Miniatura ARTE
Categoria:
Arte
1. Concepto y valoración. La palabra m., del latín miniare, designa la pintura que ilustraba, sobre todo en la Edad Media, los libros manuscritos hechos generalmente en hojas de pergamino. En principio, el término indicaba la operación consistente en subrayar o pintar con minio el título de un libro o los de sus capítulos y, por extensión, se aplicó después a las pinturas que decoraban e ilustraban el texto, de modo que la m. vino a ser como su traducción figuradaNo es sinónimo el término m. del de dibujo pequeño, como tampoco resulta exacto considerar el dibujo de m. como idéntico al de iluminación de libros, pues las m. pueden ser hechas sin utilizar oro ni plata, mientras que, en sentido estricto, estos materiales no faltan en la iluminación. Pero en la práctica se usan indistintamente los términos m. e iluminación aplicados a los libros manuscritos. La iluminación propiamente dicha comienza al finalizar la Edad Antigua y se desarrolla durante la Edad Media, viniendo a menos o desapareciendo prácticamente con la invención de la imprenta. El estudio de la m. interesa a los historiadores del arte, por cuanto es un valiosísimo aspecto de la pintura, en especial de la pintura de la Edad Media, pues, aparte su valor extrínseco, su conocimiento es imprescindible a la hora de precisar las concomitancias de ideas y procedimientos técnicos de las distintas escuelas y regiones. En los últimos años, la m. ha sido objeto de una especial atención por parte de los paleógrafos. Pionero fue G. Batelli, quien en sus Lezioni di Paleogralia dedica al estudio de la escritura un espacio muy similar al de la m., de acuerdo con una concepción nueva y admitida actualmente de que el códice debe ser estudiado en su totalidad como fuente valiosa de conocimiento histórico. De ahí la significación de la Codicología, puesta de relieve por F. Masa¡ (Paléographie et Codicologie, "Scriptorium" IV, 1950, 279-293) en la que tiene importancia capital el estudio de la m
2. Historia de la miniatura no española. a) Las más remotas manifestaciones de textos ilustrados pictóricamente hay que buscarlas en el Egipto antiguo. Así, un rollo de papiro (papiro del Ramesseum de Tebas) del 1980 a. C. que contiene un ceremonial del faraón Sesostris I, de la XII dinastía, con motivo de su ascensión al trono. Las ilustraciones las forman 30 figuras muy esquemáticamente trazadas. Especial interés tienen las ilustraciones del famoso Libro de los muertos en sus versiones conservadas en la Bibl. Nacional de Viena (colección Rainero) y en el British Museum de Londres
b) La técnica egipcia de ilustración pictórica de textos pasó al mundo helénico, como demuestran los rollos de papiro que se han conservado. En el mundo helénico el arte de la ilustración del libro aparece con anterioridad al imperio de Alejandro Magno, pero se desarrolla particularmente en la época de los Ptolomeos
c) Sobre la tradición helenística, pero con aportación de elementos originales, debidos sobre todo a la necesidad de afrontar una temática nueva acorde con la religión cristiana, la m. bizantina nos ha dejado valiosas muestras de su producción. Así, de tema profano, el códice Dioscórides de Viena, del s. vi, que parece haber sido ejecutado para Anicia Juliana, hija del emperador Olibrio, ilustrado con doble motivación: cuadros que preceden al texto y figuras de plantas y animales dentro del mismo, hechas según un esquema muy tradicional. Probablemente en la zona sur de Italia, sometida a la influencia bizantina, se minió el códice Homero Ambrosiarco, de fines del s. V o principios del VI, del que se conservan 58 folios escritos en griego en el anverso e ilustrados en el reverso y cuyas m. más que por su perfección interesan por su vejez. Códices bíblicos miniados de la primera época bizantina son el Cottoniano del Génesis, de fines del s. v o de los primeros años del vi y el Génesis de Viena, algo más reciente
La cuestión iconoclasta restó posibilidades al arte miniado bizantino, pero establecido por Teodora el culto a las imágenes, la m. cobró nuevo impulso sobre todo en los días de Miguel III, en que los artistas se esforzaron en volver a modelos antiguos en cuanto a las figuras y en la búsqueda de una ornamentación fantástica y a veces caprichosa. Durante toda la Edad Media, en especial en la Alta Edad Media, los centros monásticos bizantinos -sobre todo los de la península de Athos y Santa Catalina, al pie del Sinaí- fueron focos importantes de producción de códices miniados en cuya ejecución estuvo presente la influencia helénico-oriental que presidió la vida de Bizancio, en cuya órbita se inscribieron los focos cristianos de Siria, Palestina, Armenia, Georgia, Rusia y países coptos y balcánicos (v. BIZANCIO IV)
d) Los romanos, a la hora de confeccionar libros, no pusieron gran empeño en su ornamentación miniada. La m. romana es mucho menos frecuente, y también inferior, que la de la Edad Media. La belleza de los códices de la época romana radica en la forma solemne y cuidada de su escritura más que en las m. que los ilustran En los códices más antiguos, la ilustración está determinada por verdaderos cuadros pequeños influidos por el arte helenístico. Como ha señalado Batelli (o. c. 96) las m. de los códices romanos no representan habitualmente el producto original de un artista sino que al preparar nuevos libros se copiaron textos e ilustraciones en los que falta casi siempre una adecuada interpretación de la Naturaleza y se carece de habilidad para la ejecución. Y desde luego, son un pálido reflejo del arte antiguo y de inferior calidad que los frescos de Pompeya
e) El arte miniado del Sur de Italia en los primeros siglos de la Edad Media está representado por los llamados rollos litúrgicos, que contienen el Praeconium paschale, que se cantaba el sábado santo en una solemne y bellísima ceremonia relativa a la bendición del cirio pascual. Se les conoce también con el nombre de rollos del Exultet, porque la prosa poética del pregón comenzaba con esta palabra. Las m. de los rollos litúrgicos se hicieron con la finalidad de ilustrar para el pueblo el canto que el diácono hacía del pregón pascual. Por esto, sus m., dispuestas en una serie de cuadros, estaban ejecutadas en sentido contrario al de la escritura, de modo que pudiesen ser contemplados por el pueblo al mismo tiempo que el diácono iba desenrollando el texto al cantarlo. De los rollos litúrgicos se conservan varios fragmentos en la Bibl. Apostólica Vaticana
f) En la Francia merovingia, los manuscritos de los s. VII-VIII presentan una decoración muy característica cuyas técnicas y motivos se extendieron por los centros de escritura germanos e incluso por algunas localidades del Norte de Italia. Motivos preferidos en el arte miniado merovingio son la representación estilizada de pájaros y peces que se adaptan a formas extrañas en la ejecución de letras iniciales, en los títulos y en la decoración de páginas enteras que coinciden con el comienzo del texto. Los colores preferidos son amarillo, verde y rojo, y aunque, como acontece con la escritura merovingia, podrían distinguirse varias escuelas, las manifestaciones miniadas no son siempre tan diferentes para los diversos escritorios, pues presentan muchas formas comunes, de tal manera que los criterios empleados para la atribución de manuscritos miniados a escuelas concretas no siempre resultan idóneos (V. MEROVINGIOS II)
Entre los códices miniados, merecen especial mención el Leccionario de París, del s. VII, que se conserva en la Bibl. Nacional parisina (Cod. lat. 9.427), y sobre cuya procedencia la crítica no es concorde; su ornamentación es rica, original, pero falta de realismo. El Sacramentario Galicano es el manuscrito más importante salido del taller de Luxeuil y, posiblemente, el ejemplar más completo del arte miniado de la época merovingia. Se trata de un códice escrito en uncial entre los a. 690 y 710, que actualmente se conserva en la Bibl. Apostólica Vaticana (Cod. Vat. Reg. lat. 317). Son dignos de mención los manuscritos salidos del escritorio de Corbie, en cuyos motivos ornamentales se ha dado entrada a las flores y que presentan una innegable influencia irlandesa, como ocurre en el Sacramentario Gelasiano, también de la Bibl. Vaticana (Cod. Vat. Reg. lat. 316). En conjunto, la m. merovingia muestra un arte ingenuo y una tosca ejecución
g) Uno de los aspectos más interesantes de la m. en la Edad Media lo ofrece la que se contiene en códices procedentes de las Islas Británicas y en los influidos por los escritorios insulares. Los supuestos tradicionales sobre la escritura y la m. insular fueron revisados y formulados de modo distinto por F. Masa¡ en su ya famosa obra Essai sur les origenes de la miniature dite irlandaise, libro que demuestra cómo por medio del estudio de la m. puede llegarse a conclusiones de tipo paleográfico y en definitiva codicológico. Otra cosa es qué las tesis de F. Masa¡ se acepten totalmente, con reservas o incluso se rechacen. Tradicionalmente, se había pensado que los motivos ornamentales del arte insular fueron típicamenteceltas, como si Irlanda los hubiese conservado más celosamente que los demás países, debido a que quedó al margen de la conquista romana y que fueron precisamente los irlandeses los que difundieron por el continente el arte miniado insular
F. Masa¡, tras un detenido estudio de los códices más representativos tanto paleográfica como artísticamente considerados, concluye, entre otras cosas, que la m. insular no es un producto exclusivamente céltico y que hay que buscar sus orígenes no en Irlanda, sino en Inglaterra, concretamente en la región de Northumberland. Aparte el problema del origen del arte miniado insular, es incuestionable que éste no tomó de la tradición romana el concepto de ilustración narrativa y que la figura humana es interpretada torpemente o al menos con un trazado duro sin vida y estilizada al máximo. La ornamentación nace de un concepto meramente decorativo, desarrollado a páginas enteras, cubiertas de líneas dispuestas hábilmente y en las que las letras desaparecen ahogadas por el diseño geométrico de su entorno en el que se repiten hasta el infinito motivos fijos: entrelazados logrados por cintas o cordones que parten del cuerpo mismo de las letras iniciales, espirales en rosetón que se cierran en varios envolvimientos en caracol, líneas quebradas y puntitos rojos en fila en torno a iniciales menores o reagrupados para formar nuevas líneas
Entre los códices miniados de procedencia insular, merecen especial cita el Libro de Lindisfarne, el Codex Aureus de Estocolmo, el Salterio de San Agustín, el Evangeliario de la Bibl. Apostólica Vaticana (Cod. Vat. Barb. lat. 570), el Libro de Kells. Todos son del s. VIII o a lo más de los comienzos del s. IX. En los primeros años del s. IX se introducen en la m. insular, a través del escritorio de Reims, elementos extraños, que encontraron acogida en el monasterio de Winchester. Ahora la figura humana tiene una gran variedad de expresión y sus gestos están llenos de energía, aunque a veces los cuerpos estén interpretados deformemente. Un movimiento en las figuras que se comunica a los vestidos da impresión de ser agitados por el viento. Los motivos ornamentales se polarizan en el festón floreal amplio, con empleo de hojas de acanto. El oro, el azul y el rojo son los colores preferidos. El ejemplo más acabado de este estilo nuevo es el Salterio de Utrecht, que ejerció posteriormente una influencia directa sobre la m. inglesa. A partir de la invasión normanda el arte insular decae (V. IRLANDA, REPÚBLICA DE V)
h) El renacimiento carolingio comportó valiosísimas realizaciones de orden cultural imponiéndose de nuevo en el Occidente europeo la unidad gráfica que se había perdido al disolverse el Imperio romano. Los códices salidos de los escritorios carolingios presentan en sus m. dos notas específicas: son en su mayoría de carácter sacro, especialmente de contenido bíblico, y se diferencian por escuelas mucho más que desde el punto de vista paleográfico: escuela palatina (Aquisgrán), Reims, Metz, Tours, Sajonia, Tréveris
La época carolingia y su ulterior impacto cultural duró desde fines del s. vIII al comienzo del goticismo, es decir, hasta mediados del s. XII, tomando, naturalmente, estas fechas con las debidas cautelas. Como característica común dentro de la diversidad de escuelas (que presentan matizaciones estilísticas propias) es innegable la magnificencia de las ilustraciones con representaciones figurativas cada vez más frecuentes y lujosas; se escriben y se iluminan los códices con oro y plata sobre pergamino de púrpura. Así, el Salterio escrito en oro, que Carlomagno envió al papa Adriano (Bibl. Nacional de París, ms. 1861); el Evangeliario copiado en pergamino purpúreo escrito con oro y plata (París nuev. acq. lat. 120); el Evangeliario de Godescalco (París ms. lat. 1093) y otros muchos que son prueba elocuente de la riqueza y estima del momento por los códices miniados. La m. carolingia presenta la figura humana trazada con gran cuidado y con clara ligereza en sus movimientos, enmarcada por lo general en grecasque recuerdan la técnica de los códices clásicos. Ricas orlas interpretadas con variedad de motivos (follaje, árboles esbeltos, pájaros e incluso elementos arquitectónicos tomados del mundo clásico) en oro y en rojo enmarcan las columnas en que se divide la escritura de cada folio de estos riquísimos códices que no escaparon, por otra parte, a la influencia insular (v. CAROLINGIOS II)
i) A lo largo del s. xii se produjo un radical cambio en la vida cultural europea, debido a una serie de factores que condicionaron el tránsito de la Alta a la Baja Edad Media. Los cambios afectaron, naturalmente, a la forma de la escritura (se impuso la escritura llamada gótica), a la forma y contenido de los códices (v.) y a su producción. Durante la Alta Edad Media las tareas intelectuales y, por tanto, los libros, constituyeron una prerrogativa de los eclesiásticos y sólo en los monasterios o en las escuelas episcopales se produjeron códices, destinados por otra parte a los oficios litúrgicos y a la enseñanza de disciplinas sagradas. Ahora, en la Baja Edad Media, la cultura se irradia desde las nacientes universidades, en las que tienen cabida estudiantes no sólo eclesiásticos sino también laicos. Se hizo necesaria la confección de libros para subvenir a las demandas de la población estudiantil. Y de nuevo, como había ocurrido en los días de Roma, aparecieron, sobre todo en las ciudades que contaban con universidades, talleres donde los amanuenses copiaban los libros, convertidos así en producto comercial. De modo que escritura, m. y encuadernación (v. ENCVADERNACIóN, 2) corrieron a cargo de obreros especializados, agrupados en gremios
En la composición pictórica del códice falta aún el sentido de perspectiva, si bien figura humana e interpretación de la Naturaleza han ganado en realismo y calidades. El arte sacro miniado pierde el aspecto hierático de la época anterior, de acuerdo con los supuestos de una nueva religiosidad que terminaría por imponerse
Francia desempeña un primordial papel en el arte miniado de la época gótica. Los libros más característicos son los Salterios, con dos tipos de ornamentación: uno que imita las formas de los ventanales o vidrieras dividiendo la página por medio de círculos dentro de los cuales se dibujan las escenas, y otro en el que las escenas se hallan encerradas por un marco con fondo arquitectónico. Después, en los s. XIV y XV, los códices más frecuentes son los Libros de Horas, bellamente encuadernados, con cierres de plata esmaltada y a menudo con el retrato de su poseedor rodeado de sus santos predilectos colocados al comienzo del códice. El arte miniado de este periodo se hizo más realista por influencia flamenca, a cuyos ejecutores debemos bellísimos ejemplares (V. GÓTICO, ARTE; GÓTICO INTERNACIONAL; LIMBURGO, HERMANOS)
j) El Renacimiento dejó su huella característica en la m., lográndose una mayor perfección de líneas, justeza en la composición y movimiento en la figura, pero perdiéndose realismo y expresividad. Algunos miniaturistas del Renacimiento quisieron hacer de cada página del códice un retrato al óleo, con lo que la m. perdió su carácter. La invención de la imprenta supuso la muerte de este arte subsidiario que tantas bellezas había logrado
3. Historia de la miniatura en España. Por lo que respecta a España, sabemos de la existencia de escritores, bibliotecas y libros en la Antigüedad. Incluso no faltan noticias sobre m. Pero las sucesivas invasiones, germánicas y musulmana, que sufrió el país "apenas nos permiten vislumbrar de forma muy vaga lo que pudiera ser la miniatura en España en sus primeros tiempos" (J. Domínguez Bordona, o. c. en bibl.)
SegúnW. Neuss (v.o. c.enbibl.) lailustración de textos con representación de la figura humana debió de practicarse en España durante la época visigótica, continuando una tradición de origen norteafricano, que se hizo presente después en la m. mozárabe. Por su parte, H. Schlunck ha establecido un paralelismo entre la estilística y los temas de la escultura visigótica en las representAciones pictóricas de los manuscritos de los s. X y XI (v. o. c. en bibl.). Para Domínguez Bordona "la falta de manuscritos artísticos auténticamente comprobados no implica la de una escuela de miniatura visigoda, que cabe suponer excelente, si, como es muy probable, puede asignársele el famoso Pentateuco Ashburnham conservado en la Biblioteca Nacional de, París". El códice en cuestión ha sido objeto de profundos estudios desde el punto de vista paleográfico y artístico, y su atribución a la España visigoda ha contado con el apoyo de W. Neuss (v. VISIGODOS II)
Especial interés ofrece la m. mozárabe, que se practicó desde mediados del s. X en los territorios sometidos a los musulmanes y en los Estados libres del Norte peninsular. Son célebres las m. contenidas en manuscritos de los Comentarios de San Juan y el Libro de Daniel, que escribió hacia el 766 un monje de Liébana de nombre Beato (v.) y del que se ejecutaron entre los s. X al XII varias copias, 24 de las cuales, junto con tres fragmentos, han llegado a nosotros; de las firmadas, la más antigua es del 926 y se debe al calígrafo Magio, y la más moderna de 1183, ejecutada por Egas. El tema de la obra de S. Beato se prestaba bien a que los miniaturistas plasmasen en los códices que la contenían su capacidad artística, logrando una versión gráfica de pasajes del Apocalipsis y de la Profecía de Daniel, aparte otros asuntos relacionados con comentarios de los Padres y con la vida de Jesucristo, e incluso algunos de ellos muestran un mapamundi, que nos pone en conocimiento de las ideas geográficas de entonces. Las m. de la serie de los Beatos están ejecutadas a veces a página entera e incluso a dos páginas; otras están realizadas en los márgenes del texto e intercaladas en éste. Falta perspectiva y relieve en las figuras, y en conjunto ofrecen un variado colorido (v. MOZÁRABES II)Con la presencia del románico en el s. XI se abre en España un cielo nuevo. Gómez Moreno, profundo conocedor del tema, establece, en lo concerniente a m., tres grupos de códices: aquellos en los que perdura lo puramente tradicional mozárabe sin influencia del nuevo estilo; los que presentan una mezcla del arte mozárabe con el románico; y un grupo puramente románico. Al primero pertenecen, entre otros, el Breviario de Doña Sancha, el Antifonario de León y el Librr Comitis de la Academia de la Historia; al segundo, el Diurnal de Santiago de Compostela, el Beato de Silos y el Beato de Saint Sévére y al tercero las Biblias de Farfa y Roda y el Libro de los Testamentos de la catedral de Oviedo. Todos ellos presentan un arte eminentemente narrativo
Los caracteres de la m. gótica hispánica se anuncian en composiciones de los Libros de los Feudos (Archivo de la Corona de Aragón), de la Vida de San Ildefonso (Bibl. Nacional de Madrid) y de la Biblia (Atad. de la Historia, 2-3), manuscritos que Millares considera de transición entre las antiguas tradiciones locales y el espléndido arte de los iluminadores de la corte de Alfonso X el Sabio. A ellos debemos bellísimas ilustraciones pictóricas de los libros alfonsíes, en especial de las Cantigas (Bibl. de El Escorial, t. I,l y J,b,2), que han sido estudiadas desde distintos puntos de vista por Guerrero Lovillo (v. o. c. en bibl.). Las m. de las Cantigas son para el s. XIII lo que los Beatos para los s. X y XI. La riqueza ornamentalde los códices alfonsíes son un tesoro documental no ya para la Historia de la m. sino para la arqueología española de la Edad Media. La tradición miniaturista de la época del Rey Sabio continuó en los días de Sancho IV, en que se copió el manuscrito de la Estoria de España; en el reinado de Fernando IV y Alfonso XI, en que se confeccionaron la Gran Conquista de Ultramar (Bibl. Nacional de Madrid) y la Crónica Troyana (Bibl: de El Escorial), debida a Nicolás Núñez
En los últimos tiempos de la Baja Edad Media, España sintió, como Europa entera, la influencia de los miniaturistas franceses y flamencos, cuyas técnicas posibilitaron la serie de Misales y Libros de Horas, que constituyen auténticas joyas bibliográficas y artísticas
4. Técnica. El modo de obtener los colores para los trabajos miniados nos lo relata S. Isidoro en el libro XIX de las Etimologías, en el tratado De coloribus. Noticias valiosas al respecto suministran las anotaciones hechas por los propios artistas en las guardas de los manuscritos y en los márgenes de sus folios. El color negro se obtenía del hollín producido por la combustión de sarmientos, de cera, de aceite o de otras sustancias. Pero como el negro así obtenido era poco consistente, se buscaron otros procedimientos que además lo diferenciasen del negro utilizado en las tintas. El blanco, de menos uso que el negro, se sacaba de la combustión de huesos de animales, y mejor de delgadas láminas de plomo tratadas con vinagre fuerte en recipientes bien cerrados. El rojo se obtenía del minio; el amarillo de la tierra conocida con el nombre de oropimente rejalgar (sulfuro de arsénico) o del azafrán; el azul de variadas materias según sus matices; el celeste, de compuestos de cobalto en su estado natural. Debieron de existir, a partir del s. xi, algunas fórmulas químicas que se consiguieron en determinados monasterios, así como disolventes líquidos: clara de huevo mezclada con agua, miel, azúcar, albayalde, gomas, etc
L. NÚÑEZ CONTRERAS.
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