Mistral, Gabriela (lucila Godoy Alcayaga)
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Biografía GER
Poetisa chilena que recibió el premio Nobel de Literatura en 1945. Con ella, Pablo Neruda (v.) y Vicente Huidobro (v.), la poesía chilena alcanza en la primera mitad del s. xx una cima inigualada en Hispanoamérica.Datosbiográficos. G. M. n. el 6 abr. 1889 en la ciudad de Vicuña, provincia de Coquimbo, en el seno de una familia modesta. Su padre era maestro, profesión que siguió G. M. desde niña (1904), y que prolongó hasta 1922. Su región natal, los Andes, Temuco, Punta Arenas y Santiago fueron los sitios en que ejerció la docencia, primero con escuelas elementales, y luego de Enseñanza Media. El amor a los niños, expresado en hermosas canciones de cuna y en diversos poemas infantiles, es una constante temática en su poesía. En La maestra rural del libro Desolación hay testimonio explícito del interés de la poetisa por la enseñanza: "La maestra era pobre. Su reino no es humano./(Así en el doloroso sembrador de Israel)./Vestía sayas pardas, no enjoyaba su mano/ ¡y era todo su espíritu un inmenso joyel!".
El término de las tareas docentes de G. M. coincide con una invitación que recibe del Gobierno de México para colaborar en la reforma de la educación de ese país; es éste, por otra parte, el comienzo de una peregrinación interminable por países americanos y europeos: Argentina, Italia y Francia son los hitos más señalados de este viajar, facilitado por la designación de cónsul vitalicia con que la favorece el Gobierno de su patria. Desempeñó cargos consulares en Lisboa, Madrid, Los Ángeles, Nápoles y Petrópolis. La trágica muerte del joven Romelio Ureta, su prometido, inspira a la poetisa los Sonetos de la muerte, galardonados por la municipalidad de Santiago de Chile en 1914. Sigue una carrera de triunfos que culmina con el Premio Nacional (1951) y con el Premio Nobel de Literatura. Sus libros son, sin embargo, relativamente escasos, pues sus deseos de perfección la llevan a pulir y corregir constantemente cada composición. Entre las principales, cabe citar Desolación (1922), Tala (1938), Lagar (1954) y Poema de Chile (1966). Recados contando a Chile (1957) es una buena selección de su prosa sobre temas nacionales. En 1965 apareció Motivos de San Francisco, prosa poética de alto valor artístico y religioso. Recuérdense, además, la selección Lecturas para mujeres (México 1923), y los hermosos poemas de Ternura (Madrid 1924), incluidos parcialmenteen Desolación y Tala. La poetisa m. en Nueva York el 10 en. 1957.Carácter de su poesía. La poesía de G. M. evolucionó desde una posición coincidente con el modernismo hasta una depuración temática y formal que culmina en Lagar. Se abandona paulatinamente la preocupación por el ritmo y la rima exóticos, por la anécdota y el sentimentalismo excesivo, para dar paso a una visión más sobria y directa, menos literaria, del mundo y del ser humano. En este camino de depuración progresiva, G. M. encuentra la naturaleza y al hombre americano, cuya fuerza aparece con profundidad en Tala, su obra cimera. Lo que era dulzura y suavidad remata en austera visión de una cultura cuya perdida grandiosidad se pretende descubrir. Aparece en G. M. una especie de tendencia épica que caracteriza no sólo su obra, sino buena parte de la actual poesía chilena y aun de la del resto del continente. Ella misma se refiere a ello en una nota a los Himnos americanos de Tala: "Después de la trompa épica, más elefantina que metálica de nuestros románticos, que recogieron la gesticulación de los Quintana y los Gallegos, vino en nuestra generación una repugnancia exagerada hacia el himno largo y ancho, hacia el tono mayor. Llegaron las flautas y los carrizos, ya no sólo de maíz, sino de arroz y cebada. El tono menor fue el bienvenido y dejó sus primores, entre los que se encuentran nuestras canciones más íntimas y acaso las más puras. Pero ya vamos tocando el fondo mísero de la joyería y de la creación en acónitos. Suele echarse de menos, cuando se mira a los monumentos indígenas o la Cordillera, una voz entera que tenga el valor de allegarse a esos materiales formidables". Hay en esta obra de G. M. una reciedumbre que contrapesa la suavidad de los poemas infantiles; es una especie de ruralidad natal que la acompaña hasta el final de sus días; y es también un sabor trágico, presente en muchas composiciones relativas al tema del amor. "Sangre", "entraña", "hondor", "recóndito" son voces típicas de una literatura que tiene siempre a la vista desenlaces de muerte, de trascendencia. El color rojo predomina sobre los tonos verdes o azules, más plácidos y tradicionales.Métrica, temática, lenguaje e influencias. A esta reciedumbre suele corresponder un señalado predominio de versos eneasílabos, de cierta dureza para el lector hispano, habituado a los octosílabos autóctonos y a endecasílabos de vieja raigambre en la Península. No es ello señal de exotismo o de resabio modernista, sino la expresión métrica adecuada de una fuerza personal y diferente, algo inesperado en una mujer. La poetisa da su preferencia a los desamparados y los protege con esa seguridad y firmeza que la caracteriza. El novio suicida por quien hay que pedir insistente perdón, el Cristo dolorido del Calvario, la mujer herida en su futura maternidad o en su maternidad frustrada, el indígena indefenso, el niño descalzo y de manitas pedigüeñas aparecen con insistencia en estas páginas. Para todos tiene G. M. un amor que es intenso, recio y hasta polémico. Su poesía está así cargada de una tensión apasionada que linda con lo trágico. No hay, sin embargo, patetismo efectista o de dudoso gusto. Por el contrario, en todo momento es posible encontrar autenticidad y un afán de sobrio y pudoroso encubrimiento de realidades demasiado crueles. La suya es, en definitiva, una poesía intensa a la vez que contenida, recia pero no dura, ápasionada no menos que suave y delicada. Tal amplitud corresponde a un vasto registro temático. Además de los temas aludidos (amor, infancia, América) es del caso destacar la preocupación religiosa, presente en toda la obra de G. M. Es una religiosidad de directa inspiración bíblica, con alusiones al pueblo judío, a la Ruth moabita, a Raquel, al salmista. Llega a Jesús niño y a Cristo crucificado, pero no se extiende a la Iglesia. La poetisa comprende, de otra parte, la religión indígena y se suma a ella como si fuera una creyente más; es un proceso de identificación con la fe del hombre primitivo, de que da cabal cuenta en su poema Sol de Trópico: Gentes quechuas y gentes mayas/ te juramos lo que jurábamos./De ti rodamos hacia el Tiempo/y subiremos a tu regazo; /de ti caímos en grumos de oro,/en vellón de oro desgajado,/y a ti entraremos rectamente/ según dijeron Incas magos.G. M. entrega su voz a los quechuas y mayas, salvando distancias de razas, épocas y credos. Lo religioso incide así en el hondo americanismo de la autora. Tal americanismo tiene diversas raíces. De una parte, procede de profundas vivencias de la autora, peregrina incansable por campos y ciudades, hombres e instituciones del continente; de otra parte, es inevitable pensar en influencias literarias modernistas. La escuela de Rubén Darío (v.) no limitó sus entusiasmos a Versalles, Atenas o París, sino que los hizo extensivos al mundo de la América precolombina. Netzahualcoyot, Caupolicán o el Momotombo soberano eran nombres de una sonoridad y de un exotismo que gustaban a quienes se complacían en cuanto fuese ajeno a la vida trivial. En el poeta nicaragüense se unen curiosamente a los príncipes del Oriente, dioses grecolatinos o célebres bailarinas. Pero lo que en un comienzo fuera sólo literatura, pasó luego a constituir la base de una sólida creencia en los valores de las viejas civilizaciones. G. M., concretamente, está lejos de afanes eufónicos y de complacencias exóticas. Si ella va al araucano, al quechua o al azteca, es porque sabe de los dolores, la fuerza, pujanza, delicadeza y autenticidad de tales pueblos. La influencia del modernismo es acogida a la vez que ampliada y profundizada vitalmente. Esta actitud se entiende mejor teniendo en consideración lo antes señalado del distanciamiento de la autora, a medida que su poesía maduraba, de los moldes externos de la escuela de Rubén. G. M. cuidaba hasta el extremo cada palabra. Uno de sus biógrafos recuerda que en una ocasión ella esperó más de seis meses que "le cayera" el término justo para un determinado poema. Son términos ricos, expresivos, voluminosos más que sutiles, porque es autora de fuerza y de contenido antes que de alambicamiento. Caben con comodidad dentro de la tradición poética. Dicho en otra forma: no pretendió el empleo de expresiones de la antipoesía. Salvo algunos términos coincidentes con el naturalismo (cuajo, sienes, crispadura, hedor, escupir), los términos negativos no aparecen en el léxico mistraliano. Es imposible, desde este ángulo, clasificar a G. M. en una escuela de vanguardia. Como Antonio Machado (v.), supo situarse más allá de cualquier moda literaria, en un venero directamente clásico, de eternidad. G. M. y Machado son poetas que, sin dar la espalda a su época, no se doblegan ante ésta y prefieren una creación personal ajena a las vicisitudes del tiempo.H. MONTES BRUNET.
BIBL.: G. VON DEM BUSCHE, visión de una poesía, Santiago de Chile 1957; H. DíAz ARRIETA, Los cuatro grandes de la literatura chilena, Santiago de Chile 1963; A. IGLESIAS, Gabriela Mistral y el modernismo en Chile, Santiago de Chile 1950; M. LADRÓN DE GUEVARA, Gabriela Mistral, rebelde magnífica, Santiago de Chile 1957; H. MONTES, La lírica chilena de hoy, Santiago de Chile 1967; J. SAAVEDRA MOLINA, Gabriela Mistral, su vida y su obra, Santiago de Chile 1946;, R. SILVA CASTRO, Producción de Gabriela Mistral de 1912 a 191, Santiago de Chile 1957; P. VALÉRY, Preface á Poémes choisis de Gabriela Mistral, París 1946; L. SILVA, Gabriela Mistral, Buenos Aires 1967;J. COLLAR, Gabriela Mistral (maestra de escuela, poetisa chilena universal), en Foriadores del mundo contemporáneo (dir. F. PÉREZEMBID), IV, 6 ed. Barcelona 1970, 502-515.
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