Moderados (españa) HIST.
Categoria:
Historia
Partido histórico del liberalismo español, cuya actividad se centra fundamentalmente durante el reinado de Isabel II (v.).Orígenes. Los orígenes del moderantismo son, sin embargo, mucho más antiguos, y se remontan al grupo doceañista procedente de las Cortes de Cádiz (v.), y cuyo contraste con el pensamiento de los exaltados o veinteañistas queda de relieve muy poco después de la revolución liberal de 1820. En la famosa sesión parlamentaria de las páginas -7 sept. 1820- se consagró de una vez para siempre la básica dualidad de tendencias del liberalismo español. Frente al romanticismo de los exaltados, que pretendían llevar mucho más lejos los alcances del golpe revolucionario, un grupo de doceañistas, que ya comenzaban por entonces a ser conocidos por el nombre de m., preconizaba un mayor respeto a la realeza, la guarda del orden y la limitación de las libertades y usos políticos impuestos por el triunfo liberal, a una minoría culta y en el fondo conservadora. Durante buena parte del trienio constitucional (1820-23) gobernaron los m. a través de los ministerios de Argüelles, Feliú y Martínez de la Rosa (v.), hasta su suplantación por el grupo exaltado en 1822 (gobiernos de Evaristo San Miguel y siguientes). El deseo de Martínez de la Rosa de reformar la Constitución de 1812 en sentido bicameral, y la acusación de desviaciones respecto del purismo revolucionario, acabaron marginando a los m. de la dirección del movimiento liberal.El grupo m. vuelve a cobrar importancia durante la regencia de María Cristina de Borbón (1833-40; v.), cuando el liberalismo (v.) se afianza definitivamente en España. A este grupo pertenecen los primeros gobernantes de la regencia: Cea Bermúdez, y sobre todo Martínez de la Rosa y el conde de Toreno. Por entonces, el moderantismo ha recibido ya el refuerzo de ciertos exaltados desengañados de las experiencias revolucionarias, y de muchos antiguos realistas que se negaban a seguir a Carlos María Isidro (v.). Los m. representaban una minoría culta, rica y bien situada en el plano social (aristocracia romántica, alta burguesía, propietarios, industriales), capaz de concentrar en sus filas la flor y nata del liberalismo español. Sin embargo, su debilidad dialéctica frente a la ortodoxa liberal-revolucionaria de los exaltados, llamados ya por entonces progresistas (v.), les hizo perder el poder en 1835.Constitución del partido moderado. La política anticlerical del gobierno de Mendizábal (v.) provocó un inmediato movimiento de reacción en la gran masa católica del país, al tiempo que los excesos revolucionarios de los progresistas tuvieron la consecuencia indirecta de coordinar y conferir un sentido más militante a los elementos conservadores. El resultado de ambas corrientes fue la constitución definitiva del partido m., por los a. 1835-36. Pasan por ser sus fundadores Andrés Borrego y Antonio Alcalá Galiano (v.). Su idea era la síntesis entre una serie de valores tradicionales (respeto a la Iglesia y a la monarquía, orden social) que debían ser conservados, y los logros de la revolución liberal (constitucionalismo, separación de poderes, sufragio, parlamentarismo habitual), que eran irreversibles. Pero con el sentido restrictivo que imponen los propios Borrego y Alcalá Galiano con su doctrina de la "soberánía de las clases medias", y muy poco después la corriente doctrinaria de origen francés, que encuentra sus principales portavoces en Joaquín Francisco Pacheco y Juan Donoso Cortés (v.). No importa que para Pacheco la soberanía política sea ejercida por la voluntad y, por consiguiente, deban gobernar los "buenos", en tanto que para Donoso es ejercicio de la razón, y deben gobernar los "inteligentes". Lo importante es que ambos, de acuerdo con las corrientes doctrinarias, niegan validez a los principios soberanos hasta entonces defendidos, el de la soberanía de derecho divino y el de la popular, para encontrar una tercera vía, la soberanía de la capacidad. El gobierno de los pueblos debe ser ejercido, de hecho y de derecho, por los más capacitados.La Constitución de 1837, que limita el sufragio a los mayores contribuyentes y a las minorías cultas, sienta definitivamente el sentido restrictivo y selecto del liberalismo español, y la división, de hecho, de los ciudadanos en "activos" y "pasivos", es decir, sujetos o no de las responsabilidades políticas. El partido m., dotado ya previamente de una mayor fuerza física, social y económica que su antagonista, se impondría también desde entonces por el más coherente y bien elaborado conjunto de su programa.Década moderada (1844-54). La caída de la regente María Cristina y subsiguiente regencia de Espartero (1840-43; v.) significó un paréntesis en la hegemonía del partido m. La inclinación de aquella reina hacia dicho partido y la oposición sistemática del general vencedor en la guerra carlista explican tal sesgo histórico. Pero derribado Espartero en julio de 1843, y proclamada mayor de edad Isabel II en noviembre del mismo año, el partido m. sube casi inmediatamente al poder, y no lo abandona durante una década. Es el periodo más largo de toda la historia del liberalismo español, de predominio de un partido determinado, hecho que por sí solo habla de la fuerza que entonces había cobrado.Los m. eran, no sólo la más considerable y mejor organizada agrupación política de la época, sino un verdadero grupo de presión, oligarquía dominante que encuadraba a las personalidades más destacadas de la política, las finanzas y la intelectualidad. Elite dirigente por excelencia, el partido m. tendrá, en esta época, sus fracciones, es decir, subpartidos, capaces de alternar entre sí en la lucha política, y la suficiente capacidad para constituir en la vida pública una fuerza autárquica, que podrá prescindir de los grupos contrarios, relegados al papel de sempiterna oposición. El gremio m. cuenta, sobre todo, con tres órdenes fundamentales de elementos: a) los intelectuales, que en su casi totalidad mantienen, cuando menos hasta 1853, su fidelidad a la causa y proporcionan al moderantismo sus ideas y su prestigio; b) los militares, especialmente los de alta graduación, afiliados al partido por razones temperamentales o por simple prurito de orden, son, por supuesto, quienes dan al grupo su fuerza física o le defienden del asalto revolucionario, sobre todo en la difícil coyuntura de 1848; y c) los propietarios e industriales, sobre todo los primeros, proporcionan al moderantismo la no menos indispensable fuerza económica, y muchas veces también la distinción social, en un momento en que la ordenación clasista tiende a establecerse de acuerdo con las disponibilidades crematísticas, y no con el lustre del linaje.Los m. gobernaron España durante la década, en una sucesión de 13 Gobiernos, entre los que destacan los de González Bravo, R. M. de Narváez (tres veces; v.), Istúriz, marqués de Miraflores, Pacheco, Bravo Murillo (v.) y Sartorius (conde de San Luis). Acentuaron los resortes del poder ejecutivo, mantuvieron relativamente el orden, consagraron la centralización administrativa, sustituyendo los jefes políticos por gobernadores civiles y restringiendo el papel de las diputaciones provinciales; mejoraron la Hacienda, mediante hábiles y audaces reformas, e iniciaron, después de medio siglo de casi total abandono, una verdadera política de obras públicas. Fueron obra de los m. la Constitución de 1845, el nuevo sistema tributario (1845), la reordenación de la Banca y la Bolsa (1847), el concordato con la Santa Sede (1851) y el Plan General de Ferrocarriles (1852). En general, puede decirse que su prurito centralista fiscalizador y burocrático aumentó los resortes de actuación e intervención del Estado, hasta el punto de que no es exagerado decir que el Estado español de la Edad Contemporánea quedó configurado en la década 1844-54.Pese a todos sus logros, la hegemonía de los m. no llegó a estabilizar un sistema. Fue el suyo un tipo de gobierno oligárquico que, para sostenerse frente a todas las oposiciones, hubo de recurrir a la fuerza o a la conculcación de los principios constitucionales en que teóricamente se apoyaba. El no haber llegado a convertir el doctrinarismo oligárquico en una auténtica forma de derecho, fue, desde el punto de vista jurídico, el talón de Aquiles del régimen. La revolución de 1854 se haría, ante todo, en nombre de la "legalidad".Descomposición del partido moderado. La larga permanencia en el poder desgastó a los m., hasta hacerles perder desde 1854 la rectoría indiscutible. Por otra parte, su misma conciencia de grupo de presión o de fuerza social les había llevado muchas veces a la búsqueda de fórmulas capaces de favorecerles en cuanto clase. Con ello, los principios habían sido postergados con frecuencia en aras de las realizaciones. En 1854 el programa m. era ya tan poco coherente, por lo menos, como el progresista, y mucho menos doctrinal que el de un nuevo partido nacido aquel mismo año y destinado a llevar la voz cantante en la revolución de 1868: el demócrata.De hecho, entre 1854 y 1868, los m. comparten la escena política con los otros dos grandes partidos, el progresista y el unionista. Narváez, tipo clásico del militar enérgico, sigue siendo el hombre fuerte del partido m.: no ya, como hasta entonces, el hombre fuerte del régimen. Los m. asumieron el poder todavía tres veces: en 1856-58, 1863-65 y 1867-68. En el primer lapso, terminaron de centralizar un aspecto sólo en parte tocado durante la década: la enseñanza. La Ley Moyano de 1857 regulariza las tres enseñanzas, primaria, media y superior, y unifica todos los planes de estudios; control que, sin embargo, no iba a ganarle la adhesión de la clase intelectual. La noche de San Daniel (10 abr. 1865) fue la primera manifestación de protesta universitaria que se produjo en el siglo, y provocó la caída de un Gobierno Narváez. La crisis económica, visible sobre todo desde 1866, vino a agregar amplias masas del proletariado urbano y rural al campo de los descontentos. Con la revolución del 18 sept. 1868 cae, al lado de su incondicional Isabel II, el partido m. (v. REVOLUCIÓN DE 1868). Ya no volvería a ocupar el poder. Durante el periodo revolucionario (1868-74) queda virtualmente prohibido. A partir de 1875, la Restauráción cuenta con una fuerte ala derecha, el partido conservador de Cánovas (v.), que se niega a considerarse heredero del m. El pequeño grupo de "moderados históricos" que seguían al conde de Cheste no fue más que una reliquia llamada pronto a desaparecer.J. L. COMELLAS GARCÍA-LLERA.
BIBL.: A. BORREGO, Lo que ha sido, lo que es y lo que puede ser el partido conservador, Madrid 1857; MARQUÉS DE MIRAFLORES, Memorias del reinado de Isabel II, 3 vol. Madrid 1964; A. REVESZ, Un dictador liberal: Narváez, Madrid 1953; J. Rico v AMAT, Historia política y parlamentaria de España, 3 vol. Madrid 1861; L. DíEZ DEL CORRAL, El liberalismo doctrinario, Madrid 1945; L. SÁNCHEz AGESTA, Historia del constítucionalismo español, Madrid 1955; D. MATEO DEL PERAL, Andrés Borrego y el problema de las clases medias, "Rev. de Estudios Políticos" 126 (1962) 279-318.
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