Micropaleontologia GEOG.
Categoria:
Geografía
Concepto y campo de estudio. La M. es la parte de la Paleontología (v.) que se ocupa de los fósiles microscópicos. Su desarrollo es moderno, básicamente de este siglo y supeditado en gran parte al inmenso campo de acción de la industria petrolífera, de la cual la M. es uno de los elementos técnicos esenciales para el progreso y localización de nuevos yacimientos de petróleo. Hasta principios de este siglo su estudio parecía restringido a unos pocos grupos de protozoos (v.) y protofitas o a algún orden especial de invertebrados, como el de los diminutos crustáceos ostrácodos. En cambio, el concepto que actualmente prevalece de esta disciplina resulta mucho más vasto, pues según sus tratadistas más recientes (cfr. W. Pokorny, F. Charlton de Rivero y P. J. Bermúdez, o. c. en bibl.) los estudios micropaleontológicos comprenden todos los restos de tamaño microscópico pertenecientes a invertebrados, como espículas de esponjas y de alcionarios, escleritos de holoturias, restos de equinodermos y astéridos, tallos de crinoideos, briozoarios, picosmandibulares de cefalópodos, pterópodos (moluscos nadadores), escolecodontos (fragmentos de anélidos), conocodontes (restos de especies desconocidas), etc., e incluso de vertebrados, como los otolitos de los peces. En fin, todo resto orgánico para cuyo reconocimiento adecuado tenga que emplearse el microscopio o la lupa binocular.Este amplio concepto, aplicado en Sedimentología, ha permitido a los geólogos formarse una idea más cabal de los diversos ambientes ecológicos que reinaron en el pasado en un nivel o área geográfica determinada, y con ello la reconstrucción, más o menos precisa, según la abundancia y variedad de los elementos fósiles que se han recogido en los diferentes biotopos, de determinadas cuencas continentales o marinas; p. ej., lechos salobres o de estuario, pantanos y limnobios, zonas marinas costeras o litorales, facies neríticas de profundidades diversas, zonas pelágicas, oceánicas, etc. Todo ello facilita grandemente las reconstrucciones paleogeográficas, ecológicas y climáticas de las diversas épocas geológicas, cuyo conocimiento es tan importante para la localización de yacimientos petrolíferos, o simplemente, para la reconstrucción del pasado de nuestro Planeta.Historia. La construcción y perfeccionamiento de las lentes de aumento o de los primeros microscopios posibilitó la aparición de los precursores de la M. Un reducido grupo de naturalistas italianos fueron los primeros en describir variadas conchas de foraminíferos (v. PROTOZOOS), que recolectaban en las arenas de las playas, como J. Plancus (De Conchis minus notis in Littore Ariminensi, Venecia 1739), N. Gaultieri (Index Testarum Conchyliorum quae adservantur in Museo suo, Florencia 1742), A. Soldan¡ (Testaceographia ac Zoophytographia parva et microscopica, Siena 1789-98); a estos nombres hay que añadir el del holandés L. Th. Gronovius (Zoophylacium Gronovianum, Lugduni Batavorum 1763-68). En una etapa algo posterior, el conocimiento de los foraminíferos fue perfeccionándose gracias a la labor más precisa de un grupo de profesores y naturalistas de la segunda mitad del s. XVIII y principios del XIX, como G. Montagu, Denys de Montfort, Fischer von Waldheim, C. Linneo, J. B. Lamarck y otros, que describieron multitud de especies fósiles o actuales. Pero sus aportaciones no -representaban todavía más que datos aislados, precursores de otros más completos y fundamentales que vendrían a culminar con otra generación de la primera mitad del s. xix.Se considera al alemán prof. C. G. Ehrenberg (17951876), como al verdadero fundador de la M. científica. Observando al microscopio delgadas y transparentes esquirlas de los sílex dentro de un líquido aclarador, fue el primero que vio los refresentantes cretáceos de las diminutas peridíneas, cuyo caparazón celulósico se hallaba admirablemente incluido y conservado dentro de la primitiva masa coloidal de la sílice de los antiguos mares cretáceos. Sus conocimientos fueron extensos y su fama universal. Las obras de Ehrenberg más relacionadas con este tema son Ueber mikroskopischen kieselschaligen Polycystienen als machtige Gebirgsmasse von Barbados, Berlín 1747, y sobre todo su Mikrogeologie: Das Wirken des unsichtbaren kleinen Lebens auf der Erde, Berlín 1855.Pero las investigaciones, con la amplitud con que las había iniciado Ehrenberg, no tuvieron continuadores, pues sus sucesores prefirieron especializarse en algunos grupos particulares. Así, a partir del final del s. XIX, los cultivadores de estas disciplinas se encerraron en dos campos diferentes: por un lado los diatomologistas y por otro los que siguieron ocupándose de los foraminíferos y de los ostrácodos. Sólo unos pocos dedicaron alguna atención a los radiolarios. Los demás grupos casi fueron abandonados.Diatomeas. La Diatomología, estudio de las diminutas algas (v.) diatomeas, alcanzó un auge considerable entre profesionales y aficionados a finales del pasado siglo. Entre sus más destacados cultivadores figuran H. van Heurk (Traité des Diatonées, 1889); A. Schmidt y colaboradores (Atlas Diatomaceenkunde, 1874-1914); Fr. D. A. Castracane (Diatomacea, "Reports de Voyage Challenger", 1886); J. Tempére y H. Peragallo (Diatoméas du monde entier, 1907-25). En España destacó E. Caballero, cuyas técnicas microscópicas para el montaje de las diatomeas tuvieron gran divulgación entre los especialistas. Algo más tarde F. Azpeitia dio a conocer las especies hispanas teniendo como discípulos y colaboradores a A. Trúan y J. Gamundí. Las margas diatomíferas del sur de España, conocidas con el nombre de moronitas, a causa de su localización clásica en Morón (Sevilla), fueron objeto de pacientes estudios por M. Cala y Sánchez (1897). últimamente todos los yacimientos andaluces, hasta las Baleares, han sido nuevamente estudiados por G. Colom y J. Gamundí (1951). El estudio de las especies de América del Sur (Argentina) hizo grandes progresos con las obras de J. Franguelli, del Museo Nacional de Buenos Aires. Sin embargo, para los geólogos las diatomeas poseen una difusión restringida en las formaciones marinas y sus especies, conocidas desde el cretácico, resultan poco características para los diferentes pisos de las series geológicas. Por tales motivos, su interés práctico para resolver problemas cronológicos de Geología resulta escaso y en la actualidad tienen contados cultivadores. Pero el incremento experimentado por los estudios diatomológicos en las fechas indicadas proporcionó un conocimiento muy completo de su morfología y de un inmenso número de especies.Foraminíferos. En el otro campo quedaron los especialistas de los foraminíferos, protozoos provistos de una concha caliza, de muy variables dimensiones. Un gran conjunto de especies de este grupo, lo mismo fósiles que actuales, han poblado los fondos marinos más diversos: costeros, litorales, de mares abiertos o de amplios océanos, pues a las especies del bentos hay que añadir las de vida pelágica, no tan numerosas en géneros y especies pero sí en individuos, sobre todo en el plancton de los mares cálidos. A ello se añade la evolución rápida, a través del tiempo, experimentada por muchas familias y géneros de este orden, lo mismo del bentos que pelágicos, los cuales dieron lugar a un conjunto de formas características que vivieron en un momento dado, a veces breve, de los tiempos geológicos. Esto permite fijar la edad de los estratos que los contienen y correlacionarlos entre sí, aun a través de largas distancias; de aquí la gran aplicación de este grupo a los estudios estratigráficos o cronológicos de las secuencias sedimentarias de las épocas pasadas. Poseen, además, la ventaja sobre otros grupos de organismos fósiles macroscópicos, como moluscos, equínidos, etc., no siempre presentes en las rocas, de que por su pequeñez y enorme difusión son raros lós niveles de origen marino que no los contienen.Cuando a finales del s. XIX se emprendió a gran escala el estudio de los mares, los foraminíferos resultaron uno de los grupos más favorecidos por los investigadores. El desarrollo de los estudios geológicos facilitó igualmente su conocimiento, ya que ambos campos se complementaban.Los foraminíferos han existido desde el principio del Paleozoico (cámbrico-ordovícico) y están representados desde entones por especies de muy variada estructura y dimensiones, visibles algunos a simple vista, aunque en la mayoría de los casos no alcancen 1 mm. de longitud y tenga que emplearse para su examen la lupa binocular. En otros casos, y en edades geológicas más recientes, se encuentran grupos de tamaño grande, como ocurre con las fusulínidas del carbonífero y pérmico (3-4 mm.), las Loftusia del cretácico superior (6 mm.), los nummulites del Terciario inferior, algunas de cuyas especies poseen un diámetro de hasta 30-40 mm., las alveolinas del cretácico y del eoceno, etc. Durante esta segunda época son importantes los trabajos del vizconde d’Archiac y J. Haime, primeros tratadistas de los nummulites. N. Joly y A. Leymerie se ocuparon de formas fósiles análogas (assilinas, operculinas, etc.). Alcides d’Orbigny es considerado como el padre de estos estudios, sobre todo en cuanto concierne a las formas más diminutas. Henry J. Carter, J. L. M. Defrance, T. Rupert Jones y W. K. Parker describieron muchas especies fósiles y actuales de los mares. A A. E. Reuss se deben numerosas obras sobre foraminíferos, ostrácodos y briozoos fósiles de la Europa central. W. C. Williamson fue el primer monógrafo de los foraminíferos actuales de Gran Bretaña. Autores italianos como O. G. Costa, G. A. D’Amicis, G. Seguenza, A. Silvestri, etc., describieron numerosas especies procedentes de los terrenos terciarios de su patria. El español R. de la Sagra escribió Foraminí f eros de laisla de Cuba (1839). Esta época se cierra con la aparición de la gran obra de H. B. Brady, Foraminifera, publicada en los "Reports" de la célebre expedición inglesa del Challenger. Desde entonces fueron apareciendo una serie de manuales, siempre en lengua inglesa, que vinieron a facilitar más didácticamente su estudio. Entre los más conocidos e importantes figuran los de W. B. Carpenter, Introduction to the study of the Foraminifera, Londres 1862 y F. Chapman, The Foraminifera, Nueva York 1902. La primera edición del de J. A. Cushman, Foraminifera, data de 1928. Muy difundido fue el también americano de J. J. Galloway, A Manual of Foraminifera, 1933. Con ellos se llega a la fase inicial de los estudios biológicos de este grupo, cuyo tema más interesante será el de averiguar la reproducción entre las especies vivientes. A ello se dedicaron F. Schaudinn, J. J. Lister (Contributions to the Life-History of the Foraminifera, 1894), E. H. Myers, etc., sobre formas bentónicas y J. Le Calvez en especies pelágicas. Sus resultados permitieron resolver ciertas anomalías morfológicas observadas en la estructura de las conchas, el llamado dimorfismo o trimorf ismo (Hofker) de los foraminíferos, completándose de esta manera los estudios paleontológicos con los biológicos y resolviéndose así problemas que parecían insolubles con el solo auxilio de la observación morfológica. Las citadas anomalías consistían en que unas conchas presentaban un desarrollo espiral muy apretado a partir de una cámara inicial muy diminuta (formas microesféricas), dando por resultado unos caparazones de mayor talla; en otros ejemplares la espiral partía de una cámara central grande (macroesf érica) y con un número menor de vueltas espirales y por tal motivo de tamaño reducido. Los estudios de la reproducción demostraron que los primeros eran el resultado de una reproducción sexual, con gametos bien diferenciados, y los segundos de una reproducción asexual.Ostrácodos. El grupo de los ostrácodos comprende un extenso conjunto de especies con formas paleozoicas y una morfología especial de sus valvas, muy característica, y otras del Secundario-Terciario, hasta la época actual. Este grupo tiene actualmente numerosos cultivadores. Entre los antiguos naturalistas es frecuente que un mismo autor se ocupase de foraminíferos y de ostrácodos (Terquem, Reuss, Brady, etc.). El número de ostrácodos es más reducido que el de foraminíferos, pero pueden abundar en las formaciones geológicas. Comprende, como estos últimos, grupos de rápida evolución en el tiempo, proporcionando valiosas especies cronológicas indicadoras de la edad de las rocas que los contienen. Sin embargo, su interés principal es el de ser muy buenos indicadores del ambiente ecológico de los yacimientos de que provienen, sea de los antiguos mares con especies costeras o de alta mar, zonas profundas, o de ambientes continentales lacustres, salobres, etc., existiendo bastantes especies que, por comparación con sus equivalentes actuales, resultan excelentes indicadores de la salinidad, temperaturas, etc.Desarrollo actual. Al terminar la I Guerra mundial comenzó en gran escala el desarrollo de la M. precisamente en un momento en que el número de sus cultivadores había disminuido sensiblemente en casi todos los países, excepción hecha de los de lengua inglesa. Ante el gran consumo de hidrocarburos en todo el mundo, las compañías petrolíferas buscaron afanosamente la localización de nuevos campos productores y para ello necesitaron, con mayor intensidad que antes, el concurso de geólogos y paleontólogos capaces de resolver con rapidez los problemas concernientes a la edad de las formaciones terrestres que contenían petróleo o la continuidad de las mismas en zonas más o menos alejadas entre sí. La aplicación de la M. -principalmente de los foraminíferos- a tales trabajos no se hizo esperar, pues el fósil clásico, molusco, equínido, etc., no siempre abunda en los estratos de la Tierra. Las compañías petrolíferas fundaron laboratorios geológicos y micropaleontológicos en las zonas de explotación petrolífera, unas veces estables, llamados centrales, y otras ambulantes que seguían a los prospectores a los lugares de sondeo. Acrecentado de este modo el número de cultivadores de la M. tales estudios fueron desarrollándose en gran escala, dando lugar a la aparición de una bibliografía especializada, principalmente inglesa aunque con una gran aportación alemana y francesa y, últimamente, italiana y rusa.Las dificultades para reunir bibliografía y proporcionarla a los especialistas esparcidos por todos los continentes hizo que, en 1940, el American Museum of Natural History, de Nueva York, emprendiera la publicación de su famoso Catalogue of Foraminifera (40 vol.), un a modo de fichero de descripciones de especies y géneros dispuestos por orden alfabético que facilitó grandemente el progreso de la sistemática de todo este grupo. También por estas fechas aparecieron tres revistas especializadas: "Contributions from the Cushman Laboratory for Foraminiferal Research", "Micropaleontology", y la "Rev. de Micropaléontologie".En España el Dr. F. Gómez-Llueca publicó en 1929 su magnífica obra sobre los nummulites españoles (v. bibl.). El P. M. Ruiz de Gaona siguió sus pasos en el mismo grupo de fósiles, publicando también interesantes trabajos. En Cuba primero y actualmente en Venezuela, el Dr. P. I. Bermúdez ha desarrollado una gran labor sobre las especies más diminutas de los foraminíferos y en colaboración con la Dra. Francis Charlton de Rivero ha publicado su conocido manual de Micropaleontología general y un Genera de foraminíferos del que ha salido un primer volumen (1963). En la Argentina los Dres. P. Camacho y E. Boltovsky han publicado excelentes trabajos sobre especies fósiles y actuales, y este último autor su conocido manual Los Foraminíferos recientes, Buenos Aires 1965.En pleno s. XX el desarrollo de los estudios micropaleontológicos ha sido grande. De todos los órdenes conocidos de protozoos y protofitas vivientes se ha comprobado que tienen una representación fósil considerable. Por tal motivo se ha podido reconstruir, en ciertos casos,el plancton de los antiguos mares, con sus grupos más característicos de peridíneas, dinoflagelados, cocolitoforíneas, silicoflagelados, radiolarios, foraminíferos planctónicos, etc. Las formas del bentos son también numerosísimas y el estudio de sus asociaciones va permitiendo a los investigadores la reconstrucción detallada de los fenecidos ambientes ecológicos, continentales o marinos.V. t.. PROTOZOOS; PALEONTOLOGÍA; CRUSTÁCEOS; ALGAS; PALINOLOGíA; PETRÓLEOG. COLOM CASANOVAS
BIBL.: E. ABRIss, Leitfossilien der Mikropalüontologie, Berlín 1962; W. POKORNY, Grundzüge der zoologischen Mikropaldontologie, Berlín 1958; D. 1. loNES, Introduction to microfossils, Nueva York 1956; Ma B. CITA, Micropaleontología, Milán 1964; M. F. GLAESSNER, Principles of Micropaleontology, Melbourne 1948; G. COLOM, Introducción al estudio de los microforaminíferos fósiles, Madrid 1946; F. GÓMEZ-LLUECA, Los Nummulítidos de España, Madrid 1929; 1. M. VAN DER VLERR, Evolutionary trends in floraminifera, Londres 1963; G. DEFLANDRE, Les Flagellés Fossiles, París 1936; M. LINDSTROM, Conodonts, Londres 1964; VAN MOKKHAVEN, Post Paleozoic Ostracoda, Londres 1962; L. MORET, Manuel de Paléontologie végétale, París 1949; F. CHARLTON DE RIVERO y P. 1. BERMúDEZ, Micropaleontología general, 1963. V. t. Bibl. citada en el texto
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.