Montessori, Maria
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Biografía GER
N. el 21 ag. 1870 en Chiaravelle (Ancona), y m. el 6 mayo 1952 en Noordwijk (Holanda). Pedagoga italiana autora del método de su nombre que tiene especial aplicación para los párvulos; sus Case de¡ bambini se han imitado en todo el mundo, y las ideas sobre la libertad que debe tener el niño en su desarrollo, así como el considerar la educación como un proceso de autocreación, han influido notablemente en los planes y métodos actuales.Datos biográficos. Con una gran voluntad consiguió doctorarse en Medicina en 1896. Empezó a tratar niños anormales en un hospital y después dio un curso a maestras sobre la educación de niños frenasténicos. Durante varios años fue directora de una Escuela normal ortofrénica enclavada en Roma. Amplió sus estudios en París y Londres, lo que le permitió familiarizarse con las teorías sobre educación de anormales de los franceses Seguin e Itard. Encaminada su vocación hacia la pedagogía, cursó estudios de Filosofía en Roma y de Psicología experimental en Turín y Nápoles.Al tiempo que daba un curso de Antropología en la Univ. de Roma pensó en la mayor eficacia que tendría su método para anormales aplicado a los niños corrientes. Por entonces, el Instituto del Beni Stabili de Roma había construido casas para los obreros en las afueras de la ciudad, y su director, Eduardo Talamo, pensó en la necesidad de centros donde recoger durante el día a los pequeños cuyas madres trabajaban. Esta fue la causa de que el 6 en. 1907 se inaugurara en la calle de los Marsi, en el barrio de S. Lorenzo, la primera Casa de¡ bambini, de la que M. hizo un hogar para los niños. Numerosas fundaciones, en Italia y en otras partes del mundo, desde Norteamérica a la India, pasando por España, siguieron a aquélla. Ello obligó a que diera en distintos países sus famosos Cursos internacionales, el tercero de los cuales tuvo como sede Barcelona en 1915. Su actividad de escritora aumentó prodigiosamente.Doctrina. Parte de una concepción naturalista en la que las ideas de De Vries (v.) y Nágeli sobre la herencia tienen un gran influjo. Es necesario respetar el interés del niño, y hay que abstenerse de toda imposición directa o indirecta (la libertad de otras escuelas activas en las que se gobiernan los niños, pero con la estructura de los hombres). El interés del niño es espiritual en su génesis y en sus fines, pero como en su contenido y direcciones alternativas es sensorial, la educación debe tener en cuenta este aspecto. De ahí surge la necesidad de un material que persiga la educación de los sentidos, de las actividades motrices y de las manuales. Mediante las percepciones que vaya así obteniendo, podrá en su momento hacer frente a la complejidad de la vida de los mayores.Esa educación sensorial requiere no sólo el material que especialmente creó M.; también la preparación de un medio adecuado, en matices cualitativos y cuantitativos. La escuela ha de ser no ya un hogar para los niños sino un hogar de los niños. El edificio, los muebles, los colores, los adornos, el peso, la distribución, etc., tienen que ser concebidos a medida de los niños. Desde un armario ropero adecuado hasta una vajilla proporcionada al uso permitirán que el niño realice voluntariamente un trabajo individual, según su libre espontaneidad y sin obstáculos de ningún tipo. No imitará la vida de los mayores sino que hará su propia vida.La pedagogía (v.) necesita una base psicológica. Es algo que ya en el s. xix se había dicho. M. precisa que esa psicología no puede ser nunca estática, sino dinámica. Al educando no se le puede conocer a priori, "porque las actividades psíquicas profundas son latentes y sólo la concentración y la actividad pueden revelarlos. Y por ello la educación misma es la que hace manifiestos los caracteres psíquicos infantiles: es la pedagogía la que revela a la psicología, y no viceversa. Para conocer al niño es necesario ofrecerle los medios necesarios a su vida interior y dejarle en libertad de manifestarse" (Ideas sobre mi método, Madrid 1928). Conociendo así al niño será posible ayudarle -nunca guiarle- en los problemas que tenga, y la enseñanza se transformará en un proceso de autocreación facilitado por un medio objetivamente montado. El educando tendrá a su disposición los elementos y recursos que necesite según el momento de desarrollo en que se encuentre. Y los utilizará a impulsos propios. De esta forma aprenderá a escribir y leer (procesos que M. separa en ese orden) mediante la adquisición de los mecanismos necesarios en un trabajo que no tenía un fin determinado de antemano, y que luego se verá coronado con aquel éxito inesperado en un momento que M. llama de "explosión". Es un ejemplo. Algo parecido sucederá con el resto de los conocimientos de la escuela primaria.Su psicología se mantiene en muchas ocasiones en puro atomismo que impide ir más allá de las asociaciones, aunque en sus últimos años reconoció el valor del principio de la globalidad. Su método ofrece un dualismo entre naturalidad (v.) y libertad (v.) que no llega a resolver. La libertad que tanto defiende se ve ahogada por los numerosos elementos entre los que tiene que elegir el alumno (V. LIBERTAD VI). Aun con estos errores ha prestado una ayuda definitiva a la educación, centrando el valor auténtico del niño en ese proceso, promoviendo la necesidad de atracción en la enseñanza, exigiendo un edificio y un mobiliario propios para niños, fijando la importancia de la psicología dinámica. El sentido religioso que consideró en el educando y la "obra de regeneración del niño" que pretendió hicieron que Pío X bendijera su labor.V. t.: ESCUELA ACTIVA, 3; PEDAGOGA II-III; DIDÁCTICA I, 2; EDUCACIóN IX.J. RUIZ BERRIO.
BIBL.: M. MONTESSORI, El método de la pedagogía científica, Barcelona 1915; íD, Antropología pedagógica, Barcelona s. a.; ID, La autoeducación en la escuela elemental, Barcelona s. a.; íD, Manual práctico del método Montessori, Barcelona 1915; íD, El niño, Barcelona 1937; 113, La Santa Misa vivida por los niños, Barcelona 1936; íD, La formazione dell’uomo, Milán 1949; ÍD, La scoperta del bambino, Milán 1951; 1D, Les étapes de 1’éducation, Brujas s. a.; L. DE PAEW, El método Montessori, Madrid 1924; G. CALO, María Montessori, en Los grandes pedagogos, México 1959; G. FLAYOL, La méthode Montessori en action, París 1923; L. SERRANO, La pedagogía Montessori, Madrid 1915; F. E. WARD, The Montessori’s Method and the american Schools, Nueva York 1933; V. GARCÍA Hoz (dir.), Diccionario de Pedagogía, 11, 2 ed. Barcelona 1970, 639-640.
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