Metternich, Klemens Wenzel
Categoria:
Biografía GER
Diplomático y estadista renano al servicio del Imperio austriaco. N. en Coblenza el 15 mayo 1773. Hijo del conde Franz Georg M., diplomático al servicio de Austria perteneciente a una vieja familia del Rin, y de Maria Beatrix von Kagenegg. Comenzó sus estudios universitarios en Estrasburgo (1788), donde ya mostró su repulsa hacia todo movimiento revolucionario, con motivo de los motines populares de julio de 1789. Cursó leyes en la Univ. de Maguncia (1790-92). En 1793-94 residió en los Países Bajos, de los que su padre era gobernador y desde donde realizó una visita a Inglaterra.Personalidad. A raíz de la ocupación francesa de la orilla izquierda del Rin, se trasladó con su familia a Kónigswart (Bohemia), donde los M. se refugiaron después de haber perdido sus posesiones renanas. Por su matrimonio de conveniencia, arreglado por los padres, con Eleonora von Kaunitz, nieta del canciller y conde del mismo apellido, celebrado el 27 sept. 1795 en Austerlitz (población morava de la actual Checoslovaquia), entró en los círculos aristocráticos de la corte de Viena. Su esposa, dos años menor que él, le dio siete hijos, sólo uno de ellos varón, que murieron de tuberculosis, como su madre, ésta el 19 mar. 1825. M. reconoció que, dada la poco afortunada situación económica de sus padres (algunas fincas en Bohemia), necesitó emparentar con una familia rica. Acompañó en Rastatt a su padre, que representaba al Emperador en el congreso (1797-99) que siguió a la paz de Campoformio entre Francia y Austria.Según un cuadro al óleo del pintor inglés Thomas Lawrence, hecho a principios de 1819, M. tenía la cabeza alargada, frente amplia, facciones regulares, presencia distinguida, cejas altas, cabello rubio ondulado, ojosazules sonrientes, gesto desdeñoso, nariz aguileña, rostro pálido, dedos alargados, etc. De buena estatura, se mostraba más bien linfático, sin energía aparente. Parte de su actividad diplomática se diluía en reuniones de salón, y se mezclaba con sus diversas amantes. Leía a los liberales (para estar enterado), pero no era liberal.Satisfecho de sí mismo, se consideraba necesario en Europa, con un destino único. Durante algún tiempo, su habilidad, distinción y estilo influyeron en la diplomacia europea. Pero M. no fue ni un caudillo ni un creador. Mantuvo desde 1815 a 1830 el equilibrio europeo que Napoleón I (v.) había roto. Aunque no era austriaco, procuró servir al emperador Francisco II hasta la muerte de éste en 1835 y luego a su sucesor Fernando I; mantuvo a Austria como primera potencia hasta su dimisión en 1848. Autoritario como Francisco II se consideraba el mentor de una Europa conservadora; de acuerdo con la mentalidad absolutista de la época, M. no concedía en política el derecho de expresión, de autodeterminación y de participación en el poder. Partidario del principio de legitimidad monárquica, concebía el poder como derecho divino otorgado a los reyes por herencia. Por ello se empeñó en conservar las posesiones de Austria, aun en contra de la corriente nacionalista que siguió a la definitiva derrota de Napoleón I en Waterloo (v.; 1815).Sistema Metternich. Ideas fundamentales del llamado sistema M. eran: la grandeza de los Habsburgo y el mantenimiento del equilibrio europeo. Se creía nacido para ministro y se consideraba a sí mismo "una roca contra la que se estrellan las olas del desorden". Las opiniones sobre él son contradictorias; dependen, en todo caso, de la posición liberal o conservadora de quien las emita.En su sistema, defensivo de los antiguos contra los nuevos derechos, no daba más importancia a la revolución que a una enfermedad del organismo social que consideraba una crisis de crecimiento. Pensaba que la sociedad debía evolucionar en orden, pero su oposición a la independencia de los individuos dentro del Estado, y a la de los Estados en sus mutuas relaciones, impedía toda evolución. Base de su equilibrio eran los intereses de los cabezas de los Estados, no del pueblo y de las minorías étnicas, religiosas y lingüísticas que componían los Estados, y que en el Imperio austriaco constituían un mosaico ampliamente representativo de Europa. De ahí su actitud frente a los movimientos nacionalistas, a los que no hizo la más mínima concesión, aun en el caso de Grecia, que no afectaba directamente a Austria, y todo porque temía la descomposición del Imperio austriaco. Su idea de los Estados formando una especie de cuerpo social, su concepción de las relaciones internacionales sobre una base de reciprocidad, su plan de Directorio europeo para una federación de Estados, le presentan como un antecesor de los organismos internacionales. En su idea de que los Estados constituyen una comunidad, considera el derecho de intervención como sagrado y natural. Su ideal político, que procuró llevar a la práctica, era el del dictador: un poder fuerte centralizado, apoyado en una policía y administración eficaces, con un clero sometido. Rechazaba el principio de la soberanía popular, pero concedía a la aristocracia la participación corporativa en los órganos de legislación y administración local. Para conservar la paz en Austria, buscó la de Europa.A pesar de ser renano y de las aspiraciones nacionales alemanas desde 1815, se opuso al Deutschtum (idea alemana) tanto como al prusianismo agresivo. A través de la Deutscher Bund (Confederación germánica) constituida en 1815 por 35 Estados soberanos, honoríficamente presididos por el Emperador de Austria, consiguió evitar que tomara cuerpo entonces la nacionalidad alemana en torno a Prusia, pero no pudo impedir que la palabra Nationalitát (nacionalidad), creada a principios del s. XIX, constituyera el centro de atención y el motor de la actividad de sociedades secretas y de las Burschenschalten (asociaciones de estudiantes), perseguidas y prohibidas por M. en 1820. Del mismo modo, encarceló y condenó a cuantos intelectuales alteraban el orden por él establecido. En su sistema paternalista, no cabía la evolución social. Concebía a Italia, lo mismo que a Alemania, no como una "nación" sino como una "noción" geográfica. Su solución para estos pueblos era una federación de príncipes presidida por el Emperador de Austria.Después de haber actuado como secretario de su padre en los Países Bajos (1793-94) y en Rastatt (1797-99), comenzó en 1801 su carrera diplomática de ministro plenipotenciario en Dresde (capital del entonces ducado electoral de Sajonia, constituido en reino en 1806), de donde en 1803 pasó a Berlín (capital de Prusia), y de ahí a la embajada de París (1806), una vez firmada la paz de Presburgo, tras la derrota austrorrusa frente a la tropas de Napoleón I en la batalla de Austerlitz (v.), y disuelto el Imperio germánico (el emperador Francisco II de Alemania se llamó desde entonces Francisco I de Austria; v. AUSTRIA VI, 6-7), parte de cuyos Estados constituyeron la Confederación del Rin (1806-13), bajo la protección de Napoleón I.Diplomático y canciller. Derrotada Austria por los franceses en Wagran (julio 1809), la paz de Schónbrunn (14 oct. 1809) supuso para Austria tales pérdidas (100.000 Km’ de territorio), que el canciller J. P. Stadion tuvo que dimitir. M. fue nombrado entonces ministro de Negocios extranjeros, pero hasta 1821 la cancillería quedó vacante, ocupando entonces M. el puesto de canciller de Corte y Estado.Desde 1809, la política exterior de Austria, con M. al frente, da un cambio favorable para los austriacos, que entran a formar parte del sistema napoleónico de tratados defensivos. Pero M. sigue la táctica de evitar compromisos y de reservarse para mejores tiempos, permitiendo que mientras tanto Austria se rehiciera de tanto desastre. Concibe un sistema de alianzas matrimoniales, que aseguren la paz y den esplendor a Austria. En esta línea, se encuentra el matrimonio de Napoleón I (el anterior, civil, con Josefina la Pagerie, viuda de Beauharnais, no se tuvo en cuenta canónicamente) con la archiduquesa María Luisa (25 años menor que Napoleón I), hija del Emperador de Austria, en 1810, aparentemente instigado por M., aunque éste en sus Memorias (o. c. en bibl. 108) hace ver que la archiduquesa fue sacrificada a las exigencias de Napoleón I y por el bien de Austria. Su boda pudo ser planeada por M. para impedir la unión de Francia con Rusia (posible matrimonio del Emperador de los franceses con una hermana del zar Alejandro I) y poder influir a través de la archiduquesa en la política napoleónica, con beneficio para Austria. De momento, M. sólo consiguió la anulación del artículo secreto del tratado que limitaba a 150.000 hombres el ejército austriaco, y nuevos plazos para el pago de indemnizaciones. En lo demás, fracasó: empréstitos, tratado comercial, etc. Después del desastre francés en España y Rusia, M. se entrevistó con Napoleón I en Dresde (26 jun. 1813) para hacerle renunciar a sus pretensiones de dominio, limitándose al reinado sobre una Francia recortada ensus fronteras posteriores a 1792. Napoleón I rechazó además la mediación austriaca ante Rusia y Gran Bretaña, por lo que M. decidió unirse a los aliados frente a Francia (agosto 1813) que derrotaron al ejército napoleónico en la batalla de Leipzig (16-19 oct. 1813), al día siguiente de la cual M. recibió el título de príncipe con carácter hereditario.La Europa de los congresos. Con el congreso de Chátillon (febrero-marzo 1814), comienza la época de los congresos a iniciativa de M. Sin resultados concretos, se firma el tratado de Chaumont (marzo 1814), por el que los aliados deciden actuar conjuntamente. Así se llega al primer tratado de París (30 mayo 1814) entre Austria, Gran Bretaña, Prusia y Rusia, en el que los austriacos, por intervención de M., son los grandes vencedores, que recuperan las provincias de Dalmacia, Iliria y Tirol, y adquieren Lombardía y Venecia; y al importante congreso de Viena (v.; octubre 1814-marzo 1815), del que M. fue el principal artífice y cuya acta final constituyó la base de la vida europea hasta casi mediado el siglo. Napoleón I estuvo a punto de romper el nuevo equilibrio acordado en Viena, pero derrotado por los aliados en Waterloo (junio 1815; v.) y desterrado a Santa Elena, desapareció el peligro del imperialismo napoleónico, tan temido por M. Personalmente, M. admiraba a Napoleón I e incluso hubo un tiempo en que quiso legitimar (matrimonio con María Luisa) y salvar su dinastía.Desde el segundo tratado de París (20 nov. 1815) entre Francia y los aliados (Austria, Gran Bretaña, Prusia y Rusia), M. mejoró sus relaciones con los rusos, a los que consideraba enemigos tradicionales de Austria y cuyo imperialismo temía tanto como el napoleónico; en dicho tratado, se constituyó la Cuádruple Alianza, que renovaba el tratado de Chaumont, con el compromiso de consulta mutua entre los Estados por motivos de revolución o ruptura de equilibrio. También unió M. a la Austria católica con la Prusia protestante y la Rusia ortodoxa en el pacto político-religioso de la Santa Alianza (26 nov. 1815), que el mismo M. calificaba de "monumento vacío y sonoro" (Memorias, 234), y cuya idea principal inspirada a Alejandro I por la baronesa letona Krüdener, modificó M. en el sentido de una alianza de reyes contra pueblos que poco tenía que ver con la defensa de los principios del cristianismo.A partir de entonces, proliferaron los congresos, aunque no tan decisivos como el de Viena: Aquisgrán (1818), Karlsbad (1819), Troppau (1820), Laibach (1821) y Verona (1822). En su política absolutista, M. tuvo un fiel colaborador en la persona del judeo-alemán Friedrich von Gentz (1764-1832), consejero imperial de Austria desde 1802. Francia se unió a la- cuádruple en el congreso de Aquisgrán, formándose así la Quíntuple Alianza o Europa de la Pentarquía. En Karlsbad, se creó una comisión para perseguir las sociedades secretas, cuya actividad en Italia experimentó un duro golpe por las medidas dictadas por M. contra los carbonarios (v.). En Troppau (actual Opava checa), M. formuló el principio de intervención a fin de reprimir los movimientos revolucionarios. En Laibach (actual Ljubjena eslovena en Yugoslavia), capital entonces de las provincias ilirias, y centro del movimiento nacional esloveno, M. aprobó la intervención armada austriaca contra los insurrectos de Nápoles y Piamonte. Derrotados los liberales en Novara (abril 1821), terminó de momento la revolución en Italia. En Verona, se decidió la intervención en España para ayudar a Fernando VII (v.) (expedición de 65.000 hombres, llamados los Cien Mil Hijos de San Luis, que consiguieron fácilmente su propósito en 1823).Por intervención de M., Alejandro I retiró su apoyo a los nacionalistas griegos rebelados contra los turcos (1822); pero al año siguiente el ministro inglés G. Canning (v.) aceptó el nacionalismo griego; y lo mismo hizo en 1826 el zar Nicolás 1, hermano y sucesor de Alejandro 1 en 1825, a quien interesaba más el dominio de los estrechos que la tenaz oposición de M. a los movimientos nacionalistas, y también porque se trataba de ayudar a un pueblo, el griego, de religión común, ortodoxa, con la de los rusos. También Francia, por el tratado de Londres (1827), intervino en favor de Grecia. La ruptura de la Santa Alianza era un hecho consumado en 1832. También la Quíntuple se disolvió, constituyéndose dos bloques: uno liberal (Francia y Gran Bretaña) y otro conservador (Austria, Prusia y Rusia). Pero las diferencias en este bloque eran grandes. Prusia presidió las Zollverein Deutscher (Uniones aduaneras alemanas), creadas en 1828 con la oposición de M.’, quien contribuyó al fracaso de la Revolución de 1830 (v.), interviniendo en la Romaña (formaba parte de los Estados Pontificios) para sofocar las sublevaciones (1831).Caída de Metternich. Sin embargo, M. no pudo detener el curso de la historia. La manifestación democrática en la renana Hambach (28 jun. 1832) era un síntoma grave. La Giovine Italia, fundada por G. Mazzini (v.). perseguía la unidad e independencia bajo el lema Italia fará da se (Italia se liberará a sí misma). En Berna, la Joven Europa (1834) pretendía sustituir la alianza de los reyes por la alianza de los pueblos. Un año antes se había renovado la Santa Alianza por los convenios de Münchengrátz (nombre alemán de la actual Mnichovo Hradist, de Bohemia oriental, en Checoslovaquia) y Teplitz.Una conferencia de ministros en Viena (1834) recrudeció las medidas represivas, lo cual sólo sirvió para detener algún tiempo la revolución. La insurrección de Cracovia (1846), centro intelectual polaco, movió a M. a anexionar la ciudad y su entorno a la Galitzia austriaca. El 13 mar. 1848 (v. REVOLUCIÓN DE 1848), con motivo del levantamiento de Viena, M. tuvo que huir con su tercera esposa Melania de Zichy-Ferraris, con la que se había casado en 1831 (en 1827 se había casado con la baronesa María Antonia de Leykam, 33 años menor que él, para la que obtuvo el título de condesa de Beilsteim y de la que enviudó a los 14 meses de la boda). Después de residir en Inglaterra y Bélgica, regresó a su finca de Johannisberg (1851), donde vivió como un particular sin que el emperador Francisco José 1 (v.) hiciera caso de sus consejos. M. en Viena el 11 jun. 1859.CARLOS R. EGUIA
BIBL.: PRÍNCIPE DE METTERNICH, Memorias, Madrid 1959; P. RENOUVIN, Historia de las relaciones internacionales, II,1, Madrid 1969; E. LEMBERG, Gesehichte des Nationalismus in Europa, Stuttgart 1950; J.-H. PIRENNE, La Sainte Alliance, Neuchátel 1946-49’; G. FERRERO, Reconstrucción, Buenos Aires 1943; H. RIESEN, Grundlage und Diplomatic in Metternichs Europa politik 1815-48, Berna 1942; S. BORTOLOTTI, Metternich e 1’Italia nel 1846, Turín 1945; C. VIDAL, Louis-Philippe, Metternich et la crise italienne, 1832-34, París 1934; H. VALLOTTON, Metternich, Madrid 1966; P. W. SCHROEDER, Metternich Studies since 1925, "Journal oí Modern History" 33 (1961) 237-260; H. VON SRBIK, Metternich. Der Staatsmann und der Mensch, 2 ed. Munich 1957; J. BUNCH STEARNs, The role ol Metternich in undermining Napoleon, Urbana 1948; E. C. CORTI, Metternich und die Frauen, Viena 1948-49; R. AVERNHEIMER, Metternich. Staatsmann und kavalier, Viena 1949; A. HERMAN, Metternich, 2 ed. Madrid 1943; C. DE GRUNWALD, La vida de Metternich, Barcelona 1942; E. NEMHET, Metternich y su tiempo, Barcelona 1941
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.