Menéndez Pelayo, Marcelino
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Biografía GER
Datos biográficos. Escritos. Polígrafo español; n. y m. en Santander (3 nov. 1856-19 mayo 1912). Hijo de Marcelino Menéndez Pintado, catedrático de Matemáticas en el Inst. Cántabro, cursó en este centro los estudios de Bachillerato con singular aprovechamiento. En sept. de 1871 se traslada a Barcelona, en cuya Universidad inicia la carrera de Filosofía y Letras con profesores como Milá y Fontanals, Bergnes de las Casas, Llorens y Rubió y Ors, y con notable éxito. En 1874 la prosigue en Madrid, recibiendo las enseñanzas de Caslar, Camús y N. Salmerón, cuya decisión de no aprobar a ningún alumno le obliga a examinarse de Metafísica y de grado de Licenciado en Valladolid; obtiene en éste el Premio extraordinario a propuesta del Tribunal presidido por el catedrático de Literatura latina G. Laverde, que desde entonces ejerció sobre él destacadísimo influjo, sólo justipreciable a partir de la reciente publicación del epistolario. De nuevo en Madrid, cursa el Doctorado, siguiendo con especial interés las clases de J. Amador de los Ríos, F. Fernández y González y F. de Paula Canalejas, logrando el Premio extraordinario frente a su contrincante Joaquín Costa (v.). A la vez que finalizaba su carrera, se matriculó en la Escuela de Diplomática para estudiar Bibliografía con C. Rosell, que le otorgó la calificación de Sobresaliente, y empezó a reunir materiales para formar una "Biblioteca de traductores españoles"Su precocidad le planteó el problema de no poder aspirar a ninguna de las dos salidas profesionales clásicas, ya que al graduarse tenía poco más de 20 años y las edades mínimas exigidas para opositor a Archivos o Cátedras era de 23 ó 25 respectivamente. El gran prestigio que ya tenía en su tierra natal determinó a la Diputación Provincial y al Ayuntamiento de Santander a concederle sendas pensiones para que ampliase sus conocimientos en el extranjero, gracias a lo cual pudo recorrer las principales bibliotecas de Portugal, Italia y París en busca de materiales para varias obras proyectadas, en gran parte, por sugerencias de Laverde. Después de su regreso y de la aparición de Horacio en España, el Ministerio de Instrucción Pública le otorgó una nueva pensión que le permitió realizar otras investigaciones en París, Bruselas, Lovaina, Amberes, La Haya y Amsterdam, siendo ésta la última (si se exceptúa un corto viaje a Portugal en 1883) de sus salidas al exterior, si bien compensó siempre su aislamiento con una intensa correspondencia epistolar con eruditos del mundo entero
Cuando estaba a punto de iniciar su primer desplazamiento, comenzó, incitado por Laverde, su polémica periodística sobre "la ciencia española", al replicar a un artículo de G. de Azcárate en que se sostenía su inexistencia en el pasado, culpando de ella a la Monarquía y a la Inquisición. Su prestigioso antagonista se vio prontoreforzado por M. de la Revilla y J. del Perojo, a todos los cuales M. P. fue rebatiendo con abrumadoras muestras de erudición, y por si fuera poco este frente, también hubo de luchar en el contrario, desde el que le atacaron Pidal y Mon y el P. Fonseca. Los escritos de todos los contendientes, de difícil consulta, han sido incorporados a la edición nacional de La Ciencia Española, obra en que M. P. recogió más tarde los suyos
En 1878, cuando durante un viaje a Andalucía entabla relaciones con una prima y se planea un matrimonio que no llegó a realizarse, queda vacante la cátedra de Historia crítica de la Literatura Española de la Universidad Central y sus amigos, ya numerosos e influyentes, consiguen la aprobación de una Ley que rebaja a los 21 años la edad mínima para opositar. Después de unos brillantes ejercicios, en que acredita de manera indiscutible su superioridad respecto a los demás aspirantes, entre los que figura J. Canalejas (v.), es nombrado para desempeñar dicha cátedra. En 1879 comienza la etapa de profesorado, que durará hasta 1898, fruto de la cual serán diversos libros, ya que la legislación vigente imponía la obligación de publicar un tratado de la disciplina, misión que M. P. estimó irrealizable sin el previo esclarecimiento de ciertas cuestiones básicas, lo que determinó la preparación de la Historia de las ideas estéticas, los Orígenes de la novela, los Orígenes de la poesía lírica, etc., que dentro de su grandiosa concepción no eran sino preámbulos de la gran Historia crítica de la literatura española que no llegó a terminar
Desde 1879 hasta 1894, en que se trasladó a la Academia de la Historia, su residencia madrileña fue una habitación de la Fonda de las Cuatro Naciones, en la calle del Arenal, de la que Rubén Darío hizo una curiosa descripción. La austeridad monacal de su vida privada contrasta con la intensa vida social que su fama y su situación le obligaron a llevar, sobre todo en estos primeros años. Su actitud espiritual, su espíritu de libertad e independencia, así como su pensamiento político, se pusieron brillantemente de relieve con motivo del famoso "brindis del Retiro", pronunciado en el banquete ofrecido a las personalidades extranjeras asistentes a la conmemoración del centenario de Calderón de la Barca, proclamación rotunda de su fe católica y de su respeto a los valores y libertades tradicionales
En 1880 fue elegido académico de la Española de la Lengua, donde ingresó en 1881 ; después lo hizo en las de la Historia (1882), Ciencias Morales y Políticas (1889) y Bellas Artes (1892). Los episodios más conocidos de su relación con estas corporaciones son: el nombramiento de bibliotecario perpetuo de la de la Historia (1892), que le facilitó un hogar; la fracasada tentativa de hacerle Director de la Española (1906) y el nombramiento para igual cargo en la de la Historia (1908). Su vida pública se desarrolla durante el pacífico periodo de la Restauración (v. ESPAÑA VII), cuyo artífice, Cánovas del Castillo (v.), consideró conveniente incorporarle al número de sus prosélitos, originando una convencional actividad política que le llevó a ser diputado conservador por Palma de Mallorca (1884) y Zaragoza (1891) y senador por la Univ. de Oviedo (1893) y por la R. Acad. Española
Mayor trascendencia tuvo el nombramiento de Director de la Biblioteca Nacional (1898), no sólo por cuanto pudo repercutir en su labor personal el contacto con tan valiosos fondos, sino por la transformación que llevó a cabo, en su calidad de Jefe superior del Cuerpo de Archiveros y Bibliotecarios, de la mentalidad de cuantos se dedicaban a estas tareas, hasta el punto de que muchas de las realizaciones de su época no han vuelto a ser igualadas
Sin acontecimientos llamativos transcurren los últimos años de su existencia, en que procura pasar el mayor tiempo posible en su casa de Santander, junto a la biblioteca particular, cada día más copiosa gracias al desvelo de su hermano Enrique, y en que va deteriorándose progresivamente su salud. La propuesta a su favor para el Premio Nobel es quizá lo único destacable, fuera de lo ya apuntado. Al morir, sus restos fueron enterrados junto a los de sus padres en el cementerio de Ciriego, pero en 1956, primer centenario de su nacimiento, fueron trasladados a una capilla de la catedral de Santander, donde reposan en un túmulo esculpido por Victorio Macho
La edición nacional de sus Obras completas comprende 65 volúmenes, que podrían llegar al centenar si se incorporasen los epistolarios. La heterogeneidad del conjunto aconseja una valoración parcial de los diferentes aspectos de una obra cuya trascendencia es pronto todavía para calibrar
Labor investigadora y pensamiento. Sin duda, la religiosidad y el patriotismo fueron bases esenciales de su pensamiento, en unos momentos en que las tendencias imperantes en la intelectualidad europea, y en particular en la española, eran de signo contrario. De aquí el tono batallador y polémico de sus primeros escritos y los abundantes y molestos pequeños obstáculos que fueron poniéndose en su triunfal camino, así como el silenciamiento póstumo. Continuador de Balmes (v.) y de Donoso Cortés (v.) en los aspectos doctrinales, aunque lejos del segundo en no pocos matices, se convirtió en portavoz de los intelectuales católicos de su tiempo y, después de su muerte, en símbolo agrupador de los continuadores de su empresa. El Estado español, al declararle desde 1936 en diversas ocasiones mentor de su política espiritual y educativa, ha señalado el máximo límite al que puede aspirar el influjo de un pensador. Esta utilización posterior de su nombre como bandera de combate, determinada por las circunstancias históricas, y la mitificación, a veces ingenua, de algunos aspectos de su personalidad fomentada por ciertos admiradores, ha contribuido posiblemente al auge de una visión deformada, pero en todo caso continúa siendo válida la afirmación de Farinelli de que fue "maestro y educador de todo un pueblo que con él resucitó a un nuevo ideal de vida y adquirió la conciencia de su valor, de su noble misión". Como historiador y como crítico literario es insuperable
En lo religioso demostró, a través de la Historia de los heterodoxos españoles que fuera de la tradición católica el pensamiento español no dio nunca frutos trascendentes ni duraderos. Las circunstancias de. su tiempo determinaron que su máxima apología del catolicismo se hiciera a través del extraño camino del estudio de sus contradictores. En lo político, cifró su ideal en la España de los Reyes Católicos e hizo compatible su amor a la unidad nacional, debida a la de fe, con el regionalismo y sus libertades
En lo filosófico, mostró más que en ningún otro aspecto su independencia intelectual, al exaltar el espíritu de libertad racional propugnada por Vives (v.) frente a las estrecheces de cualquier escuela. En lo científico, su exaltado patriotismo juvenil le llevó a una quizá excesiva valoración de los escritores didácticos del Siglo de Oro, frente a quienes parecían hasta ignorar su existencia. En todo caso, sus orientaciones para lograr un renacimiento de la Ciencia española continúan teniendo validez en buena parte, ya que -inexplicablemente- no han sido siempre atendidas al formular planes basados teóricamente en su doctrina. En lo educativo puede decirse otro tanto, ya que su crítica de la situación de las Universidades y de los grupos sectarios operantes en ellas sigue siendo aleccionadora
En lo literario, destaca su sólida formación humanística, que origina una constante afición a los modelos clásicos y románicos junto a una primera incomprensión, luego atenuada, hacia lo germánico. Ello, unido a una clara comprensión de lo regional, debida sobre todo a su estancia en Cataluña, se une en una más amplia visión de la literatura española, en que incluye las obras escritas en sus lenguas respectivas por los latinos, árabes y judíos que aquí nacieron, y las compuestas en los idiomas regionales en cualquier fecha. Asimismo, concedió la mayor importancia a cuanto se produjo en América, aprovechando el relieve que se concedió al cuarto centenario del Descubrimiento en 1892 para que la Acad. Española y sus filiales se dedicaran a la labor de búsqueda y recopilación de materiales que hizo posible la Antología de poetas hispanoamericanos
Al lado de los estudios sobre géneros y épocas ya recordados, los monográficos dedicados a clásicos (Cervantes, Calderón, cte.) o contemporáneos y los monumentales prólogos a grandes ediciones, como la de las Obras dramáticas de Lope de Vega, constituyen piezas sueltas de la gran Historia de la Literatura que no llegó a terminar, pero que han servido para dar orientación doctrinal a las mejores que se han compuesto después. Este influjo lo ha ejercido no sólo como erudito, facilitando datos antes desconocidos, sino más aún como crítico, señalando criterios y zonas de trabajo, hasta convertirse en el maestro indiscutible de cuantos posteriormente se han dedicado a los mismos estudios. No debe olvidarse su labor creadora, que comprende varios poemas, recogidos en dos libros, ensayos dramáticos, etc., de signo humanístico y muy marcado por lo retórico, que, según confesión propia, impera también en el estilo de su primera época de prosista
Lo bibliográfico constituye el cimiento firme sobre el que pudo alzarse la construcción ciclópea de su obra, pues sólo el contacto permanente con los libros pudo hacer posible la acumulación de saber que representa. La biblioteca particular es sólo una parte del acervo utilizado por quien tuvo a su disposición los tesoros de la Biblioteca Nacional y de la Acad. de la Historia. Esta misma superabundancia de materiales próximos, la conciencia de que existían numerosísimos temas esenciales intactos y una tendencia personal a las construcciones grandiosas, fueron causas de que, a pesar del gigantesco esfuerzo, muchas de sus obras quedasen incompletas y aun varias de las juveniles inéditas. Tal ejemplo hubo de contribuir a que entre los inmediatos seguidores se procurase luego la delimitación de campos concretos y reducidos
J. SIMÓN DÍAZ
BIBL.: La recopilación de las Obras completas fue iniciada por A. BONILLA y SAN MARTíN y proseguida por’ M. ARTIG.AS (191130); hoy debe utilizarse la edición nacional dirigida por M. ARTIGAs, A. GONZÁLEZ PALENCIA y R. DE B.ALB(N LUCAS, publicada por el CSIC a partir de 1940. Existen numerosas antologías de textos sobre un tema determinado, siendo las más destacadas: Historia de España, por J. VIGóN, Madrid 1933 (6 ed. 1950); Menéndez y Pelayo, orientador de la cultura, por A. M. CAVUELA, Barcelona 1939 (2 ed. Madrid 1954); Estudios en torno al siglo XIX, por P. BELTR.ÁN DE HEREDIA, Madrid 1944; La conciencia nacional, por A. TOVAR, Madrid 1948; La estética del idealismo alemán, por O. MARKET, Madrid 1954; Textos sobre España, por F. PÉREZEMBID, Madrid 1955 (2 ed. 1962); La Filosolia española, por C. LÁSCARIS COMNENO, Madrid 1955 (2 ed. 1964); etc. La tarea de reunir la bibl. de M. P. fue iniciada por Bonilla y San Martín en 1907, la prosiguieron otros y en 1956 se reunieron los datos obtenidos en un folleto publicado por el INLE; la compilación de lo escrito sobre él la hizo J. SISIóN DíAz, Estudios sobre Menéndez Pelayo, Madrid 1954 (2 ed. aumentada Madrid 1956)
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