Monet, Claude Oscar
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Biografía GER
Pintor francés de la escuela impresionista (v. IMPRESIONISMO), n. en París el 14 nov. 1840, m. en Giverny el 26 dic. 1926. De los datos extremos de tan gloriosa longevidad es esencial el primero, dado que ha nacido dos días después que Rodin (v.), en paralelismo cronológico y vital, singularmente glorioso para el arte francés, del entronque de los s. XIX y XX. El hecho de que a su padre, comerciante de ultramarinos, no le fueran bien los negocios en París y que en 1845 decidiera trasladarse a El Havre nos parece sustantivo para el porvenir del artista, dado que el mar es inseparable de su obra. Pero tardó en serlo. Los comienzos de M., aparte sus regulares estudios primarios, son los de caricaturista, que tan sólo abandonará por el influjo de Boudin, que le orienta hacia un arte más serio y responsable a partir de 1858. En mayo de 1859 marcha a París y asiste a la Acad. Suisse, donde conoce a Pissarro, y a la Brasserie des Martyrs. En 1860 pinta paisajes en Champigny-sur-Marne, y en ese mismo año ingresa en el servicio militar, cumplido en Argelia hasta 1862. En el verano de este año, licenciado, vuelve a Normandía, y torna a encontrarse con Boudin. Pronto conocerá a Jongkind, Renoir, Sisley y Bazille, así como, en 1864, a Courbet. Participa en los salones de 1865 y 1866, y de este año data ya alguna de sus primeras obras maestras, cual es el retrato de su esposa Camila con un perro (Zurich, col. E. Bührle) y, sobre todo, el Almuerzo sobre la hierba, en el Ermitage de Leningrado. Pasa en 1867 una etapa de aguda crisis económica, pinta en 1868 y 1869 en varios parajes campesinos, y, en 1870, se refugia en Londres, huyendo de la Guerra franco-prusiana, viaje que prolonga posteriormente por Holanda y Bélgica 1871. No fueron estériles estas estancias, ciertamente, y quizá acabaron por mostrarle su camino definitivo.En efecto, hasta entonces, M. había acreditado ser un óptimo pintor de paisaje y figura, pero no demasiado personal. Es en 1872 y en El Havre cuando firma su célebre Impression, Soleil levant, que, expuesto en el invierno de 1873-74 en el salón del fotógrafo Nadar, dio motivo al crítico de arte del Charivari para motejar a M. y a sus colegas de impresionistas, mote a la sazón humorístico y peyorativo, pero que no tardaría en hacerse glorioso; ello, precisamente, cuando M. pasaba por momentos de verdadera penuria, generosamente aliviada por Manet. Pero, una vez hallado el camino, M. no lo abandona, y se suceden las obras maestras, a la cabeza de todas esa Estación SaintLazare, en varias versiones, en que, casi por primera vez, el tema ferroviario logra suerte dignísima. En septiembre de 1879 muere su esposa, Camila, y en 1880 presenta una exposición monográfica en los locales de La Vie Moderne. Es sustantivo el a. 1883 por haberse establecido en Giverny, que en lo sucesivo será su teatro de operaciones. Precisamente, los chopos de los alrededores de este pueblo van a dar motivo para algunas de las mejores realizaciones del pintor. Se suceden viajes, excursiones y exposiciones -éstas, siempre con creciente éxito- antes de que en 1893 comience su serie de Las catedrales. Pero más correcto sería hablar de La catedral, pues es la de Rouen la que M. gusta de sorprender a varias horas del día, cronizando rigurosamente cada efecto de luz y de sol y sombra que actúe sobre el venerable edificio gótico. Y es aquí, más bien que en su cuadro, manifiesto del impresionismo, donde advertiremos el espíritu analítico, buscador, introspectivo, del glorioso artista, que procura, con toda paciencia y con todas sus posibilidades de observación, estudiar las sucesivas metamorfosis que la luz puede operar sobre un modelo inmóvil.Su estancia en Londres (1900-01) no es menos fructífera, ya que toma numerosos apuntes que se convertirán poco después en cuadros tan característicamente monetianos como El puente de Waterloo (Washington, National Gallery, col. Chester Dale) o Londres, efecto en la niebla (París, col. Durand-Ruel). En 1908, al reponerse de una enfermedad, marcha a Venecia y la retrata; pero, hombre del Norte como es, no logra persuadirnos con tanto acierto como el observado en Londres. Es evidente que la luz veneciana no es la adecuada para el impresionismo, y ello lo pueden constatar los pintores italianos. No importa, porque M. ha llegado a la ciudad de los dogos con un ánimo predispuesto por sus visiones inglesas. Lo que sí importa de modo decisivo en la carrera del artista es su imponderable serie de las Nymphéas, consecuencia de varios años de trabajo, prácticamente los transcurridos desde 1904 hasta casi su muerte. Esta larga serie de cuadros de tema vegetal, no siempre identificable con modelos de la Naturaleza, posee el sumo interés de convertirse, dentro de la indudable evolución seguida por M., en una búsqueda y un hallazgo, extremadamente su¡ generis, de la pintura abstracta, y ello sucede también en otros cuadros monetianos tardíos no pertenecientes a la serie nymfeica.El color lo domina todo, sin pretensiones de constatar una realidad, esto es, un sistema contrario al seguido en las versiones de la catedral de Rouen. Así, se pensaría que algo fundamental ha cambiado en M., sustituyendo la paciente analítica por una indudable arbitrariedad. Y es cierto. Aquella prodigiosa retina del artista se ha ido nublando, y llega un momento (1922) en que se siente prácticamente ciego, por una doble catarata. Operado en 1923, continúa pintando, y, bien curiosamente, al dar nuevas versiones de determinados paisajes pintados en su semiceguera, nos encontramos con que preferimos éstos. Acaso ello dé a las Nymphéas, retocadas con regular acierto luego de recuperar la vista, ese encanto particular que trasmite a todo gran artista una perturbación de su salud. En todo caso, M., el impresionista que más se haadentrado en el s. XX, no podía dejar de ser el más novecentista, y no sólo por la libertad conceptiva y ejecutiva de las tantas veces mencionadas Nymphéas, sino por alardes de color que las presagiaron desde antiguo, como esa increíble vista de la Rue Montorgueil erizada de banderas tricolores, y decimos increíble porque data nada menos que de 1878. Esta tela, en el Museo de Rouen, se creería, si no tuviéramos la evidencia contraria, obra de 50 años más tarde, y, en efecto, es lícito afirmar que M., el hombre que involuntariamente dio nombre al impresionismo, es, de esta escuela, el más íntimamente unido a diversos afanes que han conocido su triunfo en pleno S. XX.V. t.: IMPRESIONISMO.J. A. GAYA NUÑO.
BIBL.: G. GEFFROY, Claude Monet, sa vie, son temps, son oeuvre, París 1922; G. CLEMENCEAU, Claude Monet. Les Nymphéas, París 1928; 0. REURERSWAERD, Monet, Estocolmo 1948; P. WESTHEIM, Monet, Zurich 1953; L. DEGAND y D. ROUART, Monet, Ginebra 1958; W. C. SEITZ, Claude Monet, Barcelona 1962.
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