Montesquieu, Barón de (charles-louis de Secondat)
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Biografía GER
Datos biográficos. Barón de la Bréde y de M. N. en el castillo de la Bréde, cerca de Burdeos, el 18 en. 1689, de familia perteneciente a la nobleza de toga. Educado por los oratonianos de Juilly, adquirió afición por la historia. En 1714 fue nombrado consejero del Parlamento bordelés. Vendió el cargo en 1726 y se trasladó a París. En 1728 entró en la Academia Francesa y emprendió largos viajes por Austria, Hungría, Venecia, Italia, sur de Alemania y Rumania. En 1729 partió para Londres, donde permaneció dos años. Regresó en 1731 a la Bréde, dedicándose a intensa actividad intelectual intercalada con frecuentes viajes a París. En 1746 fue nombrado miembro de la Real Acad. de Ciencias de Berlín. M. en París el 10 feb. 1755.Su obra es compleja, pues sus intereses fueron muy diversos. Es famoso gracias a su filosofía política, considerándosele fundador de la sociología francesa. Hombre equilibrado, que procuró estar siempre en el justo medio, sus escritos están construidos con una actitud vigilante que rara vez deja traslucir su personalidad. Irónico y moderado, a veces sutil, es un humanista de porte y estilo aristocráticos. Próximo a la mentalidad de los enciclopedistas, sin embargo, no cree en el progreso. Literato de prestigio, se retira a la vida de provincia aun cuando frecuentemente vuelve a París. Siempre manifiesta una sabiduría de lo humano que le hace ser un poco de todo, incluso escéptico. Los autores latinos y los grandes moralistas franceses del s. XVII fueron los mentores que hicieron fermentar su espíritu de agudo observador. M. es escritor de lenguaje claro y terso,geométrico. Es prototipo del gran señor del Antiguo Régimen en el cual concurren, además, las características de los filósofos de la Ilustración (v.) con todas sus inclinaciones, sus prejuicios, sus insuficiencias y su brillantez.El espíritu de las leyes. Su concepción filosófica, cuyo contenido fundamental es de índole histórica y política, puede considerarse, en principio, determinista y racionalista, pero moderada por su sentido de la diversidad, su relativismo y su escepticismo. Jurista por formación, sus preocupaciones políticas se centran alrededor del Derecho y de la noción filosófica de ley. Las leyes son "las relaciones necesarias que derivan de la naturaleza de las cosas". Así comienza su obra más importante y conocida, El espíritu de las leyes (1743). Pero no es suficiente: los hombres pueden hacer la historia, la cual no es consecuencia de un curso fatal e inexorable, sino que deviene inteligible por medio de las leyes, que permiten ver su sentido a través de la diversidad. Las leyes son relaciones cuyo espíritu hay que determinar, pues la letra es varia según los países y las circunstancias. Las relaciones que pueden tener con la forma de gobierno, con la religión, con las costumbres, con el comercio, con el clima, etc., constituyen el objeto de su investigación. Busca M. las leyes causales que den - razón de las leyes y juzga como moralista a esas leyes desde el punto de vista de la razón y sus exigencias, afirmando que el fundamento de las leyes ideales es la igualdad natural de los hombres y las obligaciones de reciprocidad que derivan de esa igualdad fundamental. Por encima de las leyes positivas o leyes-mandamientos y de las leyes de la razón, o ideales, pretende descubrir, mediante el análisis de las circunstancias, si existen leyes mandamientos más amplias y generales válidas universalmente cuyo legislador es desconocido, aun cuando M. deje entrever que es Dios mismo. Lo que sucede -afirma- es que, normalmente, las leyes positivas, que son aplicación de aquéllas, están hechas por legisladores que con frecuencia no actúan a la altura de su misión, aun cuando debieran ser encarnación de la razón en función de las circunstancias. Como no lo son, resulta preciso examinarlas para determinar la más adecuada. Se convierte así en fundador de la Sociología, al analizar la vigencia de las leyes en relación con las condiciones de la estructura social.Formas de gobierno. Como medio de análisis establece una tipología ideal de los gobiernos. Cada forma tiene su naturaleza, la cual le hace ser lo que es y actuar. El gobierno republicano, que tiene como punto de partida la igualdad, puede ser democrático si el conjunto de ciudadanos ejerce el poder, constituyendo la virtud cívica su principio. O bien puede ser aristocrático si gobierna "un cierto número de personas"; entonces su principio es la moderación en el uso de la desigualdad. En cuanto al gobierno monárquico, el segundo tipo genérico, es gobierno de uno solo, según leyes fundamentales que se ejercen gracias a poderes intermedios; su principio radica en el honor o en la conciencia de derechos y deberes conforme al rango de cada uno; se funda en la diferenciación y en la desigualdad libremente aceptadas. El tercer tipo, aun cuando, propiamente, no es una forma, lo constituye el gobierno despótico. En éste manda uno solo caprichosamente, sin atenerse a reglas ni a las leyes; su principio es el temor e implica la igualdad de todos por debajo del déspota. A M. le preocupan más las instituciones y las costumbres de las cuales depende "el espíritu general de una nación", principio unificador del todo social. La finalidad de todo régimen político es la libertad y por eso el gobierno despótico no es forma auténtica de gobierno.División de poderes. Inglaterra era, en aquella época, el modelo y ejemplo de régimen político moderado y libre, y sus instituciones influyeron en M., aun cuando hoy se discuta hasta qué punto. En todo caso, para él la igualdad absoluta no pasa de ser un sueño y por eso la libertad política consiste esencialmente en la seguridad contra la arbitrariedad y seguridad en el conocimiento e interpretación de las leyes. Estas deben ser pocas y el poder no debe interpretarlas a su arbitrio ni hacer caso omiso de ellas. En Inglaterra había libertad y representación política, y el poder, según Locke y Bolingbroke, estaba dividido. M. acepta la idea y postula un equilibrio de poderes: un Estado es libre cuando "el poder contiene al poder" para evitar que uno absorba a los demás convirtiéndose en absoluto. Su teoría política se transforma en teoría general de los contrapesos posibles dentro de¡ poder, de manera que lo distribuyen, además de los cuerpos intermedios, cuya función en realidad es disminuir su concentración. Su doctrina de la separación de poderes (v. PODER II, 2) se ha convertido en un dogma político. Los poderes legislativo, ejecutivo y judicial nunca deben hallarse concentrados en las mismas manos. Encarnan, como en la doctrina clásica de la forma mixta de gobierno (V. GOBIERNO III), las tres fuerzas sociales: pueblo, monarquía y aristocracia respectivamente. La descentralización ocupa un lugar destacado en su pensamiento: los cuerpos intermedios, la nobleza como estamento, las provincias, las comunas o municipios, los parlamentos, etc., en cuanto poseen poderes propios, no delegados, controlan la aplicación de las leyes constituyendo un freno para el poder central, especialmente en el caso del gobierno monárquico.La forma de gobierno más adecuada a cada caso depende del tamaño del territorio. En este sentido reconoce que en cierto modo el despotismo resulta ser la más apta para un gran imperio. La forma monárquica corresponde a un Estado de extensión media y la forma republicana puede prosperar si el territorio es pequeño.Influencia. M., por debajo de su formulación aristocrática del equilibrio de los poderes sociales, ha establecido el principio de que la condición del respeto a las leyes y a la seguridad de los ciudadanos consiste en que ningún poder sea ilimitado. Así es como respecto al continente europeo ha desempeñado su doctrina el papel que representara la de Locke (v.) en Inglaterra. Ideológicamente se inserta en la tradición política inglesa que procedente de la Edad Media desemboca en el liberalismo práctico de tipo anglosajón. Como M. da gran importancia a las costumbres y a los hábitos, su racionalismo resulta muy matizado y relativista, si bien la Revolución francesa se inspiró en muchas de sus ideas sobre el gobierno. Racionalistas revolucionarios, como Saint-Just y Marat, sentían por él verdadero entusiasmo, de manera que llegó a pasar por fundador de un sistema que seguramente habría rec’Iazado si hubiese llegado a conocerlo.D. NEGRO PAVÓN.
BIBL.: Fuentes: Oeuvres complétes, París 1950-55; Cartas persas, Madrid 1925; Grandeza y decadencia de los romanos, Madrid 1952; El espíritu de las leyes, Madrid 1820 (1845, ed. abreviada) y Puerto Rico 1964. Estudios; J. J. CHEVALIER, Los grandes textos políticos, Madrid 1955; G. H. SABINE, Historia de la teoría política, 2 ed. México 1963; J. TOUCHARD, Historia de las ideas políticas, Madrid 1961; G. HIGHET, La tradición clásica, México 1954 (sobre la inserción de M. en las corrientes humanistas y literarias); F. A. HAYEK, Los fundamentos de la libertad, Valencia1961 (sobre el lugar de M. en el pensamiento político europeo); P. HAZARD, El pensamiento europeo en el siglo XVIII, Madrid 1958.
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