Minería III. Industria Minera. ECON.
Categoria:
Economía
Generalidades. Aunque la utilización de minerales se remonta a los primeros tiempos de la existencia del hombre, han sido los cambios científicos de los últimos 250 años y la aparición de la industria moderna lo que ha dado paso a un desarrollo sin precedentes de la m. Los descubrimientos e inventos de los s. XVIII y XIX ampliaron y modificaron totalmente el panorama de la economía mundial en general y de la m. en particular, produciéndose a lo largo del presente siglo un cambio notable en la producción minera, tanto en el aspecto cuantitativo como en la variedad de minerales producidosLa creciente importancia en la utilización de los minerales se refleja claramente en el activo comercio internacional de que son objeto, pues al no existir ningún área en el mundo que posea todos los que son básicos para la industria y el desarrollo económico, las naciones de mayor nivel industrial tienen que abastecerse de las zonas mineras, muchas de las cuales se encuentran en los países subdesarrollados
Aunque la mayor parte de los países poseen riquezas minerales que podrían ser éxplotadas y sus productos transformados, de tal forma que se alcanzase un mayor crecimiento económico, en muchos de ellos, sin embargo, la utilización de dichos recursos es nula. o casi nula. La política seguida por los pueblos industrializados tiende a conservar la riqueza e importar de otras zonas productoras los minerales que necesitan para su desarrollo; en cuanto a las naciones subdesarrolladas, no aprovechan debidamente, por lo menos para sus propios intereses económicos, los recursos minerales, pues si eliminasen los obstáculos que impiden la explotación adecuada de su riqueza minera (falta de capital, técnica inadecuada, dependencia de las compañías extranjeras y naciones desarrolladas, entre otros) obtendrían importantes ingresos de divisas que les permitirían financiar las importaciones precisas para su desarrollo económico, a la vez que contarían con materias primas para sus nuevas industrias e incrementarían los conocimientos técnicos y el bienestar económico de su población
La investigación histórica ha demostrado que precisamente la mayuría de aquellas naciones que se consideran hoy como industrializadas han utilizado sus recursos mineros con el fin último de respaldar su propio desarrollo. El gran progreso económico de Estados Unidos, Unión Soviética, Alemania, Reino Unido, Canadá y Francia, se debió en gran parte al óptimo uso que hicieron de sus reservas minerales. Por el contrario, son pocos los países que han alcanzado altos niveles de ingresos sin una base firme en la explotación de la m., entre éstos pueden citarse a Holanda, Suiza, Dinamarca y Nueva Zelanda, cuya prosperidad se basa en una moderna actividad agrícola y ganadera
En España, la riqueza minera del subsuelo ha tenido gran importancia durante muchos siglos, pero la intensa explotación llevada a cabo durante el s. XIX y principios del XX por las compañías extranjeras a las que se arrendaron los mejores yacimientos ha agotado la mayor parte de las reservas de los minerales más necesarios. En la actualidad, únicamente el mercurio y, en menor medida, el cinc y las piritas ofrecen perspectivas favorables, habiendo disminuido considerablemente las reservas de hierro, cobre y plomo y careciendo totalmente de minerales tan importantes como bauxita, cromo y níquel. Existen yacimientos de carbón localizados en las zonas periféricas, pero la complicada orografía española, que plantea problemas de transporte del mineral con el consiguiente encarecimiento de los precios, y la baja calidad del carbón, son factores que han impuesto una fuerte política proteccionista para evitar la competencia del mineral extranjero
En Iberoamérica, la mayor parte de los países cuentan con explotaciones mineras de gran riqueza, figurando algunos de ellos entre los principales productores mundiales de ciertos productos minerales de gran trascendencia. Tal es el caso de Chile, p. ej., cuya producción de cobre se sitúa por su importancia inmediatamente después de la de Estados Unidos y URSS. En los últimos años, han continuado las prospecciones mineras y se han descubierto nuevos yacimientos de importancia: estaño en Bolivia, cobre en Argentina, azufre en Guatemala y Ecuador, bauxita en Surinam, y hierro en varios lugares de Brasil y México. Las economías de los países iberoamericanos dependen en gran medida de sus exportaciones de productos minerales a los países industrializados de Occidente, por lo que el ritmo de la actividad económica de estos últimos tiene gran influencia en la producción mineral de aquéllos y en los precios de los productos básicos que exportan
Características institucionales. Pueden resumirse en las siguientes:1) En el caso de los minerales concentrados en muy pocas zonas, se produce una tendencia monopolística. 2) No hay ningún país que cuente dentro de sus fronteras con todos los minerales esenciales o, por lo menos, en la cantidad suficiente para sus necesidades, por lo que el comercio internacional de estos productos es muy importante, principalmente entre los países en vías de desarrollo y los industrializados. El importante volumen de las transacciones internacionales y nacionales se basa en mercados muy organizados, tanto en lo que se refiere a la venta y distribución como en lo relativo a los precios. En el caso de algunos minerales importantes, se producen situaciones de monopolio tanto en el caso de la oferta como en el de la demanda, dando lugar a operaciones altamente especulativas. 3) La importancia estratégica de muchos de los productos minerales ha sido la causa de un mayor control de la riqueza minera por parte de las autoridades, bien sea mediante su explotación directa o con un control riguroso en la producción, distribución y precios, cuando la explotación la realizan grupos privados. 4) La explotación de la m. exige elevadas inversiones, desde los estudios previos que es preciso realizar para conocer la riqueza de un yacimiento hasta la propia explotación. De ahí que muchos países subdesarrollados con reservas comprobadas necesiten recurrir a los países industrializados para realizar las inversiones necesarias. 5) Las condiciones laborales de la m. son típicas: elevado riesgo, irregularidad y estabilidad muy relativas ante el posible agotamiento físico o económico de los yacimientos. 6) La explotación se realiza con costes crecientes debido principalmente a las mayores inversiones que es preciso efectuar. En un mismo yacimiento, los costes tienden a incrementarse por la depreciación de los minerales y por la necesidad de realizar la extracción en muchas ocasiones a mayores profundidades
Un indicador típico de la importancia de los minerales en la economía de cada país es la participación de la producción de este sector en la renta nacional. Tomando como base el porcentaje de la producción minera sobre la renta nacional, destacan como países típicamente mineros: Venezuela (un 30%), debido en su mayor parte a las explotaciones petrolíferas; Zaire (20%); Perú (16%); República Sudafricana (12%); y Bolivia (10%). Por el contrario, prácticamente todos los países desarrollados tienen una producción minera que representa un porcentaje muy reducido en relación con su renta nacional como, p. ej., en el caso de Estados Unidos, que supera ligeramente el 2%
En el periodo 1955-66, el incremento experimentado en la explotación de minerales en todo el mundo ha sido del 64,7%, aumento que se ha producido principalmente en los países socialistas (Unión Soviética y naciones del Este de Europa), que extrajeron en 1966 un 133,9% más que en 1955, y en los países subdesarrollados, que incrementaron su producción en el periodo anteriormente aludido en un 126%. Por el contrario, los países desarrollados sólo aumentaron su producción en un 22,4%, como consecuencia del agotamiento de sus recursos minerales y, sobre todo, porque utilizan los minerales de los países subdesarrollados
R. MARTÍNEZ CORTIÑA
BIBL.: R. FURON, La géologie et l’économie moderne, París 1960; T. 1. HOOVER, The Economics of Mining, 3 ed. California 1958; T. A. RICHARVS, Man and Metals, Nueva York 1932; E. H. ROBIE, Economics of the Mineral Industries, Nueva York 1959
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