Morfología II. Gramática. LIT.
Categoria:
Literatura
1. Morfología y sintaxis, partes de la Gramática. La concepción de la Gramática clásica, predominante hasta el s. XIX, englobó aspectos del lenguaje que posteriormente se consideraron aparte, constituyendo divisiones de la Lingüística (v.); el aspecto material del lenguaje (prosodia, fonética) y su representación escrita (ortografía) dejaron de estudiarse en la Gramática, para la que quedó como objeto la analogía (=morfología= etimología medieval) y la sintaxis (=diasintética medieval). Ya en el s. XX otros análisis del lenguaje (v.) hicieronsurgir nuevas partes de la Lingüística (lexicología-semántica), cuya inclusión o no dentro de la Gramática depende del concepto que de ésta se tenga; si la lexicología (v.) estudia la palabra en su aspecto formal (=morfológico) y significativo parte de la m. (Ullmann). Pero los enfoques son tan distintos, según las escuelas y los lingüistas, que en muchos estudios desaparece hasta el nombre de Gramática (Gray, Hjelmslev, etc.). En la obra de A. Llorente, Morfología y sintaxis (en Teoría de la lengua e historia de la Gramática, Madrid 1967), se encontrará un detallado análisis histórico de las partes de la Lingüística y de la Gramática.2. Palabra-oración. Admitiendo la concepción tradicional, la Gramática está constituida por la m. y la sintaxis (v.), que estudiarían respectivamente la palabra (según su forma y las clases que pueden constituir) y la oración (v. ORACIÓN GRAMATICAL). Tal atribución de objeto de estudio presenta dificultades tales como: a) la propia definición de la palabra (distancia según se utilice un criterio ortográfico, nacional o psicológico); b) la forma de las palabras depende en parte de las relaciones que establece con otras en la oración; c) la palabra ofrece diversos grados de realización, desde el aislado (silla, árbol, etc.), pasando por la frase hecha (a pie juntillas), la palabra compuesta (hombre rana) o los refranes (dime con quién andas y te diré quién eres); d) las oraciones tienen también una forma determinada (sujeto+verbo+objeto directo, en las transitivas; sin objeto directo en las intransitivas, etc.); e) la palabra, cualquiera que sea su grado de realización, es una unidad del habla, del decurso; no tiene existencia aisladamente: pertenece a la sintagmática no a la paradigmática (al habla no a la lengua), igual que la estructura gramatical.3. Forma-función-significado. Según se acaba de señalar, el punto de partida de la estructura gramatical es la cadena hablada donde se produce la operación mental básica de la comunicación de contenidos psíquicos (v. GRAMÁTICA), merced a una serie de relaciones establecidas entre las diversas palabras que cumplen una función; este conjunto de funciones constituyen las llamadas categorías funcionales (sujeto, predicado, objetos; etc.); aun cuando el término función tiene una mayor amplitud, por ahora retengamos éste y veamos cómo la forma y el significado de la palabra está determinado por la función: más aún. entre formafunción-significado existe una solidaridad tal que separarlas conduce a la negación del signo lingüístico (v.) y si de hecho se hace abstracción de alguna es por simple exigencia metodológica. Supongamos una forma material o externa, esto es, una sucesión de sonidos, como pagaré; su forma gramatical o interna dependerá de la clase de palabras (=parte de la oración) a que pertenezca; diferente si se trata de un sustantivo o de un verbo; pero precisamente su adscripción a una de estas clases está determinada por la función o uso que de ella se haga en el decurso: si se emplea como sujeto, su forma externa aceptará las modificaciones de la clase sustantiva (el pagaré/los pagarés) ; si, por el contrario, se usa como predicado recibirá las formas gramaticales del verbo (no te pagaré/no te pagaremos).También el significado de una palabra está determinado por la función; médico tiene un matiz distinto en vino el médico (referencia al individuo) y en soy médico (referencia a la clase) determinado en parte por la función de sujeto y atributo que desempeña respectivamente; la "débil especificidad" (Martinet) significativa de la palabra, necesaria para que el lenguaje pueda ser universalmente adaptable a todas las situaciones concretas, encuentra su adecuano tratamiento semántico, al integrarse en el decurso, no sólo por la función sino fundamentalmente por los contextos situacionales (uno solo, en un bar, significa `café sin leche’) y semánticos (el padre ama a sus hijos/el padre prior inició el canto, donde el distinto sentido de padre queda concretado por los significados de hijos y prior respectivamente). Todo lo dicho nos lleva a la misma conclusión: el único punto de partida de estudio del lenguaje, que no violenta su perfil más auténtico, es el habla, la, cadena hablada, el decurso, la sintaxis; en ella se integran la m. y la semántica (v.); pero ello no quiere decir que no sea legítimo estudiarlas separadamente; más aún es una necesidad metodológica ineludible del análisis, pero sin perder de vista que todas las formalizaciones realizadas carecerán de valor en la medida en que no den cuenta de los hechos sintagmáticas.4. Contenido de la morfología. a) Las modificaciones que puede recibir una misma palabra (modificaciones de orden formal-significativo), la cual conserva su significado léxico, correspondiente a la operación mental de la designación, y se ve afectada por nociones universales, correspondientes a la operación mental de la modalidad (v. GRAMÁTICA); estas nociones fundamentales (género, número, etc.) son los llamados morfemas (v.); b) las partes de la oración=clases de palabras= categorías gramaticales primarias: distintas agrupaciones que se pueden hacer con los signos de una lengua. Este último apartado de la m. se estudia detenidamente en ORACIÓN GRAMATICAL II; aquí sólo indicaremos que, de los tres criterios que se pueden utilizar para la clasificación (según la forma, la función o el significado), el de función es el más adecuado; la Gramática tradicional mezclaba todos los criterios y al lado de definiciones semánticas (sustantivo=sustancia, adjetivo= cualidad, etc.) utilizaba criterios morfológicos (partes variables e invariables, nombres primitivos y derivados etc.) y funcionales (adverbio= modificador del verbo, adjetivo y otro adverbio).Tanto los morfemas, como las partes de la oración, establecen en el decurso una serie de relaciones sintagmáticas de naturaleza diversa; como lo que aparece en el decurso es la palabra, esas relaciones o funciones serán de dos tipos: las desarrolladas por la palabra como tal (y son las categorías funcionales: sujeto, predicado, etc.) y las establecidas entre los elementos morfemáticos de las palabras (niños buenos); gracias a estas relaciones se señalan los distintos momentos de integración de la palabra en una oración: se pasa del simple nombrar (=designación+modalidad) a trazar situaciones (=comunicación).Como ha quedado señalado anteriormente, la m. de la palabra depende del tipo de relaciones que establezcan en la oración; pero cabe hacer abstracción de estas relaciones y estudiar las oposiciones morfológicas susceptibles de ser recibidas por cada clase de palabras: la clase "sustantivo", p. ej., admite género, número, caso y artículo; estos morfemas poseen una forma y un contenido significativo y a nivel de lengua (esto es, formalizados, abstraídos del decurso), constituyen los paradigmas del género, de la conjugación, etc.; la selección de cada una de las formas de estos paradigmas dependerá, después, de las relaciones sintagmáticas exigidas para asegurar la construcción gramaticalmente correcta. Así, pues, debe estudiarse la m. en estos dos niveles: en cuanto constituye un juego de oposiciones formales-significativas-proporcionales (es el plano de la lengua, del sistema, de la paradigmática), y en su realización dentro de la cadena hablada, dependiendo, por tanto, de relaciones o funciones (plano del habla, sintagmático).5. Teoría de las oposiciones. Para ver el funcionamiento morfológico a nivel de lengua, conviene retener algunos de los elementos de la teoría general de las oposiciones, aplicada por vez primera a la Fonología y posteriormente por J. Cantineau a lo gramatical; interesa también recordar que la realidad simbolizada por los signos lingüísticos se percibe fundamentalmente o como diversa o como opuesta (silla diverso de niño; pero ni izo opuesto a niña) y estas dos actitudes se plasman en el léxico y en la gramática, respectivamente; de ahí, que para el estudio de lo morfológico (que es un aspecto de lo gramatical) sea necesario considerar lo que del método lógico de las oposiciones pueda convenir a nuestro objeto.Una oposición no es más que un enfrentamiento de dos miembros; nos interesa estudiarla en dos situaciones: a) considerada en sí misma, y b) en su ensamblaje en el sistema (frente a las demás). Representaremos la oposición por Ax/Ay, donde A representa la base común, x-y el rasgo diferencial que los opone: niñ-o/niñ-a; una oposición tipo Ax/By no es interesante estudiarla en sí misma desde una perspectiva gramatical, por cuanto son dos realidades percibidas como diversas, por tanto, léxicas: niiz-o/ torne-mos.Al comparar una oposición tipo Ax/Ay, sólo consideramos el rasgo diferencial (x, y), ya que su base común es la misma (A); puede ocurrir: y=cero, es decir, x supone un rasgo e y la privación del mismo (oposición privativa, tipo niño-s/niño (cero); y=x’, donde x supone un rasgo y x’ el mismo pero con distinta intensidad (oposición gradual, tipo malo/malísimo); finalmente, el rasgo diferencial de cada miembro es la negación lógica del otro (oposiciones equipolentes, tipo niñ-o/niñ-a, donde masculino=no femenino y a la inversa, pero ambos poseyendo el mismo rasgo ’sexo’).Para estudiar una oposición dentro del conjunto, supongamos un sistema hipotético que tuviera las siguientes oposiciones: Ax/Ay, Bx/By, Cz/Cr, Az/Ar, Dn/Dm. Si tenemos en cuenta la base común (A, B, C, D) puede ocurrir que ésta sólo se dé en una pareja (13, C, D) y la oposición es bilateral e interesa a la lexicología, no a la Gramática; o por el contrario, la base común se repita en más de una pareja (A) y la oposición es multilateral (interesa a la lexicología en cuanto constituyen las familias de palabra: rziñ-o/niñ-ato/niñ-e ría/ niñ-oide, etc.). Si ahora tenemos en cuenta el rasgo diferencial, lo podremos encontrar en una sola pareja (Dn/Dm) y la oposición es aislada (toro/vaca, padre/madre: pertenecen a la lexicología); o el mismo rasgo se da en más de una pareja y la oposición es proporcional (niñ-o: niñ-a: abuel-o: abuel-a: cuñad-o: cuñad-a; son las oposiciones gramaticales).6. Funcionamiento de las oposiciones. De los dos miembros de la oposición el que posee el rasgo diferencial se llama marcado o positivo o intensivo; el que no lo posee, extensivo o no marcado o negativo; en la oposición privativa es obvio el miembro positivo; en la gradual, el que posee el rasgo con mayor intensidad; en una oposición equipolente lo será el miembro que además del suyo desarrolle el valor neutro, es decir, haga cesar la oposición al quedar inoperante el rasgo diferencial; p. ej.: el perro es el arraigo del hombre, donde perro no se opone a perra, sino que tiene valor neutro indiferente al rasgo ,sexo’.7. Los morfemas y su funcionamiento oposicionel. Según se ha indicado, los contenidos semánticos que corresponden a la modalidad de la designación, manifestados por una forma y que además constituyen oposiciones proporcionales, forman las categorías gramaticales= accidentales gramaticales= categorías gramaticales secundarias= morfemas=categorías morfológicas. Son los paradigmas o modelos de carácter sistemático puestos a disposición del hablante; pertenecen a inventarios finitos (nadie puede crear un nuevo género, p. ej.), mientras que el léxico (designación de la realidad) es un inventario siempre abierto, puesto que caben nuevas creaciones designativas. Estas nociones morfemáticas, para que realmente se puedan considerar morfológicas, han de cumplir todas las características señaladas al principio de este párrafo; quiere ello decir que las mismas nociones universales de la designación es posible encontrarlas, según las lenguas, expresadas morfológicamente ( =gramaticalmente) o léxicamente; p. ej., en español el género normalmente es morfológico (niñ-o/niñ-a), pero también léxico (padre/madre); en cambio, en inglés es léxico siempre (boy/girl, father/mother). Analizaremos algunas de las categorías morfemáticas más comunes; en la glosemática de Hjelmslev se dividen los morfemas en intensos y extensos, según entren en función homosintagmática (caractericen a un sintagma, grosso modo, una palabra: niñ-o) o caractericen un nexo, grosso modo, una oración (son los morfemas verbales: modo, tiempo, aspecto); un análisis detallado puede verse en L. Hjelmslev, Théorie des morphemes, en Travaux du Cercle Linguistique de Copenhague, X11,152-164; la aplicación de esta teoría al español, en E. Alarcos, Gramática estructural, Madrid 1951.1) Género. Categoría morfológica con la que se determina la clase de los "nombres". Como tal categoría sólo se presenta en el llamado género natural, donde efectivamente se da uri paradigma (manifestación de un contenido por oposiciones formales proporcionales o sistemáticas) que opone masculino/femenino según el contenido de ’sexo’; en las lenguas en que existe el neutro formalmente diferenciado este miembro supone la no mención del sexo, bien porque no existe naturalmente (este/esta/esto) o porque recubre tanto el masculino como el femenino (el perro es el amigo del hombre; alem. der Sohn ’el hijo’ (die Tochter ’la hija’ pero das Kind ’el hijo o la hija’). En español, por razones históricas, es el paradigma -o/-a el más numeroso (frente a femeninos en-esa, -ina), constituyendo una oposición equipolente cuyo término extensivo es el masculino, que, por tanto, en el decurso podrá asumir el valor neutro y que, justamente por este valor, se utiliza para todas las sustantivaciones (el que te calles sería oportuno; el sí y el no; etc.); las neutralizaciones de sexo se producen también bajo la dominancia del plural (los niños son traviesos). En relación con este género natural hay que poner el artículo cuyo valor puede ser redundante (en el caso que el sustantivo exprese morfológicamente el sexo: el niñ-olla niñ-a) o pertinente (en caso contrario: el mártir/la mártir); en este último supuesto, la neutralización se da con la ausencia del artículo (no quiero ser mártir), o con el masculino (no soy el testigo que necesitas).La mayoría de los sustantivos tienen un género grarzzatical, dode al no darse la noción ’sexo’ la oposición masculino/ femenino no existe; no quiere esto decir que el sustantivo en la naturaleza no posea sexo, sino simplemente que no interesa mentarlo lingüísticamente (el atún, donde el artículo lo adscribe a la clase masculino), pero el hablante siempre podrá acudir al paradigma y crear a nivel de habla masculinos o femeninos inexistentes (la atuna aparece en El Lazarillo de luan de Luna); otros sustantivos inanimados carecen de sexo (la silla, el cinema), y el artículo lo adscribe, a efectos de relaciones deldecurso, a uno de los dos géneros. Para los adjetivos, el paradigma más frecuente es también -o/-a y, aunque es redundante del género del sustantivo, en algunos acasos puede llegar a ser pertinente (cuando el sustantivo es ’neutro’: Su Alteza será servid-o/-a con lealtad).2) Número. La categoría del número descansa en la visión de la realidad como constituida por "objetos" discretos, por tanto, cuantificables; el grado de cuantificación expresado lingüísticamente es variable según los tipos de lenguas; los dos polos en que se manifiesta la cuantificación serán por lo general individuo/clase, correspondientes morfológicamente a singular/ plural; dentro de la pluralidad habrá lenguas, como el griego, que expresan la noción de ’dos’ (cfr. bíos/bíoi/bío, sing/plur/dual respectivamente), que en español depende del contexto (cfr. lo cogió con las manos frente a las manos son útiles). La pluralidad genérica puede expresarse o morfológicamente (en español -s, -es, según los contextos fónicos) o léxicamente (los colectivos tipo gente, rebaño, concebidos, sin embargo, con visión de unidad); igualmente, la pluralidad concreta se expresa o morfológicamente (las lenguas que tienen dual, trial, etc.) o léxicamente (ocho zapatos).El número plural neutraliza, según se ha señalado, la oposición masculino/femenino; pero también a nivel de las designaciones modifica las especies concreta /abstracta con que aquéllas conciben la realidad; ello explica el que los nombres concretos tipo Andalucía. Antonio usados en plural tengan significación más o menos abstracta: el santo de los Antonios; igualmente, nombres abstractos, tipo esperanza, caridad, al usarse en plural adquieren matices concretos: tus caridades suenan a falso.El número suele ir unido a otros morfemas: con el de persona (para la clase llamada verbo) y con el de género (para la clase nombre); sin embargo, el valor nocional es diferente en uno y otro caso. Cuando el número se da en la conjugación es redundante del sujeto, es morfológico y tiene una función específica según veremos luego; el número en el pronombre personal es de carácter léxico (salvo el/ellos) y su contenido difiere del de los nombres: en tanto que perro=1 perro+l perro+..., en nosotros =yo+ (tú) o yo + (él), y en vosotros =tú+ (tú).3) Caso. La categoría morfológica del caso, en las lenguas que la poseen, está en íntima relación con las llamadas categorías funcionales; el sentido técnico gramatical de caso (gr. ptosis) procede de Aristóteles, y con este nombre se aludía a las desviaciones que presentaban las formas con respecto a una considerada como normal (el nominativo ptosis orgé); tales desviaciones se producían según las distintas funciones sintácticas que desempeñaban en un texto, oral o escrito. Si se admite la definición de Hjelmslev sobre el caso, "categoría que expresa la relación entre dos objetos", es decir, señala la función opositiva de un sintagama (= palabra) respecto a otros en un conjunto oracional, cualquier elemento que cumpla este papel (p. ej., las preposiciones) pertenece a la categoría del caso; se trata, en definitiva, como se ha señalado para otras categorías, de la posibilidad de manifestar el mismo contenido morfemático o bien por medios morfológicos (es el tipo de la declinación latina) o léxicos (con preposiciones) o sintagmáticos (el orden fijo en la oración: le lyontuel’éléphant/1’éléphanttuelelyon) ;enelcaso de las preposiciones la glosemática habla de morfemas convertidos, esto es, el contenido morfemático se manifiesta por medio de pleremas (=lexemas). Veamos algunas funciones expresadas por el caso (o por preposiciones), según tipos diversos de oposiciones.a) Subjetiva-objetiva directa. Corresponde a la primitiva oposición entre caso activo (sujeto de verbo transitivo, originariamente nombres animados) y caso pasivo (complemento de verbo transitivo, originariamente nombres inanimados que expresan el efecto de la acción); posteriormente y respondiendo a una particular visión de la acción en la cual no interesa o se ignora el actor de la misma, el objeto directo (recategorizado con la animación) podría ser sujeto; siempre, sin embargo, se mantiene entre sujeto/objeto la tensión potente/no potente que explica la presencia de una preposición en el complemento directo cuando tanto éste como el sujeto son animados: vi tus cuadros/vi a tus padres. En las lenguas con caso el sujeto se manifiesta con el nominativo (caso también de la aposición y del atributo), y el objeto directo con el acusativo.b) Objeto directo-objeto indirecto. Corresponde a la oposición entre efecto de la acción/lo afectado por sus consecuencias expresada por acusativo y dativo respectivamente. Este dativo, tradicionalmente llamado complemento indirecto, recibe no la acción pura sino la acción+objeto directo, sea éste implícito (escribo a mis padres) o expreso (escribo una carta a mis padres). Mientras objeto directo y verbo constituyen un vínculo muy estrecho, el indirecto y el verbo lo establecen en menor grado, hasta tal punto que en los llamados dativos de interés puede desaparecer sin alterar para nada la inteligibilidad del mensaje (con verbos intransitivos: me voy a Madrid mañana/voy a Madrid mañana); su menor vinculación con el verbo se manifiesta también al cambiar la voz de éste: mientras el complemento directo pasa a sujeto, el indirecto mantiene su función, ajeno por completo al movimiento semántico de visión de la realidad (activa/pasiva); y ello se debe a la menor necesidad de marcar la finalidad del proceso (dativo), frente a la mayor necesidad de que el proceso (verbo) tenga un término (acusativo); hasta tal punto es fuerte esta necesidad que se han podido fusionar ambos elementos dando lugar a sustantivos compuestos del tipo quebrantahuesos, en tanto que no se da la fusión verbo+indirecto.c) Circunstanciales. Desempeñan fundamentalmente cuatro tipos de funciones: orientativas o deícticas de la situación comunicativa y, por tanto, responden a una oposición dinámica/estática (voy a Madrid/vivo en Madrid); función de instrumental propio (lo mató de un tiro), que puede ser recategorizada como agente (un tiro lo mató); función de instrumental comitativo, que indica acompañamiento (fui al cine con ¡ni hermano) y puede ser recategorizada como agente (mi hermano y yo vamos al cine); función modal indicativa de una cualidad del proceso pero externa a él (trabajo con fatiga), pudiendo recategorizarse adverbialmente (trabajo fatigosamente). Todas estas funciones, para las lenguas que poseen la categoría morfológica del caso, exigen o dativo o acusativo o ablativo (según las lenguas); p. ej., el comitativo en griego va en dativo, y en latín en ablativo.4) Sujeto-predicado. Toda situación de comunicación, como señala Sapir, exige algo de qué hablar y algo que debe decirse acerca de ello: tema y comento, sujeto y predicado; luego veremos cómo las dos estructuras, S/P, entre sí heterogéneas, pueden constituir una unidad; ahora señalaremos cómo la relación entre sujeto y predicado, manifestada por el morfema de voz, supone una orientación bien sea en el sentido S-> P (voz activa: visión de la acción realizada por el sujeto), o en el sentido P --> S (voz atributiva, en la que cabe incluir la pasiva para las lenguas en que ésta sea analítica: visión de la acción en la que el sujeto sufre los efectos de la misma. La voz activapresenta sus morfemas en sincretismo (esto es, la misma forma asume diversas funciones); la voz pasiva sintética, como la latina, posee unos morfemas añadidos a los de la activa (-r, -ris, -ur, etc.); la pasiva analítica, como la del español, está expresada por ser+participio.5) Tiempo. Morfemas que expresan la ubicación de la acción verbal en una época. Las nociones básicas que articulan las oposiciones temporales son: pasado/no pasado, respectivamente miembro positivo (+) y negativo (-), que oponen pretérito/presente-futuro (amaba-amé, amaría/amo-amaré); futuros (+)/no futuros (-), que oponen amaré/amaría/amo-amaba-amé. La estructura paradigmática de los tiempos españoles, según Alarcos, queda así: PamaréamaríaFF amabaamo AA’ améMM’améPamara, amase P’donde MM’ divide los tiempos en dos modos; AA’ distingue los aspectos; PP’ los distribuye en no pasados (-) y pasados (+); FF en futuros/no futuros. La definición de cada tiempo viene dada por su ensamblaje oposicionel; así, amo es miembro negativo en cuanto al modo, al pasado y al futuro; amé es positivo en cuanto al aspecto y al pasado, y negativo en cuanto al futuro y modo.Las neutralizaciones se producen según este esquema; además, los tiempos que en indicativo señalan una relación pasado temporal exigirán formas pasado temporal subjuntivas cuando son vistos modalmente; formas que en indicativo señalan relaciones no pasadas, vistas modalmente, exigirán la correspondiente forma subjuntiva no pasada. Compárese: Ibas al cine/no creí que fueras al cine; irás al cine/no creo que vayas al cine; mañana salgo para París/mañana saldré para París (neutralización de futuro); tendrá 30 años/acaso tenga 30 años (neutralización indicativo-subjuntivo).6) Modo. El modo ha sido definido por muchos gramáticos como la expresión del punto de vista subjetivo ante la acción verbal enunciada, definición exacta desde un punto de vista psicológico: el hablante toma partido y enjuicia la situación por él trazada calificándola de real o irreal; en otras palabras, el hablante está presente en la oración no sólo asignando a la acción una época sino explícitamente, mediante el modo, atribuyendo a la relación sujeto/ predicado una determinada cualidad. Las dos nociones básicas de realidad/irrealidad agrupan todas las formas verbales en indicativo/subjuntivo; la agrupación de los tiempos, para no ser arbitraria, debe realizarse según principios reccionales: todos aquellos tiempos que son regidos por un mismo tipo de palabras pertenecen al mismo modo; desde esta perspectiva semántica hay dos categorías de palabras, las que son compatibles con la noción de irrealidad porque ellas mismas comportan algún contenido irreal, y las que no son compatibles porque sus contenidos son claramente afirmativos de la realidad. Por eso la relación modal puede establecerse o por medio de una interjección (ojalá) o adverbio de duda (acaso), que comportan nociones de irrealidad (ojalá llueva, acaso vaya), o por medio de los llamados verbos modales, que comportan el morfema convertido de modo subjuntivo (quiero que vengas). Por eso Hjelmeslev define el modo como una categoría’ de morfemas regidos alternativamente dentro del mismo nexo (=oración) o desde otro nexo (el de la oración principal). Como se ha señalado anteriormente, todas las relaciones temporales se dan dentro de la correlación modal; luego en cada modo se darán todas las distinciones temporales o sólo algunas; p. ej., la distinción futuro/no futuro sólo la presenta el indicativo, ya que prácticamente, salvo en el lenguaje jurídico, o con fines estilísticos precisos, la forma amare del subjuntivo no tiene vigencia.7) Aspecto. Si el modo representa la cualificación de la acción como real o irreal, sin aludir a cómo se concibe el proceso, los morfemas aspectuales manifiestan la calidad de la acción que se concibe o como llevada a término o sin término; la oposición nocional es perfectiva/durativa. Frente a la riqueza aspectual de otras lenguas (p. ej., el_ ruso, donde toda acción puede ser conjugada de forma perfectiva o no), el español sólo presenta el aspecto en las formas del imperfecto e indefinido (amaba (-)/ amé (+), durativo/perfectivo) y en los tiempos compuestos que tienen aspecto terminativo frente a las formas simples, que son no terminativas; este aspecto terminativo de las formas compuestas, tipo he amado, se debe a que también infinitivo, gerundio y participio ofrecen una distinción aspectual en la que el miembro neutro, amar, manifiesta el proceso sin referencia al término; el miembro positivo, amado, indica el término del proceso; y el miembro negativo, amando, lo indica sin su término.8) Persona. Los morfemas de persona, junto con los de número, en el verbo tienen una función cohesiva: las estructuras del sujeto y la del predicado se incorporan en una unidad que es la de la oración. Su aparición en forma de pronombre es enfática, ya que realza los polos emisor-receptor en el circuito de la palabra; el emisor siempre está presente (incluso cuando se habla de un tercero) mediante el modo, y no es concebible un mensaje sin destinatario. Ahora bien, la presencia de yo asume la calidad de tema del discurso; con tu se enfatiza el receptor del mensaje; cumplen, pues, una función deíctica, orientativa de la situación lingüística. La noción básica que articula la oposición es subjetividad/no subjetividad que enfrenta yo-tu/él; el término no marcado de la oposición es la tercera persona que junto a su propio valor (de asusente en el circuito) desarrolla el neutro, extensivo a las otras dos personas: uno se queda perplejo=me quedo perplejo, ¿qué se estudia?=¿qué estudias?. Dentro del sistema yo-tú, la primera persona es la positiva, la segunda la no marcada o negativa, que poseerá, por tanto, junto a su valor, el neutro: te pasas todo el año estudiando y al final vas y te suspenden=paso todo el año estudiando y al final voy y me suspenden.Como queda señalado, la aparición de los pronombres en español no es obligatoria sino enfática; en otras lenguas sí es obligatoria (fr. je t’aime; ingl. I love you); ello parece indicar que, en una teoría general de la sintaxis, la persona pertenece a la estructura profunda, como afirma Lyon, y regula la estructura superficial del verbo en donde puede aparecer (ser reescrito fonológicamente en forma de pronombre personal) o con carácter obligatorio o no aparecer sino con la marca de énfasis.A. ROLDÁN PÉREZ.
BIBL.: E. NIDA, Morphology Descriptive Analysis ol Word, 2 ed. Univ. Michigan 1949; J. LYON, Introducción en la Lingüística teórica, 2 ed. Barcelona 1973. Además de la citada en el texto, v. la de GRAMÁTICA; MORFEMAS; SINTAXIS.
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