Monofisismo REL. CRIST.
Categoria:
Religión Cristiana
La palabra monofisismo puede emplearse para indicar cualquier doctrina que reconoce en el Verbo Encarnado una sola naturaleza (monos-physis) después de la unión de la humanidad con la divinidad. Es, pues, el m. una de las herejías cristológicas fundamentales. Históricamente han sido llamados monofisitas todos los que han rechazado la doctrina del Conc. de Calcedonia, según la cual, el Verbo nacido de María Virgen según la humanidad, existe "en una sola hipóstasis (persona) y en dos naturalezas", que permanecen inconfusas, indivisas, inmutables e inseparables.I. ESTUDIO DOGMÁTICO. El m. es una noción genérica bajo la cual se incluyen diversas especies que coinciden solamente en el uso de fórmulas parecidas, de contenido a veces muy divergente. Las principales de estas especies son: el m. real y el verbal.1. Monofisismo real. Es el que niega, no sólo con las palabras sino con la realidad misma de lo afirmado, el dogma de Calcedonia. Afirma, pues, que en el Verbo Encarnado, después de la unión de la divinidad con la humanidad no existe realmente sino una sola naturaleza (physis) entendida en el sentido de naturaleza individua: algo que constituye un todo natural, compuesto de partes reales y propias. Tal fue, en efecto, la posición de Eutiques (v.) y sus seguidores. Cómo se realice la unión de la divinidad con la humanidad de modo que vengan a constituir una única naturaleza, puede concebirse de diversas maneras. Históricamente ha sido interpretado de siete modos distintos: a) Teodoreto de Ciro, en su obra Eratístenes, contra Eutiques, escrita en 447, supone que éste afirmaba que la humanidad había sido absorbida en la divinidad, a la manera de una transustanciación, "casi como una gota de miel que caída en el mar, se disuelve en él" (PG 83,135); b) Juan, obispo de Tomos, en el Ponto, hacia 448, creía que la enseñanza de Eutiques podía resumirse en la afirmación de que la divinidad sedisolvía en la humanidad, de modo que el Verbo de tal manera se hacía hombre que dejaba de ser Dios. Este error, del que ciertamente Eutiques estaba inmune, en realidad había sido mantenido por algunos herejes anteriores a él, de los que tenemos noticias por Hilario de Padua en su libro De Trinitate (PL 10,383). Fue con-, denado por el sínodo de Sirmio de 351 en su canon 11 (Denz.Sch. 140); c) S. Cirilo en su Epístola a Acacio, y Nestorio en el Libro de Heracles, nos describe otra forma de m., que el Pseudo-Zacarías y Miguel Siro atribuyeron después a Eutiques: el Verbo no se había fundido con una carne tomada de mujer, sino que el Verbo mismo, en virtud de su omnipotencia, se había transformado y, por así decir, condensado en carne humana. Es cierto que no fue éste el pensamiento de Eutiques; pero parece que algunos de sus discípulos adoptaron esta concepción, según se desprende de los escritos de Filoxeno y de Severo de Antioquía; d) La cuarta interpretación es un error excogitado por los docetas, mucho tiempo antes de Eutiques, pero que Timoteo Aerulo le atribuía con estas palabras: "Dios, en su misma esencia, se hizo material y apareció en un cuerpo celeste; de la misma manera que en la cera nada queda del sello que le ha impreso la forma, y en el barro nada resta del anillo de oro que lo ha timbrado, así nada permaneció en Cristo de las cosas humanas" (Zacarías el Rector, Historia eclesiástica, V,1: ed. Brooks, 146); e) La quinta forma es la del m. clásico. La divinidad y la humanidad de tal manera se han confundido en Cristo que han dado lugar a una tercera naturaleza única, que no es ni Dios ni hombre, sino algo especial, tanto en el ser como en el obrar. También esta interpretación fue atribuida a Eutiques. Parece que la defendió un tal Sergio Gramático, y el Pseudo-Dionisio Areopagita a veces da la impresión de estar de acuerdo con ella (efr. Le Quien, en PG 94,287 ss.); f) La forma más sutil del m. real considera al Verbo Divino y a la humanidad como dos sustancias incompletas, que se unen sin confundirse para formar una sustancia completa, al modo del alma y el cuerpo. Esta última imagen había sido usada por muchos Padres para ilustrar la Encarnación, sin pretender darle un sentido real; los arrianos y apolinaristas, empero, la entendieron a la letra; g) Finalmente, algunos secuaces de Eutiques, entre ellos el obispo egipcio Isaías y el sacerdote alejandrino Teófilo, parecen haber sostenido que el Verbo solamente ab extrínseco y en apariencia se había hecho hombre. Este había sido el error típico de los docetas (v. DOCETISMO), por lo cual, los que lo mantuvieron, más tendrían que ser considerados discípulos de Valentín y Apeles que del propio Eutiques.La doctrina de Eutiques (v.) fue condenada en el Conc. de Calcedonia (a. 451; v.), que definió una amplia profesión de fe, cuya parte central es la siguiente: "Siguiendo, pues, a los Santos Padres, todos a una voz enseñamos que ha de confesarse a uno solo y el mismo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, el mismo perfecto en la divinidad y el mismo perfecto en la humanidad, Dios verdaderamente, y el mismo verdaderamente hombre de alma racional y de cuerpo, consustancial con el Padre en cuanto a la divinidad, y el mismo consustancial con nosotros en cuanto a la humanidad, semejante en todo a nosotros, menos en el pecado; engendrado del Padre antes de los siglos en cuanto a la divinidad, y el mismo, en los últimos días, por nosotros y por nuestra salvación, engendrado de María Virgen, madre de Dios, en cuanto a la humanidad; que se ha de reconocer a uno solo y el mismo Cristo Hijo Señor unigénito en dos naturalezas, sin confusión, sin cambio, sin división, sin separación, en modo alguno borrada la diferencia de naturalezas por causa de la unión, sino conservando, más bien, cada naturaleza su propiedad y concurriendo en una sola persona y en una sola hipóstasis, no partido o dividido en dos personas, sino uno solo y el mismo Hijo unigénito, Dios Verbo Señor Jesucristo, como de antiguo acerca de Él nos enseñaron los profetas, y el mismo Jesucristo, y nos lo ha trasmitido el Símbolo de los Padres. Así, pues, después con toda exactitud y cuidado en todos sus aspectos fue por nosotros redactada esta fórmula, definió el santo y ecuménico Concilio que a nadie será lícito profesar otra fe, ni siquiera escribirla o componerla, ni sentirla, ni enseñarla a los demás" (Denz.Sch. 301-303).2. Monofisismo verbal. Es el de aquellos que ponen en Jesucristo, después de la unión, una sola physis o naturaleza, pero que entienden la palabra physis en el sentido de ser concreto, subsistente en sí mismo, sujeto único de atribución. De este modo, naturaleza (physis) se hace sinónimo de persona (hypóstasis, prosopon). Mientras el Conc. de Calcedonia usa el término physis en el sentido exclusivo de naturaleza, de esencia, y la distingue de la hypóstasis y de la persona, el m. verbal toma como sinónimos en el misterio de la Encarnación, los tres términos de physis, hypóstasis y prósopon. No hace, sin embargo, lo mismo en lo que respecta al misterio trinitario, en el que distingue los términos atribuyendo a Dios una sola physis y tres hipóstasis o prósopon. ¿Por qué esta diferencia? Hay que buscarla en el modo de hablar de S. Cirilo de Alejandría (v.), cuando, inadvertidamente, hizo suya la expresión apolinarista: "una naturaleza de Dios Verbo, encarnada", expresión que él logra explicar ortodoxamente. La diferencia entre los monofisitas verbales y S. Cirilo consiste en que éste aceptó y usó también la fórmula "dos naturalezas" sabiendo que expresaba igualmente su pensamiento, mientras que los monofisitas posteriores, pretendiendo apoyarse en su autoridad doctrinal se negaron obstinadamente a aceptar la. terminología diofisita (dos naturalezas), canonizada por el Conc. ecuménico de Calcedonia y por el papa S. León Magno, contra los cuales lanzaron el anatema como a partidarios del nestorianismo. De esta forma se separaron de la Iglesia.El principal exponente del m. verbal heterodoxo, esto es, el que se obstina en no aceptar las fórmulas diofisitas, es Severo de Antioquía (m. 531), sobre cuya vida e influjo hablaremos luego, por lo cual este m. se ha llamado severiano. Severo rechaza la confusión de lo humano y lo divino en Cristo: en el Verbo Encarnado, dice, existe un elemento humano y un elemento divino, dos cosas distintas que no hay que confundir. Según él, las sustancias humana y divina no se mezclan ni confunden. Para explicarlo, emplea la comparación, ya usada por S. Cirilo, de la unión del alma y el cuerpo. En el hombre, esta unión lleva a una physis única, excluyendo, sin embargo, toda mezcla de los elementos que la integran. Al juntarse el alma con el cuerpo, no por eso se hace carnal y externa, lo mismo que, al contacto con el alma, el cuerpo tampoco se espiritualiza. En la naturaleza humana, término de la unión de alma y cuerpo, lo mismo que en la physis única del Verbo Encarnado, resultante de la conjunción de humanidad y divinidad, se da una síntesis. La síntesis, explica, es el contacto en que los componentes no se transforman ni se combinan entre sí y, sin embargo, no poseen ya una existencia autónoma. Antes de la Encarnación, existía sólo el Verbo. Después de ella existe un solo ser concreto, una sola physis (naturaleza) compuesta de dos ousiai (esencias). A causa de estas dos esencias diferentes e inconfusas, Cristo es consustancial con elPadre según la divinidad, y consustancial con María y con nosotros según la humanidad. De la síntesis de estas dos ousiai en una única physis, con la unidad vital que supone, deduce Severo que, aunque aparentemente se distinguen en Cristo acciones humanas y acciones divinas, sin embargo, todas ellas provienen de una actividad única, la enérgeia del Verbo Encarnado, en quien todo es humanodivino, teándrico. Con esta concepción, Severo no podía menos de estar en desacuerdo con el Conc. de Calcedonia y el Tomo de S. León, quienes afirmaban "cada forma, en comunión con la otra, obra lo que es propio de ella", frase que a Severo le sonaba a nestorianismo. El obrar, según el, supone la subsistencia. Atribuir, por tanto, a la humanidad de Cristo una acción propia e independiente, es atribuirle una personalidad propia; exactamente lo que sostenía Nestorio. Como se ve, Severo confunde el principio de actividad, o naturaleza, y su sujeto último de atribución o persona (v. MONOTELISMO).El severianismo, con el correr de los tiempos, se ha dividido en varias sectas, que se han combatido entre sí. La causa de estas guerras intestinas no era tanto la sustancia de la doctrina cristológica en sí misma, cuanto el uso de terminología y modos distintos de expresar la unión de las naturalezas en Cristo. Estas sectas pueden reducirse a tres: la de los severianos propiamente dichos, la de los julianistas y la de los agnoetas.La diferencia entre julianistas y severianos se reducía a que los julianistas no querían reconocer la distinción que ponía Severo entre ousia y physis. Para Juliano de Halicarnaso, ambas voces eran sinónimas. Después de la unión, del mismo modo que no existía más que una physis, no existía tampoco más que una ousia. El punto culminante de su discusión era el de la pasibilidad (capacidad de padecer) y corruptibilidad del cuerpo de Jesús antes de la resurrección. Severo era en esto plenamente ortodoxo. Sostenía que el cuerpo de Cristo, antes de su glorificación, estaba sometido al dolor, a la muerte y a las contrariedades de esta vida. Juliano, por el contrario, defendía que el cuerpo del Señor desde el primer instante de su concepción, poseía, como el del primer hombre antes de la caída original, los dones de la impasibilidad, incorruptibilidad e inmortalidad. La pasión de Cristo no habría sido posible sino gracias a un milagro que anuló estas propiedades, que en Él eran naturales.Los agnoetas, capitaneados por el diácono Themistio, atribuían a la humanidad de Cristo, antes de la resurrección, la ignorancia de ciertos hechos, como, p. ej., el del día del juicio. Lo que Severo había afirmado del cuerpo de Cristo, esto es, que era como el nuestro, pasible y mortal, Themistio lo extendió al alma de Cristo. Según él, ésta no se distinguía en nada de la nuestra, excepto en la concupiscencia pecaminosa. Le atribuía, por tanto, la ignorancia de todas aquellas cosas que también nosotros desconocemos. Nestorio había ya afirmado la misma doctrina.Señalemos, finalmente, que se puede hablar de un m. verbal ortodoxo. El de los que mantienen la fórmula de S. Cirilo, según la cual se habla de "una naturaleza del Verbo encarnada" pero interpretándola de acuerdo con las explicaciones dadas por éste, y aceptando al mismo tiempo la ortodoxia de las fórmulas diofisitas de Calcedonia y del Tomo de S. León Magno. Esta especie de m., llamada por algunos "corriente neo-calcedonense", fue patrocinada por algunos teólogos ortodoxos de buena voluntad que se esforzaban en poner fin al cisma monofisita, mostrando el acuerdo sustancial entre el Concilio de Éfeso y el de Calcedonia, entre S. Cirilo y San- León. El principal de estos autores fue Leoncio de Bizancio (v.).II. LAS COMUNIDADES MONOFISITAS.Razones teológicas, reforzadas por motivos puramente políticos (nacionalismo y deseo de independencia frente a los dominadores bizantinos) contribuyeron a ganar para el credo monofisita comunidades enteras, o por los menos, en otras, a desgajar del tronco de la ortodoxia grupos numerosos de fieles con sus obispos y jerarquía, que se constituyeron en iglesias nacionales monofisitas, convencidos de ser los legítimos sucesores de la fe apostólica, renegada por sus adversarios en el Conc. de Calcedonia. Todas estas comunidades, sin excepción, profesaron y profesan el m. verbal de tipo severiano, por lo que, en gran parte, más que herejes, deben ser tenidos como simplemente cismáticos.1. Origen de la escisión. Después del Conc. de Calcedonia, la paz de la Iglesia dependía de la aceptación de los decretos y cánones conciliares.Las primeras dificultades surgieron en Jerusalén, donde un cierto monje llamado Teodosio propalaba que en el Conc. de Calcedonia, los nestorianos se habían llevado la victoria. Esto provocó una sedición contra el patriarca Juvenal de Jerusalén al regresar éste a su diócesis. Los soldados imperiales tuvieron que entrar en batalla con los monjes en las cercanías de Neplusa. Por fin, en en. 454, Juvenal pudo ocupar de nuevo su sede.Mucho más grave era la situación de Alejandría. Muerto el 26 en. 454 el patriarca Dióscoro, le sucedió su protodiácono Proterio. No contentos con la elección, dos obispos monofisitas consagraron un anti-patriarca en la persona de Timoteo Aerulo. Al amparo de una sedición popular, Proterio fue asesinado el 28 mar. 457, y su cadáver, después de profanado por las calles de la ciudad, fue arrojado a la hoguera. Los monofisitas celebraron inmediatamente un concilio en la capital de Egipto en el que fueron excomulgados los obispos de las grandes sedes patriarcales: León de Roma, Anatolio de Constantinopla y Basilio de Antioquía. Timoteo Aerulo tuvo la osadía de enviar una legación al emperador Marciano para obtener la aprobación. Este no actuó con la suficiente decisión. Aunque no aprobó las actas del sínodo y castigó a algunos sediciosos, dejó, con todo, a Timoteo en su sede, pretextanto que gozaba del favor del pueblo.El papa S. León Magno se alarmó al conocer los hechos, tanto más que tenía noticia del plan de Aerulo de convocar un nuevo concilio. Insistió repetidamente ante el Emperador para que restableciese el orden según lo definido en Calcedonia. El Emperador, que deseaba la paz, no sabía qué partido tomar. Vino a decidirle un documento dogmático del Pontífice Romano conocido bajo el nombre de Tomo segundo a Flaviano. Marciano intimó a Timoteo Aerulo este documento. Al no querer poner éste en él su firma, fue desterrado a Gangram en 460. Le sucedió un ortodoxo, Timoteo Solofaciol. La situación permaneció tranquila durante los últimos años de Marciano y durante el imperio de León I (457-474), ortodoxos de convicción y lo suficientemente fuertes para imponer su voluntad a los recalcitrantes.Hacia el 468 llegó a Antioquía un monje, Pedro Fullo, hombre audaz, hábil político, acérrimo monofisita y gran amigo del gobernador de Siria, el futuro emperador Zenón. Pedro Fullo predicaba que Calcedonia había renovado la herejía nestoriana desdoblando la personalidad de Jesucristo. Junto al Verbo eterno -decía-, se había introducido una personalidad diferente, atentando así contra el número Ternario de las Divinas Personas. Para marcar su propia protesta ante los abusos nestorianos, Pedro Fullo introdujo el canto de Trisagio ("Santo es Dios, santo y fuerte, santo e inmortal"), una adición conclusiva: "quefue crucificado por nosotros". Con esto intentaba subrayar que el hombre Jesús es realmente una de las Tres Personas de la Trinidad, sin darse cuenta de que crucificaba a la Trinidad entera. Sus manejos políticos tuvieron éxito. En 470, el patriarca Martirios se vio obligado a cederle el puesto; pero esta primera usurpación duró apenas un año, gracias a la intervención del Emperador, que restableció al prelado ortodoxo.A la muerte del emperador León I, en el 474, y de su nieto y sucesor León II, acaecida el mismo año, las circunstancias cambiaron a favor de los monofisitas. Zenón, esposo de la princesa Ariadna y padre de León II, que a la muerte de su hijo había subido al poder, fue destronado al año siguiente (475) por el usurpador Basiliscos. Éste se mostró, desde el primer momento, protector de los monofisitas. Publicó una encíclica en la que condenaba el Conc. de Calcedonia y el Tomo de S. León Magno, y elevaba el m. a religión oficial del estado (PG 86,2600-2604).Estando así las cosas, Aerulo se apresuró a reconquistar su sede de Antioquía, y de paso por Éfeso celebró un sínodo donde condenó a Calcedonia y especialmente el canon 28, que establecía la primacía de la sede constantinopolitana sobre la de Alejandría. Por su parte Pedro Fullo asume la sede de Antioquía.2. El Henotikón y el cisma de Acacio. En este momento entra en escena la figura de Acacio, patriarca de Constantinopla, que va a jugar un papel tan importante en los acontecimientos sucesivos. Bajo un aspecto venerable, se escondía en Acacio un hombre poseído de un invencible afán de dominar. Fue, de hecho, casi el único que se negó a suscribir la encíclica de Basiliscos, frente a la capitulación general de los demás obispos de Oriente. Pero en realidad, como mostró la historia posterior, no le importaban mucho las decisiones dogmáticas. Su conducta fue solamente un manejo político para mantener la supremacía de su sede frente al poder creciente de Alejandría. El pueblo y monjes de Constantinopla se pusieron de su lado, especialmente después que supo ganarse a S. Daniel Estilita, que gozaba de enorme popularidad.Para deshacerse de él, el usurpador Basiliscos convocó un nuevo concilio en Éfeso bajo la presidencia de Timoteo Aerulo, en el que se dictó sentencia condenatoria contra Acacio y se reafirmó la supremacía de Alejandría sobre Constantinopla. La deposición efectiva de Acacio no pudo, sin embargo, tener lugar a causa del favor popular de que gozaba en la capital. Entonces Basiliscos, para no comprometer su situación política por asuntos religiosos, preparó una anti-encíclica en la que confirmaba la doctrina calcedonense (PG 86, 2609-2611). Demasiado tarde. Aquel mismo año, Zenón reconquistaba el trono e iniciaba una política religiosa opuesta a la del intruso.La caída del usurpador fue considerada como un triunfo de la ortodoxia y valió a Acacio una gran autoridad en todo Oriente. Todos los obispos que habían firmado la encíclica se apresuraron a escribirle, asegurando haber actuado bajo coacción. Con la subida de Zenón desaparecen los cabecillas del m. Un concilio acaciano del 478, celebrado en Constantinopla, depone por segunda vez a Pedro Fullo de su sede Antioquena, bajo la acusación de haber "eutiquianizado" el Trisagio. Acacio instala allí a uno de sus hombres, Calendion. En Alejandría, es repuesto en el trono patriarcal Timoteo Solofaciol, quien procura calmar los ánimos e incluso permite a su opositor, Aerulo, vivir privadamente en la ciudad hasta su muerte, acaecida el 31 jul. 477.A la sombra de estos éxitos, Acacio, seguro de su autoridad y de su prestigio, se erigió en árbitro entre la ortodoxia y el m. Creyó poder poner punto final a las controversias obteniendo del Emperador la promulgación de un decreto, del que probablemente él mismo era el autor, que debía ser una fórmula de unión definitiva. Se trata del famoso Henotikon que, lejos de producir la esperada unión, dio origen al cisma acaciano de Constantinopla que se prolongó durante más de 30 años (v. HENOTIKON).3. Filoxeno y Severo. El 498 sube al patriarcado de Antioquía un hombre moderado, S. Flaviano, cuya elección produjo en Siria una revolución general capitaneada por dos monofisitas de talla: Filoxeno y Severo.Filoxeno había nacido en Tahal (Persia) en la primera mitad del s. V. Cursó sus estudios en la Escuela de Edesa durante el episcopado de Ibas (436-457), sobre cuya ortodoxia tanto se iba a discutir en los concilios de Calcedonia y Constantinopolitano II. Abrazada más tarde la fe monofisita, se convirtió en un ardiente apóstol de la misma, especialmente entre las comunidades monásticas de Mesopotamia y Siria. El patriarca ortodoxo de Antioquía, Calendion, lo expulsó de su diócesis. Pero cuando Calendion rehusó firmar el Henotikon y fue por ello exilado, el nuevo patriarca monofisita, Pedro Fullo, consagró a Filoxeno obispo de Mabboug, en 485. Todos los esfuerzos del nuevo obispo tendieron a propagar el decreto imperial y a abrogar el Concilio de Calcedonia. A instancias, suyas, según parece, el obispo de Edesa, Ciro, obtuvo la supresión de la célebre Escuela en 489. Diez años más tarde, Filoxeno se dirigió a Constantinopla para excitar al emperador Anastasio, sucesor de Zenón, contra el patriarca antioqueno, S. Flaviano. Tuvo que esperar a que el Emperador acabase la campaña contra los persas, para obtener de él que se ocupase de cuestiones teológicas; pero, por fin, en 513, obtuvo el destierro de S. Flaviano. Once obispos reunidos con él en Antioquía, eligieron patriarca a su amigo Severo.Severo era originario de Sozópolis, en Pisidia. Estudió letras en la Escuela de Alejandría, y leyes en Beirut. En esta última ciudad se convirtió al cristianismo por obra de Zacarías el Rector (v. ESCRITORES ECLESIÁSTICOS PRIMITIVOS, 17), quien además le despertó el interés por las ciencias eclesiásticas. Recibió el bautismo en Trípoli, en 488. Hombre de convicciones profundas, Severo no se contentó con una vida vulgar. Entró en un monasterio de Gaza y emprendió una vida de durísima penitencia en la soledad de un retiro apartado. Pronto su salud se resintió y tuvo que entrar por los senderos de la vida monástica común. No contento con la disciplina de su convento de origen, fundó otro, de acuerdo con sus ideas ascéticas, cerca de Maiouma de Gaza. Allí fue ordenado sacerdote por mano de Epifanio, obispo de Magidios en Panfilia, que acababa de verse privado de su sede a causa de su extremo m., lo que le había llevado a oponerse al m. moderado del Henotikon. De labios de este Epifanio, conoció Severo la nueva secta, de la que debía mostrarse ardiente paladín hasta su muerte. Su doctrina quedó ya expuesta en el primer apartado de este artículo.La vida de Severo, hasta su elección al patriarcado en 512, se centra en la composición de numerosos tratados en defensa del m., y en alguna que otra acción en la corte para mantener los intereses de sus correligionarios. El patriarcado de Severo no fue pacífico. Los monofisitas extremados lo encontraban demasiado moderado, y los cristianos ortodoxos le reprochaban su actitud hostil con respecto a Calcedonia y al Tomo de S. León Magno. No faltaron encuentros sangrientos, como la batalla junto al monasterio de S. Simeón Estilita, en la que los hombres de Severo hicieron perder la vida a trescientos cincuentamonjes venidos de toda Siria para manifestarse contra el patriarca.Muerto el viejo emperador Anastasio, que había seguido la política de Zenón y mantenía el Henotikon, subió al trono en 518, Justino, quien, desde el primer momento, se mostró partidario de Calcedonia. Uno de sus primeros cuidados fue el apoderarse de los herejes Filoxeno y Severo. Filoxeno fue hecho prisionero y desterrado primero a Filípolis en Tracia, y más tarde a Gangres en Paflagonia, donde murió, hacia el 523, ahogado por el humo, en la mazmorra donde se hallaba encerrado. En cuanto a Severo el Emperador no pudo realizar su propósito. Previendo su arresto, había escapado a Egipto a donde llegó el 29 sept. 518. No le faltaron allí amigos que le recibiesen. Se estableció, a lo que parece, en el monasterio de Ennaton, desde donde dirigió, con infatigable energía, la resistencia contra la nueva política imperial. Huyendo de la policía, que había descubierto su escondrijo, tuvo que ir ocultándose de un lugar a otro, sin perder por eso contacto con los obispos exilados, los fieles de Antioquía y sus monjes, dispersos por todo el Oriente. Mantuvo, en particular, una interesante polémica epistolar con Juliano de Halicarnaso, cuya doctrina, exageradamente monofisita, le parecía peligrosa. Esta correspondencia, con otras numerosas obras que se nos han conservado, hacen de él uno de los escritores más fecundos del mundo monofisita.A la muerte de Justino, en el año 527, las cosas parecieron ponerse otra vez de parte de Severo. La esposa del nuevo emperador Justiniano, la emperatriz Teodora, apoyaba en secreto a los monofisitas. Con el apoyo de ésta, subió al patriarcado constantinopolitano el obispo de Trebizonda, Antimo, que compartía sus mismos sentimientos, si bien, exteriormente, hacía profesión de ortodoxo. Animado por estas garantías, Severo se decidió a presentarse en la capital del imperio, en la que fue recibido honoríficamente y alojado en el mismo palacio imperial. Pronto llegaron a acuerdo él y Antimo, y tras un intercambio de cartas secretas, también el nuevo patriarca de Alejandría, Teodoro, entró en la maquinación.Estando así las cosas, llegó a Constantinopla el papa Agapito. Oficialmente había venido para tratar los asuntos de Italia, pero la responsabilidad de su cargo no le podía dejar indiferente a la vista de las controversias orientales. Al momento de su llegada, Antimo se apresuró a desaparecer, y el papa en persona acogió las peticiones de expulsión de Severo y sus secuaces. La muerte inesperada del Pontífice, el 22 abril 536, no impidió que el proceso siguiese su curso. Un sínodo de la capital decretó la deposición de Antimo y renovó las condenas de Severo. Justiniano aprobó estas decisiones, y prohibió a Severo que volviese a acercarse por la capital. Sus libros fueron condenados. Severo no tuvo alternativa y se vio obligado a obedecer. Se refugió nuevamente en los desiertos de Egipto, donde recomenzó su campaña de propaganda. Murió el 8 feb. 538 en Xois.4. Los Tres Capítulos y el monotelismo. A la muerte de Severo, el m. se encontraba sin cabeza. Justiniano creyó llegado el momento de acabar definitivamente con la herejía, y dio orden de capturar a todos los obispos anti-calcedon¡anos y llevados presos a Constantinopla. El plan del Emperador quizá hubiese tenido éxito, de no haberse interferido la oposición solapada de la emperatriz Teodora, gracias a. cuya intervención se creó una nueva jerarquía monofisita de la que iba a surgir en Siria la comunidad jacobita (v. JACOBITAS).Justiniano, viendo que la violencia no producía los frutos deseados, intentó poner fin a las querellas entre ortodoxos y monofisitas con la publicación de su edicto contra Teodoro de Mopsuestia, Teodoreto de Ciro e Ibas de Edesa, considerados como fautores de la herejía nestoriana. Pensaba que esta solución de compromiso, que por una parte mantenía la ortodoxia, y por otra atacaba al Conc. de Calcedonia que había admitido en su comunión a Teodoreto e Ibas, podría reconciliar a los dos bandos. La pretensión absurda de dirimir cuestiones dogmáticas con decretos imperiales dio, en ésta, como en todas las ocasiones, idéntico resultado (v. TRES CAPÍTULOS, CUESTIÓN DE LOS). Lejos de realizar la deseada unidad religiosa, recrudeció las disensiones y llevó al mismo Justiniano hacia las doctrinas de Juliano de Halicarnaso, el monofisita de extrema izquierda que había polemizado con Severo de Antioquía, preparando así una serie de otras infelices intervenciones imperiales en el siglo siguiente. En el contexto de estas intervenciones hay que colocar la última gran tentativa histórica de reconciliar monofisitas con ortodoxos, la fórmula monoteléctica de la Ektesis de Heraclio. El monotelismo que ese texto mantenía, lejos de ser una solución, era simplemente una nueva herejía cristológica.5. Desarrollo posterior. A pesar de la proscripción oficial del m. por obra del emperador Justiniano, esta doctrina siguió subsistiendo en amplias zonas del Imperio, de modo más o menos clandestino según la persecución a que se viera sometido en cada circunstancia. Estas presiones dieron lugar en ocasiones a emigraciones masivas y a convertirse el movimiento en comunidades monofisitas independientes cuya historia hasta nuestros días se trata por separado en otros lugares de esta Enciclopedia (v. JACOBITAS; ARMENIA V; EGIPTO X; ETIOPÍA VII). A continuación, a modo de resumen, ofrecemos una somera idea de la situación de las comunidades monofisitas en la actualidad.a. Estadísticas. Jacobitas. En el tiempo de su máxima expansión, hacia el s. X, los jacobitas de Siria llegaron a tener 20 sedes metropolitanas con 103 diócesis. En la actualidad no quedan más que 11. En total cuentan con 130.000 fieles, de los cuales 15.000 viven en América.Los jacobitas de la India se hallan divididos en cuatro iglesias independientes entre sí. Los jacobitas indios en comunión con el patriarcado de Antioquía, llamados también, siro-ortodoxos, son unos 750.000, divididos en ocho diócesis, bajo la vigilancia del Katholikós de la India que reside en Kottayam. Los mar-tomitas no llegan a 200.000, sumando las cinco diócesis. La única diócesis que poseen los cismáticos de Anjur, según las últimas estadísticas, reúne 10.000 fieles. Por fin, los siro-anglicanos son solamente unos 3.000.Coptos. En Egipto, totalmente cristiano antes de la invasión árabe, no quedaban en 1842 más que 150.000 coptos. A partir de esta fecha se inicia un reflorecimiento. En 1927 eran ya 946.343. En 1947, habían aumentado a 1.511.635, y en 1965 eran cerca de 2.600.000, en una población de 27.000.000. Estadísticas más recientes señalan cifras próximas a los seis millones. Lo mismo ha sucedido con las diócesis. De las 100 que contaba antes de la invasión musulmana, quedaban en 1842 solamente 13. Hoy son 23.Etíopes. Libre de invasiones, la comunidad etiópica se ha desarrollado regularmente desde los tiempos de su fundación. Los 9 millones de etíopes monofisitas viven en Eritrea y en la parte septentrional de Etiopía. Hacia el sur y el oriente habitan tribus paganas o mahometanas. Los monofisitas están divididos en 15 diócesis, de las cuales, una se halla en Jerusalén. Actualmente el jefede la comunidad es un patriarca desde el compromiso del 7 mayo 1959 entre el Negus y el patriarca copio de Alejandría, quien se reservó sólo la precedencia de honor.El clero etíope es numerosísimo pero de escasísima cultura. Lon monjes son también numerosos y gozan entre el pueblo de más estimación que los sacerdotes seculares, gracias a su cultura más elevada. Su superior, el eceghié, ahora obispo, había sido, hasta la creación de la jerarquía indígena en 1929, la primera dignidad del clero etiópico.Armenios. Por motivos políticos y disputas internas, los monofisitas armenios se han dividido, a partir del s. xi, en cuatro jurisdicciones autónomas. El Katholicado de Cilicia, que es sucesor del antiguo katholikado armenio del primer milenio, extiende su dominio sobre el Líbano, Siria y Chipre. Sus 125.000 fieles están distribuidos en cuatro diócesis. El katholikado de Ecmiazdin, gobierna los armenios monofisitas de Armenia soviética, de la U.R.S.S. y los de diáspora; en total 3.057.000, encuadrados en 26 diócesis. El patriarcado de Jerusalén tiene una sola diócesis y 10.000 fieles. Por fin, el patriarcado armenio de Constantinopla, que en 1914 contaba con 46 obispados, hoy no tiene más que 11, como resultado de los exterminios en masa hechos por los turcos. De 1.350.000 fieles en aquella fecha, no han quedado más que 60.000.b. Teología. El desarrollo teológico de las iglesias monofisitas se ha visto necesariamente condicionado por las circunstancias políticas, bajo las que han vivido en el último milenio.Siro-jacobitas. Del s. X al XIII florece el último periodo teológico del jacobitismo, despertado por la breve reconquista bizantina de Siria, hacia mediados del s. X. La necesidad de polemizar con el mundo helénico, saturado de cultura, despierta figuras importantes. En todos ellos hallamos el testimonio explícito de su adhesión al severianismo y su rechazo categórico de las formas eutiquianas del m.Coptos. Los coptos, dotados de menor talento especulativo, jamás han poseído una notable literatura teológica. En el periodo comprendido entre los s. X-XV, se abandona el copio por el árabe. Los autores más famosos son: Severo Abu’l Basohir ibn al-Mugaffa (s. X), Pedro de Maligen (s. XII), los tres hermanos Banai al’Assal (s. XIII), Sams ar-Riasah Abu’l Barakat ibn Kabar (m. 1327), autor, entre otras muchas obras, de una enciclopedia eclesiástica en 24 capítulos, titulada Faro de las tinieblas, y Juan ibn Abi Zakaria, llamado Ibrn Sabbag (s. XV). Un vacío total corre desde este autor hasta algunos catecismos de poca monta publicados al final del pasado siglo, en los que se evidencia la influencia católica o la de la ortodoxia rusa. Los coptos, lo mismo que los jacobitas, refiejan el m. severiano.Etíopes. Desde su adhesión al m., los etíopes han profesado el severianismo, y han considerado, por lo general, a Eutiques como hereje. Entre ellos, sin embargo, apenas puede hablarse de teología propia, si no es en el s. XVII, la disputa alrededor de un punto secundario de cristología, la unción de Cristo. Se trataba, al parecer, de una determinación de las propiedades y perfecciones de la humanidad de Cristo.Armenios. El carácter predominante de su teología es el polémico. Esto se explica por su necesidad constante de defenderse frente a los bizantinos, los latinos y los ortodoxos rusos. Citaremos a los autores de mayor talla desde el s. X hasta nosotros: Gregorio Nasiquiense, al que el pueblo denominó Píndaro armenio por su poesía sacra; el Katholikós Narsés IV de Klaj (v.) (1102-73) con el que comienza la época áurea de la teología armenia; Narsés, obispo de Lamprón (1153-98), gran partidario de la unión con los católicos, del que nos quedan obras de insigne valor; Gregorio IV Teyha (1173-93), autor de seis epístolas dogmáticas; Vartario el Grande (m. 1271), exegeta, teólogo y poeta sacro; Mequitar levrense (s. XIII), célebre por su fuerte polémica antilatina, y Tomás, abad del monasterio de Mezope (s. XV). Con él empieza la decadencia del pensamiento teológico, aunque puedan todavía citarse muchos nombres desde el s. XV hasta el XIX, como, p. ej., los de los polemistas antilatinos Gregorio Meklajen (s. XVII) y Jacobo Nalian (1741-1764) y el de Arsak Ter Mikelian, que escribió una teología dogmática.c. Ecumenismo. El movimiento ecuménico ha sacado a los monofisitas de su ostracismo y les ha impulsado hacia el deseo de unión con sus hermanos ortodoxos orientales. Dos reuniones de capital importancia han tenido lugar, en estos últimos años, entre calcedonenses y no calcedonenses. La primera ha sido una consulta no oficial tenida entre ortodoxos y monofisitas, con ocasión de la conferencia de Fe y Constitución de Aarhus, del 1 al 15 ag. 1964. El comunicado final ha puesto de relieve la plena conformidad de ambos en la sustancia del dogma cristológico.La segunda ha tenido lugar del 15 al 21 en. 1965 en Addis-Abeba, bajo los auspicios del emperador Haile Selassie. Estaba prevista la reunión de los Jefes de todas las comunidades monofisitas, con algunos patriarcas ortodoxos; pero a última hora, éstos no acudieron. Estaban, por tanto, presentes únicamente los más altos exponentes del m. El resultado del sínodo, el primero en la historia del m., ha sido muy esperanzador.En cuanto a una posible unión de los m. a la Iglesia católica ha despertado gran interés la entrevista en Roma en mayo de 1973 del Patriarca copto de Alejandría Shenuda III con el papa Paulo VI al término de la cual ambos suscribieron una declaración conjunta en la que se acepta lo esencial de lo definido en el Conc. de Calcedonia y se constituye una comisión mixta para estudiar los problemas concernientes a una posible unión.V. t.: CALCEDONIA, CONCILIO DE;EUTIOUES;LEÓN MAGNO, SAN; HENOTIKON; MONOTELISMO; JACOBITAS; ARMENIA V; EGIPTO X; ETIOPíA VII; JESUCRISTO III, 2.J. S. NADAL Y CAÑELLAS.
BIBL.: a) Formas del monofisismo: M. JUGIE, Eutiches et eutychianisme, en DTC V, 1582-1609; lo, Theologia dogniatica christianorum orientalium, V, París 1935, 397-442; íD, Monophysisme, en DTC XX,2216-2251 ; J. LEBON, Le monophysitisme Sevérien, Lovaina 1909.
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