Mueble I. Arte Mobiliario. ARTE
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Arte
1. Prehistoria y Edad Antigua. El hombre primitivo, en los primeros milenios del Cuaternario, en el periodo arqueológico del Paleolítico inferior, no tuvo necesidad de m. en un clima caluroso, entre densa vegetación. Su vida discurría al aire libre o en cabañas rudimentarias. Un tronco de árbol derribado o un fragmento de roca le podrían servir de asiento y su lecho quedaba solucionado con las hojas secas que cubrían el suelo. Fue, posiblemente, en el Paleolítico superior, cuando las temperaturas glaciales obligaron al hombre a buscar refugio en las cavernas, el tiempo en que los artistas que con tanta maestría pintaban en la roca o esculpían y grababan en fragmentos de hueso o de asta pensaron en hacer más llevadera su vida con algún m. portátil, pero ningún vestigio se ha encontrado y nos es imposible intuir la forma de este mobiliario primitivo. El Neolítico que surge, probablemente en el Cercano Oriente, más de 5.000 años a. C. no es solamente un cambio en la técnica de la piedra, sino la mayor revolución en el sistema de vida que ha conocido la Humanidad. Los hombres no dependen ya para subsistir, del azar de la caza, sino que han creado una economía estable a base de agricultura y ganadería; viven en poblados de cabañas, y sus rudos y enormes monumentos suponen la existencia de un poder religioso y político. Posiblemente estas cabañas tuvieron un mobiliario rudimentario. El hacha pulimentada, sólidamente adherida a un mango de madera o de asta, permitía la labra de la madera. Es probable que surgiese la idea de elevar un tablero a alguna altura sobre el suelo por medio de trozos de madera para evitar la humedad y sustraerse al contacto de roedores y sabandijas. Surgiría así el lecho, que pudieron hacer más cómodo y abrigado gentes que ya conocían el arte del tejido. De la misma manera los carpinteros labrarían asientos más cómodos y más transportables que un tronco o un trozo de peña. En las necrópolis del Neolítico aparece la cista, arca formada con lajas de piedra. Esta forma, disminuida de tamaño y traducida a la madera, daría lugar al arca. El lecho, el escabel y el arca serían posiblemente los primeros m. que utilizó el hombre.No conocemos bien las estaciones intermedias de una evolución que, desde el Neolítico y la primera Edad de los Metales nos lleve a las culturas del Cercano Oriente, cuando en una civilización adelantada aparecen los primeros testimonios históricos. Probablemente cuando en la Europa occidental persistían las culturas prehistóricas, en el tercer milenio a. C., había ya, en el valle del Tigris, grandes ciudades construidas en ladrillo. Los habitantes de estos poblados urbanos inventaron la rueda y una escritura que se ha conseguido, parcialmente, descifrar. Sólo un m. aparece frecuentemente representado en estatuas y relieves: la silla. Recordemos la estatua sedente de Gudea, el rey-arquitecto de los sumerios, o el relieve que representa a Urnina, rey de Lagash. El asiento, que permitía al jefe un posición de superioridad sobre sus súbditos, en pie o sentados en el suelo, fue siempre emblema del poder: el trono. Aun en las más pobres culturas de la América prehispánica se encuentran asientos tallados en piedra para los caciques. Todavía damos el nombre de cátedra a una disciplina universitaria. La cátedra, en las iglesias cristianas, es el símbolo de la autoridad suprema.De todos los pueblos de Oriente es Egipto, en su larga historia de más de cuatro milenios, en las esculturas, en los bajorrelieves o en las pinturas que cubren inmensas superficies murales en templos y sepulcros, el más extenso repertorio de escenas de la vida de todas las clases sociales, de todos los oficios, desde los faraones a los más humildes artesanos. La creencia en una vida de ultratumba amontonaba en las cámaras sepulcrales de los personajes importantes los enseres que habían hecho más grata su vida y que aún deberían serle útiles después de la muerte. Conocemos la vida diaria de los pobladores de las márgenes del Nilo mejor que la de los europeos en los primeros siglos medievales. De esta documentación copiosísima se deduce que en las clases populares y en los estamentos medios el m. debía de ser casi inexistente. De los menestrales egipcios que aparecen representados en su tarea se podría decir lo que los primeros cronistas de América decían del indio: que su único asiento eran sus propios talones o la parte inferior de su torso directamente aplicada sobre el suelo. Esteras y vasijas de cerámica serían el único ajuar de sus viviendas. Este sería el menaje no solamente de los obreros, sino de los escribas, de los magistrados menores o de los médicos. Acaso alguna vez, taburetes de escasa altura en los oficios que requerían más larga quietud.Pero la maravillosa habilidad de ebanistas, broncistas y decoradores maestros en una artesanía nunca ya superada se revela en el copioso, variado y riquísimo mobiliario de los faraones y de los altos funcionarios. En las esculturas monumentales y en los relieves’ historiados el m. que aparece con más frecuencia es todavía el trono, símbolo de la majestad de dioses y de faraones. Pero en las cámaras sepulcrales aparecen vestigios de variedady riqueza maravillosos. En los primeros años de este siglo se conocían algunos restos, encontrados en sepulturas saqueadas, que eran ya el asombro de los hombres de ciencia y de los artistas. En el museo del Louvre se conservan sillas de madera con cabezas de león en los brazos y garras de león en las patas. El respaldo está adornado con maravillosa labor de marquetería de ébano y marfil de hipopótamo. La misma elegancia y la misma riqueza se revelan en los fragmentos de asientos y de lechos que se conservan en los principales museos de Europa, singularmente en el Louvre y en el Británico.Pero estos vestigios, que permitían intuir una ebanistería de primor insuperable, quedaron un poco olvidados cuando el 26 nov. 1922 un aristócrata inglés, apasionado por la Arqueología, lord Carnavon, y un egiptólogo de la misma nacionalidad, Howard Carter, descubrieron las cámaras sepulcrales, excepcionalmente intactas, del joven y desventurado faraón Tutankamon (v.), que reinó hacia el 1350 a. C. Los m. que se acumularon en torno de la momia del príncipe son algo de lo más bello, de lo más rico y primoroso que han creado los hombres de todos los siglos. Se han sucedido diversas culturas; se ha llegado en nuestro tiempo a inventos prodigiosos en el campo de la ciencia, pero no se han podido crear otros tipos de m. que los que se labraron, en el segundo milenio a. C. para un soberano egipcio: el taburete, con patas de garra de león, que sirvió de trono infantil al rey niño; el armario chapeado de oro, que contenía las estatuillas de la pareja real; el trono, chapeado de oro puro, con relieves policromos, de una elegancia inigualable, en el respaldo; el trono litúrgico en el cual aparecen, como sostén, los palos cruzados en X, que perduran en la Edad Media; las arcas prismáticas o con tapa de forma tumbal o semicilíndrica, cubiertas de relieves policromados y dorados; los lechos; las mesas de juego; las arquimesas, que preludian los escritorios italianos o españoles del Renacimiento; los candelabros, satisfacen todas las necesidades suntuarias. A través de griegos y romanos, que conocieron la cultura egipcia, estas formas son el origen del mobiliario actual.No conocemos por vestigios directos el repertorio de m. de caldeos, asirios y Aqueménidas, sino por estatuas y relieves. Como todo el arte de estas grandes monarquías, el de los mueblistas debió de buscar, sobre todo, una impresión de majestad y de fuerza mejor que el primor y la adaptación al cuerpo humano. En los bajorrelieves asirios que se conservan en el Louvre aparecen mesas con patas terminadas en garra de león que se apoyan en troncos de cono invertido, y sillas del mismo estilo. El museo Británico guarda algunos fragmentos de bronce, hábilmente fundidos y esculpidos, que sirvieron de adorno a m. asirios, y en el mismo museo hay placas de marfil esculpido que sirvieron también de adorno a mesas o a sillas. Las referencias literarias ponderan el esplendor de palacios y de templos en Asiria, pero apenas ha quedado algún testimonio gráfico. Parece que en este mobiliario prevalecía la abundancia de metales y de piedras preciosas. Heródoto enumera las riquezas de los palacios de Nínive y Babilonia, en los cuales se admiraban lechos, tronos, mesas y escabeles de oro macizo.En el mobiliario, como en tantas cosas, los griegos de la época prehelénica y de los períodos clásicos imitan las formas de Egipto y del Cercano Oriente, siempre con una mayor sencillez, supliendo la riqueza con la elegancia de las formas. Los poemas homéricos nos dan una idea acaso demasiado favorable del lujo que reinaba en los palacios, pero esta literatura es, sin duda, posterior en siglos a la guerra de Troya. El poeta se refiere, sobre todo, a tronos, taburetes y lechos de bronce cincelado. La primera descripción de un m. de arte en madera esculpida la encontramos en Pausanias, cuando describe el arca entregada al tesoro de Olimpia por Cypselus, rey de Corinto, labrada por el ebanista Eumelos. A partir del s. VI a. C., las representaciones de m. en la pintura de los vasos y en los relieves funerarios o litúrgicos son innumerables y revelan la simplicidad y la elegancia de las formas, que son muchas veces las actuales. Los más importantes vestigios de la ebanistería griega se encuentran en las tumbas de los reyes bárbaros del Bósforo. El túmulo de Koul-Oba contenía vestigios inapreciables, que hoy son el principal tesoro del Ermitage de Leningrado. Se trata, sobre todo, de vestigios de arcas funerarias, con relieves mitológicos y adornos del gusto clásico más delicado, recubiertos de hojas de oro. Fueron, sin duda, importadas del Ática o ejecutadas por esclavos griegos.Son, en cambio, copiosísimos en los principales museos de Europa los m. de lujo de la Roma republicana y, sobre todo, de la Roma imperial. Las formas son las griegas, inspiradas en lo egipcio, pero de una gran riqueza y de un maravilloso primor artesano. En sus acusaciones contra Verres, Cicerón describe los m. preciosos, de estilo griego, de que el ávido pretor había despojado a Sicilia. Plinio el Viejo se refiere a las mesas de maderas preciosas que alcanzaban precios fabulosos. El repertorio más importante del mobiliario del mundo antiguo está en el museo de Nápoles, procedente de las excavaciones de Pompeya y de Herculano. Es algo maravilloso, superado solamente por lo egipcio. Hay lechos de madera pintada de rojo -una plataforma rectangular sobre cuatro patas torneadas- con adornos de bronce y con incrustaciones de plata. La cabecera, perpendicular, está decorada con relieves de bronce de perfección incomparable. Se ven representados en el museo todo genéro de asientos, de los cuales tenemos referencias literarias: el bisellium, especie de canapé de dos plazas; la sella, el scabellum o taburete. En las termas había bancos de bronce, de forma parecidaa los que decoran actualmente parques y paseos. La mesa, de todas las formas que conocemos actualmente, es el m. más bello entre los que decoraban una vivienda romana lujosa. Las mesas circulares sobre tres pies en forma de pata de león, o sostenidas por sátiros, esfinges o victorias aladas no han podido ser superadas. Los mueblistas europeos de finales del s. XVIII y comienzos del siguiente se limitaron a copiar los m. que decoraban una casa pompeyana del s I a. C.2. Edad Media. Al derrumbamiento, en el s. V, del Imperio romano de Occidente la capital cultural del mundo que fue romano, repartido ahora en diversas monarquías bárbaras, está en Constantinopla. En la capital se acumulan las riquezas de Grecia y Roma, pero los artistas bizantinos, fuertemente influidos por el Oriente, prefieren la riqueza a la belleza de las formas, que se simplifican, pero que en su propia simplicidad son capaces de primorosa decoración. En los mosaicos y en los códices miniados se reproducen sillas y lechos, decorados con metales y piedras preciosas. Se conservan, sobre todo en Italia, sujeta al dominio bizantino, tronos pontificios y episcopales. Acaso el más notable sea el que figura, como símbolo de la cátedra de S. Pedro, en el fondo del ábside de la basílica vaticana. El asiento es un cubo de madera, adornado con placas rectangulares de marfil, algunos de cuyos relieves representan temas mitológicos. El respaldo puede ser más moderno, de estilo lombarda del s. IX o X. En el tesoro del Kremlin se guarda el trono que fue enviado por el Emperador de Oriente al zar Iván IV con ocasión de su matrimonio con Sofía Paleólogo. Está muy reformado, pero en la parte más antigua conserva también relieves de marfil con temas paganos.De las monarquías bárbaras de Europa en la Alta Edad Media, es la España visigoda la que proporciona un repertorio más copibso, gracias a las Etimologías de Isidoro de Sevilla. El santo arzobispo menciona diversas clases de asientos: el solium o trono; las matronarum cathedra y las subsellae patrum familias. Los asientos populares eran tripodae y sellae. La mesa de gran lujo era la delphica, y la escaria la mesa corriente de triclinio. De Oriente, a través de Roma, habían heredado los visigodos la afición a los lechos (pulvinae) para el reposo y para el banquete. Hay referencias literarias a m. magníficos, como las andas o trono portátil del rey Sisenando, que describe el cronista Fredegario, o la famosa mesa de Salomón, botín principal de los árabes en la conquista de Toledo.Los árabes, que a partir del s. VII conquistan el Próximo Oriente, el Norte de África y España, utilizan al comienzo los palacios de reyes y gobernadores vencidos. Construyen después magníficas residencias, como la ciudad cortesana de Medina-Azahara, de los califas omeyas del s. X; la Aljafería, de los taifas de Zaragoza; y la Alhambra, de los nazaríes de Granada. Pero el mobiliario debió de ser muy somero. Los árabes, descendientes de los beduinos errantes del desierto, cifraban su lujo en lo transportable: alfombras y tapices. Sentados sobre cojines en el suelo, tendrían mesas bajas para tener a su alcance manjares y bebidas. Los lechos fueron armazones sin decorar, destinados a sostener almohadas y cojines. En las viviendas más modestas se sustituían alfombras y tapices por esteras. Se cuenta que en la casa de un juez de Córdoba no había sino un lecho y una estera por todo mobiliario.En la Baja Edad Media, a partir del s. XI, hay ya monarquías poderosas con cortes que requieren ambientes suntuosos. En el centro de Europa los gremios de menestrales motivan en las artes suntuarias un primor que se traduce en la riqueza del mobiliario. En el centro de Europa palacios y castillos se amueblan cada vez con mayor lujo. El repertorio de formas es muy copioso: el armario, el escaño (bahut), arca que sirve de asiento y que está provista de un respaldo; el arca prismática, con cubierta de forma diversa, asientos de todas clases, desde el sitial provisto a veces de un dosel de madera, hasta el taburete; aparadores en los cuales, durante los banquetes, se exhibía una maravillosa colección de piezas de orfebrería. Los lechos solían estar cubiertos por un baldaquino para sostener dosel y cortinas, pues todavía en las moradas señoriales el dormitorio individual era casi desconocido y los cortinajes eran la sola salvaguardia de la intimidad. Todas estas formas se ajustaban a los estilos arquitectónicos (el románico, las diversas fases del gótico) y se decoraban con admirable primor con los mismos motivos que aparecen en las catedrales esculpidos en piedra. Alfombras -generalmente españolas- y tapices historiados completaban la riqueza de las estancias.España viene a ser en el arte mobiliario, como en todos los aspectos de la vida y de la cultura, campo de batalla entre las corrientes centroeuropeas y las esencias orientales permanentes siempre en el alma hispánica. El mobiliario era, en general, menos rico y abundante que en Francia, Inglaterra o Alemania. Los monarcas y los grandes señores solían ocupar los palacios de los reyes moros y seguían su tenor de vida. El lujo principal consistía en alfombras y tapices; y las damas, hasta el s. XVIII, se sentaban en el suelo, en almohadas, sobre una plataforma de madera elevada un palmo y cubierta por una alfombra. La corte era errante y en su constante peregrinación se hospedaba en castillos, monasterios y palacios rurales. Precedían a la corte, con sus carros, los aposentadores que, cubriendo el suelo de baldosa con alfombras y los muros con tapices, daban a las estancias destartaladas una momentánea suntuosidad. Los m. eran pocos y fácilmente transportables.De la época románica apenas se conservan vestigios del mobiliario español; acaso, solamente la silla de madera esculpida de la catedral de Roda; pero tenemos en códices, relieves escultóricos y pinturas un copioso repertorio. Los libros "de los Testamentos", en la catedral de Oviedo, y "de las Estampas" en la de León nos presentan a los reyes sentados en sillas suntuosas, en forma de X, generalmente. El códice escurialense de las partidas de Alfonso el Sabio es un inapreciable catálogo gráfico del mobiliario español del s. XIII. En este repertorio y en los documentos literarios se advierte la dualidad de la vida hispánlica. Al mismo tiempo que Enrique IV recibe al bohemio barón de Rosmithal en Olmedo sentado en una alfombra, a la morisca, su condestable Miguel Lucas de Iranzo en su palacio de Jaén celebra sus banquetes en una estancia cubierta en los muros de paños de Arrás y con mesas, escaños y aparadores de gusto europeo. En los museos Arqueológico, Lázaro Galdiano y de Artes decorativas de Madrid, en iglesias y en casas señoriales se conservan sitiales, arcas, armarios y escaños de madera primorosamente esculpida con decoración gótica. El cuero repujado y los hierros forjados dan con frecuencia a estos m. un acento español.Pero lo más interesante en el mobiliario hispánico es la decoración morisca aplicada a formas occidentales. Es un fenómeno semejante al que representa en arquitectura el arte morisco o mudéjar en templos y palacios. Así el banco mudéjar del s. XIV en Tahull; las sillerías corales de Gradefes y de Santa Clara de Moguer, losbellos armarios adornados con lazos moriscos en el museo Arqueológico Nacional, en el de Artes Decorativas y en el de Arte de Cataluña. Esta influencia oriental se revela también en los sillones en X ("de jamuga") con taraceas de marfil de S. Domingo de Orihuela y Alcázar de Segovia. En el Hospital de Tavera, en Toledo, hay una arquimesa del XV, con ataurique morisco, precedente del m. que desde el s. XIX venimos llamando "bargueño".3. Renacimiento y barroco. En el Renacimiento, en el m., como en la arquitectura y en las artes plásticas, es Italia la que impone sus modelos a toda Europa. Se conservan, en general, los tipos medievales, pero abultados, como lo exige la mayor amplitud y el mayor lujo de las estancias, adornadas con pinturas murales y con techos en que se explayan apoteosis paganas. Grandes armarios de dos cuerpos; aparadores, escaños, arcas y arquimesas cubiertas de una decoración de motivos grecoromano, en relieves más abultados que las finas tracerías góticas. Los sillones son enormes, de patas rectas unidas por travesaños, brazos de elegante curva y alto respaldo, como el asiento, acolchado y guarnecido con telas ricas. Estos m. suelen ser, para mayor ostentación, dorados y policromados, para hacer juego con la suntuosidad cromática de muros y techos. Con variaciones locales, estos tipos pasan a la Europa central. El mobiliario en Alemania, país de grandes ebanistas, es de gran riqueza y primor, con frecuente empleo de finas teraceas de maderas preciosas.Este mobiliario internacional, de origen italiano, adquiere su perfección -en la Francia de Luis XIII y de Luis XIV. El prestigio de la corte francesa, que convierte a París en la capital de Europa, motiva el que concurran a esta ciudad los mejores artistas europeos, pero es el ambiente refinado de París o de Versalles lo que da unidad y carácter a su obra. El m. francés del s. XVII es de una magnificencia y de una perfección insuperables. M. fastuosos e incómodos, que excluyen toda intimidad, destinados a aumentar la majestad de los salones de palacios y castillos. Las formas son muy movidas, según el gusto barroco, pero las tallas, las aplicaciones de bronces y la marquetería de maderas finas son de una calidad insuperable. Se continúan los tipos del Renacimiento ampliando sus proporciones y aumentando su riqueza. Un m. nuevo es la consola, mesa que ofrece un solo frente, cortada de manera que se pueda aplicar a un muro. Sobre la consola se situaban el juego compuesto de reloj y candelabros. Los grandes mueblistas de Luis XIV son los miembros de la familia de los Boulle, que crean un estilo que se difunde en todas las cortes europeas del s. XVIII y que renace con fuerza en el segundo Imperio, a mediados del XIX. El fundador es AndrésCharles, n. en 1642 y m., muy anciano, en 1732. Continúan el taller familiar sus cuatro hijos: jean-Philippe, CharlesJoseph, André Charles II y Pierre-Benoit, que prolongan su actividad hasta mediados del XVII. El sistema del taller consistía en decorar m., de formas sólidas y magníficas, con marquetería de elegante dibujo, de concha de carey y placas de bronce. A veces se empleaba también el nácar, el ébano y otras materias preciosas. La obra maestra de Andrés Carlos I fue la decoración de las habitaciones del Gran Delfín en Versalles. Luis XIV se apresuraba a enseñarlas a príncipes y embajadores extranjeros. El estilo de los Bpulle se extiende a las cortes de España, de Saboya y de Lorena y se imita, empleando el estaño, en Holanda.Hay dos países en Europa que, por su especial tenor de vida, se sustraen de la influencia del m. ¡talo-francés: España e Inglaterra. En España persevera en el s. XVI la tradición oriental. El mobiliario es escaso y sencillo, y el lujo consiste en alfombras y tapices maravillosos. Las señoras continúan sentándose en almohadones, sobre la tarima que se llama "estrado". Los visitantes masculinos rodean esta tarima en sillones, simplificación del modg,lo italiano, con asiento y respaldo de cuero. Las mes-,i§? (bufetes) son de forma de tronco de pirámide, con hierros que parten de los travesaños que unen las patas en los lados menores para unirse en el centro, en la parte inferior del tablero. El único m. rico es el contador o escritorio que se viene llamando "bargueño". Es también de origen italiano. El contador situado sobre un bufete o sobre otro m. ofrece un frente repartido en cajones, ricamente decorados con relieves o marquetería. En el escritorio, este sistema de cajones se cubre con una tapa, enriquecida con hierros dorados que al quedar abierta, sobre travesaños, sirve de mesa de escribir. En las últimas décadas del s. xvii, la decoración casi exclusiva del "bargueño" es de placas de carey sobre madera de ébano, con cerraduras, estatuillas y remates de bronce. En las obras de Zabaleta, en las memorias de la condesa d’Aulnoy, en el teatro contemporáneo, las referencias a m. son numerosas. Todavía a comienzos del s. xviit el duque de Saint-Simon se quejaba de la escasez de m. en el viejo Alcázar de Madrid, que contenía la más rica colección de cuadros y tapices de toda Europa.Inglaterra, durante la Edad Media y el Renacimiento, se adaptó con alguna mayor rudeza a los diversos estilos europeos. Esta influencia del continente permanece durante el reinado de los Estuardos en Escocia y en Inglaterra, tan unidos a Francia por vínculos familiares. Solamente después del destronamiento de Jacobo II, Inglaterra, en perpetua contienda con la Francia de Luis XIV, crea su propio sistema de mobiliario sencillo y elegante, adaptado a las formas del cuerpo humano y que corresponde al sistema de vida de una aristocracia rural y deportiva. El m. inglés tiene una enorme difusión en toda Europa por su elegancia y por su comodidad. Sillas y mesas de patas que, como en el m. egipcio y grecoromano, imitan las curvas de las patas de cabra y terminan, a veces, en garra de león; alto respaldo que se adapta a la forma del cuerpo humano, con un juego de líneas curvas de extraordinaria elegancia. Este respaldo es calado con una plaza maciza en el centro, en sentido vertical. Los brazos de los sillones sobresalen en sentido horizontal con una curva que sirve de cómodo apoyo. Producto de una sociedad elegante y rural, el m. inglés admite simplificaciones que lo hacen rústico sin perder la gracia de la línea. El estilo se adapta a toda clase de canapés, taburetes y mesas. El sentido práctico inglés crea nuevos tipos: la mesa escritorio, provista de cajones laterales; la cómoda-escritorio; el armario-librería.4. Siglos XVIII y XIX. Francia es sin duda en todo el s. XVIII y en el xix la capital de Europa en el aspecto suntuario, pues su corte es el prototipo y el modelo de las cortes europeas. A la muerte de Luis XIV, en 1715, se inicia, con la regencia del duque de Orleáns, un cambio en el concepto del m. francés que -acaso por influencia de Inglaterra, la eterna enemiga- pierde su sentido arquitectónico, monumental, para hacerse más cómodo y humano. El mobiliario, como la arquitectura, responde a la última fase del barroco, la que en Francia se llama rococó, exuberante de líneas curvas y de riquísima, profusa y exquisita decoración. Se tiende en la corte de Versalles a una vida menos espectacular, más íntima. El joven rey Luis XV hace repartir los inmensos salones de sus habitaciones privadas en estancias de un espacio relativamente reducido, decoradas y amuebladas con el gusto más exquisito y con un primor que quizá ya nunca sería superado. Como en el m. inglés, prevalecen las líneas curvas que se adaptan mejor al cuerpo humano. En mesas, sillones y sillas, las patas, los brazos y los respaldos son un juego de líneas ondulantes. Se crean nuevos tipos: la llamada por excelencia "cómoda"; él chiffonier, pequeño armario; la chaise-longue, breve lecho para reposos diurnos. Es la época de los grandes ebanistas y broncistas, verdaderos artistas del m. Se inicia con Charles Cressent, mueblista del Regente, y se continúa, ya en tiempo de Luis XV, por Meissonier, Jacques Caffieri, lean Fran~ois Oében, lean Franlois Guesnon, el mueblista de Mme. de Pompadour, Riesener, y muchos más, algunos alemanes o italianos.En la decoración predominan las dos tendencias del último barroco: el naturalismo preconizado por 1.-J. Rousseau, que gusta de los temas pastoriles y bucólicos, de las representaciones florales, y el Extremo-Oriente: la China conocida ya a través de porcelanas, marfiles y bordados y tenida por un país de maravillas. Las delicadísimas tapicerías de Beauvais, las telas brochadas, los bronces cincelados y dorados con primor ya insuperable hacen de los m. de los grandes maestros, verdaderasjoyas. En Inglaterra, coincidiendo con la época de Luis XV en Francia, el "reina Ana" evoluciona en un sentido de elegancia y riqueza que recibe el nombre del más famoso ebanista inglés de la época: Thomas Chippendale (1709-79) "Chippendale -escribe José Claretsupo imprimir carácter a sus muebles y mediante el empleo de motivos chinos, góticos, elementos del rococó, combinados con las caprichosas formas ideadas por él, crea un estilo individual, que se distingue por la elegancia, exactitud de proporción, notable gracia, resistencia y solidez que poseen sus muebles". Emplea, sobre todo, la caoba. Lo que distingue especialmente el Chippendale del "reina Ana" es el elegantísimo calado del apoyo vertical del respaldo, en el cual se adoptan las más variadas formas, inspiradas a veces en el Luis XV.Las ideas filosóficas y políticas de la segunda mitad del s. xviii influyen en el estilo de la decoración. Los filósofos ponen de moda a Grecia y a la Roma republicana, consideradas como la patria de las libertades políticas y, por otra parte, los descubrimientos en Roma y Pompeya dan a conocer las formas del mobiliario greco-romano. Hay una violenta reacción contra el rococó, que coincide con el reinado de Luis XVI (1774-92). No se imitan, sin embargo, las formas de los m. griegos y romanos, derivados de Egipto, sino que se crean tipos nuevos, de mayor simplicidad, que se decoran con motivos de la Antigüedad clásica. Las patas de sillones, mesas y consolas son verticales, sin las curvas de la época anterior, y revisten la forma de cono invertido o de carcax. Los respaldos son ovales o cuadrados. La decoración es muy sencilla y consiste solamente en motivos florales o temas ornamentales de la Antigüedad pagana. Pero el primor y la exquisitez continúan con los artistas procedentes del reinado anterior, como el francés de origen alemán Jean-Henri Riesener, y Jean-FranQois Leleu y Claude-Charles Saunier. Otros artistas, como Martin Carlin se forman ya en el nuevo estilo. Todo sigue con la perfección del reinado de Luis XV, pues la reina María Antonieta es tan exigente en este punto como Mme. de Pompadour. Es frecuente la aplicación de placas de porcelana de Sévres con motivos florales y pastoriles.Todo este primor insuperable desaparece con la Revolución de 1789. Los mueblistas trabajan ya en serie para la nueva burguesía, pero si no la riqueza decorativa, a lo menos permanece la elegancia de las formas, en las cuales se afirma la imitación de lo greco-romano, cada vez más amado y cada vez mejor conocido. El mobiliario del "Directorio" posee un encanto singular.El m. de lujo hacia el 1800 tiene sus ejemplares más bellos y perfectos en la corte española de Carlos IV y de María Luisa de Parma. Durante el s. xviti se imitan en España los estilos franceses, siempre con mayor tosquedad y con una tendencia hacia una cómoda amplitud. Es curioso notar que, a pesar de la continua guerra entre Inglaterra y España, el m. inglés prevalezca sobre el francés en el mobiliario de la burguesía española. En 1759 sube al trono de España Carlos III, que había sido rey de Nápoles. Uno de sus primeros cuidados fue fundar la Real Fábrica del Retiro, en la cual se fabrican porcelanas, bronces, marfiles, mosaicos y m. de todas clases. Se crea una artesanía cortesana digna de competir en primor con la francesa. Hay un estilo "Carlos IV", en el cual la influencia pompeyana, interpretada con gran libertad, es más directa que en Francia. Nada hay en Europa que se pueda comparar en primor con las "Casitas del Príncipe" de El Escorial y del Pardo, y con la "Casa del Labrador" en Aranjuez.La misma ideología que se difunde por toda Europa motiva en Londres un retorno a la sencillez clásica. El mobiliario inglés que corresponde al Luis XVI de Francia y al Carlos IV de España toma el nombre del ebanista Sheraton, que en su obra The cabinet-makers and upholsterers drawing book señaló las directrices del nuevo estilo. El Sheraton es en todo semejante a los sistemas contemporáneos en el continente, pero deja siempre la madera (caoba) en su color y compensa la austeridad en el adorno con la elegancia exquisita de proporciones y con la maestría en la labra.A partir de 1804 hay en Francia un Imperio y en París una corte magnífica. En guerra con toda Europa, Francia sigue imponiendo su dictadura en la moda. El nuevo estilo, el "Imperio" se inspira, más directamente que el Luis XVI en el mobiliario de la Roma imperial, si bien con el error de emplear preferentemente la caoba americana, y de copiar frecuentemente las formas arquitectónicas mejor que las del mobiliario: así la columna dórica, jónica o corintia sirve de apoyo a mesas y consolas. En las sillas se siguen con mayor fidelidad las formas antiguas, con sus respaldos que se curvan hacia atrás y sus brazos y sus patas en curva. Los lechos tienen la forma de barco. La decoración consiste exclusivamente en la aplicación, sobre la caoba, de bronces exquisitamente cincelados y dorados. En este estilo castrense son excluidos los temas pastoriles. Ahora son las coronas de laurel, los temas greco-romanos, los animales combativos: el león y el águila. Por excepción, el Imperio utiliza un ave pacífica, el cisne, que se reitera en todas partes. La artesanía francesa recobra su prestigio, pues Napoleón era muy intransigente en este aspecto. Dos mueblistas, Prudhon y Thomire, pueden rivalizar con los "grandes" de la época de los Luises.El derrumbamiento del Imperio en 1815 y la restauración de las monarquías tradicionales no excluyen el estilo "Imperio", sino que lo hacen evolucionar, de acuerdo con la nueva ideología. Las formas se hacen más ricas y pesadas. Se admite como decoración, además de los bronces, la marquetería de maderas finas. El riguroso clasicismo de las formas se altera con dosnuevos elementos: lo egipcio, que los descubrimientos de Champollion (v.) habían puesto de moda, y un romanticismo madrugador e ingenuo. A veces, todos estos elementos se reúnen en un solo m.; un tocador o una cama. El estilo en general es todavía un "Imperio" más macizo y menos primoroso, pero en los elementos ornamentales hay ojivas y rosetones que quieren evocar a Walter Scott. Este estilo coincide en Francia con la restauración borbónica (de 1815 a 1830), y en España con el reinado de Fernando VII. Con motivo de su boda con Cristina de Nápoles, el rey, ya maduro y enamoradísimo, renovó el mobiliario de los Sitios Reales, en los cuales predominan los pesados y ricos m. "Restauración".Es, en cambio, una época afortunada en la historia del m. el reinado de Luis Felipe de Orleáns (1830-48). Se retorna al "Imperio", pero la triunfante burguesía no exige ya maderas ricas, sino que los ebanistas emplean preferentemente el roble y la encina, a veces chapeados de caoba. Las formas se hacen más sencillas y elegantes y se prescinde casi totalmente de talla o de bronces. Los respaldos tienen, con frecuencia, la forma de lira y sigue la afición a los cisnes. En los lechos prevalece todavía la forma de barco y se decoran frecuentemente, como los demás m., con marquetería. Tapizados con alegres cretonas floreadas, los m. "Luis Felipe", en ambientes de papeles pintados, conciertan maravillosamente con la literatura de Lamartine, Alfred de Vigny y Dickens, y con la música de Chopin y Listz.1852: otro Imperio en Francia. Una corte magnífica regida por una española: Eugenia de Guzmán que, como nunca, impone la moda en todos los países de cultura occidental. La Emperatriz es entusiasta del s. XVIII y el "Luis XV" triunfa en las Tullerías, en Saint-Cloud y en Rambouillet, pero es un "Luis XV" agigantado e industrializado, que produce la mayor impresión de magnificencia, pero sin el primor de Riesener. En la alta Banca y en la gran burguesía se acude con demasiada frecuencia al yeso dorado imitando talla en los marcos de los enormes espejos; a la calamina, imitando bronce en candelabros y en relojes; al brocatel de algodón, imitando los brocados antiguos. En España, el largo reinado de Isabel II (1833-68) comprende el "Luis Felipe" y el "segundo Imperio", y solemos llamar "isabelino" a las imitaciones españolas de ambos estilos, tan diversos.Todavía en el reinado de Napoleón III había un estilo, aun cuando no original. En el ambiente de la Emperatriz se hacen algunos muebles primorosos de limoncillo y palo rosa con finos bronces y placas de porcelana. En cambio, la característica de los tres últimos decenios del siglo, tan importantes en la ciencia, en la literatura y en el arte, es no tener ningún estilo. Es el peor momento por el que ha pasado la historia del mobiliario y de la decoración. En el salón de una dama elegante se amontonan m. de todos los estilos: arcas medievales, escaños del Renacimiento, armaduras, telas diversas y sobre todo jarrones de China, alfombras turcas o persas. En los muros hay horror al vacío: se cubren totalmente de cuadros, espejos y tapices. Es la falta total de un estilo. En las postrimerías del siglo, en los laboratorios de estética de Munich, Viena, París y Londres se intenta llenar este vacío. El resultado de estas experiencias, que respondían a un movimiento que intentaba ser renovador en la literatura y en el arte se llamó modernismo (v.). Para Eugenio d’Ors el modernismo no es sino una reaparición de la constante barroca. Tiene del barroco la libertad, el naturalismo, la profusión ornamental con predominio de las líneas curvas, que se inspiran en la naturaleza. Se adaptan temas decorativos: vegetales, con todo género de flores, singularmente plantas acuáticas; cabezas femeninas de cabellos ondulantes y aun fauna, aves y peces principalmente. Es en las revistas, singularmente en la inglesa The Studio y en las alemanas, donde se puede seguir la evolución del estilo. Porque el modernismo fue, en efecto, un estilo, en cuanto comprende todas las manifestaciones del arte. Su gran mérito consistió en el retorno a la perfecta artesanía. El hierro forjado, los metales repujados, vidrios y esmaltes alcanzan la perfección de antaño.5. Conclusión. El modernismo duró poco y despertó la violenta reacción que suele suceder a los periodos barrocos. Hoy es más difícil encontrar un m. modernista que otro de Riesener o de Sheraton. Ha sido el último estilo. En las dos primeras décadas del s. XX se imitan el "Imperio" y los estilos del XVIII y del XIX. En España se prodigan las malas imitaciones del mobiliario español del Renacimiento. Actualmente se acude al m. "funcional" en que se busca la mayor comodidad posible. Se prescinde de todo intento ornamental y se emplean como materias principalmente el metal y el cristal.Nos hemos limitado en este breve resumen a reseñar el m. en las culturas del Cercano Oriente y de Europa, en donde surgen las direcciones que habían de extenderse por todo el mundo. Quedan al margen el m. popular y el de las viejas culturas de la India, del Extremo Oriente y de América prehispánica. El m. popular tiene un doble aspecto: la imitación, en medios provincianos y rurales, con pobres recursos, del mobiliario cortesano y el construido por artesanos humildes o por personas cuyo oficio no es la ebanistería (labradores, pastores, cazadores, etc.), para satisfacer a su manera sus necesidades elementales. El primer grupo es muy interesante. Es curioso notar la interpretación de los modelos cortesanos (p. ej., el "Luis XV", el "Luis XVI" o el "Imperio") en la morada de un hidalgo rural español o de un boyardo ruso. El m. verdaderamente popular, fabricado por personas ajenas al oficio es, curiosamente, el mismo en los países más distantes. Con los mismos elementos decorativos adorna un arca, un escaño o una mesa un labrador de Noruega que un pescador de Bretaña o que un pastor de los Abruzzos. En el Extremo Oriente, en la India, en la América prehispánica, el repertorio de m. era muy limitado, como sucede en los pueblos del Cercano Oriente. En las vísperas de establecer contacto con Europa un chino o un mexicano vivían su "Edad Antigua". Conocían los tipos elementales: la silla, la mesa, el lecho y el arca, y los decoraban según sus recursos estéticos, a veces de gran belleza y riqueza. Después del contacto con Europa se realizan mestizajes de magníficos resultados. Así, p. ej., el mobiliario barroco, lleno de reminiscencias indígenas, de Perú, de Quito o de México y los m. de línea europea, pero decorados con lacas policromas y con incrustaciones de madreperla coloreada, de Coromandel o de Filipinas.MARQUÉS DE LOZOYA.
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