Mestizos
Categoria:
Cultura
Con este término, derivado del latín mixtum, se denomina a las personas cuyos padres son entre sí de distinta raza. Los m. que aquí consideramos son los de Hispanoamérica, originados por el cruce biológico entre amerindios y españoles, un interesante acontecimiento histórico que en sus orígenes tuvo como base dos condicionamientos: el medio y el hombre, considerados en su doble vertiente indígena e hispánica.Las características geográficas del medio fueron condicionantes porque, de hecho, no todas las regiones del Nuevo Mundo ofrecieron las mismas posibilidades y atractivos de orden físico y económico. Para el establecimiento y desarrollo de los pueblos y culturas precolombinas es obvio que los altiplanos de México, Centroamérica y los Andes brindaron mejores condiciones climatológicas, p. ej., que las zonas bajas costeras de los trópicos o que la región patagónica. Respecto a los colonizadores hispánicos, su interés se proyectó marcadamente hacia la dominación de los grandes núcleos culturales -mexicano, andino-, a la ocupación de áreas atrayentes por su facilidad o ventajas económicas, de carácter defensivo, con posibilidades de comunicación y comerciales. Una serie de circunstancias geopolíticas que, en concurrencia con el factor demográfico, favoreció el mestizaje y a su vez determinó la variedad regional resultante.Sin embargo, los condicionamientos apuntados no hubieran tenido la influencia y significación que lógicamente se les atribuye de no contar con un factor esencial para este fenómeno de mestizaje: la carencia por parte de los colonizadores hispánicos de prejuicios raciales. A partir de este postulado fundamental, se pueden considerar otras circunstancias en relación con los m. de América. Entre ellas y en primer lugar la carencia de mujeres españolas en los primeros tiempos de la conquista y colonización. Se ha estimado que durante los primeros 30 años la proporción de mujeres blancas no sobrepasó al 10% en relación con los hombres.Otros factores, de tipo psicológico-social, promovieron la rápida y abundante aparición del m. Uno de ellos es el que se ha denominado de conveniencia y prestigio; la unión del español con la india, si ésta era de familia noble o cacica, llevaba consigo la herencia en los dominios y autoridad del cacicazgo. Algo análogo se podría decir respecto al obsequio que los indígenas hacían de sus mujeres a los españoles, porque consideraban que el parentesco conseguido con esta unión les era favorable. Hay autores que indican la posibilidad de que esta entrega de las mujeres aborígenes estaba relacionada con sus creencias animistas. Ante el hecho real de la escasez de mujeres blancas, el número de familias de este grupo racial era forzosamente muy reducido y ello determinó la unión estable, legalizada o no, del español con la india. A todos y cada uno de los factores apuntados hay que agregar el de la necesaria convivencia -trabajos del campo, servicio doméstico- como elemento acelerador del mestizaje, especialmente en las áreas de culturas indígenas sedentarias.En Brasil se dio igualmente esta forma de cruce racial y a la primera generación de m. se les llamó "mamelucos". Sin embargo, el bajo nivel cultural de los pueblos aborígenes, el gran número de esclavos negros allí introducidos con sus naturales mezclas, junto con otras circunstancias colonizadoras, no permitieron la formación de un grupo m. con la suficiente entidad étnicocultural para destacar socialmente en el futuro de la nación.Los mestizos ante la sociedad. La situación social del m. conoció diversas escalas o grados y evolucionó con el tiempo y en razón de su origen y número proporcional. En el s. XVI, predominó un mestizaje biológico, hecho que cambió en las siguientes centurias. Subjetivamente, el m. originado de la unión puramente biológica y casual se sentía más ligado a la cultura y sociedad indígena que el procedente de uniones más estables y duraderas. Aunque esto pueda afirmarse en líneas generales, la vinculación y solidaridad de estos hombres ante lo español o lo indio fue fluctuante: por una parte, estaba el atractivo del prestigio de los hispánicos, con miras al ascenso social; por otra, pesaba la emotividad que ligaba al m. al mundo y cultura indígena materna.Ante la sociedad de los colonizadores, la situación del m. era generalmente difícil, debido a su ilegitimimidad originaria, circunstancia que le perjudicaba socialmente. No obstante, al principio, los legítimos o reconocidos por sus padres se integraban de lleno en el grupo social paterno de los blancos, y tenían acceso a todos los cargos y categorías profesionales, a la instrucción en su escala máxima, como la universitaria. Martín Cortés, hijo del conquistador de México y la india Da Marina, recibió el hábito de Santiago y obtuvo el grado militar de capitán; Diego Almagro el Mozo, nacido de una india panameña, fue elegido gobernador del Perú. En el ámbito cultural, pueden servir como destacados ejemplos el Inca Garcilaso de la Vega; Diego Muñoz Camargo, historiador de Tlaxcala; el P. Blas Valera; y el obispo Lucas Fernández de Piedrahita, historiador de Nueva Granada.El progresivo aumento de los m. despertó recelos y temores incluso de carácter político. A mediados del s. XVI, se establecieron ciertas restricciones, en especial relativas al uso de armas, cargos públicos, sus convivencias con los indios, etc. Realmente, esta actitud ante los m., el hecho de considerarles en su mayoría como vagabundos, se fundamentaba más en circunstancias sociales (ilegitimidad) y económicas (pobreza) que en un prejuicio racial. En los s. XVII y XVIII, al nivelarse el elemento masculino y femenino en el grupo blanco (criollo y peninsular) fueron menos frecuentes los matrimonios interraciales, sobre todo si el español pertenecía a la alta clase social. A pesar de ello, el número de m., en gran parte ilegítimos, fue creciendo y llegó un momento en que este progreso no se limitó sólo al número sino a su posición dentro de la sociedad; su existencia era ya un hecho irreversible y de peso, al menos en determinados países de América.En su evolución histórica, el m., a medio camino entre el indio y el español, ha conocido varios momentos o etapas en sus formas de vida y situación social. Al principio, constituyó un grupo étnico culturalmente confuso, fluctuante entre sus vinculaciones hacia lo español y lo indígena. Más tarde, se definió como una clase social media en las zonas rurales, baja en las ciudades, que pugnaba por alcanzar posición y poder económico primero, político después. Finalmente, ya en nuestra época, el m. hispanoamericano se manifiesta como una feliz síntesis, biológica y cultural, niveladora de diferencias de castas entre el blanco y el indio. Es un grupo étnico que ha tomado conciencia de su papel en cuanto a lo presente y al futuro de la sociedad a que pertenece. En este sentido, la acción social y política del m. tiene una gran significación en aquellos países que, por las razones geopolíticas y demográficas reseñadas, el mestizaje biológico y cultural han alcanzado un alto nivel. Tal es el caso de las Repúblicas de Paraguay, México y la mayoría de las centroamericanas. En los países andinos, los m. representan un importante papel, pero atenuado por la presencia de los grupos indígenas, de gran entidad en algunos de ellos. Son países en proceso de mestización todavía.J. GIL-BERMEJO.
BIBL.: R. KONETZKE, El mestizaje y su importancia en el desarrollo de la población americana durante la época colonial, "Rev. de Indias" 23-24, Madrid 1946; C. ESTAVA-FABREG.AT, El mestizaje en Iberoamérica, "Rev. de Indias" 94-95, Madrid 1964; M. MOGNER, La mezcla de razas en la historia de América Latina, Buenos Aires 1969
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