Militar, Técnica
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Introducción. Francisco Villamartín (1833-72) dejó sentado que lo relativo a la guerra y la milicia es juntamente ciencia y arte. Dirección y ejecución de una guerra exigen una técnica (v.), tanto más amplia y especializada cuantos más elementos entren en juego, en la que apenas hay ya rama del saber que no tenga aplicación; es más: buena parte de los últimos adelantos científicos han nacido por la demanda de las necesidades bélicas según la idea de "la guerra como aliada del progreso", que ya expresó también el mismo autor. El enorme desarrollo de la técnica exige modificar la especialización en las Fuerzas Armadas, como en toda la sociedad. Los técnicos y especialistas militares son necesarios en cualquier escalón de la organización militar, por pequeño que sea. Quizá fue la creación del Estado Mayor el primer síntoma. de imposibilidad de que una sola mente domine el conjunto de las actividades simultáneas que impone la acción militar en cualquiera de sus aspectosSiendo la técnica el conjunto de procedimientos de que se sirve una ciencia o un arte y la pericia para ponerlos en práctica, se comprende que en su sentido amplio, la t. m. abarca desde la polemología hasta la investigación operativa (v.)
La diversificación de funciones y misiones técnicas llega hasta el simple soldado, que ya no se limita a manejar la pica o el fusil, sino que usa el radioteléfono, el detector de minas o el contador Geiger, aparte de las especialidades múltiples (paracaidistas, guerrilleros, buceadores de combate, etc.) de que han tenido que ser dotados los ejércitos
Numerosos científicos trabajan diariamente en la investigación y perfeccionamiento de un nuevo material de guerra que por su capacidad de destrucción pueda disuadir a un enemigo en potencia. Ello encierra el peligro de confiar excesivamente en el "espejismo de las armas resolutivas", repetido en la historia con la aparición de cada arma y que es consecuencia de olvidar que el hombre, con sus virtudes morales, es el factor definitivo que gana o pierde las batallas, sean cualesquiera los medios que se pongan a su disposición
En otros tiempos se calificaba de técnicos a los cuerpos de Ingenieros y Artillería, por los servicios peculiares que prestaban. Hoy la técnica se ha extendido, ramificado y especializado de tal modo que todos los cuerpos merecerían tal denominación
Pero técnica es también el modo físico de ejecutar una acción táctica (v. TÁCTICA MILITAR). P. ej., si la acción táctica consiste en situar una fuerza en el interior del territorio enemigo, la técnica de combate para hacerlo pudiera ser la filtración de unidades regulares o de guerrilleros, o bien el desembarco aéreo o de paracaidistas. Técnica del fuego, en un ataque atómico, podría ser la que emplease un avión, pilotado o no, un agente secreto que colocase el explosivo, o un proyectil dirigido. La táctica trataría de la maniobra conveniente para montar el ataque o la parada del golpe enemigo. En lo militar, táctica y técnica son casi siempre correlativas, porque las tácticas dependen del desarrollo de las técnicas y éstas del de los equipos de guerra. En los análisis de planes y operaciones se citan siempre juntas
La táctica y las armas. Es evidente que las armas condicionan la táctica. El caballo de Troya, los elefantes de Aníbal, el ariete y la torre de asalto fueron ya medios técnicos, ingenios que forzaban la orgánica y la táctica de quienes los usaban. Los honderos baleares crearon casi el problema opuesto, el de encajar su táctica, tal como ellos la usaban, en la organización del ejército de Aníbal. En cambio, el orden lineal y las falanges griegas pedían armas apropiadas para sus limitados ardides
La aparición de las armas de fuego obligó a cierta dispersión en las primitivas líneas de ataque. La guerrilla de tiradores, unos al lado de otros, surge cuando el fusil alcanza precisión, imponiendo la necesidad de tiradores sueltos. Sin embargo, su mayor dispersión coincide con un perfeccionamiento técnico en las armas portátiles, sin que obedezca a causa lógica. Durante la Revolución francesa, la libertad que se da a los combatientes, o la que ellos se toman, es la que hace surgir una nueva táctica. Y la protección o "cubierta" en el terreno obliga a la técnica a buscar armas más precisas para batir esas formaciones diluidas
Algo análogo ocurre en la guerra de la Independencia española: el cañón -arma-masa de Napoleón contra el hombre-masa de los grandes batallones- no encuentra objetivo adecuado frente a las guerrillas (v.) españolas. Por eso Bonaparte pedía ese fusil rápido que no le supieron inventar, aunque estuvieron a punto cuando convocó un concurso con importante premio en metálico. Lo que en realidad pedía Napoleón para batir a las guerrillas españolas era un fusil ametrallador que casi tuvo en sus manos, como estuvo a punto de alcanzar la máquina de vapor Fulton (v.) que él pedía para la Marina
El fusil ametrallador de Napoleón hubiera sido el arma adecuada para batir con. una rociada de balas los blancos fugaces, "de eclipse", que sólo durante fracciones de segundo ofrecían los hombres de las partidas -los partisanos, los guerrilleros españoles-. Hubiera exigido un nuevo despliegue, como en las modernas luchas de guerrilleros, y aun de gangsters americanos; es el arma automática la que marca el ritmo y el mecanismo de la actuación. Luego, la ametralladora enemiga obligó a la dispersión; pero pronto el fusil ametrallador propio exigía paradójicamente que el pelotón se agrupase en torno suyo. Una lucha entre las servidumbres técnicas del arma y las imposiciones de la táctica, entre la seguridad y la eficacia
En el combate -y más en el moderno- las armas superiores imponen a las inferiores subordinarse fielmente a la táctica que ellas condicionan. Así, los grandes cañones y la aviación forzaron a dispersarse más a los fusileros y artilleros; los carros exigieron en primera línea armas y medioi contracarro, con toda su servidumbre y pesadez. El arma atómica, con sus exigencias de amplio despliegue, de dispersión y concentración rápida, reclama de las armas de infantería una táctica que han de adoptar como puedan: acumulación de armas y disminución de hombres, gran dotación de medios muy móviles; flexibilidad y enlace. Porque el arma atómica no es sino un arma más, sujeta a ese juego, correlativo con la táctica, una nueva arma de las muchas que a través de la historia han condicionado los procedimientos de combate de su tiempo. Tiene un gran poder destructor, pero su aparición no puede significar el fin de la táctica, ni mucho menos, como algunos pretenden, el fin de todo el arte de la guerra, aunque al arma atómica se subordina no sólo el hombre, sino el mismo arte de la guerra
Con las sucesivas variaciones de las armas hay interrogantes que quedan siempre en pie o resucitan cada poco tiempo: si conviene dar a la Infantería más hombres o más armas; si cada infante tendrá un arma automática y si le convendrán armas pesadas o si las de acompañamiento deberán descentralizarse o no; en fin, si el ataque de la Infantería ha de ser de fuego y movimiento o de éste casi en exclusiva
Salvo excepciones, las armas condicionan la táctica, pero en la mente del creador del arma -o de quien la busca- estaba ya esa necesidad de variar la táctica -cada diez años, como Napoleón- que sólo puede exigirse a las tropas propias y a las enemigas con la imposición tiránica de un arma, que materializa su voluntad imperiosa sobre el campo de batalla
La técnica en la industria de guerra. Ya en los tiempos de Roma escribió Vegecio: "la legión romana no sólo es invencible por el valor de sus soldados, sino que debe también su fuerza a las armas y a las máquinas". En la doctrina militar española se define el armamento en un sentido genérico como "el conjunto de armas, ingenios y material empleados en la acción bélica". Pero la verdadera arma es la munición. La técnica trata de liberar a las armas de las servidumbres que limitan su empleo en el combate, para que cualquiera de ellas, dentro de su modalidad, pueda emplearse en todo tiempo y en todo terreno. La técnica constructora ha de atender, pues, a las características de las armas, su empleo táctico y la dirección del fuego
El nivel de armamento de una nación depende básicamente de su situación geográfica y su política internacional. Está condicionado a la cantidad y calidad técnica del material de guerra de sus aliados y sus supuestos enemigos, así como de las propias posibilidades de producción y mejoramiento de las armas, siempre en función del desarrollo industrial del país
En la actualidad la idea estratégica de vencer al ejército enemigo en el campo de batalla cede en cierto modo a la estrategia técnica de aniquilar su capacidad industrial y económica. La "guerra total" no se resuelve tanto en los frentes de combate como en la competencia técnica de las retaguardias: en la carrera de armamento. La orgánica militar, más que a movilizar grandes masas de hombres atiende a contar con unidades de mucha movilidad y potencia de fuego, capaces de dar golpes rápidos, fuertes, frecuentes y a distancia, para destruir los centros vitales de producción y alimentación de la guerra en la zona enemiga
Pero la producción de guerra no se hace exclusivamente en factorías militares. Durante las campañas, buena parte de la industria nacional se transforma en industria bélica
Así, pues, la transformación del plan de paz en el de guerra implica la necesidad de transformar en industria de guerra una industria civil, siguiendo para ello un "plan de evolución". Ello obliga a resolver problemas de valorización y organización para el planteamiento de una movilización industrial dentro de un programa de movilización económica. A propósito de ello Lefebure afirma en L’énigme du Rhin: "Los países que durante la paz hayan realizado descubrimientos y tengan medios de rápida producción, serán los vencedores"
Tras una carrera por el gigantismo de carros Goliath, superfortalezas volantes y enormes acorazados y portaaviones, actualmente se tiende a modelos de tipo medio, en los que se combinen suficientemente las condiciones de movilidad, potencia ofensiva y protección, añadiendo aésta el ofrecer el menor blanco posible a los proyectiles modernos
Durante mucho tiempo el progreso del armamento estaba prácticamente a cargo de las grandes empresas constructores: Schneider, Krupp, Vickers, Skoda..., pero sus inconvenientes crecieron con la aceleración técnico-científica y la carrera de armamentos en vísperas de la II Guerra mundial, haciendo preciso crear centros especiales de análisis y experimentación dentro de los órganos superiores de la Defensa nacional de cada país. Nació así la investigación operativa, como nueva ciencia aplicada para el cálculo de necesidades y características del material de guerra. En España, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) desarrolla algunos programas de aplicación militar, pero hay organismos específicos en cada uno de los tres ejércitos. En el de Tierra, el Centro de Estudios Técnicos de Materiales Especiales (CETME); en el de Mar la Empresa Nacional Bazán y en el del Aire el Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial Esteban Terradas (INTA). Entre otros varios centros de estudios complementarios puede citarse el Centro de Investigaciones Médicas Aeronáuticas (CIMA). A escala inferior, las Escuelas de Aplicación y Tiro de las distintas Armas tienen misiones de investigación y experimentación, como también realizan ensayos y experiencias las empresas constructoras y factorías aéreas, navales y de armas terrestres
V. t.:ESTRATEGIA MILITAR;LOGíSTICA MILITAR;TÁCTICA MILITAR; ARMAS; BIOLÓGICAS, ARMAS; NUCLEARES, ARMAS; QUÍMICAS, ARMASJ. M. GÁRATE CÓRDOBA
BIBL.: BOUTHOUL, Les guerres: éléments de Polémologie, París 1951; B. BRODIE, Estrategia de la era de los misiles, 1951; M. ESPINOSA, Guerra de sabios, Madrid 1958; J. M. GAVIN, Guerra y paz en la era del espacio, Madrid 1959; A. GONZÁLEZ DE MENDOZA, La paz y la defensa nacional, Madrid 1967; G. LÓPEZ MuÑiz, Diccionario enciclopédico de la guerra, Pamplona 1958; F. D. O. MIKSCHE, El fracaso de la estrategia atómica, Barcelona 1960; F. SALAs LÓPEZ, Empleo táctico del armamento, Madrid 1964
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