Meteorología II. Ciencia. CIENCIA
Categoria:
Ciencia
Concepto e historia. Ciencia que estudia los fenómenos atmosféricos y el tiempo atmosférico en general. Etimológicamente procede del griego meteoros, lo que se encuentra en el aire, y logos, tratado.Puede decirse que hasta tiempo reciente no se ha considerado a la M. como una ciencia equivalente a la Física de la atmósfera; no obstante, desde tiempos remotos existen multitud de reglas empíricas para el conocimiento y pronóstico del tiempo. Cuatro siglos a. C., Hipócrates escribía su obra De las aguas, de los aires y de los lugares; Aristóteles compuso el primer tratado de M., Los Meteoros. Lo mítico iba frecuentemente asociado con lo meteorológico en la Antigüedad. En nuestra Era, Columela en su De re rustica presentaba un calendario meteorológico; Séneca trataba ampliamente los fenómenos meteorológicos en Questiones naturales. En sus Etimologías, S. Isidoro compendió lo que en el s. vii se sabía de Meteorología. En tiempos posteriores, en su Agricultura General publicada en 1513, Alonso de Herrera ofreció un amplísimo manual para la predicción del tiempo. El francés Brandes, en 1820, trazó el primer mapa sinóptico. U. J. Leverrier (v.) probó que podía haberse previsto el curso de una borrasca que causó estragos en la escuadra francesa en la guerra de Crimea en 1855.La M. como ciencia tiene poco más de un siglo de existencia y su punto de partida debe establecerse en el momento en que se hace observación sistemática de las variables meteorológicas (v. CLIMATOLOGíA). El mayor avance se obtuvo a raíz de las Guerras mundiales, especialmente de la segunda. En el siglo XX, V. Berjknes presentó su teoría sobre la formación de las borrascas y sentó las bases para la teoría de los frentes. Flohn y otros aportaron sus estudios sobre la circulación atmosférica; Rihel profundizó en el conocimiento de los ciclones (v.) tropicales, iniciado anteriormente por Gulberg y Mohn. C. G. Rossby, S. Petterssen, Ekman, Exner, el español F. Morán y otros, han sido los maestros de M. teórica.Independientemente, aunque muy ligada a la M., suele estudiarse la Climatología (v.), que preferentemente analiza promedios y no estados actuales atmosféricos.Sus ramas. Entre las ramas y ciencias derivadas de la M., podemos citar la Aerología, que estudia las capas superiores de la atmósfera; la Meteorología aeronáutica, que abarca los aspectos meteorológicos de la navegación aérea y de la seguridad, comodidad y economía al preparar dos vuelos: la Meteorología agrícola, que se ocupa sobre todo de las más bajas capas atmosféricas, del problema dela humedad, evaporación y de cuantos factores meteorológicos puedan influir en la vida y desarrollo de plantas y cultivos; la Meteorología dinámica, que estudia los movimientos atmosféricos; la Hidrometeorología, que particularmente se ocupa del problema del agua en estrecha cooperación con la Hidrología, hasta el punto que en muchos países (en particular en Iberoamérica) los servicios meteorológicos son también hidrológicos; la Meteorología marítima, que trata los aspectos de interés para la navegación marítima; Meteorología médica, que estudia lo referente a la influencia del clima y del tiempo en la salud. La Meteorología sinóptica tiene como punto de partida para la explicación y descripción del tiempo atmosférico todo el conjunto de observaciones simultáneas suministradas por una red de observación lo más densa posible. También podemos citar, como ramas muy especializadas, la Meteorología industrial, turística y urbana, cuyos progresos actuales son notables.La radiación solar. El conocimiento de los fenómenos meteorológicos exige un estudio profundo de la atmósfera (v.). Es básico el conocimiento de la radiación (v.) solar, ya que toda la energía que prácticamente recibe la atmósfera llega por ese medio, que atraviesa la atmósfera sin apenas caldearla y es absorbida por la Tierra, que, al radiar en onda larga, calienta progresivamente las capas de aire de abajo hacia arriba. La radiación solar se mide por actinómetros, de los que existen diversos tipos. La exploración del espacio ha permitido recientemente hacer medidas de la radiación en forma directa, fuera de la atmósfera. Como promedio anual, llegan a la superficie terrestre, por cm’ y en el ecuador, unas 880 cal. teóricas diarias; al polo, de promedio, unas 366. Para latitudes de 40°, unas 1.015 cal/cmz diarias en el solsticio de verano y unas 326 en el de invierno, con un promedio anual de 694 cal. diarias. Según Abbot, al límite de la atmósfera llega una radiación que caloríficamente puede valorarse en 1,94 cal/cmz por minuto; impropiamente es llamada constante solar. De la radiación solar, un 14% es absorbido por la atmósfera, un 24% reflejado por las nubes, un 23% absorbido por el suelo y un 39% devuelto al espacio por la reflexión difusa de las partículas atmosféricas (balance de la radiación solar).Circulación atmosférica. Parte de la energía (v.) solar se convierte en energía cinética del aire. El conocimiento de los movimientos del aire es fundamental para la predicción del tiempo, navegación, etc. Si la Tierra no girase, el aire se elevaría en el ecuador y descendería en las regiones polares cerrándose así la circulación. Recientemente, gracias a los estudios de Flohn y de otros autores, se ha explicado en buena parte la complejísima circulación atmosférica. En la zona ecuatorial prevalecen los movimientos verticales y en el suelo dominan las calmas; en dicha zona convergen los vientos alisios, que son los del NE en el hemisferio norte y del SE en el sur. En este esquema, el viento convergente hacia el ecuador (alisio) se compensa con el que sopla hacia el polo (contralisio). Al estar la tierra en movimiento, aparece la fuerza desviadora de Coriolis (v. VIENTO), cuyo valor es2 Vco senEste mecanismo está bastante de acuerdo con la distribución de presiones y vientos. En el ecuador prevalecen las calmas y hay depresiones barométricas. En los trópicos, hay un cinturón de altas presiones, en cuyos bordes divergen los vientos especialmente hacia el lado del ecuador. A mayores latitudes existe en cada hemisferio la corriente del O, sobre la cual se forman generalmente las depresiones barométricas. Esta corriente se intensifica con la altura hasta la tropopausa, y su máximo lo constituye la corriente en chorro (v.). Alrededor de los polos suele haber áreas anticiclónicas. En el hemisferio que se encuentra en verano, la "corriente de los oestes" tiende a situarse más cerca del polo que en el invierno.
En la circulación general atmosférica hay, no obstante, ciertos puntos no del todo explicados. En realidad, el contralisio no existe prácticamente, y la distribución y variación de la temperatura con la latitud en la superficie no queda del todo aclarada. Ciertos aspectos dinámicos se explican admitiendo que hay una compensación entre el momento cinético del aire de las zonas donde prevalecen los vientos del E y aquellas donde prevalecen los del O. Recordando que el momento cinético o de la cantidad de movimiento (v. DINÁMICA) es mvR (m, masa; v, velocidad; R, radio de la trayectoria de m), y que tiende a conservarse, resulta que en la región de los alisios el momento cinético del aire es menor que en la superficie de la Tierra, debido a que el aire tiene una componente de su velocidad del E. Al contrario, en la región de los oestes, el momento cinético del aire es mucho mayor que el de la superficie terrestre; hay, por efecto del rozamiento, un frenado que tendería a disminuir la intensidad de la corriente del O, cosa que no ocurre. Por tanto, hay que admitir que el momento cinético que debería ser creciente en las zonas de vientos del E y no lo es, es transferido a las de los oestes, y tales transferencias las realizan los grandes sistemas que giran como remolinos, que son los anticiclones y los ciclones, que aparecen, en su mayor magnitud, en las latitudes templadas.V. t.: ANTICICLONES Y CICLONES; ATMÓSFERA; CLIMATOLOGÍA; FRENTE POLAR; HUMEDAD ATMOSFÉRICA; CHORRO, CORRIENTE EN; LLUVIA; NIEVES; PRESIÓN II; PREVISIGN DEL TIEMPO; TEMPERATURA II; VIENTO; NUBESA. LINÉS ESCARDÓ
BIBL.: J. M. LORENTE, Meteorología, 4 ed. Barcelona 1961; F. MORÁN, Apuntes de termodinámica de la Atmósfera, Madrid 1944; J. JANSÁ, Tratado de Meteorología Teórica, 4 vol. Madrid 195660; S. PETTERSSEN, Introducción a la Meteorología, 3 ed. Madrid 1962; AmtERICAN METEOROLOGICAL SOCIETY, Compendium of Mcteorology, Nueva York 1953; BERRY, BOLAY y BEERS, Handbook of Meteorooogy, Londres 1962; S. PETTERSSEN, Weather Analysis and Forecasting, 2 ed. Nueva York 1956; v. t. la Bibl. de I.
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