Mercado I. Economia. 1. Estudio General. ECON.
Categoria:
Economía
El sistema económico en que se basa la economía de la casi totalidad de los países occidentales y de buena parte de los del llamado Tercer Mundo se suele denominar sistema de precios o economía de mercado, porque el precio es el indicador principal, impersonal, utilizado para que el sistema económico lleve a cabo sus funciones, y porque el m. es el mecanismo a través del cual se fijan los precios y, por tanto, se llevan a cabo esas funciones. Concretamente, son los movimientos de los precios fijados en los m. los que determinan la estructura de producción del sistema (qué bienes producir), la asignación de recursos (qué métodos de producción emplear y cómo repartir los recursos escasos entre las distintas producciones), la distribución del valor del producto (cómo remunerar a los diferentes factores productivos), el racionamiento de la oferta a corto plazo (cómo distribuir una oferta fija entre las distintas demandas) y el desarrollo económico. El m. es, pues, una institución económica clave1. Definición. El m. puede definirse como el área, la pluralidad de sujetos o, en general, el contexto en que se lleva a cabo el intercambio voluntario de un determinado bien. No tiene por qué limitarse a un local o reunión -como una Bolsa (v.) de valores-, y así se puede hablar del m. nacional de automóviles. del m. mundial de caucho o del m. local de lejía: el ámbito del m. debe definirse, en cada caso concreto, según el problema que se estudie, identificando adecuadamente el producto, más o menos homogéneo, que es objeto de transacción
Al m, concurren oferentes y demandantes del producto, a veces con intervención de corredores, intermediarios, etc. La adición de las tablas o funciones de oferta (v.) y demanda (v.) de compradores y vendedores potenciales da lugar a la función o curva de oferta y a la de demanda del m. De la concurrencia de ambas surge el precio (v.). Se dice que el m. está en equilibrio cuando la cantidad ofrecida y la demanda son iguales, en el periodo considerado, para el precio que el m. establece. En otras palabras, el precio de equilibrio tiene la propiedad de "vaciar" el m. (traducción poco clara de "to clarr the market"), en el sentido de que, a ese precio, todos los oferentes pueden vender y todos los demandantes pueden comprar las cantidades que desean, no permaneciendo ninguno insatisfecho
Se dice que el equilibrio del m. es estable cuando la ruptura del mismo debida a un ligero desplazamiento de la curva de oferta o de la de demanda pone en marcha fuerzas que conducen de nuevo a un equilibrio y que es inestable si dichas fuerzas separan cada vez más al m. de su precio de equilibrio. En caso de que el equilibrio se establezca para cada precio, aquél se denomina indiferente
2. Caracteres y tipos de mercado. De entre los diversos caracteres de los m., los más importantes, desde el punto de vista económico, son los siguientes:1) El m. puede ser libre (si no está sujeto a controles, tales como la imposición de un precio mínimo o máximo) y regulado o intervenido (en caso contrario: en esta circunstancia, obviamente, el precio no "vacía" el m., si no es por casualidad)
2) Hay fluidez o transparencia en el m. cuando el precio que rige en él es único; en caso contrario, se dice que está sujeto a fricciones o rozamientos (p. ej., si la información de los compradores o de los vendedores sobre las condiciones de los demás participantes es incompleta)
3) El m. es perfecto si la mercancía es homogénea, e imperfecto en caso contrario (en tal situación, el m. viene a ser efectivamente un conjunto de m. ligeramente distintos, pero fuertemente interrelacionados). Algunos autores denominan m. perfecto al que reúne a la vez las condiciones 2) y 3), siendo necesarias ambas para asegurar la existencia de un único precio de equilibrio
4) Un m. es normal cuando los sujetos que intervienen en el mismo carecen de fuerza, individualmente, para influir de manera sustancial en el precio; en caso contrario, el m. es forzado. Este extremo está relacionado con el número de compradores y vendedores que acuden al mismo: se supone que, si son muchos tanto unos como otros. ninguno podrá ejercer una influencia definida sobre el precio (salvo que actúen concertadamente). Pero lo relevante desde el punto de vista económico no es tanto su número, como la conducta que observe cada uno de ellos en relación con la de sus rivales (que dependerá del número, pero también de otros factores). Este criterio da lugar a una gama de tipos de m. que va desde la competencia perfecta (cuando se enfrentan muchos compradores y muchos vendedores, sin que ninguno de ellos tenga poder para afectar sustancialmente al precio, y siempre que se cumplan otras condiciones que se citan más abajo) hasta el monopolio bilateral (situación en que se enfrentan un solo vendedor y un solo comprador de un producto sin sustitutivos próximos), pasando por diversas formas de oligopsonio, oligopolio y oligopolio bilateral (oligopsonio=pocos compradores; oligopolio = pocos vendedores)
5) Como ya dijimos, el ámbito del m. debe elegirse, en cada caso, de acuerdo con el problema de que se trate. En muchas ocasiones bastará considerar que la oferta y la demanda de un bien determinan su precio de equilibrio en el m., independientemente de lo que ocurra en otros m. Sin embargo, para otros fines esto no es válido, ya que lo que ocurra en los m. de productos sustitutivos y complementarios tendrá un efecto directo sobre el que consideramos. A estos m. se les llama interrelacionados, y deben ser considerados a la luz del equilibrio general, no del equilibrio parcial. El caso extremo es el tratamiento conjunto de todos los m. de un país, tal como lo analizó primeramente Walras (v.) o como se estudia en el modelo input-output (v.)
3. Formas de mercado. Desde el punto de vista teórico, se suelen distinguir diversas formas de m., agrupadas en los siguientes modelos:Competencia perfecta. Las condiciones que los autores exigen para que un m. sea de competencia perfecta varían de unos a otros; una lista muy completa de requisitos incluye los siguientes: a) Gran número de compradoresy vendedores. b) Tamaño sustancialmente igual entre ellos. c) Homogeneidad o unicidad del producto. d) Independencia en el comportamiento de todos los sujetos (supuesto que los vendedores buscan maximizar su beneficio y los compradores maximizar su satisfacción o utilidad). e) Perfecto (o relativamente perfecto) conocimiento o información de lo que ocurre en el mercado (cuando se reúnen las cinco condiciones citadas, se dice que la competencia es "pura"). f) Ausencia de restricciones a la libre entrada y salida del sector (es decir, posibilidad de que entren libremente nuevos demandantes y oferentes, y de que los existentes abandonen el m.). g) Movilidad suficiente de los recursos. h) Pleno conocimiento de las oportunidades. i) Unicidad de las expectativas sobre las oportunidades futuras; y j) Divisibilidad perfecta del producto. Si se dan todas estas condiciones (por lo menos si se dan de manera suficiente), cada empresa se enfrentará con una curva de demanda de elasticidad (v.) infinita o, en otras palabras, el precio será para ella un dato que no puede alterar, pudiendo vender toda su producción corriente a ese precio, y no siéndole rentable fijar un precio mayor (para el que no encontraría comprador) ni menor (para el que perdería la oportunidad de vender la misma cantidad a un precio más elevado). Otro tanto ocurrirá con cada uno de los compradores
Una empresa en competencia perfecta maximizará su beneficio para un volumen de producción tal que su coste marginal (aumento de coste resultante de aumentar la producción en una unidad) sea igual a su ingreso marginal (aumento de ingreso resultante de vender una unidad más, que, en este caso, será igual al precio de venta de esa unidad). Ello resulta obvio: siendo creciente el coste marginal, cuando éste sea menor que el ingreso marginal la empresa podrá aumentar beneficios si eleva la producción, porque añadirá a sus ingresos más de lo que añade a sus costes. Por el contrario, si el coste marginal supera al ingreso marginal, una reducción de la producción aumentará también los beneficios. En la fig. 1, el gráfico a) muestra el equilibrio del m.: el punto en que se cortan la curva de oferta del m., S, y la de demanda, D, señala la cantidad vendida Xo y el precio de equilibrio Po. En competencia perfecta, la curva de demanda (gráfico b) para una empresa (de elasticidad infinita) será una recta horizontal que pase por Po, representando tanto su demanda, d, como su ingreso marginal, I’ (igual a po, constante). Comparándola con la curva de coste marginal, C’, la empresa determinará su volumen de producción más apropiado xo. La suma de los xo de todas las empresas coincidirá con Xo, ya que la suma de las curvas de coste marginal C’ de todas las empresas constituye la curva de oferta, S, de la industria
Monopolio. Es el caso de una empresa, única oferente de un producto que no tiene sustitutivos próximos y que se enfrenta a un número elevado de compradores. Obviamente, la curva de demanda para la empresa será la del sector en conjunto, es decir, tendrá la inclinación negativa que le es normal (v. DEMANDA, TEORíA DE LA). Una empresa así tendrá poder para controlar su precio, pudiendo modificarlo dentro de ciertos márgenes; también podrá variar la cantidad que pueda vender, dado el precio (pero no podrá vender la cantidad que desee al precio que desee)
Sea D (fig. 2) la curva de demanda de la empresa (igual a la del sector, en competencia perfecta, fig. 1). La curva de ingreso marginal, 1’, será ahora decreciente, ya que, si el monopolista desea aumentar las ventas, deberá reducir su precio (debido a la inclinación de la curva de demanda), lo cual implica que debe vender toda la nueva cantidad a un precio menor. El aumento de ingreso resultante de vender una unidad más será igual al precio que obtenga por la nueva unidad menos la pérdida de ingreso resultante de vender todas las unidades anteriores a un precio más bajo: por tanto, el ingreso marginal I’ será menor que el precio que podrá obtener el vendedor para cada nueva cantidad (y que viene representado por la curva de demanda, que refleja la cantidad que los demandantes están dispuestos a pagar por las distintas cantidades de producto). La coincidencia del ingreso marginal 1’ con el coste marginal C’ de la empresa monopolista señala, por un razonamiento similar al hecho en competencia perfecta, la cantidad XI que deseará vender; el precio será el que la curva de demanda refleje para la cantidad X,, o sea, pi. Trasladando los puntos de la fig. 1 a) a la fig. 2, podemos ver cómo, si los costes son los mismos, (S=5C’),el precio de un m. monopolístico será mayor que en competencia perfecta(Pi > PO),siendo menor la cantidad vendida (X, < Xo)
Oligopolio. Es el caso de un reducido número de empresas, únicas oferentes de un producto. A diferencia de la competencia perfecta y del monopolio, este modelo no da lugar a un comportamiento único y definido por parte de los vendedores, debido a que la acción de cada uno modificará, dada la demanda del m., las acciones óptimas de los demás: se dice, en tal caso, que existe interdependencia entre esas empresas. La actuación prevista de cada una dependerá de los supuestos que establezcamos sobre sus decisiones ante las acciones de sus rivales y sobre la reacción de éstos. Como ese conjunto de reacciones posibles es prácticamente ilimitado, no existe una solución única al oligopolio, aunque se han estudiado algunos casos típicos. A. Cournot, pionero en este terreno, estudió el caso en que actúan los distintos vendedores considerando que sus rivales mantienen constante la cantidadvendida (referido al caso más sencillo de oligopolio: aquel en que sólo hay dos vendedores o duopolio). Cabe también que surja un acuerdo tácito entre los vendedores, por el cual uno de ellos actúa como líder, marcando los cambios en los precios, que los demás siguen. Este supuesto presenta también diversas variantes: el líder puede ser una empresa notablemente mayor que las demás, de más poder y menores costes, o puede ser una empresa de segunda fila, pero particularmente bien preparada para interpretar qué conducta debe fijar, de forma que sirva mejor a sus intereses propios y, al mismo tiempo, que favorezca a las demás de forma que les induzca a seguirla; a su vez, esas otras empresas pueden actuar como seguidores, conformándose a las decisiones de la líder, o pueden intentar suplantarla en el liderazgo, etc. Cabe también, como supuesto de conducta, que el acuerdo tácito se derive de la experiencia de las empresas de que, cuando deciden un alza de precios, sus rivales no les imitan, de forma que deben volver apresuradamente a su nivel primitivo si no desean verse abandonadas por sus clientes, en tanto que, cuando deciden bajar los precios, sus rivales les imitan, de manera que no consiguen alcanzar una situación mejor que ellos. Este caso se llama de "curva de demanda quebrada o apuntada", porque la curva de demanda con que se enfrenta la empresa presenta un codo o ángulo y una elasticidad (v.) respecto del precio alta para alzas de precios y baja para sus reducciones. Esta explicación no está desconectada de la basada en el supuesto de líder-seguidores, y es una racionalización de por qué las empresas gire actúan en oligopolio tienen tendencia a mantener sus precios estables bajo diferentes condiciones de costes. Como formas extremas del oligopolio cabe considerar la colusión (v. CÁRTEL) o acuerdo formal entre ellas, y la guerra de precios (o de publicidad, etc.)
Modernamente, el estudio de los m. óligopolísticos se lleva a cabo prescindiendo de esos supuestos de conducta (de los que sólo hemos citado algunos de los más relevantes) y llegando con frecuencia a un estudio, caso por caso, recurriendo para ello a la teoría de los juegos (que plantea las estrategias de los oligopolistas de manera similar a un juego de azar o a una estrategia militar), a la simulación y a otras modernas técnicas de la teoría conductista de la empresa (dando entrada a factores sociológicos, psicológicos, organizativos, de pluralidad de objetivos, etc.)
El oligopolio puede basarse en un producto homogéneo (m. perfecto) o en un producto diferenciado, tomando elementos del tipo de m. que se analiza a continuación
Competencia monopolística. En este tipo de m. el número de oferentes es suficientemente elevado como para que sus conductas sean independientes, como en competencia perfecta, pero el producto no es homogéneo, sino que está ligeramente diferenciado en la mente del comprador, de forma que cada empresario tiene un cierto control del precio (gracias a la existencia de una clientela adicta), por lo que constituye un caso intermedio entre el monopolio y la competencia perfecta. Esta forma de m. introduce una serie de variables económicas interesantes que determinan la diferenciación del producto: publicidad, cambios de estilo, diseño, envase, etc.; investigación y desarrollo; servicios pos-venta; etc
Competencia imperfecta. Abarca todos los casos no incluidos en el epígrafe competencia perfecta; de ella son casos particulares el monopolio, el oligopolio y la competencia monopolística, así como la competencia espacial (un costo especial de diferenciación de producto, en que el factor diferenciados es la localización geográfica del oferente), etc. Es en los m. imperfectos donde aparecen otros fenómenos conexos, como la existencia de barreras de entrada (obstáculos de índole diversa que impiden el libre acceso de nuevas empresas al sector), la discriminación de precios (cobrando precios distintos por el mismo artículo, bajo ciertas condiciones), etc
Las figuras de m. analizadas presentan solamente una faceta del problema: el lado de la oferta. Situaciones parecidas tienen lugar del lado de la demanda, cualificando los distintos tipos de m., como el monopolio o el oligopolio bilateral ya citados. El estudio de ambas partes del m. es siempre imprescindible, pero más cuando se trata de m. de factores de producción o de bienes intermedios, en que ciertas formas tienen una especial relevancia (como el monopolio bilateral, cuando se enfrentan un sindicato obrero con una sola empresa o con una agrupación patronal, o el monopsonio, cuando una empresa es única demandante de un factor de la producción y se enfrenta a una pluralidad de oferentes)
Hay ciertas formas especiales de m., en que el establecimiento del precio de equilibrio presenta alguna particularidad. Así, la oferta y la demanda pueden estar relacionadas de alguna manera, y no ser independientes, como hemos supuesto. Esto ocurre, p. ej., en ciertos mercados en que la oferta está limitada de antemano, como el de obras de arte: en tal caso, suele darse la peculiaridad de que, según sea el precio vigente, los oferentes se convierten en demandantes y viceversa. Otro tanto viene a ocurrir con la especulación y el arbitraje. Cuando en un m. no se da un precio único y se cumplen ciertas condiciones de homogeneidad de la mercancía, información, etc., puede aparecer el fenómeno del arbitraje: los arbitrajistas aprovechan, para su beneficio, las diferencias de precio existentes, comprando donde éste es inferior y vendiendo donde es mayor. Su función beneficia al m., pues facilita la unificación del mismo, dependiendo su éxito de su información y de los costes que sus operaciones llevan consigo. En cuanto a la especulación, presenta cierto parecido con el arbitraje, pero éste se refiere a un hecho seguro y conocido y aquélla a variaciones futuras, esperadas, pero inciertas. La especulación es también beneficiosa: contribuye a la igualación de precios en el tiempo y en el espacio, reparte los riesgos, estabiliza las fluctuaciones de los precios, etc. Debe rechazarse, pues, la concepción del especulador como un manipulador deshonesto de los precios, siempre que no disfrute de un poder de monopolio
V. t.. CÁRTEL; COMERCIALIZACIÓN; COMERCIO I y 11; DEMANDA, TEORÍA DE LA; MARKETING; OFERTA, TEORÍA DE LA; PRECIO; VENTA; PUBLICIDADANTONIO ARGANDOÑA
BIBL.: R. G. LIPSEY, Introducción a la Economía positiva, 3 ed. Barcelona 1969; P. A. SAMUELSON, Curso de Economía moderna, 16 ed. Madrid 1968; K. LANCASTER, Introducción a la Microeconomía moderna, Barcelona 1971; R. G. D. ALLEN, Economía matemática, 2 ed. Madrid 1967, cap. 1, 10 y 11; 1. CASTAÑEDA, Lecciones de Teoría económica, Madrid 1968, 4- parte; A. MARSHALL, Principios de Economía, Madrid 1948; G. 1. STIGLER, y K. E. BOULDING (ed.), Ensayos sobre la Teoría de los precios, Madrid 1960, cap. 9-10, 12 y 18-25; M. 1. SHUBIK, Estrategia y estructura de mercado, Barcelona 1962
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.