México IV. Religiones No Cristianas. REL. NO CRIST.
Categoria:
Religión No Cristiana
Las religiones indígenas del M. prehispánico constituyen un verdadero mosaico, el mismo que observamos desde un punto de vista lingüístico, racial o cultural, al propio tiempo que un intrincado proceso de múltiples interrelaciones que conduce a la constitución de un sistema religioso relativamente coherente en la época del imperio azteca (v.). Ello nos obliga a tratar el tema de forma regional y, en cierto sentido también, de acuerdo con su evolución histórica.Periodo arcaico o formativo. Aunque es muy poco lo que puede inferirse de la documentación arqueológica sobre este periodo, tanto en el valle de M., como en Oaxaea (Monte Albán) o en Veracruz meridional (cultura elmeca), se puede afirmar que en el arcaico inferior y medio (desde 1500 a. C. hasta el comienzo de la Era Cristiana aprox.), empieza a configurarse una serie de divinidades, tales como una deidad femenina relacionada con la fecundidad -la diosa madre del Neolítico mundial-, acaso específica del maíz, al mismo tiempo que se perfila una divinidad jaguar, conectada con la lluvia, de origen olmeca, y una divinidad dual, con dos cabezas y tres ojos, etc.En el periodo arcaico superior, los magos y hechiceros de las fases precedentes han debido de llegar a constituirse en un verdadero cuerpo sacerdotal con una relativa influencia socio-política, según se desprende de la construcción de los primeros templos, en el Cerro del Tepalcate, en Cuicuilco y sobre todo en Teotihuacán (Pirámide del Sol).Olmecas. Entre los olmecas (v.) arqueológicos (cultura de La Venta), cuyas raíces hay que buscarlas en el periodo formativo, la aportación más trascendente al panteón mesoamericano es la del dios Jaguar -posiblemente una deidad de origen totémico (v. TOTEMISMO)-, cuyas características físicas más destacables son la boca entreabierta, con el labio superior levantado y dos largos colmillos que descienden a ambos lados, y del cual derivan, al parecer, el dios Tlaloc en el altiplano de M., Chac, entre los mayas (v.), Tajin (v.) en el área de Veracruz central y Cocijo en Oaxaca (v.), todos ellos divinidades del rayo, la lluvia y la fecundidad de la tierra.Teotihuacán. La civilización teotihuacana (v. TEOTIHUACÁN), que se inicia en el periodo arcaico, pero que culmina y florece en la etapa clásica (hasta el 650 d. C.), presencia el desarrollo de un sacerdocio que, al igual que en el área maya, tiene un predominio político absoluto, hasta el punto de poder considerarlo como una verdadera teocracia (v.). En ese periodo, el panteón mesoamericano se concreta en una serie de divinidades perfectamente individualizadas. Hay que mencionar en primer lugar a Tlaloc, que ahora no solamente presenta características propias de su origen olmeca, congo dios jaguar, sino que aporta una serie de elementos nuevos como serpiente -lengua bífida-, lechuza, mariposa y quetzal (v.). Es así como hay que interpretar las múltiples imágenes esculpidas en el famoso templo de Quetzalcoatl de la ciudadela _de Teotihuacán. Otros dioses que cobran personalidad entonces son el dios viejo o dios del fuego, Xiuhtecuhtli o Huehueteotl en la terminología azteca, representado como un anciano, llevando a sus espaldas un brasero; el dios de la vegetación, antecedente, según Seler, del dios azteca Xipe Totec, y el dios Gordo.Toltecas. Con la llegada de nuevas gentes bárbaras o chichimecas (v.), procedentes del Norte y Noroeste, el imperio teotihuacano se derrumba a mediados del s. VII, para dar paso a una nueva entidad política que se conocerá como imperio tolteca (v.). La aparición de esta civilización en el centro de M. significa, desde el punto de vista de las ideas religiosas indígenas, la incorporación de una verdadera secta en torno a una figura extraordinaria, semihistórica, semimitológica, Ce Acatl Topiltzin, soberano de los toltecas a fines del s. X, que ha debido de ser al mismo tiempo sumo sacerdote de la religión de Quetzalcoatl, apelativo que unas veces se refiere al dios y otras al sacerdote. La religión de Quetzalcoatl significa la depuración y elevación de las ideas religiosas de los indígenas del centro de M. hasta límites nunca alcanzados antes. Como dios civilizador es el descubridor del maíz y el algodón, que enseña a cultivar a los hombres, el maestro de éstos en lo referente al arte plumario, del tejido o de la orfebrería, el que enseñó a los hombres el calendario y la escritura, etc. Por otra parte, representa la pureza, la castidad y la humildad y es, por eso, el oponente de Tezcatlipoca, el dios de los hechiceros y de la magia. La desaparición de Quetzalcoatles de carácter misterioso: humillado, ofendido y avergonzado por las malas artes de los sacerdotes de Tezcatlipoca, debe huir de su ciudad -Tula (v.)- en la que gobernaba, y ya lejos, en la costa de Veracruz, se incinerará en una hoguera preparada por él, para convertirse en estrella de la manaña o planeta Venus. Como hombre, dice la leyenda que era de tez clara y de larga barba blanca. Su promesa de volver algún día para reconquistar su reino hizo que la llegada de Cortés y los españoles fuese interpretada por los aztecas como el regreso de este hombre-dios, tan querido y respetado por todos.Por otra parte, las emigraciones de los toltecas hacia el callejón centroamericano, Guatemala y Yucatán, hará que la religión de Quetzalcoatl, y éste como divinidad, se difunda por todas esas regiones, donde recibirá nombres diferentes, como Gucumatz, Kukulkan, Chuchulchan, etcétera.Taraseos. El pueblo tarasco (v.), que habitaba en la región montañosa y lacustre de Michoacán, presenta una infinidad de divinidades. Estaba presidido por los dioses celestes, entre los cuales Curicaheri, divinidad solar y del fuego, era uno de los más importantes. El mundo se hallaba dividido para los tarascos en tres partes: Auándaro o el cielo, Echérendo o la tierra, y Cumiechúcuaro o región de los muertos. En cada una de estas partes se distinguían cinco puntos cardinales: cuatro laterales y un central. Todos estos lugares, así como las ciudades, tenían sus propios dioses. Otras divinidades importantes eran: Cuerauaperi, o "madre de todos los dioses terrestres"; Tariacuri, que al parecer fue un soberano pero con personalidad divina al propio tiempo y que venía a ser, por tanto, una especie de Quetzalcoatltarasco; Xarátanga o la Luna; Mano-uapa o Venus, etc. Un cuerpo sacerdotal, a la cabeza del cual se hallaba el petámuti o sumo sacerdote, se encargaba de practicar el ceremonial debido a los diferentes cultos y en el que los sacrificios humanos cumplían un papel importante.Huastecos y totonacos. Es muy probable que algunos dioses huastecos (v.) sean el origen de otros, incorporados al panteón de los pueblos de la meseta central, tales como Quetzalcoatl o Tlazolteot1, cuyas representaciones huastecas parecen ser el antecedente directo de las divinidades aztecas. En la religión de los totonacas (v.) dominaban los dioses de la lluvia y de las aguas y tenían un complicado ceremonial y una clase sacerdotal; se practicaban los sacrificios humanos. Como ceremonia religiosa relacionada quizá con los sacrificios, practicaban el llamado "juego del volador", que ha llegado hasta nuestros días y que se incorporaría a la civilización azteca, así como se usaba, al igual que en el resto de Mesoamérica, el "juego de pelota", llevando los jugadores las palmas y yugos, como adorno ceremonial o parte esencial de su atuendo, según se deduce de los relieves hallados en El Tajín (v.).Zapotecos. La divinidad principal del panteón zapoteco (v.) debió de ser Cocijo, del cual deriva el nombre de los últimos soberanos y que, siendo el dios de la lluvia, procede de una imprecisa divinidad olmeca de carácter felino. Como en otras culturas mesoamericanas, el dios Cocijo estaba relacionado con los cuatro puntos cardinales y con los cuatro colores asociados con esas direcciones. El dios azteca Xipe Totec, de acuerdo con algunos atributos, parece ser originario de la región zapoteca. Por otra parte, es presumible que adorasen a una pareja suprema de dioses y a un dios civilizador, semejante a Quetzalcoatl. Otros dioses del panteón zapoteco eran: el de los montes o de las cavernas, un dios solar, el dios-jaguar y Pitao-cozobi, o dios de la vegetación.Toda esta serie de complejos religiosos locales o regionales que, evidentemente, tienen un origen común, vienen a quedar, en la práctica, unificados, en el momento de la expansión imperial azteca, a cuyo panteón se incorporarán casi todas las divinidades adoradas por los pueblos conquistados. Muchos de los aspectos religiosos más evolucionados, y especialmente la secta de Quetzalcoatl, sirvieron de base para que la acción evangelizadora desarrollada por los misioneros españoles fuese mucho más efectiva que en otras áreas donde el nivel cultural indígena era inferior.V. t.: III; ANICRICA VI; AZTECAS II; MAYAS IIJ. ALCINA FRANCH
BIBL.: L. SEJOURNÉ, una interpretación de las figurillas del arcaico, "Rev. Mexicana de Estudios Antropológicos" XIII-1 (1952) 49-63; R. PIÑA CHALA, Las culturas preclásicas de la cuenca de México, México 1955; M. COVARRUBIAS, El arte "Olinecan o de la Venta, "Cuadernos Americanos" V-4 (1946) 153-179; P. ARMILLAS, Los dioses de Teotihuacán, "Anales de Etnografía Americana" VI (1945) 35-61; A. CASO, El paraíso terrenal de Teotihuacán, "Cuadernos americanos" I-6 (1942) 127-136; L. SEJOURNÉ, XOChipilli y -Xochiquetsai en Teotihuacán, "Yann III (1954) 54-55; 1. R. ACOSTA, El enigma de los Chac Mooles de Tula, en Estudios antropológicas publicados en homenaje al doctor M. Gamio, México 1956, 159-169; J. CORONA NÚÑEZ, Mitología tarasca, México 1957; W. KRICKEBERG, Los totonacas, México 1933
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