Monroe, James
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Biografía GER
James M., quinto presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, n. (28 abr. 1758) en Westmoreland (Virginia). De familia distinguida, se educó en el William and Mary College de Williamsburg y cursó leyes en Richmond. Terminados sus estudios, realizó una serie de viajes que le permitieron ponerse en contacto con los problemas del país y vincularse a las minorías partidarias de la ruptura con la metrópoli (v. ESTADOS UNIDOS DE NORTEAMÉRICA IV). Cuando estalló el conflicto.-independentista, ingresó como gentleman cadet en el ejército de Washington y fue herido en combate. Al finalizar la contienda, inició la carrera política que habría de llevarle a la Casa Blanca. Se le eligió representante de Virginia en el Congreso (1783) y formó parte de la comisión encargada de examinar el proyecto de Constitución. En 1790 ocupó, por Virginia, un escaño en el Senado, donde se mostró adicto a la ideología republicano-democrática frente a los federalistas. En breves años, adquirió gran prestigio, hasta el extremo de que el presidente Washington vio en él la persona adecuada para defender los intereses americanos ante Francia y le nombró embajador en París (1794-96). De regreso a su patria, regentó el gobierno de Virginia (1799) y, más tarde, dada su capacidad y anterior experiencia europea, el presidente Jefferson le puso al frente de la comisión que debía tratar con Francia la compra de Luisiana (1803). Finalmente, por su vinculación al partido republicano-democrático, dilatada carrera y conocimientos diplomáticos, el presidente lames Madison le acogió como secretario de Estado (1811) y de la Guerra (1814).La extraordinaria sagacidad política que manifestó ’en este último empleo durante la crisis bélica con Inglaterra, hizo que el partido, apoyado prácticamente por todo el país, puesto que la prosperidad alcanzada era fruto de su hábil directriz, votase a M. candidato a la presidencia, magistratura que ganó sin oposición (1816), concluida la etapa de Madison. Con M., los Estados Unidos inauguran un pacífico periodo de su historia que podemos considerar totalmente americano. América, superada la fase crítica de la independencia, toma conciencia de sí misma y permanece al margen de las rivalidades europeas. Por otra parte, la unidad política, asegurada la estabilidad interna, parece cobrar una vitalidad decisiva, ante la desaparición de las fuerzas centrífugas que antaño enfrentaron a republicano-democráticos y federalistas. Encauzando armónicamente las diferentes opiniones y orientándolas con un carácter positivo y nacionalista, M. contó durante los ocho años (1817-25) de su mandato (fue reelegido por unanimidad en 1820) con la total adhesión de los norteamericanos, porque les convenció de su potencia y del trascendente destino reservado en el concierto internacional.En el interior, fortaleció la Unión sobre la base de un perfecto entendimiento entre el presidente, el Congreso y el Tribunal Supremo de un lado, y el Gobierno federal y los Estados de otro. Económicamente, tras una breve recesión (1819), modificó las líneas seguidas por sus predecesores e implantó una tarifa proteccionista con objeto de ayudar a la industria nacional. El excepcional desarrollo que supuso la anterior medida, evidenciado con la admisión de nuevos Estados (Misisipí, Illinois y Alabama), se vio favorecido asimismo por la construcción de numerosas carreteras y canales, que abrieron mercados en los nuevos territorios del Oeste. Este florecimiento económico imprimió al periodo de M. el calificativo de Era of good feeling (era de los buenos sentimientos).Un solo asunto, que con el tiempo provocaría graves perjuicios, amenazó con dividir hondamente a la nación: la esclavitud, institución imprescindible para el cultivo del algodón en el Sur, mientras que los Estados del Norte la condenaban. El problema, suscitado siempre que se admitían nuevos Estados en la Unión, permanecía en el Congreso oculto en un frágil equilibrio entre partidariosy detractores, que se turbó cuando el territorio de Misuri, donde se empleaban esclavos en las plantaciones, solicitó la categoría de Estado. El Norte abogó contra la admisión de Misuri, salvo que adoptase una postura antiesclavista, y el Sur protestó. La crisis se salvó al llegarse a un acuerdo provisional (Compromiso Misuri, 1820): Maine, que acababa de separarse de Massachusetts, fue admitido sin esclavitud y Misuri con ella; además, se convino que la esclavitud quedaría en adelante prohibida en todas las tierras de Estados Unidos al N de la lat. 30030’, excepto en Misuri.En el exterior, la política de M., dirigida por el secretario de Estado John Quincy Adams, se caracterizó por su tendencia aislacionista, que sumergía a los Estados Unidos en la corriente nacionalista de la época; su objetivo primordial consistió en alejar del país y del continente cualquier peligro externo. Así, con objeto de salvaguardar las fronteras, se firmó un tratado con Inglaterra que fijaba los límites de Canadá en el paralelo 49°; otro con Rusia (1824), por el que ésta renunciaba en el Pacífico a rebasar los 54° 40’ de lat.; y se aprovechó una expedición del general Jackson contra los indios semínolas de Florida, posesión española, para presionar al Gobierno de Madrid, que acabó aceptando la venta de la península a Estados Unidos por cinco millones de dólares (1819).Donde se hizo más activa la diplomacia norteamericana fue en el Sur del continente, estableciéndose ya la base de la posterior penetración estadounidense en Iberoamérica. La debilidad de las Repúblicas, surgidas ante la disolución del imperio hispano, provocó en M. el temor de que otras potencias europeas suplantasen a la anterior metrópoli. En el intentó de evitar esta posibilidad, reconoció (1822) a los Estados sudamericanos y dio a conocer en el Congreso (2 dic. 1823) la posición estadounidense en semejante coyuntura (doctrina M.). Ésta defendía que: 1) los continentes americanos no debían considerarse territorios coloniales por las potencias europeas; 2) los Estados Unidos no intervendrían en guerra alguna entre potencias europeas; 3) en cambio, no podrían mostrarse indiferentes a lo que pasara en América, y todo intento de las potencias monárquicas de establecer su sistema político en aquel continente se consideraría peligroso; 4) los Estados Unidos no arrebatarían a las potencias europeas sus colonias ya adquiridas; 5) toda intervención contra las Repúblicas sudamericanas sería agresión a los Estados Unidos. Cumplida su segunda etapa presidencial, M. abandonó la política con gran fama y prestigio y m. seis años después (4 jul. 1831) en Nueva York.V. t.: PANAMERICANISMO.A. BRAOJOS GARRIDO.
BIBL.: S. G. BROWN y B. G. BAKER, The autobiography ot James Monroe, Nueva York 1959; F. DONOVAN, Historia de la doctrina Monroe, México 1966; F. MERK, La doctrina Monroe y el expansionismo americano, Buenos Aires 1968.
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