden al ámbito funcional, pronto ocurren cambios irreversibles que pueden ser objetivados morfológicamente. Estos cambios ocurren en el cadáver, es decir, en el cuerpo una vez que se estableció la m. Se trata, por tanto, de fenómenos post mortem.Pocas horas después de la m., la sangre se mueve hacia partes declives, siguiendo la acción de la gravedad, y origina las livideces cadavéricas -livor mortis-, que se localizan en la espalda en cadáveres que reposan sobre ella. En la sangre sedimentan los eritrocitos, produciéndose dos capas: una profunda de eritrocitos y otra sobrenadante de plasma. Una y otra se coagulan formando los coágulos cruóricos, de color rojo oscuro, y los coágulos lardáceos, de color amarillo. En las seis primeras horas que siguen a la m., se produce la rigidez de la musculatura -rigor mortis-, que se instaura como consecuencia del desdoblamiento del adenosintrifosfórico en el músculo. La rigidez comienza en los músculos de la cabeza y se propaga hacia abajo, hasta alcanzar las piernas, para desaparecer luego en el mismo orden. Otras alteraciones cadavéricas son la disminución de la temperatura corporal -algor mortis-, la autólisis debida a las propias enzimas celulares y la putrefacción por entrada de microorganismos saprófitos, procedentes generalmente del tracto intestinal.Muerte de un tejido. La m. circunscrita de un tejido o de parte de un órgano, en un organismo vivo, recibe el nombre de necrosis. Cualquier injuria grave -agentes físicos y químicos, microorganismos- puede causar necrosis, pero la causa más frecuente es la falta de riego sanguíneo. Existen dos formas principales de necrosis: 1. Necrosis por coagulación, que se observa frecuentemente en los infartos anémicos y se instaura a causa de una coagulación de las proteínas celulares, convirtiéndose el tejido en una masa granular de color amarilloblanquecino. 2. Necrosis colicuativa, en la que el tejido se reblandece y eventualmente se fluidifica; es típica del infarto cerebral y recibe el nombre de reblandecimiento (V. INFARTO).Muerte celular. La m. de las células se acompaña de cambios morfológicos provocados por la acción de las enzimas. Para que se establezcan, se requiere el transcurso de un cierto tiempo entre la m. y la observación. El núcleo se retrae y la cromatina se tiñe más intensamente -pi cnosis-, más tarde se fragmenta -cariorresis-. Ocasionalmente, el núcleo puede perder afinidad por los colorantes palideciendo hasta desaparecer -cariólisis-. En el citoplasma, la m. celular suele manifestarse por homogeneización y acidofilia (v. CÉLULA).J. J. VÁZQUEZ GARCÍA.
BIBL.: S. L. ROBBINS, Tratado de Patología, 3 ed. México 1968; f. TEIJEIRA, El final de la vida humana, "Nuestro Tiempo", 205 y 206 (1971) 81-91; G. THURSTON, The point of death, "The Practitioner", 205 (1970) 187-190; D. SILVERMAN y OTROS, Cerebral death and the electroencephalogram, "JAMA" (Journal of the American Medical Association), 209 (1969) 1505-1510; J. M. GOODMAN y OTROS, Determination of brain death by isotope angiography, "JAMA", 209 (1969) 1869-1872; VARIOS, The EEG in the declaration of death, "Electroencephalography and Clinical Neurophisiology", 27 (1969) 332-335.
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